El mirador

Menarquia y menstruación, dos oportunidades para convertir a la mujer en carne de cañón (médico)

Una vez más, el comentarista se adentra en uno de los episodios naturales de la mujer, la menstruación, para denunciar el por qué, y sin justificación científica alguna, se convierte en un problema médico o, desde otro punto de vista, en algo a medicalizar.

Dicen que la mujer no nace sino se hace. Y dicen bien, pues en cierta forma la especie humana se caracteriza por superar la biología de tal forma que, por ejemplo, la cultura forma una segunda piel que hace posible la convivencia social. En este sentido los humanos somos “producto” de un tiempo y de un lugar que marca nuestro destino, y los límites en los que nos movemos. Basta viajar un poco, incluso en la propia geografía, para comprobar las diferencias del “ser mujer”. En mucho, la forma de ser mujer expresa la familia, comunidad, cultura y sociedad en que vive/vivió la niña, adolescente y/o mujer adulta o anciana.

 

Las diferencias de clase son más fuertes que las de sexo. Por ejemplo, al comparar niños pobres y ricos de sexo diferente se parecen más entre ellos los de la misma clase social que los agrupados por sexos. En adultos sucede lo mismo; es muy evidente en el documental “La batalla de Chile. La lucha de un pueblo sin armas”, de Patricio Guzmán, sobre el último año de Allende

http://www.youtube.com/watch?v=ZxRlhggVGoQ

 

En ese documental, las diferencias entre clases son tales que uno llega a pensar si se trata de dos especies distintas. Los ricos y su mundo poco tiene que ver con los pobres y el suyo. Lamentablemente, lo del Chile de 1972-73 se está difundiendo por el mundo entero, y cada vez las diferencias entre clase son mayores en todo, en vida y en muerte, en expectativas de vida, en salud y en comida, en formación y en poder. En España no es casual ver en 2013 el hambre entre los niños barceloneses, o entre los niños andaluces. Como bien recomendó el economista Vicente Ortún, es absurdo mantener “consultas del niño sano” cuando lo que habría que primar son “consultas del niño pobre”.

 

En todo caso, la mujer cumple con su biología y su clase social, y “se hace” a lo largo de los años.

 

La menarquia

 

La biología manda en la reproducción. Pero sólo en lo básico, como bien demuestra el cambio social en el número de hijos por mujer, que ya es menor de dos en el mundo. Es lógico, pues los hijos no suelen morir en la infancia, y ni la familia ni la “tribu” precisan de los músculos de los varones para sobrevivir y de los vientres de las mujeres para perpetuar el ciclo. La disminución del número de hijos por mujer es, quizá, uno de los grandes cambios sociológicos, y en salud.

 

Como la biología manda, la mujer sigue “preparada” para la reproducción, y signo evidente del comienzo de su madurez sexual es la menarquia, la primera regla. Con ella la niña se transforma en mujer, como muchas veces le dice la madre al médico de cabecera: “¿Sabe, doctor? La niña se nos ha hecho mujer”. El médico suele sonreír y decir cualquier cosa amable que alivie el arrebolar de la niña. Niña que al salir de la consulta dirá enfadada a la madre: “¿Por qué tienes que ir pregonándolo? Me da mucha vergüenza”.

 

Quizá la madre haya preguntado acerca de esa leyenda de que la menarquia anuncia el fin del crecimiento, del incremento de la talla corporal, y el médico la haya tranquilizado, pues no hay relación alguna. Quizá el médico haya aprovechado la oportunidad para comentar sobre sexualidad, amor, evitación de embarazos y prevención de enfermedades de transmisión sexual. Todo ello dentro de una normalidad, porque todavía no existen las Unidades de Menarquia.

 

De aquí a poco veremos tales “unidades”, con ginecólogos pediatras, o viceversa. En ellas habrá una actividad febril para determinar con precisión la historia familiar de la menarquia (“algo que toda mujer debería saber”), comprobar la edad ósea, los niveles hormonales (hipotalámicos, ováricos, tiroideos y otros), el tamaño ovárico y uterino, la talla y el peso corporal, la situación mental, el desarrollo del vello púbico y axilar, los hábitos de alimentación y de higiene, la resistencia eléctrica de la piel y cualquier otra actividad biométrica que permita certificar científicamente la “normalidad” de la menarquia. En su caso, claro, se adoptarán las medidas educativas, farmacológicas, quirúrgicas y psicológicas necesarias para lograr la normalidad acotada rigurosamente por “expertos” y sociedades “científicas” de “Menarquia Normal y Sana”, mediante cuestionarios, definiciones y consensos varios. Hay mucho negocio, mucho dinero y mucho poder tras perspectiva tal.

 

Las cosas íntimas que deberían quedar en la intimidad de la familia pasan a ser problemas de salud, con su consiguiente medicalización.

 

La niña convertida en carne de cañón (médico).

 

La menstruación

 

La menstruación se convierte en “regla” a lo largo de la vida fértil de la mujer. De este modo la regla señala a la mujer probablemente fértil no embarazada. Este fenómeno regular implica un variable ritmo hormonal que marca la vida de la mujer desde la menarquia hasta la menopausia. Este ritmo sincopado, con sus picos asociados a la ovulación, habla de la mística influencia invisible de la Luna, con sus meses de 28 días, y de un fisiología singular. Es la biología cambiante con sus ciclos hormonales. Es la normalidad durante media vida de la mujer.

 

¿O no es normal menstruar? Desde luego tenía muy pocos ciclos menstruales la mujer prehistórica que vivía 25 años y estaba embarazada desde la primera ovulación hasta la muerte. Pocas menstruaciones tenía, también, la mujer al comienzo del siglo XX, con continuos embarazos, partos y lactancias (y 40 años de expectativa de vida al nacer).

 

Las cosas han cambiado en el mundo del siglo XXI, con una media de dos hijos por mujer, y una expectativa de vida que siempre supera la edad de la menopausia. Caben varios cientos de menstruaciones en su vida, hasta casi quinientas. Y cabe que haya quien se pregunte si la menstruación está obsoleta, como Elsimar Couilho, ginecólogo brasileño, cuyo libro tuvo impacto mundial al ser traducido al inglés en 1996

http://www.elsimarcoutinho.com/entrevistas/o-fim-da-sangria-implante-permite-suspender-a-menstruacao/

 

Se puede considerar la menstruación como fuente de problemas y de complicaciones, y pensar en evitarla mediante el uso continuo de contraceptivos (y llegado el caso, con la extirpación de los ovarios).

 

La menstruación pasa a considerarse un “signo vital”, algo cuya normalidad fijan los “expertos” y sus sociedades “científicas”

http://pediatrics.aappublications.org/content/118/5/2245.abstract?sid=838ff268-87ad-4596-b2d2-ac6ce911d702

 

La mujer puede vivir todo ello con asombro y escepticismo, pero si continúan las presiones es cuestión de tiempo que la propia mujer llegue a rechazar la menstruación, la considere sucia, molesta, incómoda y obsoleta, y admita el tratamiento hormonal de por vida (o la extriparción de los ovarios y/o útero) para evitarla. La espiral de la ciencia, de la prevención y del negocio se transforma en fuerza cultural y social que se impone. Es posible, así, hacer encuestas y publicar trabajos “científicos” sobre lo que las mujeres desconocen y deben aprender: las posiblidades y beneficios de suprimir la menstruación por largos periodos, o de por vida

http://www.dovepress.com/articles.php?articleid=13202

 

Este negocio se contrapone, obviamente, al de tampones y compresas. Que ya se enfrenta al de las copas vaginales, invento antiguo que cuenta con renovadas fuerzas

http://www.youtube.com/watch?v=MFxEjNPbmgA

 

Hay mucho negocio, mucho dinero y mucho poder tras estas opciones, pero la consideración de la menstruación como obsoleta cuadra más con la medicalización de la vida de la mujer. Las cosas íntimas que deberían quedar en la intimidad pasan a ser problemas de salud.

 

La menstruación también puede eliminarse con la “simple” histerectomía. Esta es una intervención generalmente innecesaria, una mutilación interna que expresa vívidamente el poder de los ginecólogos sobre el cuerpo de la mujer

http://www.bmj.com/content/330/7506/1457

 

Son millones las mujeres sometidas a histerectomías innecesarias por modificaciones de la normalidad, por “reglas abundantes” o “varios miomas milimétricos” y demás diagnósticos que justifican la radical intervención innecesaria. Aproximadamente el 25% de las mujeres ha sido sometido a la histerectomía al llegar a los 50 años. Los ginecólogos y médicos en general no se suelen preguntar sobre la necesidad de la intervención,sino sobre la técnica más apropiada, o sobre la mortalidad a largo plazo

http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/19588344

http://www.bmj.com/highwire/filestream/368701/fieldhighwirearticlepdf/0.pdf

 

Incluso demuestran un aumento de la satisfacción sexual tras la histerectomía

http://www.bmj.com/content/327/7418/774

 

La histerectomía, pues, “sirve” para eliminar de raíz la menstruación, la posibilidad de embarazo y como método de incremento del placer sexual. Sinrazones para justificar una mutilación muchas veces innecesaria, un abuso ginecológico sobre el cuerpo de la mujer http://www.bmj.com/content/346/bmj.f852

 

En la India afecta básicamente a las mujeres de clase alta (que tienen acceso al ginecólogo, sistema privado), y en Nueva Zelanda a las de clase baja (que tienen acceso al ginecólogo, sistema público, pero no saben defenderse); el desarrollo cultural y social se refleja en todo

http://ajph.aphapublications.org/doi/pdf/10.2105/AJPH.90.9.1455

http://www.bmj.com/content/346/bmj.f852

 

La mujer convertida en carne de cañón (médico).

 

¡Pobres mujeres!

 

Juan Gérvas ([email protected]) es médico general y promotor del Equipo CESCA (www.equipocesca.org) [email protected] @JuanGrvas

Juan Gérvas 

Acta Sanitaria