Cara Juan Gervas

El mirador

A veces pienso que me he muerto y estoy en el Paraíso

Doctor en Medicina. Médico General jubilado. Equipo CESCA (Madrid, España). [email protected]; [email protected]; www.equipocesca.org; https://t.me/gervassalud

Guardar

Juan Gérvas
Juan Gérvas

Esta entrevista me la hicieron tres jóvenes periodistas de InterTransversal, la emisora libertaria de Valencia. Son Julia, Rosalía y Joaquín que con su frescura me hicieron pensar. Transcribo sus preguntas y mis respuestas, con alguna aclaración

Julia: Buenos días Juan. ¿De tú o de usted?
Juan Gérvas (JG): De usted, es más democrático

Julia: Para quienes no lo conozcan y nos estén oyendo, Juan Gérvas es médico general rural jubilado, exprofesor de salud pública, crítico con la medicina sin límites, y prolífico escritor. Muchas veces se le puede encontrar defendiendo “causas perdidas” y contra “el pensamiento único”.

Rosalía: ¿Es cierto eso de que a veces piensa que está muerto y reside en el Paraíso?
JG: Totalmente cierto. Ahora mismo me parece increíble que tres periodistas anarquistas puedan tener interés por lo que diga este viejo médico rural jubilado. Esas cosas sólo pasan en el Paraíso

Joaquín: Pero ¿es usted consciente de que eso es sólo una alucinación, o mejor un delirio?
JG: Mire, yo soy empirista y en estos debates no entro. El mundo podría haberse formado hace cinco microsegundos con toda la información que tenemos y usted no podría negarlo, entre otras cosas porque no puede demostrar que es falso. No sé si será un delirio, pero tengo la impresión de haber muerto el 2 de enero, cuando ingresé por neumonía covid19 gravísima. Y que desde entonces vivo en el Paraíso.

No sé si será un delirio, pero tengo la impresión de haber muerto el 2 de enero, cuando ingresé por neumonía covid19 gravísima

Joaquín: ¿No en el infierno?
JG: No, no, de ninguna manera. Al contrario, en un Paraíso en que reina el amor y la justicia, la equidad y la solidaridad. Al menos en mucho de lo que percibo, aunque queda algo de sufrimiento porque es un “Paraíso con Contradicciones” donde también hay mucho absurdo.

Julia: ¿”Paraíso con Contradicciones”? ¿Puede poner un ejemplo?
JG: Sí, un ejemplo tonto y otro serio. El tonto, en que no hay sufrimiento sino algo absurdo: nos acostamos después de ver una película y me duermo nada más poner la cabeza en la almohada, pero mi mujer me despierta al preguntarme “¿De qué murió el padre de la protagonista?”, y le contesto “No te oigo. Cambio y corto”, con lo que nos entró tal risa que nos dormimos felices bañados por el absurdo del Paraíso con Contradicciones. El ejemplo serio, las persistentes políticas contra los pueblos kurdo, palestino y saharaui, que siguen existiendo en un Paraíso que por desgracia no es para todos

Julia: ¿Y todos esos textos que ha publicado sobre su experiencia con el ingreso por la neumonía covid19 gravísima en la bitácora de Juan Simó? ¿Son producto de otro delirio?JG: No, no hay delirio alguno. Esos textos son relatos de pesadillas que me asediaron durante el proceso de morir, y tienen valor testimonial, un poco para ser estudiado como “caso” por estudiantes, residentes y demás. Uno no se muere “ya y ahora mismo”, todo lleva su tiempo

Julia: ¿Y esa fatiga de la que se queja?                                                                                                                                                                                                                        JG: Lo normal de estar adaptándote al Paraíso. Aquí también se cumplen las leyes de la física y yo sigo creyéndome un neardental, capaz de casi cualquier esfuerzo físico, y la edad no deja de estar presente, que son 73 años.

Rosalía: ¿No será un delirio provocado por los corticoides y otros medicamentos que está tomando?                                                                                                                      JG: Eso puede ser. Buena pregunta. Desde luego llegué a los 73 años sin enfermedad crónica alguna, y sin tratamiento crónico alguno, y ahora en el Paraíso tomo un montón de medicamentos. Pero me vale la pena, si así accedo al Paraíso. ¿Quiere usted que le dé la fórmula de medicamentos y dosis que tomo, a ver si también alcanza esta visión?

Rosalía: No, gracias. Pero quizá podría someterse a un estudio científico, por saberlo
JG: La verdad, mi preocupación, y lo importante, sería saber cómo es posible que esos medicamentos no me hayan lesionado la vida sexual. Por eso creo que estoy en el Paraíso

Julia: Entonces, ¿va también bien la vida sexual en el Paraíso?
JG: Gracias por su pregunta. Ninguno de los profesionales sanitarios que me ha tratado me ha preguntado al respecto. Para ser franco, he tenido unos primeros meses algo bajos, pero ahora la cosa funciona a la perfección, en cantidad y calidad, como uno esperaría si estuviera en el Paraíso

Joaquín: Perro ladrador poco mordedor
JG: ¿Quiere que tengamos una sesión en vivo y en directo, aquí mismo?

[Y mientras lo dice va quitándose la chaqueta, con ademán de llegar a un desnudo integral]

Joaquín: ¡¡¡No, no, por dios!!! No quería ofenderle

[Se vuelve a poner la chaqueta]

JG: No me ofende, la sexualidad es parte de la vida, desde que nacemos hasta que morimos. La sexualidad es expresión básica del ser humano y fuente de alegría y sufrimiento, de dolor y placer, de vacío y plenitud y de amargura y contento, como todo aquello por lo que la vida merece ser vivida

Rosalía: ¡Vaya, pasa de la broma a la trascendencia!
JG: Pues sí, así es el Paraíso. ¿Cómo se lo imaginaba usted?

Rosalía: Pues no sé. Quizá una playa con sol, relajo, el trino de pájaros, sin preocupaciones, sin agobios,...No sé
JG: Yo tengo todo eso

En el Paraíso también hay cruda realidad, pero somos millones los que sabemos ser dignamente “perdedores de largo recorrido”.

Rosalía: ¿Todo, todo, todo?                                                                                                                                                                                                                                           JG: Bueno, todo lo que yo he soñado como Paraíso. Por ejemplo, una mujer que me quiera y con la que compartir lo bueno y lo malo, unos hijos, nueras y nietos que me cuiden y mimen y a los que cuidar y mimar, unos familiares y amigos que me apoyen y a los que apoyar, unos compañeros que se entreguen a su profesión y no sean cínicos, un jardín que cuidar, un embalse a pie de casa en que nadar, practicar el nudismo en el Cabo de Gata, un tiempo para escribir, debatir, leer y pensar, un ánimo para sobrellevar las adversidades de la vida, un mínimo de dinero que me haga sentir rico, una salud de un grado que me permita disfrutar de lo que tengo, un entendimiento para comprender la sociedad humana, ganas y posibilidades de disfrutar del arte en sus mil formas, acostarme y levantarme cuando me da la gana, disfrutar de la chimenea si hace frío, ...¡Qué sé yo, mil cosas aparentemente tan sencillas como ver salir y ponerse el Sol, disfrutando del espectáculo, y más al saber que voy montado en un planeta que gira sobre sí mismo y me lleva gratis de pasajero por los espacios siderales! ¿A usted no le parece que eso sea el Paraíso?

Rosalía: Bueno, si usted lo dice no quiero contradecirle
JG: ¡Contradígame, demuéstreme que estoy equivocado, por favor!

Julia: Creo que no vale la pena contradecirle. Si usted es así feliz, ¿por qué llevarle a la cruda realidad?
JG: Esa es otra cosa, Julia. Que en el Paraíso también hay cruda realidad, pero somos millones los que sabemos ser dignamente “perdedores de largo recorrido”. Perdedores sí, pero sin cejar. La derrota no vuelve injusta una causa, al contrario nos enardece para continuar por aquello de "estamos en derrota, que no en doma"

Joaquín: Eso también sirve también para el mundo real, para la cruda realidad. Y lo de “estamos en derrota que no en doma” es de un poema de Claudio Rodríguez que se titula: “Lo que no es sueño” que inspiró al director Fernando León de Aranoa mientras escribía el guión de “Los lunes al sol”. Y lo de que “la derrota no vuelve injusta una causa” es de “Q”, la novela firmada por Luther Blissett, y ...[Interrumpiéndole]
JG: ¡No me diga más! Ve, estoy en el Paraíso. ¿Dónde si no iba un periodista a tener tal ilustración, por muy anarquista que sea?

Yo nunca estoy convencido de nada. Siempre tengo dudas, siempre estoy en la búsqueda de la verdad, siempre me parece que es incierto todo lo que acepto y concluyo

Joaquín, Julia y Rosalía, al unísono: ¡Que somos periodistas pero no incultos!
JG: Perdón si les ofendí. No sería malo que los periodistas carecieran de lo que se llama “cultura” y no es más que aborregamiento y adaptación a una sociedad enferma y a unos medios de comunicación corruptos. No sería malo que los periodistas conservaran cierta virginidad al respecto, al menos para asombrarse y transmitir su asombro. Por cierto, de ello también hay en el Paraíso con Contradicciones, de periodistas que son capaces de analizar críticamente la labor periodística. ¡Es una maravilla este Paraíso!

Julia: Parece que está convencido sin duda alguna de vivir en el Paraíso. ¿Es así?
JG: Mire, yo nunca estoy convencido de nada. Siempre tengo dudas, siempre estoy en la búsqueda de la verdad, siempre me parece que es incierto todo lo que acepto y concluyo, y me pasa también con esta sensación de estar muerto y de disfrutar del Paraíso. Puede que sea falso pero ¡es tan real para mí, tan cierto y evidente! No sé qué hice bueno en mi vida previa para merecerme este premio tras tener la gravísima neumonía covid19

Julia: Pues ya me gustaría a mí encontrar a alguien como usted para compartir la vida

[En esto interviene Mercedes Pérez-Fernández, la esposa de Juan Gérvas, que asistía muda a la entrevista, y le dice con vehemencia, muy seria y mirándole a los ojos a Julia: “¡Oiga, jovencita, que este varón no es tan fácil de llevar, que no se contenta con un simple buen desayuno seguido de un buen polvo!...¡Si yo le contara!...”]

[Fin, pues lo que siguió no conviene que se difunda].

Archivado en: