Cara Juan Gervas

El mirador

Tabaquismo. Muchos mundos en las cabezas de pacientes, familiares y profesionales

Doctor en Medicina. Médico General jubilado. Equipo CESCA (Madrid, España). [email protected]; [email protected]; www.equipocesca.org; https://t.me/gervassalud

Guardar

Juan Gérvas. Tabaquismo
Juan Gérvas. Tabaquismo

Como si de Rashomon se tratara, el autor plantea una historia contada por diferentes voces. Una historia, no por habitual menos dramática, que desencadena una pregunta que nos hará conocernos mejor a nosotros mismos.

La paciente, Antonia

"Ya sé, doctora, ya sé. Tendría que dejar de fumar y lo intento. Le prometo que hoy mismo lo he vuelto a dejar, y esta vez para siempre. ¡Si yo misma noto que me cae como un tiro, me pongo a toser y pierdo el resuello! Es un vicio, no puedo decir otra cosa. El tabaco me tiene viciada, como otras drogas a los drogadictos. Es una pena, me he destrozado mis propios pulmones. ¡Pero es tan gustoso! ¡No crea que soy imbécil, no, que me doy cuenta! A ver si el abandono de hoy es el definitivo, que llevo dejándolo años, ¡miles de veces!".

El marido de Antonia

"Doctora, lo que dice Antonia es sólo la verdad. La pobre mujer ha tirado a la basura esta misma mañana lo que le quedaba del último paquete. Lo que le pasa es que tiene débil la voluntad, serán los genes, pero tiene buena intención, intenta hacer todo lo que usted le dice. A veces se desespera y fuma hasta calmarse, casi dos cigarrillos al tiempo, 'para tener más nicotina en sangre', como dice. Llevamos una vida de pobres, ya sabe, y además mal organizados, y peor desde que se fueron los hijos. A veces pienso si no sería mejor acabar de una vez”.

La limpiadora del centro de salud de Antonia

"Ya he visto a Antonia en la sala de espera. Tendré que ir buscando las colillas en el porche, o en cualquier sitio, hasta en el cuarto de baño, que lo deja que huele que apesta. Yo también fumaba, pero aquella neumonía de hace cinco años me convenció de que tenía que dejarlo, y aquí estoy, sin probarlo desde entonces. Entiendo que el tabaco huele a gloria, y entiendo a Antonia, pero se está destrozando, no sé lo que podrá aguantar".

La trabajadora social de Antonia

"Antonia y Pedro, su marido, forman una pareja entrañable, se quieren. A su manera, claro, pero todos nos queremos así, 'a nuestra manera' ¿no? Pedro es un inútil, y Antonia una drogadicta (del tabaco) pero llevan juntos toda la vida y se entienden bien, aunque no lo parezca. He visitado su casa y pedí que fueran del Ayuntamiento un par de días en semana, al menos para que no haya que pasar a mayores y tener que entrar a limpiar a fondo con pala y desinfección. Lo malo fue la riña con Rita y José, los hijos, que, sin querer, daban normalidad al llevar algo de dinero todos los meses y cuidarse de lo esencial. Se pusieron intransigentes con el tabaquismo de la madre, y no hubo manera, o lo dejaba o se iban. Y se fueron. Antonia no quiere ni oír hablar de ellos".

La médica de cabecera de Antonia

“Esta Antonia al menos tiene buen intención. Desde que llegué a este cupo, hace ya quince años, anda lidiando con el tabaquismo, y con el enfisema, que ya necesita oxígeno 12 horas al día. Y no es lo malo el tabaco, lo malo es el desastre de vida que lleva. Desde luego hace lo que puede y no me cae mal. Hemos intentado de todo, sin éxito. En cuanto huele o recuerda el tabaco vuelve a recaer. Me da pena. No creo que lo logre, se morirá con un cigarrillo en la boca. Es una especie de suicidio, una forma de evadirse de su realidad, 'de esta vida de mierda', que me dijo una vez. Lo malo es que intenta ocultarlo y no hay forma de que podamos hablarlo con tranquilidad. Su matrimonio es un desastre, el marido no ayuda en nada, es una carga, y los hijos no quieren saber nada de ellos, y la situación económica roza la pobreza, que ya está haciendo lo que puede la trabajadora social”.

La administrativa del centro de salud de Antonia

“No sé a qué viene Antonia. Se pasa el día fumando, que vivo enfrente de su casa y la veo asomada a la ventana con el cigarrillo en la mano, así esté nevando y lo mismo en verano, le da igual, no para de fumar, un cigarrillo tras otro. Seguro que le dice otra cosa a su médica. Encima tira las colillas a la acera, así que aquello parece un cenicero. Lo que no entiendo es de dónde saca dinero, que tiene una pensión de indigencia, no cotizó nunca y su marido estuvo de baja no sé cuántos años. Y los hijos ni pisan la casa, han salido escapados. Dicen que aquello parece una cueva".

La enfermera de cabecera de Antonia

"Antonia es la típica enferma que me descuadra, que me deja sin aliento cuando se va. Le diga lo que le diga, siempre me sigue la corriente, nunca me discute... ¡pero nunca me hace el menor caso! Hice el curso aquel de atención a pacientes dependientes de drogas por vía intravenosa y mucho de lo que aprendí se le podría aplicar a Antonia. Depende literalmente del tabaco, a veces casi me dan ganas de comprárselo yo misma, que no sé de dónde saca dinero. Al menos intento seguir aquello de 'disminución del daño' y tengo la consulta abierta siempre para ella, no le pongo mala cara nunca. Es un caso desesperado, pero que sepa que me tiene a su lado. ¿Qué otra cosa puedo hacer si he fracasado en ayudarle a romper con la dependencia del tabaco?".

La farmacéutica de la farmacia de cabecera de Antonia

"Durante años era Rita la que venía a por los medicamentos de su madre. La verdad es que da gusto tener a una hija así. Lo malo es que ella y su hermano se fueron poniendo cada vez más intransigentes y al final le plantearon la tesitura de 'o lo dejas, o nos vamos'. Y se tuvieron que ir. Antonia puede jurarte que ha dejado de fumar, 'por mis muertos', cuando viene a por los medicamentos para la EPOC, pero, conforme sale por la puerta, enciende un cigarrillo. Es caso perdido, sólo puedo escuchar sus quejas. Me tocará llevarle los medicamentos a casa cualquier día, que su marido no vale para nada".

José, el hijo de Antonia

"Quiero a mi madre más que a nadie en el mundo. Ha sido una madre maravillosa y lo sigue siendo. Pero no hay quien pueda con su vicio de fumar. Está todo el día. Tiene la casa que parece un cenicero, llena de colillas y apestando. No hay manera. Lo malo es que perdimos la apuesta con ella. Creímos que dejaría de fumar si amenazábamos con irnos. Y no. El tabaco ha resultado más fuerte que su amor por nosotros. ¡Es increíble! Voy a aceptarlo y volveré a casa con tabaco en abundancia, creo que tiene derecho a elegir de qué morir, creo que no podemos dejarla sola, que sería injusto joderle estos últimos años".

Rita, la hija de Antonia

"Se lo cuento a mi novio y le cuesta creerlo. Mi madre depende del tabaco como los alcohólicos del alcohol. Se le daría fenomenal ir en una película a esos círculos de personas sentadas en un gimnasio vacío hablando de su dependencia, y celebrando que llevan un día, dos, tres sin drogarse. Por eso no me he ido a vivir con mi novio hasta ahora, cuando le planteamos mi hermano y yo aquello de 'el tabaco o nosotros', y eligió el tabaco, no me lo podía creer, pero tenía que haberlo previsto. Ahora ya no sé qué hacer, tengo una vida preciosa con mi novio y no quiero volver a casa, pero mi madre me necesita. ¡Maldito tabaco!".

Coda

Sí, ¡maldito tabaco!, pero usted, amable lector/a, ¿qué mundo tiene en su cabeza respecto al problema de Antonia?

¿Con qué personaje se identifica más?

Archivado en: