Guardar

Apuntes de un boticario

El término de las vacaciones veraniegas da pie a nuestro colaborador para recordar el aspecto más agradable de su tiempo de descanso, las sobremesas con su grupo de amigos.

Dicen los psicólogos  que las vacaciones de verano propician las separaciones matrimoniales. Esta teoría hace bueno el chiste:

-“María te propongo un fin de semana magnífico”

-“¿Y cual es?”

-“Que nos veamos el lunes”

No es, desgraciadamente, mi caso; pero hubo un tiempo en que mi pareja y yo gustábamos más que del baño playero, que también, de las comidas compartidas con amigos, supongamos que hablo de casa Aurelio en la Playa de San Juan, y sus inolvidables sobremesas con amigos de la misma cuerda, guitarra incluida.

Aunque ya en aquellas fechas funcionasen los móviles, (¡ojo!, con menos app's que ahora), ningún comensal osaba utilizarlo para enviar o recibir llamadas (los inactivábamos) y menos aún para recurrir a ellos y averiguar el nombre de algún director de cine cuyo nombre, dadas las copas, que no la edad, se nos había borrado, por un momento, de la mente. Era divertido forzar la memoria y ser el primero que rompía una interesante conversación y, al hilo del momentáneo olvido, exclamar: “¡Era George Cukor!”.

Por supuesto no existía en el grupo el/la gilipollas que se atreviese a enseñar una fotito con algún acontecimiento reciente, bebés incluidos. Aviso para padres: ¡Ojo con el “guasapeo” autocomplaciente!.
Revivir el pasado
Sigue siendo norma periodística habitual hacer encuestas entre “famosos” para indagar sobre el cómo y el dónde de sus vacaciones veraniegas
Yo, fuera añoranzas, he tenido la suerte de revivirlas este mes recién fenecido. Los supervivientes de esta modalidad hemos recordado desde el primer encuentro (ha sido una serendipia) que las sobremesas fueron el “despacho”  (los benditos cafés de los pasados siglos XIX y XX) en el que Berlanga, Azcona y otros (José Luis García Sánchez, uno de los que, felizmente, puede ratificarlo), gestaron peliculitas como “Plácido”, “El verdugo” y algunas que otras “fruslerías cinematográficas”.

Sigue siendo norma periodística habitual hacer encuestas entre “famosos” para indagar sobre el cómo y el dónde de sus vacaciones veraniegas. Dentro de un cierto nivel intelectual y/o cultural suelo observar cómo los lugares elegidos están unidos a lejanos países y lugares monumentales: Ruinas de Petra, Egipto, India (¿…?),  Perito Moreno etc…

A mí, que carezco de importancia, me entrevistaron hace poco indagando sobre dónde, y con quién, desearía viajar este verano. Contesté que al lugar en donde residiera Don Manuel Alcántara y a ser posible en la compañía de su amigo José Luis Garci. “¿Y con Naomi Campbell o con Scarlett Johansson?”. Mantuve impertérrito mi respuesta:  “¡con José Luis Garci!”. “¿Seguro?” me insistió el joven reportero consciente de mi heterosexualidad y el visaje del aludido. “¡Sí, contesté, con Garci!.  Naomi y Scarlett para después de la sobremesa”.  Raro que es uno. Aunque, dicho sea de paso, es la diferencia entre un  turista o un viajero.

En una de las maravillosas sobremesas en “Casa de Aurelio”, y vuelvo al principio, de este verano, en las que no sólo se habla de temas artísticos sino que cada uno, en su especialidad, puede ser indagado sobre su profesión y problemáticas de cada una. Pongamos que el periodista contesta sobre el futuro de la prensa en soporte papel, o el arquitecto que opina sobre la burbuja inmobiliaria y el negocio del ladrillo.  En este caso, servidor, en mi condición de boticario es requerido sobre la tarjeta sanitaria, los genéricos y otras temáticas que, afortunadamente nunca llevan la sangre al río de la política pura y dura pues, en todo caso, prima la guitarra.
Camarero de "guardia"
Hace pocos días y cercano el finiquito vacacional, estando ya sólo mi grupo, y con Aurelio en la mesa, compartiendo “charreta”, el camarero de “guardia” (esa fantástica “especie en peligro de extinción” que aún con el cierre casi echado siempre dice, tras servir la penúltima comanda licorera: “No hay prisa señores, ¿verdad Aurelio?”). al retornar con una bandeja llena de vasos tropezó, cayó y se hirió.

De inmediato nos levantamos rápidamente en su auxilio dado que al caer de espaldas quedó momentáneamente inconsciente. Accidentes que todos hemos presenciado alguna vez y que por su aparatosidad impresionan.

Vicente sangraba por la brecha producida, al darse con el borde del escalón con el que había tropezado, en pleno colodrillo. La diligencia de los asistentes hizo que estos, como es habitual, en su ánimo de ayudar intentasen asir el cuerpo inerte por distintos lugares con lo que lejos de lograr sentarlo en una silla consiguieron que el cuerpo inerte diese de nuevo en el suelo. Yo, que acudí más tarde, percibí otro foco sanguinolento en uno de los oídos. Fue en ese momento cuando aparté a mis amigos del herido y sin más le dije a Aurelio que llamase urgentemente a una ambulancia.
La “vidriería” actual no tiene como base el cristal de siempre, sino un sólido amorfo resultado de la fusión de materias como la sílice, la sosa o la cal que pasan a un proceso de enfriamiento antes de que los átomos se hayan organizado en una estructura cristalina
Al día siguiente y ya debidamente informados (en este caso el móvil es digno, justo y necesario) de la recuperación de Vicente, una de las comensales, la más joven e iniciática en esta feliz y reiniciada tertulia, venía con diversas heridas de poca importancia ya que, dada su relativa juventud, era la primera que se lanzó literalmente a levantar el cuerpo inerte del camarero. Sus heridas las había intentado curar con antisépticos y cubierto con las inevitables tiritas. Como se quejase de escozor y molestias, fundamentalmente al doblar el codo (no para beber, que también, y esto le hizo reír) le pedí las descubriese y así pude comprobar que, aunque el remedio aplicado no era el más conveniente, tenía incrustados cristalitos de vidrio de los vasos rotos.

La “vidriería” actual no tiene como base el cristal de siempre, sino un sólido amorfo resultado de la fusión de materias como la sílice, la sosa o la cal que pasan a un proceso de enfriamiento antes de que los átomos se hayan organizado en una estructura cristalina. La estructura del cristal es por el contrario ordenada, no se pulveriza sino que se fragmenta en trozos cortantes cual cuchillas de guillotina y el “sintético”, por el contrario, se fragmenta en diminutos cristalitos que se introducen subcutáneamente y que si no se extraen pueden producir molestias e incluso infecciones y hasta formar callo si no se les saca a tiempo. Pedí unas pinzas y con cierto esmero procedí a extraerlas
Un boticario en tu vida
Esta aparente cursilería por mi parte había surgido en la sobremesa del día anterior a raíz de que nuestro cinéfilo Tony, al hilo del título de una película, nos pusiese al día, (¿”qué fue de ella”?,  pregunté yo), sobre actrices de bustos prominentes, sobre la malograda Jayne Mansfield, y de su precoz fallecimiento desmintiendo se hubiese producido por degüello con el cristal del parabrisas del coche que conducía el por entonces su tercer marido.  Alguien preguntó si este falso mortal accidente (“fake news”, apostilló el mordaz Alfonso) fue el precursor del invento del vidrio (el “duralex” para que nos entendamos) y todos me señalaron a mí como el único “googlero” de ciencias del grupo por lo que contesté lo antedicho por haberlo estudiado en mi amplia carrera de farmacia.

Pedí unas pinzas y con cierto esmero procedí a extraerlas una a una. Con el botiquín que Aurelio, según convenio laboral como él dice, tiene en su establecimiento, pasé a curar los puntos sangrantes.

Me ofrecieron alcohol que rechacé. También lo hice igualmente con el agua oxigenada. El primero, amén de escocer mucho, puede “fijar”, luego lo expliqué, cualquier bacteria oportunista y el segundo antiséptico, siendo un seguro y vigente remedio, tiene una acción muy corta por lo que solo se debe utilizar, si no hay solución salina estéril, para limpiar la herida. La povidona que me pusieron en la mano funciona bien, pero su color enmascara el desarrollo curativo de la herida y además, al llevar yodo, puede interferir en las pruebas de la función tiroidea (Maribel se está tratando de un incipiente hipotiroidismo que la trae por la calle de la amargura pues le hace poner peso a pesar de su estricto régimen alimenticio) por lo que saqué de mi bolsa de baño un spray de clorhexidina que es transparente y funciona bien.

Le comenté a Maribel, así se llama nuestra amiga, que, aunque se diga que las heridas deben quedar al aire libre, yo le iba a poner un apósito ligero, gasa estéril, pues es falso el que sea bueno que se forme la famosa costra porque esta es un depósito de sangre y tejido muerto, que se adhiere al lecho de la herida creando un ambiente que dificulta la cicatrización. Para evitar que se forme es importante lavar frecuentemente la herida, cosa que le dije que haría al día siguiente

Este día, el último que nos hemos visto, Maribel pidió permiso para hacer un brindis: “Con vosotros he aprendido que antes de buscar lejanos destinos hay que encontrar grupos como el vuestro”.

“¡Que además te curan!”, dijo  el ínclito Alfonso. “Así que pon un boticario en tu vida”

 

Archivado en: