Punto de vista Un artículo de ciencia ficción

Las cintas de Corinna y el independentismo catalán

Tras el vídeo de Cifuentes, nos llegan las cintas de Corinna. Las dos envueltas en un fino papel de celofán que deja adivinar unas cosas, sospechar otras y mantener en un insondable secreto los objetivos finales de la difusión de las mismas, en todo caso con pestilente olor a cloaca carcelaria y crisis institucional.

Las cintas de Corinna no dejan al descubierto noticias no conocidas. Todo lo que la alemana cuenta antes lo han escrito en diversos y variados libros, en particular Rebeca Quintans (“Juan Carlos I. La biografía sin silencios”. Akal 2016) lo detalla de forma rigurosa y detallada. La fortuna atesorada por Juan Carlos I durante su reinado ha sido tema recurrente en las listas de Forbes y se hizo eco de ella el NY Times. Siempre se escribió de cifras milmillonarias. Igualmente se ha escrito, en muchas publicaciones, la protección suministrada por el CNI a los devaneos amorosos del rey emérito.

Aspectos diferenciales

Corinna

Entonces, ¿qué es lo que hace diferentes los comentarios de las famosas cintas? En mi opinión es cualitativamente diferente, en esta ocasión, por varios motivos.

Nunca como ahora la difusión de la supuesta fortuna del monarca se había evidenciado de forma tan manifiesta, repetitiva, sometida a debate de tertulias políticas y de otras más frívolas.

La tolerancia de la ciudadanía al delito fiscal y a los temas relacionados con el tráfico de influencias ha tornado de mostrarse indulgente hacia sus protagonistas a elevar el listón de exigencia a niveles desconocidos para nuestra sociedad meridional. Con toda probabilidad, la dureza de la crisis económica y los reiterados casos de corrupción han hecho mella en el tejido social modificando los estándares de comportamiento ético de los cargos públicos. Monarca incluido.

Solo hace semanas que, tras ocho años de instrucción y juicio, Urdangarín (yerno y cuñado de rey) está contando los baldosines del patio de la cárcel de Brieva. Pocos, hace ocho años, hubieran apostado por este desenlace, entre ellos Juan Carlos I. Aunque se han levantado murallas cortafuegos para paliar la contaminación con la institución de la Corona, el incendio es relevante. Todo lo que trate sobre actuaciones (bajo apariencia de impunidad) de miembros de la familia real es visto de forma diferente hoy que hace 20 años, cuando Jesús Cacho publicó “El negocio de la libertad”.

Responsabilidad constitucional

La irresponsabilidad del rey, fijada en el artículo 56.3 de la Constitución, está vinculada con el artículo 64 de la misma, en el que se señala que los responsables de los actos del monarca serán “las personas que los refrenden”. Éstos serán el presidente del gobierno o los ministros correspondientes. Luego, sin ser experto jurista, no parece que los ministros lleven aparejada la obligación de refrendar actos pertenecientes a la vida privada del monarca que, en ese supuesto, se encontrarían fuera de este paraguas protector.

En cualquier caso, desde su abdicación Juan Carlos I perdió esta prerrogativa;  solo tiene la “protección” del aforamiento por el Tribunal Supremo. Así todos los actos desde la abdicación, en junio del 14, de Juan Carlos de Borbón “son iguales para la ley”, en palabras del protagonista.

Situación política

Nunca en los más de 40 años de Democracia el gobierno ha estado soportado, en el Congreso, por tantos diputados abiertamente republicanos

Por último, la situación política es radicalmente diferente. Nunca en los más de 40 años de Democracia el gobierno ha estado soportado, en el Congreso, por tantos diputados abiertamente republicanos. El gobierno de Sánchez tiene a la mitad de su apoyo parlamentario entre Unidos-Podemos (71), ERC (9), PdCAT (8) y Bildu (2), en total 90 de 176 votos. 90, al menos, no se sienten vinculados a la Constitución, ni al espíritu y acuerdos de la transición, ni mucho menos a aplicar paños calientes al tema recurrente del patrimonio de la familia Borbón Grecia. El gobierno ya ha anunciado su voluntad de andar en el alambre y lanzar el balón lo más lejos posible; pero el terreno de juego está inflamable y cualquier chispa puede prender en una acusación popular y un “Castro” cualquiera.

Hasta aquí las diferencias de las condiciones socio-políticas en que se han hecho públicas las reiteradas cintas de la amiga del rey. A pesar que todo indica que la filtración proviene de antiguas “mafias” policiales del Ministerio del Interior, que buscan sacar beneficios ocultos a la opinión pública, el impacto político de todo ello es indudable. En ese sentido me planteo cuáles pueden ser las consecuencias en el tema catalán de todo ello.

Consecuencias en el tema catalán

En relación con la posible independencia de Cataluña, después de todo lo ocurrido parecen claras tres cosas: la independencia no es posible dentro de la actual Constitución, la reforma constitucional (que permitiera la separación de territorios) con el actual reparto de fuerzas políticas es inviable y, por último, si la independencia se tomara de forma unilateral, la Unión Europea no admitiría en su seno a los sediciosos.

Una posible salida al laberinto en el que se introdujo el independentismo catalán sería abocar al Estado a una crisis institucional de caracteres mayúsculos, que hiciera necesario abrir un proceso constituyente. Para ello deben buscar los puntos débiles.

Felipe VI está manteniendo un reinado sin escándalos, en el discurso del 3 de octubre, en relación con el tema catalán, se ganó la aprobación de la mitad de los ciudadanos catalanes y de la mayoría del resto de españoles. Pero puede ser que su “tendón de Aquiles” esté en los líos económicos atribuidos a su padre. Si esto fuera así, el tema no decaerá. Cada vez que aparezca lo hará con más apoyo mediático y fuerza política. Sería quitar el clavo que enjareta el abanico. Solo a un paso más allá estaría el estado confederal y desde allí dar el salto a la Unión Europea como estado como estado confederado.

La actualidad política de nuestro país no da tregua.

Feliz verano.

Tomás Merina Ortega

Médico, sociólogo y politólogo. @TomasMerina