Punto de vista Apuntes de un boticario

Lenguaje inclusivo

Las informaciones sobre el lenguaje inclusivo, suscitadas especialmente desde la petición del Gobierno a la Real Academia de la Lengua, provocan este comentario, un tanto satírico, en el que se advierten las diferencias sociales a la hora de denominar a los profesionales.

Trato con frecuencia a un matrimonio amigo en el que ambos son compañeros y amigos. Los cito como una muestra de la discrepancia que, de un tiempo a esta parte, vive el ejercicio de la Farmacia entre su versión “científica” vs “mercantilista” y, aunque mi intención inicial es hablar de mi profesión y sus injustas disonancias, la reciente noticia promovida por la Vicepresidenta del Gobierno y Ministra de Igualdad, doña Carmen Calvo Poyato, sobre el lenguaje inclusivo y la RAE, ha “puesto en valor” mi mensaje principal en estos “Apuntes” cual es el tema de las discriminaciones universitarias.

Pero antes de entrar en faena no puedo menos que dar mi opinión sobre la Ministra y la RAE y decir que me sigue pareciendo una estupidez esta corriente de “hembrismo” (ellos/as) que se está creando y que “señoras y señores” ya lo decían los presentadores de vodeviles desde la noche de los tiempos. Otra cosa es que “zorro” pueda interpretarse como hombre listo y “zorra” como puta.

Consideraciones sociales

Un cirujano cardiovascular, aun siendo “solo licenciado en medicina”, no tiene la misma consideración, digamos social, que un alto funcionario, médico también, de un gran hospital

No obstante, volvamos a la Universidad y a los farmacéuticos sin antes reconocer que en todos lados cuecen habas y que un cirujano cardiovascular, aun siendo “solo licenciado en medicina”, no tiene la misma consideración, digamos social, que un alto funcionario, médico también, de un gran hospital, al igual que un abogado penalista está a leguas de distancia de un procurador siendo ambos juristas.

Mis amigos son Juan y María. Juan es doctor en Farmacia, FIR por dos veces, y profesor en la Facultad de Farmacia. María, su mujer, es licenciada en Farmacia y ejerce como titular de una botica, tiene una adjunta y una auxiliar y, al no haber tenido hijos, además de trabajar ¡diariamente! en la farmacia, pertenece a SEFAC, fue de las pioneras del movimiento “Pharmaceutical Care”, es vocal de su COF y, como yo le digo ante sus agradecidas risas (ella es vasca): “no vas de banderillera con Morante porque no te queda tiempo”.

Nos vemos con frecuencia, compartimos siempre vivencias pasadas y presentes y hace unos días cenamos acompañados de otro matrimonio ajeno a la profesión que asistió como invitado.

‘Apartheid’ masculino

En esta ocasión que relato, la conversación fue subiendo de tono dentro de la exquisita educación de los comensales. Y les cuento.

Yo, que acudí solo a la cita, vine observando que Carmen, la mujer de Javier, la pareja foránea y agasajada, desde el principio monopolizó a María y que ésta, no obstante, estuvo más “pegando la oreja” y tomando nota mental de la conversación, del “apartheid” masculino, algo que ella detesta, que de las preguntas de la amiga. Por ello no me extrañó que de repente dejase de atender a Carmen, me diese un leve tirón de la chaqueta (estábamos aún de pie en la barra esperando mesa) y me espetara:

-“Pedro, ¿tú das citas en tu consulta de análisis?”,

-“¡Por supuesto María!”.

-“¿Las das tú o tu “enfermera”.

-“Siempre mi  ‘enfermera’, como tú le dices,”

-“¿Y dilatas mucho la cita”

-“Procuro hacerlo  ‘tácticamente’ y sé que me lo preguntas para que caiga en la trampa  que tú conoces…”

-“Pues dilo otra vez para que también, además de Juan, la sepan Javier y Carmen”

-“Como tú me lo pides no me importa repetirme. Mi ayudante, vamos a dejarnos ya de eufemismos sarcásticos, tiene instrucciones de dilatar la cita lo más posible, salvo urgencias que ella por su experiencia y conocimiento del personal conoce, porque, desde que trabaja conmigo, sabe que la rapidez en la cita menoscaba la importancia del facultativo”.

Diálogo cruzado

Este inesperado diálogo, al que se incorporaron los dos “hombres”, lo suscitó María porque se ve con frecuencia minusvalorada en relación a su marido cuando están presentes personas ajenas a la profesión.

Javier, y esto lo había percibido María, llevaba un rato oyendo lo que contestaba su marido sobre un tratamiento que el interrogador le hacía sobre un medicamento que está tomando para el tratamiento de una EPOC que le ha sido diagnosticada:

Juan, sin ser esta su pretensión, había puesto el paño en el púlpito y le estaba diciendo a su amigo: “Precisamente ayer se ‘nos’ presentó al equipo un paciente con asma no controlado y ‘valoramos’ el tratamiento farmacológico que llevaba tomando y ‘contemplamos’ si necesitaría un medicamento más, estudiando la adherencia con el test TAI, que es un cuestionario que ‘usamos’ para medir adhesión a los inhaladores. ‘Vemos’ también si es preciso realizar otras pruebas, como las espirometrías y acaso ‘valoramos’ si el paciente, que por ahora no es tu caso, es candidato a una terapia con un anticuerpo monoclonal porque, de ser así….”

Fue en este momento cuando María interrumpió este monólogo cargado de conceptos científicos y se dirigió a mí para hacerme la pregunta con la que comenzó el dialogo de estos “Apuntes”.

Medicamentos por Internet

Esta interrupción, un tanto inusual y hasta violenta, venía provocada porque Carmen le había estado preguntando a María si ella “vendía” medicamentos por Internet y si Amazon

Esta interrupción, un tanto inusual y hasta violenta, venía provocada porque, desde la primera copa, Carmen le había estado preguntando a María si ella “vendía” medicamentos por Internet y si Amazon era competencia o ayuda y, sin dejarle contestar, sobre un tema que a mi compañera sé que le molesta, le seguía indagando sobre los posibles beneficios de las cremas antiaging y sobre la posibilidad de si, a través del sistema “on line”, ella podía hacer uso de un tratamiento conservador.

En este punto he de matizar que Carmen es CEO (eso pone su tarjeta de visita) de una importante compañía internacional y que este acrónimo inglés lo utiliza con frecuencia y enfáticamente en contraposición a la sencillez de María que se presenta siempre, ante otros compañeros de su marido, como “una humilde boticaria de barrio”.

Carmen durante la conversación inicial y exclusiva con María le hizo un breve relato de lo que significa ser CEO  y la importancia que en su cargo tiene la buena presencia física.

“Yo he de moverme con frecuencia por la ciudad y, como no me gustan los “colectivos” (así define a metro, tranvía y autobuses), uso el más pequeño de mis coches con una instalación de aire acondicionado especial, ¡por cierto chica no sé como soportáis los calores de esta ciudad aunque sea preciosa!, y tengo también habilitado en la parte de atrás una funda/percha “ad hoc”, donde cuelgo chaqueta y falda para que no se me arruguen y así al llegar al aparcamiento privado de mi compañía o de las empresas en las que tengo reuniones, con una habilidad que he trabajado muy bien me las pongo dentro y cuando salgo del coche llevo una imagen de princesa. Por ello, y vuelvo a lo que tú conoces, te preguntaba por lo de las cremas estas y además para que me orientes sobre desodorantes que vendéis en la farmacia porque, ¡chica!, aunque en el norte no hace tanto calor, a veces sudo un poquito y el spray que estoy utilizando ahora me mancha el tejido y a veces me dejen halos en las axilas.”

Perspicacia

Obviamente, por lo relatado comprendí el por qué de que inicialmente se me hiciese la pregunta, ya que, terminada mi respuesta, María con toda la serena mordacidad del mundo dijo:

“Mira Carmen, habrás observado, pues eres persona que por el alto cargo que ocupas se te supone perspicacia, que le he hecho esta pregunta a Pedro porque así no me “enfrento” a mi marido que puede pensar que me defiendo atacándolo a él. Los tres, amiga Carmen, compartimos la misma profesión, pero se da la circunstancia que, dentro de ella, la actividad a la que me dedico es la menos valorada. Y te explico. Tú me preguntas, sobre la marcha, lo que también habrías hecho en el mostrador, ¡que palabra tan fea ante estos dos ilustres farmacéuticos!, ¿verdad Carmen?!, y yo te hubiera contestado lo mismo que voy a hacer ahora mismo, pero con dos condicionantes muy importantes: Lo hago “sola y sin cita”. Sola significa que no tengo un equipo alrededor, como el de que disfruta mi marido; y sin cita significa que he de contestar sobre la marcha y, a lo peor, en un momento en el que ando enfrascada en tareas tan poco sanitarias como las que le ocupan diariamente a Pedro y a mi marido. En mi caso: ajuste de recetas, consulta y firma de nóminas, retirada de algún lote defectuoso de un medicamento y otros temas mercantiles que están muy lejos de los importantes con los que lidian diariamente mis otros dos compañeros.”

“Por todo ello no te extrañará, que no esté muy de acuerdo con lo del lenguaje inclusivo, de lo que te considero informada, porque ello hace que algunos compañeros ilustres que han ostentado cargos internacionales no quieran que se les presente como farmacéuticos sino como bioquímicos. Yo, queridos míos, sigo siendo, a pesar de compartir título, una humilde boticaria de barrio”

Por ello, y esto es mío, ya puede ser ortodoxo titularse respectivamente: bioquímicos, oncólogos y penalistas para distanciarse de tenderos, matasanos y picapleitos.

N. del A.: Con envío a Fernando Grande, que conoce bien a la señora Calvo y además es” boticario” y “picapleitos”

Pedro Caballero-Infante

Especialista en Análisis Clínicos caballeroinf@hotmail.es Twitter: @caballeroinf

1 Comentario

  1. Concepción Portellano Pérez says:

    Como persona culta, independientemente de que se sea médico o doctor, e incluso si se es fontanero, administrativo o sinhogarista, es fácil conocer que las palabras son un medio de transmisión de información y de valores y no lamera suma de letras y sílabas.
    Saliendo de la terminología de género, un buen ejemplo es la evolución de la denominación que se ha usado para las personas que no alcanzaban los estándares sociales de inteligencia; eran retrasados mentales, padecían idiocia, después fueron subnormales para vanzar hacia la denominación de discapacitados y actualmente se prrmueve la denominación de diversidad intelectual dentro de la diversidad funcional. ¿todos estos cambios denominativos dan igual. Pues no. ¿Admitiría usted a que a un hijo/a suyo le llamaran oficialmente subnormal si tuviera un C.I. inferior a 90-100? Supongo que no.
    De la misma forma, recordar que de todos los actos humanos son tanto protagonistas y tienen igualdad de derechos los hombres y las mujeres, puede servir para eliminar o reducir lastras que sirven de justificación para la violencia de género (en realidad violencia machista).
    Quién mejor que médicos/as y doctores/as para conocer que el cerebro se alimenta también de hábitos ycostumbres y cuanto bien harían en apoyar que lo que trasmite el lenguaje puede servir para cambiar la sociedad hacia bien.

Deja un comentario