El mirador estrategia para pedir lo imposible en sanidad

Medicina de cuento de hadas

De los beneficios que comporta una Medicina resolutiva se ha pasado a considerar que la Medicina lo puede todo, una «Medicina de cuento de hadas» que lleva a la medicalización de la vida y a exigir lo imposible.

Medicina resolutiva

La Medicina ha progresado en los dos últimos siglos hasta volverse en general resolutiva y fiable. Por ejemplo, con la analgesia y la asepsia que hacen posible una cirugía segura y casi sin sufrimiento, lo que evita la antigua inevitable muerte por “cólico miserere” (apendicitis). En otro ejemplo, con la vacuna contra la rabia, que sigue siendo el único tratamiento frente a una enfermedad mortal. ¡Qué decir de los antibióticos, cuyo uso prudente evita el curso dañino de enfermedades como la sífilis! Incluso es eficaz el consejo apropiado del médico de cabecera para superar el insomnio.

“Medicina de cuento de hadas”

La asombrosa capacidad resolutiva de la Medicina ha llevado al desarrollo de una cierta “Medicina de cuento de hadas” que hace propuestas y promesas de beneficios imposibles y más que asombrosos

En la infancia nos pueden contar cuentos de hadas que nos cautivan. Nadie cree que sean ciertos sus personajes, pero terminan formando parte del acervo cultural de los humanos y, por ejemplo, la propia palabra “hadas” nombra una realidad inexistente pero presente.

No es cuestión que venga de los dos últimos siglos sino que sus personajes son productos de la mente humana que ha inventado la mitología y las leyendas que encontramos en todas las culturas. Es el mundo de las hadas, los elfos, los gnomos, los duendes, las sirenas, los gigantes y cíclopes y otros muchos personajes “de cuentos de hadas”, tanto benéficos como maléficos.

La asombrosa capacidad resolutiva de la Medicina ha llevado al desarrollo de una cierta “Medicina de cuento de hadas” que hace propuestas y promesas de beneficios imposibles y más que asombrosos, que se pretenden ciertos e incluso exigibles.

Algunos ejemplos de la “Medicina de cuento de hadas”:

Toda mujer puede tener hijos a cualquier edad. La fertilidad humana es máxima en parejas jóvenes, en torno a los 20 años, y decae enormemente a los 40. Sin embargo, dada la capacidad de las técnicas de fertilización, parece que toda mujer pudiera tener hijos a cualquier edad y se ha logrado a los 60 y más años. Pocos explican que esa promesa y expectativa se paga con mucho dinero y mucha intervención médica, con mucho riesgo personal y con efectos a largo plazo. Por ello convendría menos “negocio” y más ética en el campo de la actividades de fertilidad. Pero la “Medicina de cuento de hadas” oculta todas las dificultades técnicas y los costes monetarios y humanos implicados en “tener un hijo a costa de lo que sea”.

• La resucitación cardiopulmonar es técnica que hay que aplicar siempre. Todos los nacidos moriremos, dictamina la Ley de Hierro de la Epidemiología. Sin embargo, parece que todo está justificado en la “lucha contra la muerte”, hasta llegar a negar su presencia evidente. De hecho, se habla de “resucitación” cuando habría que hablar de “reanimación” cardiopulmonar, pues nadie resucita a un muerto (“los cuerpos encuentran la forma de morir”). Parece como si fuéramos capaces de evitar la muerte gracias a la reanimación cardiopulmonar, con sus maniobras de compresión torácica y respiración artificial y que no hacer tales maniobras es “rendirse ante la muerte”. Es decir, la “Medicina de cuento de hadas” exige que se aplique la resucitación cardiopulmonar a todo moribundo, incluso en caso de muerte irreversible evidente.

• Si usted se cuida no enfermará. Enfermedades, sufrimientos y muertes son parte de la vida humana, consustanciales al disfrute de la vida, pero hay una corriente preventiva que promete (y exige) el “cuidarse” y a cambio se recibe el bien de la salud sin problemas. Es decir, con un vida sana, dieta equilibrada, haciendo ejercicio y sin fumar ni beber se puede disfrutar de la seguridad del no enfermar. Y, por corolario, si uno enferma es por no haberse cuidado. Así, ante el paciente con infarto agudo de miocardio el pensamiento higienista actual de la “Medicina de cuentos de hadas” es el milenario “algo habrá hecho” (fumar, ser sedentario, no evitar las comidas con colesterol, no haberse hecho chequeos, etc). La “Medicina de cuentos de hadas” promete sin ciencia y sin ética, a personas y poblaciones, la ausencia de enfermedad a cambio del sacrificio del “cuidarse”.

• Lo lógico es vivir sin dolor. El dolor es parte de la vida, y el dolor protege la vida, pero hay una corriente que defiende que es posible vivir sin dolor. Nos dicen que es posible vivir, y se puede exigir, sin dolor físico, ni dolor psicológico, ni dolor social. Naturalmente, con medicamentos diversos tipo Lyrica, “amíplin” (Tranxilium), Durogesic y muchos más, y con una insensibilización social que convierte a los Otros en seres no-humanos que da igual se ahogen en el Mediterráneo o estén encerrados en campos de concentración al norte del río Grande. Todo ello va en perjuicio de individuos y sociedades, y en beneficio de las industrias y sus sociedades “científicas” y “expertos” (key opinion leader, KOL, en su expresión en inglés). Por ejemplo, sin dolor físico fisiológico nos morderíamos la lengua hasta destrozarla y convertirla en un muñón. Esta “Medicina de cuento de hadas” sin fundamento ni ética es la que ha llevado a la disminución de la expectativa de vida en Estados Unidos por la epidemia de muertos por sobredosis de opiáceos, recetados “para el dolor”.

Hay (o debería haber) vacunas para todo y todas deberían emplearse pues salvan vidas. El impacto social de los beneficios de las vacunas ha llevado a una especie de adoración de las mismas por el que se puede decir, literalmente, que “el uso racional de las vacunas es utilizarlas todas y siempre”. Sin embargo, las vacunas son medicamentos y como tales tienen ventajas e inconvenientes que hay que sopesar para utilizarlas racionalmente, además de exigir su mejora continua en eficacia y mecánica de aplicación. Por ejemplo, para evitar la necesidad de la “cadena del frío” en la vacuna del sarampión, para evitar que tenga que ser inyectable o para que esta tenga una duración de por vida con una sola inyección. Sobre todo, y dado que los problemas de las vacunas son más de acceso que de aceptación, hay que llevar las vacunas esenciales a las poblaciones marginadas de países ricos y pobres. Las vacunas no salvan vidas, simplemente evitan muertes y mejoran la calidad de las vidas, y se requiere su uso racional para utilizarlas de forma que se obtenga el máximo beneficio con el mínimo daño. La “Medicina de cuento de hadas” que difunde la idea de que todas las vacunas son necesarias es una Medicina peligrosa, sin fundamento científico ni ético.

• La Medicina ha logrado que se doble la expectativa de vida al nacer (de 40 años al principio del siglo XX a 80 años a principio del siglo XXI). La Medicina tiene un impacto concreto tremendo, como con la simple cirugía de cataratas, que evita cegueras por millones, o la vacuna de la poliomielitis, que casi ha hecho desaparecer los casos y su mortalidad y discapacidades consiguientes. Pero es menor el impacto de la Medicina en la expectativa de vida, en torno a un 10%. Incluso medidas como las vacunas esenciales apenas aportan días de vida en los países desarrollados; por ejemplo, añade 3 días de vida la vacuna del sarampión. Lo importante es el desarrollo socio-económico equitativo; es decir, la educación formal, la justa distribución de las riquezas con una democracia activa, las políticas del trabajo, las normas de higiene de viviendas y alimentación, el suministro y depuración de aguas, la legislación sobre contaminación, etc. Hay una “Medicina de cuento de hadas” que difunde falsamente y de mil modos que la vida se ha prolongado y mejorado básicamente por el desarrollo de la propia Medicina, como si los cambios socio-económicos fueran secundarios o irrelevantes.

Síntesis

La Medicina con límites científicos y éticos ofrece grandes beneficios, con daños que se pueden aminorar hasta compensar individual y socialmente; es lo que podemos llamar Medicina resolutiva.

Conviene no dar pábulo a las promesas imposibles de una “Medicina de cuento de hadas” que lleva a la medicalización de la vida, al consumo sin freno de intervenciones sanitarias y a expectativas frustrantes. En la actualidad, la “Medicina de cuento de hadas” se ha convertido en una realidad inexistente, pero presente tanto en las salas de espera de ambulatorios como hospitales y urgencias, así como en las instancias políticas y en los medios de comunicación.

Juan Gérvas

Médico general jubilado, Equipo CESCA (Madrid, España). jjgervas@gmail.com; mpf1945@gmail.com; www.equipocesca.org; @JuanGrvas

Deja un comentario