Punto de vista Apuntes de un boticario

Ladrones de fe

Al hilo de la noticia en que una jueza prohibió que se administrara homeopatía a un paciente en coma, nuestro colaborador se muestra a favor de aquellas prácticas no reguladas y que, sin ser perjudiciales, en ocasiones tienen sus efectos positivos en los enfermos.

La noticia, que no tiene desperdicio en el peor sentido de la palabra, fue publicada a fin de año. Pasen y lean:

 Prohíben tratar a su hijo en coma con homeopatía

El joven entró en coma tras una operación de apendicitis aguda. Los padres quieren investigar si hubo negligencia médica  Una jueza de Madrid ha rechazado la petición de una familia en la que solicitaban que su hijo de 23 años, que se encuentra en coma por complicaciones posteriores a una intervención de apendicitis, sea tratado con homeopatía y vitamina C, una terapia que sugirieron los padres y a la que la Fundación Jiménez Díaz se opuso.

La jueza María del Sagrario Herrero denegó la petición de la familia en un auto en el que argumentó que, tanto el hospital como el médico forense del juzgado, han certificado que el tratamiento homeopático tiene, en todo caso, carácter paliativo y no mejoraría la situación del paciente ni revertiría el coma en el que se encuentra.  Francisco C.R., que, según informó El País, fue operado de urgencia el 23 de diciembre, diagnosticado de apendicitis aguda. La intervención transcurrió sin problemas ni quirúrgicos ni anestésicos, pero posteriormente el paciente sufrió problemas que le hicieron entrar en parada cardiorrespiratoria. El auto detalla que el día 24 se le diagnosticó una mala situación neurológica y al día siguiente presentó sufrimiento cerebral, que derivó en una ausencia de flujo cerebral compatible con una situación de muerte encefálica.  El padre del paciente, tras recibir la negativa por parte del hospital, acudió a los juzgados de la plaza de Castilla para pedir una autorización judicial para su tratamiento con homeopatía y vitamina C. La jueza, tras consultar al hospital y al experto del juzgado, rechazó tal pretensión, justificando su decisión en que ordenar ese tratamiento implicaría obligar al responsable médico a administrar un tratamiento distinto al establecido y «en principio no curativo».  Un tratamiento que «en nada demostraría que la situación del paciente puede mejorar y que en nada demuestra en todo caso que el tratamiento que se ha venido haciendo en estos tres últimos días le haya perjudicado o haya empeorado su salud».  No obstante, la jueza planteó la posibilidad de que la familia ejerza las acciones jurídicas oportunas si considera que hubo una actuación previa imprudente en la operación de apendicitis. El mismo periódico recoge que los padres pretenden abrir una investigación para esclarecer si hubo una negligencia médica o la posible comisión de algún delito por no permitirle al joven el tratamiento homeopático que desean sus padres, quienes alegan que «ha dado gran resultado en Francia». En el escrito que presentó el padre al juez especificó que la anestesista cometió «una negligencia» que le provocó «una parada cardiorrespiratoria al no colocar correctamente el tubo de respiración». No obstante, según el informe médico que le facilitaron a los padres, el motivo por el que el joven entró en coma se debió a un edema pulmonar (es decir, una acumulación de líquido en los pulmones) tras extraerle al paciente el tubo por el que respiraba. La decisión de la magistrada no es firme y contra ella cabe recurso de reforma (ante la misma jueza) en el plazo de tres días o de apelación ante la Audiencia.

Indignación creciente

No puedo menos que asombrarme cómo los que atienden a este muerto en vida se han solidarizado con la sentencia de tan desafortunada jurista

A la fecha en que me lean no sé que habrá sido del infortunado joven y de los desgraciados padres; sí sé, desde que conocí la noticia, que mi indignación ha ido en aumento y no puedo menos que saltar a la palestra periodística por alusiones. ¿Sabrá esta jueza lo que es haber sufrido el prolongado coma de uno o varios parientes directos?. ¿Sabrá lo que se sufre días y noches sin apenas comer ni dormir?. ¿Sabrá esta persona que durante estas dolorosas vigilias al afectado pariente más próximo le han sugerido e incluso traído “productos y objetos”, más allá de la homeopatía que no sirve para nada, como agua de Lourdes y de Fátima, tierra de “la Tierra Santa”, rosarios bendecidos por el Papa, decenas de estampitas y muchas cosas más?. ¿Sabe que el doliente sufridor, aun agnóstico, ha dado su visto bueno porque al menos los padres, supongamos que hablamos del marido/mujer del comatoso/a, han depositado fe en estos remedios?

Señora mía, usted, y juzgo por su sentencia, no sabe nada de nada y esta ignorancia supina, que no se enseña en el temario de una oposición, es no saber del ser humano y sus sentimientos, fundamentos esenciales para aplicar justicia. Sus legítimos estudios y sus bien ganadas oposiciones a jueza se las puede usted meter por el culo.

El tesoro de la fe

De los cirujanos hablaremos en profundidad otro día, pero en este caso no puedo menos que asombrarme cómo los que atienden a este muerto en vida se han solidarizado con la sentencia de tan desafortunada jurista. Y sigo.

Ilustrísima señora Sagrario Herrero. ¿Usted sabe lo que es la fe?. Seguro que sí, cultísima y brillante opositora. No obstante se lo voy a recordar en mis cortas luces teológicas. Fe es creer en lo que se desconoce. Yo no  tengo fe, pero daría el resto de mi vida por tenerla. Si se pudiese comprar vendería lo poco que tengo e invertiría en ella.

“¡Déme toda la fe que tenga!”,  le diría al vendedor.

Si los lectores conocen a los que la tienen, sean carboneros, creyentes convencidos o algún filósofo despistado, pregúntenles o intenten emularlos, pero, ¡nunca!, les roben tesoro tan preciado.

Curaciones milagrosas

El Gobierno español ha tomado una serie de medidas para evitar que prácticas con pretendidas propiedades curativas, como la homeopatía, puedan proclamar resultados que no han sido demostrados

A principios de este año el Comité Médico de las Curaciones, que sigue los casos de personas que afirman haber sido curadas después de haber visitado la basílica de Lourdes, concluyó que un caso que se le había presentado no tenía otra explicación que una curación milagrosa. Es el caso 70 desde que en 1858 tuvieron lugar las apariciones de la Virgen en esta ciudad francesa. El Comité ha examinado más de 700 casos y sólo en 70 cree tener suficiente información para decir que no hay una explicación según los parámetros conocidos de la medicina.

Si nos atenemos a estos datos, podríamos concluir que ha habido más curaciones certificadas, por visitas a Lourdes, que para muchas de las llamadas terapias alternativas. ¿Habría por tanto que poner los milagros de Lourdes en la lista de tratamientos de la Seguridad Social e incluirlos en  las facultades de Medicina?. Lo razonable parecería afirmar que esto no tiene ningún sentido. ¿Por qué nos lo planteamos en otros casos?. El Gobierno español ha tomado una serie de medidas para evitar que prácticas con pretendidas propiedades curativas, como la homeopatía, puedan proclamar resultados que no han sido demostrados, que tengan un estatus en la enseñanza de la medicina o que puedan ser pagados con dinero público.

Tratamientos alternativos

He de admitir que no tenemos que poner todos estos tratamientos llamados alternativos en el mismo saco, digamos acupuntura que parecen funcionar. Pero hay otros de los que no hay ninguna prueba ni ningún fundamento demostrable de una posible acción terapéutica más allá del efecto placebo. Hay que conseguir no aceptar prácticas peligrosas o tratamientos tóxicos. Pero los que sin embargo poseen efecto placebo me parecen válidos y es por ello que me refiera a ellos cuando empleo el término de medicina “humana” y psicosomática que, dicho sea de paso, es un pleonasmo.

Hay situaciones,  como algunas prácticas inocuas que pueden acompañar a las personas en casos muy sencillos, en las que la dolencia desaparecería sola o, en casos muy complejos, en los que la medicina ya no encuentra solución. Son esas situaciones en las que cualquier acción, incluso un viaje a Lourdes, puede ayudar a personas a reencontrar una cierta esperanza de que, afirman los comités médicos, se pueden acabar produciendo curaciones inexplicadas, en ocasiones excepcionales.

Ni regulamos los viajes a Lourdes, ni los pagamos con dinero público ni damos clase sobre ellos en nuestras universidades, pero tampoco nadie propone prohibirlos.

Creo adecuado prohibir los tratamientos que son perjudiciales, informar correctamente de lo que hacen y no hacen los productos y tratamientos que nos ofrecen y proporcionar a los pacientes una medicina que tenga las mejores pruebas de fiabilidad, pero, ¡por Dios!, como dicen los ateos cuando retóricamente se refieren a Él, ¡no robéis la fe a los afortunados que la poseen!

Señoría, con la venia, mírese en su nombre, Sagrario, y repare, como sabrá, que es el lugar donde se guardan las cosas sagradas y entre ellas está la fe. Si roba la fe a los que la poseen, caerá en un delito aun mayor que el de simonía.

Pedro Caballero-Infante

Farmacéutico. Especialista en Análisis Clínicos caballeroinf@hotmail.es Twitter: @caballeroinf

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