Cara Juan Gervas

El mirador

Escamas de ternura y de rabia en mensajes de náufragos

Doctor en Medicina. Médico General jubilado. Equipo CESCA (Madrid, España). [email protected]; [email protected]; www.equipocesca.org; https://t.me/gervassalud

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Juan Gervás
Juan Gervás

soliloquio en la isla del confinamiento

El confinamiento ha hecho de nuestras viviendas auténticas islas en donde se vive aislado como un náufrago lo que ha dado pie al autor a desarrollar un monólogo en el que, aparte de la soledad, se denuncia que se haya recurrido al encierro obligatorio con la pretensión de hacernos morir en vida.

Náufrago en casa

Te han convertido en náufrago, varado en tu propia casa. Has naufragado sin emprender ningún viaje. Estás en una isla de un archipiélago inmenso. Encerrado entre las paredes que tan acogedoras son, ahora muros de prisión. No puedes cruzar el ancho mar, tampoco el estrecho pasillo. Es una reclusión forzada, una condena sin delito. Lanzas mensajes en ondas que llevan tus anhelos, y generalmente encuentras eco. Las modernas comunicaciones te traen el mundo exterior, y se llevan tu interior. Eres náufrago que tiene el mundo alrededor, pero ¡tan lejos! Las calles, las plazas, el bullicio, los parques, las playas, los montes, la familia, las amistades, los grupos, el trabajo, los bares y restaurantes, el campo, las tiendas, las fiestas, las celebraciones, los funerales, el gozoso sexo fuera de casa, el consumo de drogas ilegales, los viajes, el aire libre, nadar, correr, bailar, el ciclismo, el cine, el teatro, los museos y exposiciones, los festivales,...¡tan lejos!

Un mensaje en una botella

“Hoy, día 25-05-92. Cuando encuentre esta botella quiero que sepa que la he mandado desde IBIZA. SALUDOS AMIGOS. 00:15 horas”.

Tal botella, de sidra El Gaitero, fue encontrada el 26-09-92 en Playa Pita, una minúscula cala, en Aguamarga, Cabo de Gata, Almería. Todavía en abril de 2020, al abrirla, huele a sidra.

Mensaje encontrado en una botella

“Hace ya siete meses, tres días y dos horas naufragué en esta isla que no está en ningún mapa. La primera semana lloré como un muchacho asustado y el miedo vino a vivir conmigo. Luego maldije a Dios los quince días siguientes. Y me pasé tres días sin agua ni comida. Los siguientes dos meses he añorado tu cuerpo y soñado con el tibio roce de las sábanas. Cada noche encendía hogueras en los montes pendiente de que un barco pasara por delante de esta isla maldita. Y en la playa he dejado mensajes de socorro pidiendo que vinieras. Arrojé cien botellas con mensajes urgentes. Y durante tres meses aprendí que la vida es un cangrejo, un fruto, el agua del torrente, el sol que cada tarde pinta de rojo el agua. Ya no siento temores. Recuerdo vagamente que más allá del mar hay fusiles y espadas y hombres que maldicen haber nacido un día. Y que aquel mundo era una isla de monstruos. Ayer me desperté cantando sin que nadie me dijera: “Estás loco ¿A qué tanta alegría?” Y cada tarde escribo en la arena unos versos que borran las mareas y que de nuevo escribo. Hoy he visto pasar un barco no muy lejos. He apagado raudo la luz de las hogueras y he borrado todos los mensajes de auxilio. Afortunadamente el buque ha pasado de largo”. https://dependetcetera.wordpress.com/2017/01/03/mensaje-en-una-botella/

El mensaje de una gata

En la puerta de casa han dejado una botella de náufrago. La abrimos con sumo cuidado, queremos leer su mensaje. En un papel de fumar está escrito: “Querida familia, ahí les dejo mi camada”. En una esquina del porche hay, efectivamente, tres gatitos. Dos grises y uno negro. La gata ha traido un mensaje de náufrago que quema. Ella “¡Qué bonitos, hay que darles leche!” Él “Los meto en un saco y los tiro a la basura”. Al cabo ella gana. Ponen leche en un plato, y en un platito comida para la madre. Pasa la noche y vuelve la gata. Llega el día y él piensa en comprar comida para gatos. Pero la gata sabe cumplida su misión y sin que nadie lo perciba se lleva a su camada. Ella: “¡No están!” Él la abraza tiernamente.

La pandemia no nos cambia sino hace ver lo que profundamente somos

La gata trajo escamas de ternura.

Mejor dicho, la gata demostró que él tenía escamas de ternura que ni él mismo conocía.

Ella le quiso más, si ello es posible.

Hay náufragos que ni isla tienen

“Al llegar me presenté a Baltasar. Llevaba tiempo queriendo hacerlo. Baltasar es un vecino que duerme en la calle de Amaniel. Está profundamente alcoholizado. Vende kleenex a los conductores. Aquí todos lo quieren. No sé cuál es su historia, pero tengo la sensación de que un día lo tuvo casi todo y que desde hace mucho se quedó sin nada. Las personas de mi espacio, o muchas de ellas, se detienen a diario a charlar un rato con él. Ese día estaba sentado en su banco. Le dije mi nombre, y le pregunté si necesitaba algo. Me respondió que tenía hambre, y que se iría conmigo al fin del mundo. Le compré dos bocadillos y un café con leche, y le respondí que era un poco canalla. Me fui a casa. Pensé que su tristeza nos define. También su dulce chulería y las ganas de seguir adelante, pase lo que pase. Y me asaltó la convicción de que todos somos un poco Baltasar, porque la vida a veces es dura, y nos puede derribar. También comprendí, y afirmo, de forma inexorable, que todos somos iguales, y que tenemos el derecho de habitar con dignidad. Han pasado días desde entonces que no sabemos cómo definir. El covid 19. El otro día pensé en Baltasar. Me armé con la única mascarilla que me dieron mis padres. Y con mis guantes para fregar el baño. Fui a su banco. -Baltasar, aquí te traigo pan, salchichón, bizcochos, y cerveza. -Gracias guapa. Mírame. Tengo la cara cortada y también las manos, ayer me la liaron en el albergue. Voy a hablar con la directora para que no me vuelvan a pegar. La última frase que me dijo fue: “Porque si no, ¿para qué sirve el derecho?” Me fui a casa encogida. Tantos juicios, jornadas, y encuentros, desde pequeña, para que de repente, la alteridad que nos conforma nos recuerde cosas básicas. El derecho no es ni más ni menos que una herramienta para conjurar la inmensa violencia social que atenaza las vidas. El derecho nos puede aniquilar (Kafka) y al mismo tiempo, nos puede sacar de una situación imposible. O quizás ninguna de las dos cosas. Bendita complejidad. Ayer fui a verlo, pero Baltasar estaba rodeado de policías. Hablé con los agentes. Al llevar tres días en un hospital por neumonía, ha perdido su plaza para dormir en el albergue. Cómo no sublevarnos. Así que hoy he vuelto a verle. Allí estaba. Como siempre. -Buenos días, Baltasar. -Hola cariño. Duermo de nuevo en los bajos de la florería. Que me han quitado la plaza. Que estoy solo. Menos mal que me han traído esta botella de DYC. Menos mal que tengo tus ojos y tus bocatas de fiambre. Joder”. https://rebelion.org/memoria-de-la-cuarentena-en-la-puta-calle/

Mensajes de náufragos: infancia y adolescencia

Pandemia. Coronavirus. La infancia en España pide los derechos de los perros. Míranos. La mayoría de nosotros vive en pisos habitualmente pequeños. Más de medio millón de nosotros no tiene ordenador en casa. Escúchanos. Más del 25% de nosotros podemos estar sufriendo maltrato ahora mismo en casa. Y no lo sabes. Queremos salir, queremos participar. No hagáis planes sin contar con nosotros. Los niños y adolescentes son personas con derechos y con capacidad de influir en el mundo. Es necesario promover su participación a todos los niveles. Aquí y ahora. https://www.youtube.com/watch?v=inIPTGWz_bM&feature=youtu.be

Mensajes de náufragos: ancianidad

Pandemia y cuarentena. En la ancianidad, dignidad

Mercedes La vida es un importante valor, pero su valor es vivirla con dignidad. Los que ya estamos cerca de la muerte, por edad y otras causas, valoramos mucho la dignidad y no queremos perderla, lo que hemos luchado toda nuestra vida por no perder muchas cosas, pero no perder la dignidad. En el momento actual queremos tener algo tan sencillo como poder salir, como un perro que puede salir a la calle un tiempo. Es muy importante que no perdamos nunca la dignidad y en estos momentos, a favor o por otras cosas, podemos perderla. https://youtu.be/bNjysFdTjBg

Juan Vivir encerrados nos condena a la muerte en vida Cuanto menos tiempo queda de vida, más importante es su contenido y su calidad. Nos queda poco tiempo de vida, no queremos pasarla sólo encerrados. Queremos también poder pasear, siquiera como se les permite a los perros. Que no muramos encerrados como perros. No queremos morir encerrados como perros. https://www.youtube.com/watch?v=piFN21VE66w&feature=youtu.be

Ternura y rabia embotelladas

Las escamas de ternura se mezclan bien con la rabia escamada.

Son tantos los escándalos del #covid19 que no podremos cerrar la página sin exigir y obtener cambios de fondo, reparaciones y dimisiones https://www.bmj.com/content/369/bmj.m1434

“No confinarán nuestra rabia. ¡Salgamos a la calle cuando acabe el confinamiento! ¡Pongamos al poder en cuarentena!” https://insurgente.org/francia-los-servicios-de-inteligencia-advierten-de-una-radicalizacion-de-la-contestacion-social-cuando-acabe-el-confinamiento/

Los mensajes de náufragos desesperados llevan rabia que estallará en la cara de quienes han abusado de su poder y con sus medidas sin ciencia ni ética han provocado muertes por miles y sufrimientos sin límite, en estas y en venideras generaciones.

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