Punto de vista Apuntes de un boticario

No es país para viejos

Existe un auténtico contraste, puesto de manifiesto en estos comentarios, entre el crecimiento del número de personas con más edad y las dificultades que deben afrontar como consecuencia del uso obligatorio de las nuevas tecnologías.

Hace ya un año que la adolescente sueca Greta Thunberg, la Nadia Comaneci contra la dieta animal, dejó el anonimato y se convirtió en una famosa activista opositora del cambio climático, tras iniciar una huelga escolar por el clima. Sin embargo, que ande con ojo porque detrás tiene al lobby ecologista formado por empresas energéticas, con intereses en renovables. No obstante la niña de las trenzas, si vence en su cruzada por la salubridad del ser humano, y en pura lógica, alcanzará una provecta e inconmensurable edad que es lo que a continuación intento desarrollar.

La globalización nos ha generado un trasiego de especies desconocidas en algunos países tanto vegetales, véase nuevos tipos de algas asiáticas, como animales: el mejillón cebra o el loro, llamado cotorra de Kramer. Con esta movida puede que estemos atacando el equilibrio, no sólo climático, sino ecológico.

Por supuesto “el movimiento continuo”  del ser humano actual, que denunciaba Pascal, pone también a viajar a virus y bacterias que, desde Colón, habían viajado menos que mi tía Enriqueta. Valga como ejemplo el Ébola cuya primera paciente ingresada en España tuvo que ser atendida por personal sanitario ataviado con un “ropaje” similar al que usaban los que intentaban atrapar a “ET”, ¿lo recuerdan?.

Hasta el sevillano, y esto es de ayer por la mañana, que ha llevado un regalo “envenenado”, (es jodido que la vida penalice a las personas generosas), a sus suegros alemanes sin pensar que llevaba de viaje a una bacteria, la ya muy popular “Listeria”. ¡Un aplauso para ella!. Basta…basta, que tengo que seguir.

Creciente obesidad

Porque a colación del tema dietético, hay que reconocer que el aumento de calidad de vida en los llamados países del primer mundo está creando unos seres superalimentados y de una forma incorrecta. De ahí que la obesidad, y no hay que irse a Nueva York, sea algo con lo que nos encontramos todos los días en la calle.

A pesar de ello, y con todo, el nivel de supervivencia humana va subiendo progresivamente y de forma espectacular. Otra cosa es que en los llamados países del tercer mundo con sus grandes miserias, que les acortan las expectativas de vida, sus habitantes contrarresten este índice demográfico trayendo más seres desgraciados a su mundo.

Humano a-mortal

A los viejos se les está minando su dignidad moral ya que cada día, por razones difíciles de explicar en brevedad, los estamos marginando hasta hacerlos unos discapacitados sociales

Para colmo, y vuelvo al nuestro, algunos filósofos y científicos afirman que para 2066, aproximadamente, el humano será a-mortal, es decir, sin muerte, porque todas las enfermedades habrán sido vencidas. Yo no sería tan osado, creo que hay bastante de ciencia ficción en este anuncio. A-mortal no significa inmortal, puesto que no se morirá uno por enfermedad pero sí por otras muchas circunstancias. Así que ustedes me dirán qué vamos a hacer con tanto viejo.

Por el momento joderlo, y no me refiero exclusivamente a su soledad y su dependencia, sino a cómo “los dueños del mundo” les hacen sentirse cada vez más inútiles. Porque aún hay ancianos en plenitud física y mental que han vivido mucho, y en algunos casos de una forma intensa y brillante, a los que la sociedad sólo les preocupa de ellos su salud física porque, entre otras razones, dejan muy buenos dividendos médico/farmacológicos y de otro tipo.

Minar la dignidad moral

Este interés por su estado somático, que no está mal, desatiende otro que me parece muy importante cual es el psicológico o sensitivo. A los viejos se les está minando su dignidad moral ya que cada día, por razones difíciles de explicar en brevedad, los estamos, en este sentido, marginando hasta hacerlos unos discapacitados sociales  obligándoles a utilizar, y por tanto aprender, nuevas tecnologías de una forma coercitiva.

Un banco, y es sólo un ejemplo porque hay más, les cobra por enviarle en papel, y a través del correo ordinario, los múltiples recibos que tiene domiciliados en su entidad. Un dinerito insignificante pero que, tacita a tacita, sigue engordando, a la banca.

Por seguir con el inagotable y tantas veces crispante ejemplo de las entidades bancarias, éstas limitan obligatoriamente la cuantía del efectivo que un jubilado quiere retirar, porque así reduce el empleo y aumenta el beneficio de sus accionistas. Si un viejo no tiene tarjeta de crédito (“¿ha dicho usted algo?”) porque no le da la gana y quiere retirar en ventanilla 60 euros le niegan la operación y le ¡obligan! a “operar” en el cajero automático.

Si este mismo viejo conduciendo su coche pregunta por una determinada dirección es muy probable que el interrogado se sorprenda y le diga:

-“Hombre de Dios, a su edad, viajando solo y de noche. ¿cómo se le ocurre ir sin GPS?”.

Si el anciano, en pleno uso de sus facultades mentales, quiere forzar su cerebro para que no se anquilose y recordar el nombre de un actor, no le dejan pensar ni un segundo cuando el “listo”, incluso de su edad, ya lo ha buscado en su móvil y lo larga de inmediato.

No digamos cuando “el patriarca” sentado a la mesa cree dar a conocer a su familia, nietos incluidos, la última noticia que ha oído en la radio hace no menos de 30 minutos:

-…”Jó abuelo eso lo leí ayer en un whatSapps que me mandó Borjamari…”

Nuevas tecnologías

El mismo viejo, digamos que se llama Rodolfo, llama a su compañía eléctrica para comunicar alguna discordancia entre factura y contador, amén de que indefectiblemente una voz le recuerde que la conversación “será grabada por motivos de seguridad etc, etc…”, durante la musiquita de espera otra voz le sugiere que consulte con la página web de la empresa, con lo que subliminalmente quieren decirle que no dé el coñazo “entreteniendo” a un empleado que está hasta los testículos de viejos impertinentes que no quieren entrar por el aro de las nuevas tecnologías.

Si acaso, y sigo con el ejemplo, el bondadoso empleado que le coge el teléfono a Rodolfo le sugiere haga una foto con el móvil al contador de luz y se la envíe por “guasap”.

Si Rodolfo osa ir a la ventanilla de la antigua Renfe, hoy Adif, le pasa lo mismo:

-“Si quiere usted saber los horarios del tren que desea coger consulte desde su casa nuestra página web que, vista su edad, le será más cómodo. ¿Apuntarlo en un papelito?. Pero ¿no ve, hombre de Dios, la cola que tiene detrás y que estoy sola en el despacho de billetes?

Otra perspectiva

Digamos que estas anécdotas son la parte cómica del espectáculo de El Bombero Torero, porque si nos metemos en la seria, cual es la triste e involuntaria dependencia del viejo, vemos algo sencillamente terrible. Como además, actualmente, se vive una especie de ola optimista y quieren hacer creer que el que no ve la vida con un alegre sentido es sencillamente un derrotista, pues el vejete está cada vez más marginado y piensa en su lúcido cerebro que para no estorbar en la calzada social lo mejor es dejar de circular por ella.

Y volviendo a mi carácter de boticario y la temática que debe imperar en estos “Apuntes”, leo que “La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) ha informado que las cápsulas termómetro utilizadas para la medición de la temperatura corporal, carecen de marcado CE como producto sanitario, por lo que cesa su uso y comercialización en España.

Se trata de un dispositivo con una app que, conectado a la toma auxiliar de audio de los smartphones, realiza una medición de la temperatura, tanto corporal, como de objetos y del medio ambiente. Los productos destinados a la medición de la temperatura corporal son productos sanitarios que, para comercializarse legalmente, han de estar provistos del marcado CE. Este distintivo declara la conformidad del producto con los requisitos de seguridad, eficacia y calidad establecidos en la legislación y debe figurar en el etiquetado y el prospecto del producto, junto con el número de identificación del organismo notificado que evaluó la conformidad de la función de medición”.

Yo, que tengo esta aplicación desde que salió al mercado, me he quedado perplejo e indefenso con esta noticia ya que ante el miedo de sufrir una posible listeriosis llevo días tomándome la temperatura y entré en pánico al no poseer en casa ningún termómetro convencional.

Pero héte aquí que para esto, y otros casos más urgentes, siempre hay un farmacéutico de guardia al que puedo consultar y en todo caso, y es lo que hice, comprar un termómetro.

Entré en la farmacia de urgencia más cercana, expliqué mi preocupación por la posible infección por listeria. El farmacéutico me hizo varias preguntas: fecha y lugar de la posible ingesta de carne mechada. Medidas cualitativas y cuantitativas de las  febrículas. Estado anímico y posibilidad de un repentino ataque de hipocondría.

Resuelta la consulta gratuita y por lo que pudiera pasar le dije:

-“En todo caso. ¿Me da un termómetro de los de siempre?

-“¿De los de mercurio?“

-“Sí”

-“¡Por Dios! Están prohibidos desde hace tiempo. ¿Cómo se le ocurre…?

 

Pedro Caballero-Infante

Farmacéutico. Especialista en Análisis Clínicos caballeroinf@hotmail.es Twitter: @caballeroinf

1 Comentario

  1. María says:

    No comparto lo de «viejos», afecta a personas de mediana edad y mucho también. Estoy de acuerdo, las tecnologías han avanzado más deprisa que la implicación y el aprendizaje de las personas, que se les exige manejarlas en páginas web (caso de la Seguridad Social..) o en aparatos para controlar su enfermedad, o en sistemas dentros de los centros sanitarios para ser atendidos. Esto será perfecto para nuestros hijos, pero para la sociedad actual implicada en el uso continuado de los recursos es muy complicado…..y ya no digamos si estas solo, como gran parte de las personas mayores

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