Juan Simó

Tribuna de opinión

Alguien defecó "gripalización"

Médico de familia. RL&LP. Centro de salud Rochapea. Pamplona. Navarra. España.

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En el último apunte de su blog el autor cuestiona, por incomprensible, el término "gripalización" que se está generalizando en los medios y entre algunos técnicos y que no iría más allá de una estrategia política difícil de comprender

Desconozco quién ha defecado el casposo palabro "gripalización", pero todo apunta a que procede del ámbito político más que del sanitario, en concreto del propio Gobierno de España. Aunque tampoco me extrañaría nada que procediera de ese periodismo que sólo actúa como vocero de los políticos sin cuestionar prácticamente nada. Tampoco está muy claro qué se quiere expresar exactamente con ese neologismo tan poco afortunado y confusor. Espero que no prospere, ni entre los medios de comunicación ni, mucho menos, entre los profesionales sanitarios, por varios motivos que a continuación expondré. Sin embargo, sí conozco "expertos asustaviejas" que están haciendo equivaler, torticeramente, este casposo palabro de "gripalización" con el reciente editorial de la revista FMC y con la entrada publicada en este blog el 26 de diciembre, citada en dicho editorial.

Todo igual tres semanas después

Han pasado tres semanas desde que publicara dicha entrada y este tiempo no ha hecho otra cosa que proporcionar mayor respaldo a las cuestiones que allí se decían.

Tres semanas después, la atención primaria sigue anulada en sus funciones básicas  y aquello que tiene totalmente okupados a los profesionales de los centros de salud siguen siendo los ciudadanos que, con o sin síntomas, acuden para hacerse un test, los que llaman para comunicar un resultado positivo, la tramitación de las bajas laborales y el seguimiento, por protocolo, de casos leves, incluso asintomáticos, de positivos (me resisto a llamarlos covid19). Y lo triste es que todo esto no evita que los contagios avancen y no evita que a las urgencias hospitalarias lleguen demasiados pacientes porque "en el centro de salud no me cogen el teléfono y hay unas colas enormes". Este bloqueo y el miedo dificultan el acceso de otros pacientes con procesos más importantes que un catarro, que son la mayoría, por supuesto. De lo que se derivan daño, enfermedad y sufrimiento, no sólo para los pacientes, también para los propios profesionales de los centros. Por cierto, no todo el que no acude es por bloqueo. También existe miedo a acudir a los centros de salud y a las urgencias hospitalarias porque, claro, los "expertos asustaviejas" no paran de decir que "mucho cuidado que estamos en la peor ola de todas".

Tres semanas después, se sigue sin tomar medidas definitivas al respecto, como la implantación en España de algo similar al "Self Certification Absence Form" británico. Y se siguen manteniendo esos protocolos que obligan a ridículos seguimientos de pacientes leves con mocos.

Tres semanas después, la menor patogenicidad intríseca de ómicron la tienen cada vez más clara que nadie los médicos de familia y pediatras que pasan consulta diariamente en los centros de salud. Pero es que, además, cada vez hay más estudios que la respaldan y hasta ya la van admitiendo los más "expertos asustaviejas". 

Los millones de pacientes positivos al test de antígenos o la PCR tienen ahora con ómicron, como mucho, un catarro y no deberíamos llamarlo covid19

Ni la covid19 es gripe ni todos los positivos deberían ser covid19

Nos encontramos muy probablemente en el pico de esta sexta ola invernal con una incidencia semanal que, como mínimo, quintuplica la incidencia máxima semanal que se tiene en una ola epidémica normal de gripe estacional. Es decir, es como si tuviéramos, sólo en términos de incidencia, cinco gripes en el mismo tiempo que otros inviernos teníamos una. Con la gran diferencia de que la inmensa mayoría de los casos son menos que una gripe, sintomáticamente hablando. La inmensa mayoría de los casos cursan como un simple catarro de los de toda la vida cuando no son asintomáticos (la mayoría según los datos del propio Ministerio). Por lo tanto, lo que hoy todavía llamamos covid19 producido por ómicron no es una gripe, es menos que una gripe. Los millones de pacientes positivos al test de antígenos o la PCR tienen ahora con ómicron, como mucho, un catarro y no deberíamos llamarlo covid19. Y es imposible de toda imposibilidad que la letalidad real de un caso ómicron ahora (teniendo en cuenta sintomáticos y no sintomáticos) supere a la letalidad de una gripe normal de todos los años.

Banalizamos el término covid19 cuando oficialmente le damos la baja por este motivo a un sujeto positivo a test o PCR con tos, mocos y algo de febrícula. Lo banalizamos todavía más cuando le damos la baja laboral por covid19 a un sujeto por ser positivo y asintomático. ¡Ojo! a este sujeto le ponemos oficialmente en la baja "covid19" sólo por ser positivo al test aun sin tener ningún síntoma. Es decir, el mismo diagnóstico que recibe quien por complicación ingresa en planta hospitalaria y luego en la UCI. Y esto no puede ser. Además, esa baja está asimilada, al efecto de prestaciones, a una baja por enfermedad profesional o por accidente laboral. Esto empieza claramente a írsenos de las manos. El término covid19 deberíamos reservarlo para el paciente contagiado cuya complicación requiera su ingreso hospitalario. El resto son catarros.

Por supuesto que de millones de contagiados en 8-10 semanas pueden complicarse unos miles y, una vez arrasada la atención primaria, poner en serios aprietos al hospital y a sus UCI. Pero claro, es que hemos tenido casi dos años para reforzar el sistema sanitario, muy debilitado durante los años previos, y no hemos hecho prácticamente nada más que contratar y despedir a "personal covid" con "contratos covid" a ritmo del vaivén de las olas pandémicas. ¡Un bochorno!

El término covid19 deberíamos reservarlo para el paciente contagiado cuya complicación requiera su ingreso hospitalario. El resto son catarros.

¿Podemos hablar de "gripalización"?

No podemos hablar de "gripalización"  si eso sirve para banalizar lo ocurrido en estos dos años o lo que está ocurriendo ahora mismo.

No podemos hablar de "gripalización" si eso sirve para banalizar la propia gripe. Insisto, la inmensa mayoría de los casos positivos a ómicron son menos, sintomáticamente hablando, que una gripe.

No podemos hablar de "gripalización" después de meter a casi toda la población española, excepto a niños de 4 o menos años, en un plan de vacunación masivo, como principal arma para "eliminar" y "derrotar" al virus. ¿Hemos derrotado al virus? ¿Nos ha derrotado el virus a nosotros? Los mismos que hablaban de "derrotar" al virus tendrán que explicar si es que ahora nos hemos "rendido" con eso de la "gripalización".

No podemos hablar de "gripalización" y pasar página como si aquí no hubiera pasado nada, especialmente como si no hubieran más de 100.000 fallecidos por encima de lo esperado desde el inicio de la pandemia.

No podemos hablar de "gripalización" si con ello vamos a considerar normal que los centros de salud y las urgencias de los hospitales se colapsen como están ahora mismo en las próximas olas pándémicas, que las habrán.

No podemos hablar de "gripalización" si con ello vamos a volver a considerar normal que los centros de salud y las urgencias de los hospitales se colapsen todos los inviernos con la gripe cuando el nuevo coronavirus se endemice del todo y la gripe vuelva a liderar las infecciones respiratorias en los inviernos.

No podemos hablar de "gripalización" si con ello banalizamos la contribución de las infecciones virales respiratorias (gripes y no gripes) a la mortalidad, especialmente en los sujetos de mayor edad y que probablemente esté muy infraestimada.

No podemos hablar de "gripalización" si este casposo término político-periodístico lo hacemos equivaler a otro no menos casposo político-periodístico como el de "ayusismo sanitario" (aquí). El mundo de la política está lleno de neologismos confusores destinados avivar falsos debates que no deberíamos aceptar las profesiones sanitarias ni un periodismo que merezca tal nombre.

¿Gripalización = menor transparencia o más errores en los datos?

Ya me gustaría a mi que quienes hablan de "gripalización" lo hicieren en el sentido que se expone en el editorial de FMC o de mi entrada del 26D. Pero me barrunto que la "gripalización" de la pandemia nos traerá menor transparencia, peor calidad en los datos y errores en los mismos como el destapado en marzo del año pasado con la mortalidad por covid19 en los niños (aquí) o los que se acaban de publicar sobre la mortalidad por covid19 en las residencias de ancianos que muestra menos muertos por covid19 en en 2021 que 2020 pero muchos más muertos por cualquier causa en 2021, con vacunas, que en 2020 sin ellas. Debe ser un error, pero ahí está publicado (aquí) y si no es un error ya estamos tardando en aclarar por qué ha ocurrido eso. Porque si al final me voy a morir igual, quizá prefiera que no me tengan en una cárcel sin poder ver a mi familia para que no me muera de covid19 pero sí de cualquier otra cosa (aquí).

No podemos hablar de "gripalización"  si eso sirve para banalizar lo ocurrido en estos dos años o lo que está ocurriendo ahora mismo.

Nos muestran la muleta y entramos al trapo

La casposa palabrota "gripalización" se origina en el ámbito político y se lanza, como globo sonda, para tener entretenida a la audiencia con el falso debate de "gripalización" sí o "gripalización" no. Si el Gobierno habla de "gripalización", la oposición reniega de la "gripalización" y los demás nos enzarzamos alrededor de estos garrotazos políticos sin tener ni idea de qué bemoles es eso de la "gripalización". Y lo curioso es que tampoco tiene ni idea ni el Gobierno que la propone ni la oposición que la rechaza. Se trata de otro muleta que se muestra para que la gente entre al trapo y polarizar al personal, polarización a la que contribuyen aquellos medios que se limitan a ser voceros de los políticos, de uno y otro color. Entramos al trapo... y así nos va.

Mientras tanto no se habla de lo que hay que hablar

Mientras tanto nadie cuestiona la ridiculez del pasaporte covid. Ni medios de comunicación, ni oposición, ni los expertos de verdad ni, mucho menos, los "expertos asustaviejas".

Mientras tanto nadie cuestiona la ridiculez de la mascarilla en la calle, ni medios de comunicación, ni oposición, ni los expertos de verdad ni, mucho menos, los "expertos asustaviejas".

Mientras tanto nadie cuestiona, ni medios de comunicación, ni oposición, ni los expertos de verdad ni, mucho menos, los "expertos asustaviejas", que se pretenda poner una tercera dosis de refuerzo a los, como mínimo, 4 millones de españoles correctamente vacunados que se habrán contagiado (con o sin síntomas) al final de esta sexta ola; contagio que les ha proporcionado el mejor, más completo y duradero refuerzo que existe.

Mientras tanto nadie habla, ni medios de comunicación, ni oposición, ni los expertos de verdad ni, mucho menos, los "expertos asustaviejas", de la necesidad de un estudio de seroprevalencia a nivel nacional y de base poblacional que nos acerque a la realidad pándemica en nuestro país y de lo avanzado o retrasado del camino del virus hacia su endemización.

Mientras tanto nadie habla, ni medios de comunicación, ni oposición, ni los expertos de verdad ni, mucho menos, los "expertos asustaviejas", de los que más han perdido en esta crisis pandémica, del empobrecimiento de los más pobres y, además, más enfermos. 

Nadie habla de todo esto, ni medios de comunicación, ni oposición, ni los expertos de verdad ni, mucho menos, los "expertos asustaviejas", pues están todos muy ocupados con el señuelo de la "gripalización" ¿Saldremos mejores? ¡Ja!

El nuevo coronavirus, un un virus respiratorio más

Tenemos que empezar a tratar al nuevo coronavirus como un virus respiratorio más. Eso incluye, para empezar:

  • No dar baja laboral a los sujetos positivos al test de antígenos o a la PCR si son asintomáticos pues eso será cada vez será más frecuente, precisamente, por tener a una gran parte de la población vacunada y muchos millones de españoles que ya han sido contagiados durante estos dos años de pandemia.
  • No dar baja laboral "protocolizada" de una semana al positivo con síntomas leves. Algunos la necesitarán de 4 días y otros de diez, en función de los síntomas. Para determinar esa duración está el médico de común acuerdo con el paciente, como siempre se ha hecho y hay que hacer. Aunque la mejor opción para justificar este tipo de ausencias cortas y por cuestiones leves al trabajo sería instaurar de una vez por todas una "autojustificación responsable" similar al "Self Certification Absence Form" británico.
  • Salvo el personal sanitario o sociosanitario, los demás deberían volver al sentido común y no hacerse test rápidos de antígenos ante cualquier cosa que noten o ante cualquier evento grande o pequeño que se les presente por delante, salvo que tenga síntomas claros y hayan de estar necesariamente muy cerca de personas vulnerables. Basta con no acudir a una cena o reunión si uno está acatarrado, cosa que no hemos hecho nunca y que deberíamos hacer, por respeto a los asistentes, si contáramos con una mínima educación sanitaria.

Dos cosas invisibilizadas y hasta denigradas

La atención primaria y la inmunidad natural han sido invisibilizadas cuando no denigradas a lo largo de esta pandemia. La inmunidad natural, a corto y largo plazo, se desarrolla en todos nosotros tras la infección, sintomática o no. Esta inmunidad se ha mantenido invisibilizada, cuando no denigrada, a lo largo de la pandemia por responsables políticos y "expertos asustaviejas" y por aquellos medios de comunicación que se han limitado a ser sus voceros. Sobre la invisibilización y denigración de los centros de salud no tengo nada más que añadir a lo que en su momento ya comenté (aquíaquíaquí y aquí). Al final, los propios ciudadanos han puesto las cosas en su sitio en la encuesta del Barómetro del CIS correspondiente al pasado mes de diciembre en donde se muestra que, a lo largo de la pandemia, el 57'8 % de las personas con síntomas de coronavirus acudió a su médico de familia y el 7,5% al servicio de urgencias de atención primaria; sólo el 11% lo hizo a las urgencias del hospital. También al final, un final que ya se empieza a vislumbrar, la inmunidad natural, especialmente la humoral y la celular de memoria pondrán al virus en su sitio, que no es otro que junto con los otros cuatro coronavirus de distribución endémica mundial productores de catarros o infecciones respiratorias altas.