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Mañana es 26 de junio

A la vista del panorama electoral, nuestro analista político ofrece una valoración de situación y, sobre todo, de perspectiva de futuro, en el que no descarta unas terceras elecciones y, sobre todo, en el que duda que pueda llevarse a cabo la reforma que necesita el país.

Tras el 2015, que fue un año netamente electoral (andaluzas, catalanas, autonómicas, municipales y generales), esperábamos, ilusionados, un 2016 que fuera un año constituyente, de reformas institucionales que dieran respuesta a las demandas de los ciudadanos. La realidad es tozuda y 2016 será un año perdido, dedicado a otra bacanal de elecciones (generales, gallegas y vascas), además de continuar con las diputaciones y con un débil gobierno en funciones. En definitiva, estamos ante un país atorado, con unos políticos más preocupados de su futuro personal que de dar una respuesta a las necesidades colectivas de un nuevo ideal.

Frente a la necesidad de encontrar ese nuevo ideal ético y social de comportamiento público y privado, lo que ilumina la sociedad es el estrellato del populismo y del independentismo

Frente a la necesidad de encontrar ese nuevo ideal ético y social de comportamiento público y privado, lo que ilumina la sociedad es el estrellato del populismo y del independentismo, que son ideologías abiertamente destructivas, excluyentes y que buscan la confrontación. Practican la necrofilia ideológica, empeñados en desarrollar políticas que han fracasado allí donde se han practicado, y el funambulismo dialéctico, con encadenamiento de sofismas, para prometer, en cada lugar y en cada momento, aquello que el auditorio desee escuchar.

Pocos cambios electorales

En apenas diez días estamos convocados a unas nuevas elecciones y las encuestas son, aparentemente, bastante coincidentes, al menos en el orden de los partidos. Los porcentajes que se atribuyen a cada uno de ellos son muy parecidos a los obtenidos en las anteriores elecciones de diciembre pasado. La gran diferencia es la coalición de Podemos con IU que, hasta ahora, consiguen no perder votos ni por la izquierda (votantes de IU que ven cómo Pablo Iglesias se declara socialdemócrata), ni por la derecha (votantes de Podemos que no se identifiquen con una coalición en la que figura el partido comunista). Parece claro que la razón del extraño comportamiento de Podemos durante los seis meses pasados fue buscar las nuevas elecciones, con desgaste del PSOE, para ir en coalición y posicionarse en el liderazgo de la izquierda española. El 26 sabremos si es así.

Para hacer un resumen de las variantes que nos podemos encontrar para el verano, entiendo que son las siguientes:

1.- Mayoría absoluta y gobierno de Podemos-IU y PSOE.
2.- Mayoría absoluta y gobierno de PP y Ciudadanos.
3.- Gobierno de gran coalición PP, PSOE y Ciudadanos.
4.- Gobierno PSOE y Podemos-IU con apoyo de los nacionalistas.
5.- Gobierno PP y Ciudadanos con abstención del PSOE.
6.- Terceras elecciones generales en diciembre.

Presencia del PSOE

Tan solo la mayoría absoluta de PP y Ciudadanos permitiría que el PSOE no tuviera un papel central en la conformación del gobierno

De todas estas opciones, curiosamente el PSOE está presente en cuatro de ellas; es decir, (si eliminamos las terceras elecciones) parece que (casi) cualquier gobierno que se quiera formar pasará por la actitud de los socialistas. Tan solo la mayoría absoluta de PP y Ciudadanos permitiría que el PSOE no tuviera un papel central en la conformación del gobierno. Difícil papel el que se le pone por delante a Pedro Sánchez que, si no logra superar los escaños podemitas, tendrá muy complicado continuar en el liderazgo del partido. Si Sánchez dimitiera, tras haber quedado como tercera fuerza parlamentaria, el PSOE estaría abocado a una gestora y a un líder provisional, hasta un nuevo congreso extraordinario.

La alianza que, en mi opinión, tiene más opciones (siempre según las estimaciones de voto de las encuestas publicadas), sería la del gobierno en minoría de PP con (o sin) Ciudadanos y con la abstención de PSOE. Quizá para llegar a esta solución, por el camino habrían de abandonar la política Sánchez y Rajoy y, en todo caso será un gobierno muy débil que deberá dejar aplazadas, hasta mejor momento, las reformas institucionales. Además, para que el gobierno fuera posible, tendría que haber un pacto de los temas que se abordaran durante la legislatura.

En resumen, 2016 será un año perdido para aprovechar la recuperación económica y las reformas institucionales. El PSOE continúa en posición de jaque mate (o de rey ahogado) y el país, dividido entre los cantos de sirena de unos y las llamadas a la realidad de otros.

Tomás Merina Ortega

Médico, sociólogo y politólogo. @TomasMerina

4 Comentarios

  1. Rafael Pacheco Guevara says:

    Análisis bastante realista y esclarecedor.
    Panorama “cuasi” desolador.
    Denota la basta formación del autor.
    OK

  2. Manuel Moriche Carretero says:

    Hola Tomás. Brillante en el análisis como siempre, pero te has olvidado de otras dos posibilidades que yo no descartaría.
    Mayoría absoluta del PP
    Mayoría absoluta de Podemos
    No se que puede ser peor.
    Un abrazo

  3. Carlos Vélez says:

    Totalmente de acuerdo Tomás con tu afirmación de que tenemos unos políticos más preocupados con su futuro que con satisfacer las necesidades del pais. Muy claro tu análisis y muy realista…Estamos entre populistas e independentistas. Ojalá la realidad sea menos desoladora que tus previsiones realistas.

  4. Vicente Cristobal Herrera says:

    Lamentable pero acertado. El PP precisa una regeneración real y visible y el PSOE tiene que reencontrarse. Cuanto más se demoren, tiempo útil para Podemos.