Punto de vista Apuntes de un boticario

“Las medisina están tirás”

Después de que se hubiera informado de la utilización de drones para la dispensación de medicamentos a lugares recónditos, con la consiguiente ayuda económica oficial para el proyecto, el autor reclama una ayuda similar para aquellos farmacéuticos que prestan su servicio en algunos lugares casi inaccesibles.

En mi tierra andaluza se habla bien aunque se pronuncie mal y como el sentido de la frase es lo importante que se entienda el mensaje es básico. Y así para señalar la baratura de un producto se dice: “Las sardina en Triana están tirás”

Hace ya unos años la frase que el boticario de mostrador oía decenas de veces era la siguiente: “¿900 peseta… ná má que por la aportasión de las reseta…?. ¡Ojú niña, ya no se pué una ni poné mala!.”

La aparición del euro, gestada por los grandes poderes fácticos, que están por encima de los políticos mequetrefes que se dejan manejar voluntariamente, (¿por qué será?), hizo que esta expresión desapareciese, pues el manejable pueblo llano, entre el que está el que suscribe, incapaz de traducir que 6 euros son mil pesetas, cuando en el ticket de la botica apareció por primera vez este dígito al vulgo le parecía barato y no protestaba. Pasaba como con el café en los bares, que pasó a pagarse con una moneda de 1 euro (166,66 ptas.) para que nuestra mente creyese que seguía costando los 20 duros de hacía tan sólo unos días. ¡Qué tíos más listos los que rigen nuestras vidas!.

Más baratos que las chucherías

Ha pasado un tiempo en que la bonanza económica del titulado en Farmacia ha ido en proporción inversa a su consideración profesional sanitaria

Este preludio socio económico lo he utilizado exclusivamente para hablar de medicamentos porque ha llegado un momento, y esto me lo comenta un boticario amigo, en que sus reivindicativos pacientes le han llegado a decir: “Don José no puedo entender que haya “medicamentos” más baratos que algunas chucherías de los quioscos”. Yo le contesto a mi amigo que, en verdad, los están convirtiendo en quiosqueros y nuestro título académico, utilizado mayoritariamente para ejercer como titular de una Farmacia, es, y lo he repetido hasta aburrirme y aburrirles, la única profesión académica y sanitaria que vive de un margen comercial.

Desde la desaparición de su razón de ser, que era la elaboración del medicamento que le permitía al boticario, hace muchos años, algo que lo prestigiaba, cual era orientar y hasta corregir al médico sobre su prescripción (de ahí lo de “hágase según arte”), hasta la llegada de la revolución industrial y la fabricación en serie de los fármacos, ha pasado un tiempo en que la bonanza económica del titulado en Farmacia ha ido en proporción inversa a su consideración profesional sanitaria.

Lo que escribo, y no se equivoquen, es una defensa a ultranza de la fígura física del farmacéutico como profesional de la salud y el deterioro económico de sus boticas.

Atención y Asistencia Farmacéuticas

Sigo defendiendo a muerte la Atención Farmacéutica  y la Asistencia Farmacéutica, visto, en este caso además, el desamparo que actualmente  están sufriendo pacientes, enfermos en general y en concreto ancianos (*) solos y dependientes, por la masificación en la atención médica, el cambio demográfico y la eficacia de los fármacos.

El boticario ha demostrado y sigue demostrando que sus servicios profesionales los ha “cobrado”, como algo habitual, “incluídos” en el margen comercial

Seres sufrientes necesitados urgentemente de un contacto humano y profesional que, por ahora, sólo lo da el farmacéutico, que además está salvando con gran profesionalidad y un trabajo extra exhaustivos el problema del desabastecimiento de muchos fármacos habituales producido, precisamente, y es un círculo diabólico, por la alarmante bajada en los precios de los fármacos. Los usuarios de las  boticas aprecian esta labor, pero, como sociedad, no valoran en su justa medida tales servicios.

Pues bien, con todo ello, llevo años haciendo, a quien corresponda, la misma pregunta: “¿Quién paga esto?”. Porque es triste decirlo, y así lo comprende mi amigo el boticario de mostrador. Lo que no “cuesta” no “vale”.

El boticario ha demostrado y sigue demostrando que sus servicios profesionales los ha “cobrado”, como algo habitual, “incluídos” en el margen comercial. Pero, ¿se puede subsistir, hoy día, del margen que dan, por ejemplo, la dispensación de un Paracetamol de 500 mg y 20 comprimidos con PVP de 67 céntimos de euro o de un Ibuprofeno 600 mg y 40 compr.  a 1,97 euros? Esto es tan increíble como cierto.

A vueltas con las subastas

Pero como éramos pocos parió la abuela y los políticos, que en Andalucía tras su “victoria” se han llenado la boca con lo de eliminar las subastas, ahora, tras las elecciones generales otros de la misma “ganadería” o de otros “hierros” han “puesto en valor” la posibilidad de ampliar las nefastas subastas (¡hasta riman!) a toda España. Esta contingencia deriva de las recomendaciones efectuadas por la Autoridad Independiente de Responsabilidad y Financiera (Airef) a raíz de un análisis pormenorizado del gasto público de los medicamentos en las oficinas de farmacia.

Así que como, al parecer, quieren acabar con la figura física del farmacéutico por vía caquéxica y, al ver que aún sobreviven, atacan también para eliminarlo como tal, llegando a decir en sus campañas electorales, lo que ellos llaman programas, lo de  utilizar al ilustrísimo y eficaz Servicio de Correos como dispensador de medicamentos.

Y en estos precisos momentos en que el boticario está con las carnes abiertas y el cuchillo entre los dientes para defenderse y reciclándose diariamente para  hacer un buen uso de las nuevas tecnologías sin perder protagonismo (¡ojo!, no todos) aparecen noticias como esta:

“Pharmadron es un proyecto que estudia la posible viabilidad de realizar reparto de medicamentos y otros productos farmacéuticos en zonas inaccesibles con drones autónomos y que  ha sido posible gracias a una subvención dentro del Programa de Apoyo a Agrupaciones Empresariales Innovadoras (AEI) 2018 del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo, para que los pacientes crónicos, personas mayores y aquellos que residan en zonas de difícil acceso tengan disposición universal a los medicamentos y sean independientes y activos en sus comunidades. También para poder realizar la distribución de medicamentos y productos farmacéuticos en situaciones meteorológicas complejas, ante catástrofes naturales…

Además se han solicitado también subvenciones para la adquisición del dron y para la fabricación y adecuación del contenedor que transportará los fármacos en las condiciones que exige la normativa vigente”.

Distribución farmacéutica

Hasta aquí la noticia. Pero vayamos por partes para que se me entienda bien. Si en toda esta historia resumida de la Farmacia contemporánea yo no destacase como héroe principal a la distribución farmacéutica sería un necio. Lo de “quemando caucho” (Paulino Estrada dixit) es un feliz eslogan que lo dice todo. Llueva, truene, nieve o ventee, el medicamento ha llegado a los lugares más recónditos del territorio español con ejemplos heroicos, que no cuento ahora y en los que las inclemencias meteorológicas han sido vencidas con el corazón.

Ahora bien; lo dicho no quita para que mi tesis siga siendo que el bastión en el que se ha de fundamentar la Farmacia debe ser la “presencia” del boticario en todos y cada uno de los 22.000 puntos sanitarios a 250 metros de su casa, refiriéndome en este caso a las ciudades, porque no hay que olvidar que la “cabra de la Legión” del batallón farmacéutico ha sido, y sigue siendo si lo dejan, el farmacéutico rural con aquello de: “365 días al año durante 24 horas ininterrumpidas a su servicio”. Esta especie a extinguir ha cubierto sola y desamparada las necesidades de los pocos habitantes de su pueblo y la única, en muchos casos, referencia sanitaria de su núcleo, incluyendo en esto el “reparto” de los medicamentos no sólo a su pequeña zona de influencia sino a las aldeas limítrofes.

Siendo además, incluso y en muchos casos, receptor postal, patrón bancario y administrativo de sus pacientes en su inmensa mayoría personas muy mayores y dependientes.

Despersonalización asistencial

Si han reparado en las palabras que he escrito en negritas, verán que el énfasis de la noticia sobre los drones va tanto en la peligrosa despersonalización de la figura del boticario, como, fundamentalmente, en lo de las subvenciones vengan éstas de donde vengan.

Tan importantes y necesarias pecunias deben servir no sólo para los drones, sino para que los farmacéuticos VEC, no todos rurales insisto, puedan seguir subsistiendo dignamente y de esta forma estar remunerados como cualquier profesional sanitario más allá de un margen comercial. Que a estos farmacéuticos les llegue también un dinerito que pague sus inestimables servicios y que difícilmente puede venir de la dispensación de un analgésico o un antiinflamatorio.

Bienvenida sea, por tanto, una buena parte de estas subvenciones aunque le caiga del cielo de “manos de un dron” y tengan que rezar de hinojos, bajo él, un Padrenuestro al que no haya que cambiarle de letra.

Porque de no ser así, la plegaria no haría referencia al Supremo Hacedor sino al boticario que por ahora es un: “Pobre nuestro que estás en los suelos”

(*) Empleo lenguaje exclusivo porque me da la gana y lo explico porque no fuese a creer algún idiota que, en este caso, me olvido de las viejecitas.

 

Pedro Caballero-Infante

Farmacéutico. Especialista en Análisis Clínicos caballeroinf@hotmail.es Twitter: @caballeroinf

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