Política y Sociedad un candidato que estudia en Oviedo para el examen nos cuenta su experiencia

Preparar el MIR en pandemia: “Esto es lo que nos ha tocado este año y hay que pelear igual”

Cada año, miles de graduados en Medicina se preparan para presentarse al examen de Médico Interno Residente (MIR), la puerta de entrada a la especialidad que escojan; sin embargo, a diferencia de ediciones anteriores, este 2020 plantea una dificultad añadida para los candidatos: la falta de certezas derivada de la pandemia de la Covid-19, lo cual provoca, entre otras muchas cosas, que a estas alturas todavía no se conozca la fecha de la esperada prueba.

Como manda la tradición, los jóvenes médicos que quieren y se lo pueden permitir viajan alrededor de junio a Oviedo para preparar el ejercicio más importante de su carrera. Unos meses de intenso trabajo en la academia y de vivencias que te unen cada vez más a tus compañeros, hasta la llegada del examen. Pero, este año, se anunció que las clases serían online, por lo que no fueron tantos los futuros residentes que dejaron sus casas para vivir la ‘experiencia MIR’ en la ciudad asturiana.

Javier López Motos, un murciano de 24 años procedente de Lorca, fue uno de los que decidió, después de graduarse en Medicina este año, que, a pesar de las circunstancias, no quería perder la oportunidad de mudarse unos meses a la capital española del MIR. “Tenía claro que quería ir a Oviedo aunque las clases fueran virtuales. Tenemos unos horarios muy estrictos que tienen como objetivo las 12 horas de estudio al día, aproximadamente, por lo que estar en un ‘microecosistema‘, como yo lo llamo, con gente que está haciendo lo mismo que tú, que tiene tus mismos horarios, tus mismas preocupaciones, me parecía el ambiente óptimo para prepararme”, asegura.

“Yo tengo la suerte de que me podía venir gracias a que mis padres pueden permitírselo, si no, me habría adaptado a hacerlo desde casa. Pero se agradece estar en un ‘ecosistema‘ con gente que te entiende, con la que, luego, puedes compartir ratos de ocio, con la que puedes compatibilizar tu estilo de vida. Eso te permite sacar el máximo rendimiento tanto a los estudios como a los ratos libres”, destaca Javier.

A contrarreloj

Este candidato, que está en Oviedo desde julio, confirma que se quedará allí hasta la fecha del examen, “que todavía no se conoce“. “En la academia no quieren mojarse. Fuera de la academia, comentaban que sería en abril, luego lo querían intentar forzar para febrero, pero no tenemos ningún indicio claro”, sostiene.

Claramente, los médicos recién titulados en esta promoción se encuentran en desventaja con respecto a los de las anteriores. “Al final, antes te lo podías plantear con una fecha límite, era un esfuerzo que tenía un final en el tiempo. Y este año, la incertidumbre nos resta, en el sentido de que no puedes calcular el esfuerzo exactamente. Todos los días tienes que intentar ir a contrarreloj y estudiar todo lo posible, pero no es lo mismo que sea en abril o que sea en febrero, como se hacía normalmente”, valora este estudiante.

Un nuevo hogar

Javier vive en una residencia con varios compañeros que comparten su misma realidad: todo gira alrededor del MIR. Esta será su nueva ‘familia‘ durante unos meses. Al ser convivientes, concepto que en estos tiempos de pandemia cobra especial importancia, pueden reunirse para ver las clases online en grupo, a través de una plataforma en la que se emite la lección con un Power Point simultáneo, en dos turnos al día.

“Todos los alumnos pensamos que siempre es mejor tener la clase presencial, porque te obliga a prepararte, ir a clase, estar rodeado de gente que está como tú, y se crea un ambiente más proactivo para que te cunda más. Pero de manera virtual es más fácil distraerse, por lo que, si fuera presencial, pienso que se mejoraría el rendimiento de las clases”, subraya este aspirante. Aun así, los estudiantes han sabido adaptarse y crear una suerte de ‘pseudo-clase’ en una pequeña sala de la residencia.

Y el domingo descansó… para hacer surf

“La empresa que lleva mi residencia tiene tres residencias y solo han abierto dos este año, porque sí que es verdad que ha venido menos gente. Pero, particularmente en la mía, el ambiente es parecido a otros años, a pesar de la Covid-19. Aunque es verdad que, en los años anteriores, el sábado era el día de salir de fiesta por la noche, y en eso sí que nos hemos visto lastrados”, reconoce este opositor.

Es bien conocido que en los ‘mandamientos‘ de los candidatos MIR, se establece el domingo como el día de descanso después de la fiesta de los sábados. Sin embargo, este 2020, el séptimo día de la semana es el dispuesto para salir a aprovechar los rayos de sol, cuando el clima asturiano permite ‘empaparse‘ de vitamina D.

Javier y sus compañeros pudieron disfrutar de algunos fines de semana de ocio nocturno cuando llegaron, en julio, pero poco después se les acabó esa opción. “Nos quedábamos en algún bar y, luego, íbamos a algún piso a tomar algo, pero ahora eso ya se ha visto limitado hasta el punto de que ya no podemos hacerlo. Así que, intentamos aprovechar aún más los domingos, que es nuestro día de descanso como tal, y hacemos excursiones a los Lagos de Covadonga, por ejemplo, a algún pueblo, a la playa para hacer surf…”, relata.

“Es decir, buscamos planes alternativos que, quizás, otros años también se hacían, pero en menor medida, porque antes sí salían los sábados por la noche y no aprovechaban tanto el domingo. Nosotros intentamos salir los domingos desde que amanece y estar fuera el máximo tiempo posible, aunque nos veamos más limitados en cuanto a variedad de planes. Esto es lo que hay, hay que adaptarse, y estoy seguro de que estamos disfrutando más que otros estudiantes que están en su casa. Intentamos verlo con optimismo, no nos va a sumar nada pensar cómo hubiese sido esto sin la pandemia”, subraya Javier, reafirmando su decisión de haber dejado su casa para participar en este tradicional ‘peregrinaje‘ de futuros residentes.

“A nivel mental, colapsaron”

Madrugones, horas interminables frente a los libros y los incipientes nervios de cara a la prueba. Son años de esfuerzo que culminan con un concurso decisivo, el estrés es evidente. Este aspirante intenta desconectar de la presión del MIR a través del deporte, “aunque el horario es muy exigente y a veces no tienes mucho tiempo para ti”. Sin embargo, es importante buscar este tipo de ‘vías de escape’, pues, tal y como declara, “la incertidumbre de la Covid-19 nos está afectando negativamente”.

“Este año ha cobrado especial importancia, aunque ya la tuviese antes, la estabilidad emocional para afrontar el examen. Hay gente que vino a Oviedo y se ha ido a casa, no por imposibilidad de quedarse aquí, sino porque a nivel mental, colapsaron con la incertidumbre, no sabían cuánto tiempo se iba a dilatar esto. Además, la Covid-19 es una cuestión de salud que puede afectar a familiares directos y amigos. También hay gente que está con ayuda psicológica. Así que esta situación a nivel anímico es un lastre”, lamenta.

Esa inseguridad no surge solo alrededor de la fecha del examen, “sino sobre cuándo vas a poder ver a tus familiares o amigos. Todo suma. Sin embargo, yo lo estoy llevando bien, porque, al final, todos los opositores nos presentamos en las mismas condiciones, excepto alguien que tenga alguna situación personal más complicada. Intento ver el vaso medio lleno, esto es lo que nos ha tocado este año y hay que pelear igual, porque, al final, el resultado es para toda la vida y nadie se va a acordar de si tu examen fue en un año de pandemia”, afirma este estudiante.

Motivado para ayudar

Si bien la pandemia es una situación que puede provocar mucha inquietud y miedo, Javier se siente motivado para convertirse en un profesional del sistema sanitario y “echar una mano”. No ha decidido todavía qué especialidad médica prefiere, pero algo tiene claro: “estoy deseando empezar a trabajar en la Sanidad”.

“Ya en último año de carrera se coge más relación con los residentes del hospital, estás más integrado porque te respetan más. Y ver a gente, con la que has estado compartiendo meses, en plena faena, te hace sentir que te gustaría poder ayudarles. Entre los que tenemos vocación, creo que es algo compartido. Lo que queremos es empezar a trabajar ya”, manifiesta, de manera rotunda.

Tiene pensado volver a casa en las vacaciones de Navidad para recargar pilas, pero, al no saber aún cuándo será la prueba, no está seguro de los días que tendrá de vacaciones y de si le merecerá la pena marcharse de Oviedo. “Habrá que ir viendo”, concluye. Así vive el día a día un médico que se prepara para el MIR en este extraño 2020, una carrera de fondo que, de momento, no ubica su meta.