Juan Gérvas y Mercedes Pérez-Fernandez

El mirador

Si tener mayor salud no contribuye al bienestar ni a la felicidad, hay que pensar que nos estamos equivocando en algo importante

Guardar

Juan Gérvas y Mercedes Pérez-Fernández
Juan Gérvas y Mercedes Pérez-Fernández

Enjuiciamiento de la prevención convertida en un ejercicio profesional que detrae a las personas de gozar de la vida

Prevención que encandila

Son actividades sanitarias preventivas las que tratan de evitar daños futuros mediante intervenciones médicas específicas generalmente en sanos, o aparentemente sanos; se pueden emplear medicamentos, cirugía, técnicas de imagen, consejos, etc.

Las actividades preventivas intentan impedir males y costes mayores en el futuro mediante intervenciones que producen inconvenientes y costes menores en el presente. La propuesta de evitar grandes y costosos daños futuros es tan atractiva y prometedora que adquiere fuerza profesional y social que termina cegando el buen juicio y la prudencia.

La prevención viene a ser el Anillo del Señor de los Anillos. La posesión del Anillo de la prevención embriaga hasta el delirio. El buen médico, la buena enfermera, otros buenos profesionales y hasta el buen gestor y el buen político caen sumisos ante las propuestas preventivas, y no siempre es por intereses indignos, ni por dinero, ni siquiera por arrogancia, pues en muchos casos se debe a la simple ignorancia.

Las propuestas preventivas deslumbran también a pacientes y poblaciones con sus promesas de un mundo mejor, con menos enfermedad, menos sufrimiento, menos muertes y un coste sanitario menor. En su consecución se ignoran la ciencia y la ética, pues todo lo justifica el bien futuro. Buen ejemplo es el daño que ha hecho la transformación de los factores de riesgo en enfermedades, con la medicalización consiguiente. Así, el caso de la hipertensión, un factor de riesgo considerado como enfermedad y tratado en exceso con medicamentos, con los daños consiguientes.

La propuesta de evitar grandes y costosos daños futuros es tan atractiva y prometedora que adquiere tal fuerza profesional y social que termina cegando el buen juicio y la prudencia

Biometría y miedo: salutismo coercitivo

La medicalización se impone a través de la biometría, las definiciones de salud y enfermedad basadas en percentiles y en cifras, en general. También se impone a través del miedo, el miedo a enfermar y a morir cuando no se cumplen las indicaciones médicas, miedo que se generaliza a través de un higienismo social que  da calificaciones morales negativas, por ejemplo, a la obesidad y a la promiscuidad.

Es el salutismo coercitivo, la “salud persecutoria” que pretende ignorar los profundos determinantes del comportamiento humano y asumir que, por ejemplo, "los fumadores son idiotas" ya que continúan fumando pese a conocer el daño que causa el tabaco. Tal salutismo coercitivo ignora la acrasia de Aritóteles, cuando el conocimiento y la racionalidad no definen nuestras acciones ni comportamientos.

La medicalización infantiliza a la población, que espera e incluso exige consejos médicos para todo; por ejemplo, por dónde caminar en verano (¡por la sombra!), qué hacer ante un simple catarro, cuánto sexo es “conveniente” o qué comidas son más “saludables”. Los médicos devienen sacerdotes de la nueva religión de la “salud” y ellos dictaminan qué está bien, qué mal.

La medicalización infantiliza a la población, que espera e incluso exige consejos médicos para todo

No es lo mismo estar sano que sentirse sano

Extender a los sanos el negocio de la salud es un asunto relativamente sencillo. Sólo hay que persuadir a los sanos de que no es lo mismo estar sano que sentirse sano, pues incluso uno podría tener una enfermedad y no haberse dado cuenta de ello. Así que estando sano, pero con el miedo metido en el cuerpo, uno se convierte en enfermo al buscar desesperadamente la imposible salud perfecta.

Por ello, ante cualquier propuesta preventiva hay que mostrarse precavido en extremo, como cuando estamos ante un taimado embaucador. La mirada hipnótica de la prevención nos atonta y envilece hasta terminar convertidos en homicidas, como terminaron los pediatras con lo de “dormir boca abajo” durante más de cuatro décadas, los ginecólogos con los parches para la menopausia durante más de tres décadas, los endocrinos ahora con la hemoglobina glucosilada y los psiquiatras con los neurolépticos para el control social de los pacientes singulares y/o molestos.

Las propuestas preventivas son más arrogantes cuanto más ignorantes los que las proponen pero, además de ignorancia, la arrogancia incluye también desprecio a la discrepancia. No deje que las propuestas preventivas aniquilen los principios éticos básicos de autonomía y no maleficencia. Nunca dé un rápido sí a las propuestas preventivas. Ante la prevención, precaución.

Las propuestas preventivas son más arrogantes cuanto más ignorantes los que las proponen pero, además de ignorancia, la arrogancia incluye también desprecio a la discrepancia

Salud envidiable que no se disfruta

Los individuos de las sociedades de los países desarrollados y en desarrollo gozamos de una salud envidiable. Disfrutamos de mejor salud que nunca. Por ejemplo, jamás la humanidad había contado con poblaciones de naciones cuya expectativa de vida al nacer fuera de más de 70 años (76 años en Brasil, 82 en Portugal y 84 en España).

Sin embargo, a mayor salud objetiva, peor salud subjetiva. Es lo que llamamos la paradoja de la salud, de forma que los individuos de las sociedades ricas con gran expectativa de vida sana se sienten más enfermos que los individuos de las naciones pobres, donde la expectativa de vida (con y sin enfermedad) es muy baja. Además, resulta llamativo que la salud no contribuya en mucho a la felicidad, por más que sea popular aquello de «salud, dinero y amor».

Si tener mayor salud no contribuye ni al bienestar ni a la felicidad, hay que pensar que nos estamos equivocando en algo importante. Erramos con la salud, y quizá erramos en la forma en que la disfrutamos y la mejoramos.

A la paradoja de la salud se suma la vergüenza de la desigualdad, tanto en las naciones ricas como en los países en desarrollo. La desigualdad implica enfermedad y pobreza, injusticia y abuso, sufrimiento y muerte. Pareciera que tal desigualdad y pobreza se compensaran con el sentimiento de mala salud entre los afortunados.

Síntesis

La salud es el disfrute de la vida, con sus adversidades e inconvenientes.

No podemos fiar nuestro bienestar y felicidad a una salud insaciable que evite todo inconveniente y adversidad gracias a la prevención.

La prevención no es omnipotente y finalmente hay que convivir con el sufrimiento, el dolor, la enfermedad y la muerte.

Nos estamos equivocando si tener mayor salud no contribuye ni al bienestar ni a la felicidad sino al miedo de perder la propia salud.

NOTA

Este texto procede del prólogo del libro electrónico “Sano y salvo. Y cómo sobrevivir a los excesos de la medicina”, versión actualizada, autorizada y revisada.

Para saber más, una entrevista a sus autores (64 minutos, vídeo): https://www.actasanitaria.com/publicaciones/mercedes-perez-fernandez-juan-gervas-respuesta-pandemia- ha-sido-burguesa-patriarcal_2002373_102.html    https://www.youtube.com/watch?v=paJACl0Xz8U

Archivado en: