Política y Sociedad respuesta a la petición de una veintena de científicos en 'The Lancet'

Las sociedades médicas apoyan una auditoría independiente sobre la Covid-19 en España

Sanitarios, no mártires #26,03,2020 - Viñetología por Mónica Lalanda #Coronavirus #Covid-19 #Covid2019 #COVID19
— Madrid 7 Ago, 2020 - 4:46 pm

Tras haber conocido el contenido de la carta titulada “The need for an independent evaluation of the COVID-19 response in Spain”, publicada recientemente en la revista ‘The Lancet’ y firmada por una veintena de científicos españoles de prestigio, desde las sociedades médicas españolas se han hecho públicos comunicados apoyando el planteamiento.

En una nota, la Federación de Asociaciones Científico Médicas Españolas (FACME), que agrupa a 46 de tales sociedades, ha manifestado que comparte la forma y fondo que expresa la carta y la necesidad de una auditoría externa independiente que detecte oportunidades de mejora en la respuesta frente a posibles nuevas pandemias, al tiempo que se  muestra a disposición de las autoridades sanitarias españolas para colaborar en el análisis y búsqueda de opciones de mejora

El mismo sentido se han manifestado los representantes de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC), de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (SEMES), de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN),  de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) y de la Sociedad Española de Medicina y Seguridad en el Trabajo (SEMST), quienes afirman apoyar y compartir la filosofía y espíritu del artículo y la necesidad de una auditoría externa independiente para detectar oportunidades de mejora en la respuesta frente a posibles nuevas olas epidémicas.

Carta en The Lancet

La carta publicada en The Lancet, encabezada por Antonio García Basteiro, Carlos Álvarez-Dardet, Alex Arenas, Rafael Bengoa, Carme Borrell y Margarita Del Val, comienza recordando que España ha sido duramente golpeada por la COVID-19, con más de 300.000 casos, 28.498 muertes confirmadas, y alrededor de 44.000 de muertes en exceso, al 4 de agosto de 2020. Más de 50 000 trabajadores sanitarios han sido infectados, y casi 20 000 muertes se produjeron en residencias de ancianos. Con una población de 47 millones de habitantes, estos datos sitúan a España entre los peores países afectados.

Los remitentes se preguntan sobre cómo es posible que España se encuentre en la actual posición, pese a su sistema de salud. Y se indica que las posibles explicaciones apuntan a la falta de preparación para la pandemia (es decir, sistemas de vigilancia débiles, baja capacidad para las pruebas de PCR y escasez de equipos de protección personal y equipos de cuidado crítico), una reacción retardada de las autoridades centrales y regionales, lentos procesos de toma de decisiones, altos niveles de movilidad y migración de la población, mala coordinación entre las autoridades centrales y regionales, baja dependencia del asesoramiento científico, un envejecimiento de la población, los grupos vulnerables que sufren desigualdades sociales y de salud, y la falta de preparación en los hogares de ancianos. Problemas que se vieron exacerbados por los efectos de una década de austeridad que había agotado el personal sanitario y había reducido la salud pública y las capacidades del sistema de salud.

Ahora, añaden, se necesita una evaluación exhaustiva de los sistemas de salud y atención social para preparar al país para nuevas oleadas de pandemias COVID-19 o futuras, identificando debilidades y fortalezas, y lecciones aprendidas, por lo que piden una auditoría independiente e imparcial por parte de un panel de expertos internacionales y nacionales, centrándonos en las actividades del Gobierno Central y de los gobiernos de las 17 comunidades autónomas. Esta evaluación debe incluir tres áreas: gobernanza y toma de decisiones, asesoramiento científico y técnico y capacidad operativa. Además, deben tenerse en cuenta las circunstancias sociales y económicas que han contribuido a hacer a España más vulnerable, incluidas las crecientes desigualdades.

Esta evaluación no debe concebirse como un instrumento para reprochar la culpa; por el contrario, debería identificar las áreas en las que es necesario mejorar la salud pública y el sistema de salud y atención social. Aunque este tipo de evaluación no es habitual en España, varias instituciones y países, como la OMS y Suecia, han aceptado la necesidad de una revisión de este tipo como medio para aprender del pasado y prepararse para el futuro.