Política y Sociedad En los galardones de Investigación Bimédica Preclínica y clínica del año

Nanotecnología contra tumores y la cuna de la vida merecen los premios Fundación Lilly 2021

Nanotecnología contra tumores y la cuna de la vida han merecido los premios Fundación Lilly en la edición 2021, en los que, por una vez, el Museo Arqueológico Nacional, en Madrid, dejó de ser faro de conocimiento del pasado más remoto para traer al presente lo que, sin duda, será futuro.

Todo desde el testimonio de un investigador consagrado a construir arquitecturas infinitesimales que ayudan a comprender, en su íntima materia, los tumores más agresivos, hasta los hallazgos de un clínico en viaje permanente a los primeros compases de la existencia humana en un diálogo que, hasta hace poco, era exclusivo del embrión y el útero, este último llamado por el premiado la Cuna de la Vida.

José Antonio Sacristán

Dos décadas de ciencia

El director de la Fundación Lilly, el doctor José Antonio Sacristán, celebró de una manera muy sentida y festiva poder unir dos nuevos nombres a los 20 años de trayectoria de esta organización, siempre en estrecho diálogo entre la Ciencia, la Medicina y el Humanismo, pilares esenciales de esta entidad.

Después de un primer año de pandemia, en el que no fue posible su convocatoria, José Antonio Sacristán aseguró que los galardones llegan en 2021 con energías renovadas, al ser sendas distinciones las entregadas a un investigador preclínico y a otro clínico, como fruto de unas muy difíciles deliberaciones por parte de un jurado que cada año tiene más difícil elegir entre lo excelso y lo sublime.

Por estas y otras razones, este directivo felicitó a los premiados por su trabajo y a los medios de comunicación por su asistencia a su presentación a las autoridades que horas más tarde entregaron los premios. En esta ocasión, el ministro de Ciencia e Innovación, Pedro Duque, y la presidenta del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), la doctora Rosa María Menéndez López.

Luis Liz Marzán

A escala de lo invisible

El director científico en el Centro de Investigación Cooperativa en Biomateriales – CIC biomaGUNE y profesor Ikerbasque biomateriales, Luis Liz Marzán, mereció este año el Premio Fundación Lilly de Investigación Biomédica Preclínica 2021, por sus trabajos en nanociencia y nanomedicina a través del desarrollo de nanopartículas de metales nobles, como el oro y la plata, y sus propiedades plasmónicas de aplicación en la detección, diagnóstico y tratamiento de enfermedades como las neoplasias.

Según precisó Luis Liz Marzán, se trata de entidades de nueva creación que miden millonésimas de milímetro y cuyo grosor es 10.000 veces inferior al de un cabello human, estructuras cuya geometría es posible diseñar y escalar mediante la química coloidal para lograr usos controlados de la luz que incide sobre las mismas.

Ello con la virtualidad de que puedan servir como marcadores de diagnóstico que permitan, a la Medicina Personalizada, avanzar con una mayor proyección a la actual, al comportarse como andamios tridimensionales que auspician el desarrollo de tratamientos específicos.

En enfermedades neurodegenerativas

De igual modo, el equipo de este profesor desarrolló un sistema de detección de la formación de fibras amiloides, basado en el fenómeno de quiralidad plasmónica, e incorporó, a la terapia fototérmica, nanotermómetros fotoluminiscentes para controlar el calentamiento por láser.

En la actualidad, Liz Marzán se centra en el estudio del cáncer y su línea de investigación se dirige a incorporar nanosensores en construcciones tumorales en 3D, con el objetivo de descubrir biomarcadores que permitan entender el comportamiento del tumor bajo distintas condiciones.

Destacó, además, este ponente la capacidad de aumentar las nanopartículas descritas con láser infrarrojo de mayor profundidad que podría eliminar selectivamente las células a destruir, en un territorio en el que, también, contempla el desarrollo de nanotermómetros capaces de generar calor y medirlo simultáneamente.

Dentro del mismo campo de lo minúsculo, el premiado es responsable de un sistema concebido para escuchar la comunicación que se produce entre las bacterias, como posible vía a la prevención de las infecciones.

Carlos Simón Vallés

De la investigación a la práctica

El catedrático de Pediatría, Obstetricia y Ginecología de la Facultad de Medicina y Odontología de la Universidad de Valencia, el doctor Carlos Simón Vallés, se alzó, por su parte, con el premio único a la categoría de Investigación Biomédica Clínica 2021 de la Fundación Lilly.

Carlos Simón Vallés destaCÓ, como primera emoción, además de la gratitud, la satisfacción de unirse a una lista de premiados con unos galardones distinguidos por su prestigio y consistencia, dentro de una tendencia progresiva a la personalización de la práctica médica.

En su calidad de coordinador del Grupo de Investigación en Medicina Reproductiva de la Fundación para la Investigación del Hospital Clínico de la Comunidad Valenciana (INCLIVA), este médico e investigador hizo mención a su perfil híbrido de clínico asistencial e investigador. Formado como obstetra y ginecólogo en Valencia, y después de su paso por la estadounidense Universidad de Stanford, expresó la fortuna de implicarse en procesos que llevan de la investigación básica a los avances que permiten mejorar la práctica asistencial.

Desde la cuna de la vida

Fundador, además, de la firma de genética reproductiva Igenomix, en 2011, Vallés parte de la relevancia del útero en el proceso reproductivo, del embarazo y de la salud del feto en la especie humana, para analizar el delicado proceso de la implantación del embrión, al contar con la existencia de una microbiota uterina que puede truncar la concepción.

Este médico descubrió y caracterizó, por primera vez, las células madre endometriales humanas e introdujo su uso en la práctica clínica como terapia celular en el síndrome de Asherman, una patología poco frecuente que es causa de infertilidad.

Desde estos primeros pasos en el teatro íntimo de la vida, Vallés describió la progresiva iluminación que se logra en la “caja negra” que es el útero a efectos de fertilidad, dado que hace pocas décadas se ignoraba todo hasta el momento de hacer las pruebas de embarazo.

Como dos actores de esa chispa vital, este ponente se refirió a dos esenciales, como son el embrión y el referido útero, en cuyo diálogo no solo se da el espacio preconcepcional, sino que, también, se pueden prevenir enfermedades.

Nada es estéril

Ello ahora que se sabe, compartió Vallés con los presentes, que la superficie del endometrio no es estéril y que existe una microbiota de superficie que puede favorecer la implantación y futuro alumbramiento o, por el contrario, llevar a un aborto clínico.

Según el premiado, se entona, en esos primeros días del embrión, una nana (lullaby) que abre una ventana de implantación que permitirá la gestación de nueve meses, momento en el que precisó que el blastocito goza de una enorme capacidad de adherencia, que, incluso, dificulta la transferencia embrionaria en las técnicas de reproducción asistida.

En esa etapa primigenia de RNA y transcriptómica, el embrión se embebe y de su transformación y alojamiento depende que se produzca preeclampsia en el 5 por ciento de los embarazos, que conduce a parto por cesárea, o que la implantación ocurra fuera de su lugar idóneo y el alumbramiento desemboque en la extirpación del útero.

Era preconcepcional

Al adentrarse en el concepto de lo preconcepcional, el premiado considera prioritario conocer de antemano que la microbiota no esté dañada, al preparar la maternidad de forma profesional, al tener muy en cuenta que la especie humana es poco eficiente a efectos de feracidad, dado que solo el 35 por ciento de los embriones implantados es viable y solo cuatro de cada 10 mujeres tienen un bebé desde un primer ciclo de reproducción asistida.

Esto se debe, explicó Vallés, a que el embrión de la mujer no dirige su propia implantación, como ocurre en los roedores, grupo animal con un 95 por ciento de éxito a término de los mismos, de forma que en humanos la ventana de implantación es más reducida debido al ciclo menstrual. Finalmente, apuntó a nuevas pruebas diagnósticas basadas en el factor endometrial.