El mirador

¿Menos para comer? Pues toca más salud dental, para evitar sorber (la solución final)

En esta época de crisis económica, en que más se precisa comer de todo, especialmente las personas más pobres, es cuando más se necesitan los dientes; sin embargo, en línea con la argumentación del comentarista, es cuando más difícil lo tienen quienes carecen de recursos para contar con una buena dentadura. De ahí que sea preciso propugnar una política sanitaria distinta a la que se está haciendo.

Los humanos tenemos dientes, una fuerte mandíbula inferior desplazable y poderosos músculos que ayudan en la masticación. Nuestra dentadura es de omnívoros, capaces de comer de todo, lo que supone que carecemos de especialización (nos faltan, por ejemplo, los potentes caninos de los carnívoros). En todo somos generalistas, preparados para superar las más inconcebibles situaciones. En este sentido somos como las ratas.

 

Lo normal es conservar la dentadura mientras haya vida. No estamos preparados para sobrevivir sin dientes. En la Prehistoria, antes del dominio del fuego y del arte de cocinar, cuando se perdían los dientes llegaba la muerte. No importaba demasiado, pues la vida tenía una expectativa de apenas dos décadas, de forma que dentadura y vida tenían similar fecha de caducidad.

 

Después, con la molturación de los cereales, los dientes caían por el desgaste con los trozos de minerales en la harina. Lo “normal” era llegar a viejo sin dientes. Por el desgaste y por las infecciones dentales, intratables. Los médicos fueron al principio también dentistas, pero en el sentido de extracción de piezas dentales. “Sacamuelas”, decía la gente, y a ello se dedicaban también otros profesionales.

 

Hay que imaginar la población humana sin dientes a partir de la infancia y adolescencia. Los adultos y ancianos eran desdentados, en mayoría. No conviene olvidar, claro, el impacto de la pérdida de dientes en la belleza, y en la función digestiva.

 

Más tarde, la salud dental se convirtió en sinónimo de riqueza. Los cuidados de los dentistas, y sus materiales, han sido siempre monopolio de los ricos. De hecho, se puede saber la clase social de una persona por el estado de conservación de su dentadura. Tenemos un tesoro en la boca, pero un tesoro que depende de otro, de poder pagar los servicios dentales.

 

Irónicamente, la dentadura es más importante cuanto más pobre sea el humano, para poder masticar alimentos de cualquier precio.

 

Carpanta

 

En los tiempos del hambre, tras la Guerra Civil de 1936-39, comer era un imposible para la mayoría de los españoles (algunos murieron de hambre, literalmente). Es lógico que un español hambriento fuera personaje heroico en una historieta, en un “comic”. Es Carpanta, cuyo nombre procede de “hambre violenta” (carpanta, en la definición de la Real Academia de la Lengua).

 

Carpanta vive bajo un puente, y su objetivo en la vida es comer. Nunca lo logra. Con su levita, su camisa a rayas, su cuello alto, pajarita y canotier es un perdedor, un hambriento más que intenta sobrevivir a la dictadura. De hecho, tuvo que superar la censura, pues “en la España de Franco, nadie pasa hambre”. Su sueño es un pollo asado, que le persigue sin nunca alcanzarlo. En la serie, sus desgracias se contraponen a la satisfacción oronda de Protasio, su compañero, que vive en un tonel.

 

A Carpanta lo creó José Escobar, en la revista “Pulgarcito”, en 1947. Es el mismo autor de los gemelos Zipi y Zape. El propio José Escobar se dibujó en muchas de las tiras de Carpanta, como el dueño absoluto, al que Carpanta pedía piedad, para que lo dibujara sin hambre, después de haber comido a dos carrillos.

 

Carpanta está desdentado, como era de esperar. No es muy frecuente ver dibujada su inmensa boca, pero cuando aparece está casi sin dientes. Es una boca mal conservada, de pobre hambriento.

 

José Escobar hizo una crítica social, la que correspondía a alguien que había dibujado para los republicanos, en “El Cencerro” (L’Equelló), y que había cumplido pena de cárcel por ello.

 

José Escobar no pudo imaginar que, en España, en el siglo XXI siguiera siendo posible distinguir a ricos y pobres por su salud dental.

 

Recetas contra dientes

 

En el enfrentamiento entre recetas y dientes, ganan las recetas por goleada. No es un partido voluntario, pero es tan “normal” tener una mala dentadura, o una de “quita y pon”, que probablemente muchos ancianos preferirían también que sigan ganado las recetas. Además, los ancianos creen que los medicamentos que toman son buenos y necesarios. “Masticar es un lujo”, piensan mientras degluten como pavos la mala comida que pueden comprar, para llegar a la sobremesa y tomar de sobrepostre su ración de pastillas.

 

De media, un pensionista gasta 2.000 euros anuales sólo en medicamentos. Es un despropósito, si se piensa en un gasto público en salud medio de unos 1.500 euros. El despropósito no es el gasto en sí, sino su efecto sobre la salud. Mejor, su efecto negativo sobre la salud. Los daños causados por los medicamentos se han convertido en un problema de salud pública, sólo por detrás de las enfermedades cardiovasculares y el cáncer. Basta pensar en los “protectores del estómago”, y el asociado aumento de la incidencia de diarreas mortales, o de anemia por déficit de vitamina B12, o del cáncer de esófago. O el consumo de estatinas para colesteroles altos, sin isquemia coronaria, con daño muscular. O los anticolinérgicos, para la incontinencia urinaria, con sus interacciones y su ineficacia. O en los hipnóticos y sedantes, con sus caídas consecuentes. O en los medicamentos “para” (gran ironía siendo inútiles) el Alzheimer. Y suma y sigue. Hace falta una prescripción prudente, no cabe duda

http://prescripcionprudente.wordpress.com/

 

A los pobres ancianos los atiborran de medicamentos, mientras no comen, o lo hacen mal. Necesitan algunos medicamentos, sí, pero la mayoría sobra.

 

Es difícil entender que no se cubran necesidades básicas, como masticar y comer, y al tiempo se despilfarre en actividades dañinas, como recetas en exceso, sólo buenas para la industria farmacéutica y las sociedades científicas que ésta crea.

 

Otra salud dental es posible

 

El País Vasco es ejemplo en el mundo, por la salud dental de sus niños y adolescentes. En el País Vasco se ha logrado en veinte años que no haya diferencias entre los dientes de niños y adolescentes ricos y pobres. El mérito se debe al primer Consejero que inició el programa, y a los que lo han continuado (de partido político distinto), y a una sociedad tolerante. El programa asigna y enlaza listas de niños a dentistas privados, y paga por capitación anual. Es decir, el dentista se encarga de la salud dental de un cupo, a cambio de un pago fijo anual por cada niño-adolescente. Se exige, claro, un contrato y el cumplimiento de una serie de servicios.

 

En la situación española sería importante dejar de tirar el dinero en cosas peligrosas y dañinas, y dedicarlo a las que producen salud. En época de crisis la salud dental deviene un super-lujo, algo prohibitivo e inalcanzable. Las bocas de los viejos serán cada vez más buzones, más bocas de Carpanta. ¡Justo ahora cuando más lo necesitan, cuando tienen más problemas para comprar comida, cuando tienen que masticar “de todo”!

 

Juan GervásTenemos los peores políticos posibles para enfrentarnos a una crisis económica. Carecen de liderazgo, ideas y valentía. Sólo se atreven con los débiles, con los pobres, inmigrantes y ancianos. A estos les bajan las pensiones, y los ofenden al levantar barreras financieras (copagos de medicamentos, por ejemplo) sin cambiar el modelo farmacéutico global. Parece que lo importante es cuánto gastamos, no en qué lo despilfarramos.

 

Las bocas desdentadas de adultos y ancianos claman al cielo y, si hubiera dios, de allí caerían rayos que carbonizarían a los políticos que faltan al mandato constitucional.

 

Hay modelos de mejora de salud dental, y se pueden expandir a toda la población, especialmente a los ancianos. Necesitamos más salud dental para no terminar deglutiendo y sorbiendo, como única posibilidad de alimentación.

 

¡Menos recetas y más dientes!

 

Juan Gérvas ([email protected]) es médico general y promotor del Equipo CESCA (www.equipocesca.org)

 

Acta Sanitaria