El mirador

Muerte cardiovascular, frecuente pero no frustrante

Está documentado que los ricos suelen tener una peor percepción de su estado de salud, lo que les lleva no sólo a un mayor uso de los recursos sanitarios, sino a someterse, eso sí por indicación de su especialista, a auténticas torturas nada saludables. Desde este principio general, el comentarista pone en cuestión el control de los factores de riesgo para evitar la muerte cardiovascular; entre otras razones, porque de algo hay que morir, y, además, porque, con datos fehacientes, el consumo de determinados fármacos para evitarla no sirve de nada.

Vivir es una alegría, por más que haya quien se empeñe en reventar ese disfrute que da tanta cosa barata, grandiosa y gustosa (amor, amistad, sexo, espiritualidad, compañerismo, solidaridad…). Por supuesto, la alegría se mezcla con la tristeza, como el placer se mezcla con el dolor, y los nacimientos con las muertes. Quien vive disfruta y sufre, pero suele recordar más lo primero.

 

Se necesitan unas condiciones mínimas, obviamente, y no es imaginable la alegría cuando el hambre está matando a tus hijos. Pero dicen que hay más alegría entre los pobres que entre los ricos, pues estos están todo el día temiendo perder lo mucho que tienen. Ser rico es eso, hacerse seguros de todo, como si se pudiera evitar todo riesgo. Se aseguran hasta “la vida”, en un seguro que es “de muerte”, para los herederos. Por eso la prevención es más importante para los ricos, porque tienen más que perder, porque todo el día temen quedarse sin lo mucho que tienen. Por ello también están todo el día en los especialistas, buscando la perfección, horrorizados ante la menor alteración de su salud. Los especialistas los someten a técnicas variadas y muchas veces inapropiadas. Ellos gozan, en una especie de ritual sado-masoquista con el que se pretende una perfección imposible. La capacidad de crear enfermedad es ilimitada, una vez que uno tiene buena salud (y dinero). Lo ilustró muy bien el Dr. Knock

http://www.econ.upf.edu/~ortun/publicacions/Knock.pdf

 

Pero no es sólo un relato, pues los resultados empíricos demuestran que los ricos van más sanos y más jóvenes a más especialistas. Como tienen mucha salud, por la educación y por el entorno, resisten las prácticas de los especialistas, que rozan la tortura. Caben cirugía reparadora, artroscopias, densitometrías, mamografías, pruebas de esfuerzo, TAC pulmonares, biopsias, chequeos y demás. Se trata, por ejemplo, de tener la cara sin arrugas, rito absurdo en el que destaca, en estos días, la ex-vicepresidente del ex-Gobierno del PSOE, con su carita planchada. Pero también hay que arreglar las tetas, el culo y el coño. Todo bien planchadito. Ya puestos, hay que limpiar el colon, siempre lleno de mierda. El lavado de colon está ahora de moda, como lo estuvo en el siglo XIX, y a primeros del XX, contra la “auto-intoxicación”. Hay que tener todo limpito y planchado. Es de suponer que quien se plancha las arrugas se hace “un completo”, desde cara a culo, pasando por el colon. Todo por ser y permanecer “joven”.

 

Lamentablemente, es imposible la juventud eterna, un mito milenario que se vuelve a vender como posible, y frustrante.

http://www.equipocesca.org/wp-content/uploads/2009/02/gilgamesh-2.pdf

 

La paradoja de la salud

 

Las sociedades más sanas se sienten más enfermas. Así, en la India se comparó la salud de dos estados, Kerala (con muy buen perfil de mortalidad, de país desarrollado) y Bihar (con una mortalidad propia de país en desarrollo). La percepción de salud en Kerala es mucho peor que en Bihar. Es decir, los pobres mueren antes y sufren menos. El aumento de cultura y el acceso al sistema sanitario de Kerala implica una menor sensación de salud.

 

Se demostró en el mismo estudio que Kerala tenía resultados en mortalidad comparable a los EEUU, por más que fuera muchísimo más pobre. Pero la población de los EEUU sufría más (estaba más enferma) que la de Kerala

http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1122815/?tool=pubmed

 

Así pues, si hay riqueza y salud, y si el sistema sanitario ayuda a alargar la vida, el resultado sanitario subjetivo es el opuesto. El destino de los médicos es enfrentarse a una población que demanda más cuidados cuanta más salud tiene. Y los ricos suelen tener más salud y sentirse más enfermos, por eso utilizan más inapropiadamente los servicios de los especialistas. Desde luego, estos los “infectan” para que “consuman” servicios, de forma que la bomba se ceba en un sentido infernal.

 

Para morir mil veces no hay nada como el miedo a la muerte. Para enfermar mil veces no hay nada como el miedo a la enfermedad.

 

La demanda de los jóvenes, ricos y sanos repercute en menos servicios para los viejos, pobres y enfermos. Lo demuestra el ejemplo de Barcelona, donde han impuesto el cribado del cáncer de colon con detección de sangre en heces, a los mayores de 50 años. Por consecuencia, son cientos las colonoscopias que se hacen, a todos los que da positiva la prueba. Con las colonoscopias “preventivas” se ha atascado todo el proceso diagnóstico de los pacientes sospechosos, por la clínica, de cáncer de colon,. Los gestores han decidido que se pidan colonoscopias virtuales (con TAC helicoidal) en los casos de sospecha clínica, lo que irradiará generosamente a los pacientes con síntomas.

 

Parece amenazante y frustrante, ¿no?

 

La primera causa de muerte

 

Ya sabemos, y nos lo repiten, que la primera causa de muerte es la cardiovascular, que entre infartos, ictus y demás cubre un tercio del total de la mortalidad.

 

Nos lo repiten para que nos asustemos y agobiemos, para que no descansemos en la “lucha” contra la mortalidad cardiovascular.

 

Como dice el pueblo llano, “de algo hay que morir”. En palabras más refinadas, “los cuerpos encuentran la forma de morir”. Y la causa cardiovascular no es indigna. Es, sólo, una forma de morir.

 

La recta preocupación sobre la mortalidad cardiovascular se refiere a la mortalidad evitable por esta causa. Es decir, no es preocupante que muramos por infartos e ictus, y demás, sino que mucho de ello se pueda evitar. Y tienen razón, pero hay confusión y frustración.

 

Todo se centra en el control de los factores de riesgo, como si los factores de riesgo fueran factores causales. Los factores de riesgo cardiovascular son cientos, cada cual más ridículo que el anterior “descubierto”. Los factores de riesgo son simples asociaciones estadísticas, ni son necesarios, ni son suficientes. Y los peores, edad, sexo y clase social, no hay quien los cambie en la consulta.

 

Además, las cosas hay que verlas con perspectiva. En lo clínico, las muertes cardiovasculares evitables se deben ver según lo que se puede lograr. Así, por 100.000 habitantes y año, el tratamiento con IECA en la insuficiencia cardíaca puede evitar 308 muertes; el consejo médico breve contra el tabaco, 120; el tratamiento de la hipertensión, 71; el uso de aspirina tras el infarto de miocardio, 48; el tratamiento anticoagulante en la fibrilación auricular, 33; el uso de estatinas tras el infarto de miocardio (prevención secundaria), 14; y el tratamiento con estatinas en pacientes con “riesgo cardiovascular” (prevención primaria), 3 muertes. Por ello, es muy ineficiente el uso de las estatinas para prevenir muertes cardiovasculares en pacientes sin enfermedad coronaria.

 

Da pena ver a miles de médicos y enfermeras afanados en la “lucha” contra los factores de riesgo, en el control de la tensión “en el límite” y del colesterol “por si acaso”, y saber que no hacen más que torturar a los pacientes (y convertirlos en enfermos). Es un trabajo muy ineficiente, que quita tiempo y recursos a los viejos, pobres y enfermos.

 

El colmo son las tablas de riesgo cardiovascular, convertidas en tablas de decisión. Según el riesgo calculado, así la intervención. Pero las tablas de riesgo son simples tablas de riesgo de la población (no pueden ser otra cosa) y no tablas para decidir qué hacer con los pacientes.

 

Naturalmente, cuando se publicó en el New England una guía para ayudar a decidir sobre necesidad de cuidados intensivos en pacientes con dolor agudo precordial, no se tuvo en cuenta en absoluto a los factores de riesgo (de las tablas de riesgo cardiovascular), pues no predicen nada de nada (respecto a la presencia y gravedad de infarto de miocardio)

http://www.nejm.org/doi/pdf/10.1056/NEJM199606063342303

 

Todos moriremos.

 

Todos los lectores de este texto morirán pronto, antes del final del siglo.

 

No pasa nada porque muramos por causa cardiovascular (¿prefiere un Alzheimer?). No es frustante morir por causa cardiovascular.

 

Juan Gérvas ([email protected]) es médico general y promotor del Equipo CESCA (www.equipocesca.org)

Juan Gérvas

Acta Sanitaria