Punto de vista diferencias significativas entre atención especializada y atención primaria

La «serpiente» del gasto de personal también existe

En el último comentario publicado en su blog, Juan Simó pone de manifiesto, una vez más, las diferencias del crecimiento del presupuesto entre atención primaria y atención especializada, algo que también se registra en el capítulo del gasto de personal.

La figura que muestra la evolución del crecimiento del gasto en atención primaria y en especializada desde 1984 dibuja una serpiente que abre la boca cada año un poco más, especialmente desde el inicio de la crisis (aquí). Ese mayor incremento suele atribuirse al coste de la tecnología diagnóstica y terapéutica sita en los hospitales. Efectivamente, es una explicación importante, pero ni mucho menos la única. La segunda gran explicación es el mayor crecimiento del gasto de personal de atención especializada respecto del de primaria que ocurre desde hace más de 30 años. Lo veremos hoy en esta entrada. De la importancia de la tecnología para el marketing político-sanitario da cuenta la noticia adjunta que muestra al Consejero de Sanidad de Castilla y León «presentando» una resonancia (aquí). El mismo Consejero que, ante la renuncia de las médicas del centro de salud Los Cubos, dijo que «adornan su movilidad con un componente de fatiga» (aquí). De poco sirve la tecnología si lo profesionales se te van, algo que parece desconocer el Consejero Sáez.

La «serpiente» del gasto sanitario público desde 1984 hasta 2016

La siguiente figura muestra la evolución del crecimiento del gasto en atención primaria y en atención especializada en términos nominales desde 1984 que se inició la reforma hasta 2016 (último años para el que se dispone de datos). Los datos proceden de la Estadística del Gasto Sanitario Público del Ministerio (aquí). En términos nominales, el gasto en atención especializada (AES) crece un 48% más que el de primaria en el acumulado del periodo.

 

Cuando el crecimiento del gasto se deflacta mediante el IPC que proporciona el INE (aquí) las diferencias entre el crecimiento de un gasto y el otro se amplifican pues se descuenta el IPC. El resultado es que la serpiente abre más su boca, especialmente desde el inicio de la crisis. Así, en términos de gasto real (deflactado por el IPC), el gasto en atención especializada (AES) crece un 68% más que el de primaria en el acumulado del periodo.

La «serpiente» del gasto de personal también existe

En primicia para los lectores del blog presento la también «serpiente» del gasto de personal. La siguiente figura muestra la evolución del crecimiento del gasto en personal de atención primaria y en personal de atención especializada desde 1988 hasta 2016. Los datos también proceden de la Estadística del Gasto Sanitario Público (aquí). No se conocen datos anteriores a 1988. Se puede afirmar que, desde hace más de 30 años que se conocen datos, el gasto en personal de atención primaria siempre ha crecido menos que el gasto en personal de atención especializada. Y ese menor crecimiento ha sido especialmente aminorado desde el inicio de la crisis. Por cierto, es totalmente imposible «localizar» en la figura el mayor gasto de personal que en teoría (en la práctica ya vemos que no) debió suponer el inicio y desarrollo de la reforma de la atención primaria que sembró España de centros de salud. En términos nominales, el gasto en personal de atención especializada (AES) crece un 28% más que el de primaria en el acumulado del periodo.

 

Cuando el crecimiento del gasto se deflacta mediante el IPC que proporciona el INE (aquí), las diferencias entre el crecimiento de un gasto y el otro se amplifican pues se descuenta el IPC. El resultado es que la serpiente del gasto de personal abre más su boca, especialmente desde el inicio de la crisis. El IPC es un deflactor adecuado especialmente para el gasto de personal, pues estamos hablando de salarios, de masa salarial. Al hacer esto, la reducción del gasto que se produce a partir de la crisis profundiza más en ambos gastos de personal (primaria y especializada) y las diferencias se amplifican. Así, en términos de gasto real (deflactado por el IPC), el gasto en personal de atención especializada (AES) crece un 49% más que el de atención primaria (APS) en el acumulado del periodo.

 

¿Por qué se agrandan las diferencias al deflactar?

El ejemplo siguiente es ilustrativo. En términos nominales (sin ajustar por el IPC) el empleado A incrementa su salario un 67% (5/3 x 100) más que el empleado B. Pero como el IPC es del 2%, el empleado A realmente aumenta su salario un 3% mientras que el B lo ve aumentado un 1%. En términos reales, pues, el empleado A ve aumentado su salario un 300% (3/1 x 100) más que el empleado B. En realidad, el empleado A ve aumentado su salario 3 veces más que el empleado B.

 

Comentario

Cuando deflactamos con el IPC las diferencias entre el crecimiento del gasto en atención primaria y el gasto en atención especializada se agrandan en perjuicio de la primera. Y eso es especialmente notable desde el inicio de la crisis y en el gasto de personal. Por lo tanto, por supuesto que la tecnología influye en el diferente crecimiento del gasto entre ambos niveles asistenciales. Pero también es cierto que el mayor incremento del gasto de personal en atención especializada respecto del habido en atención primaria también contribuye, y mucho, a la explicación de tales diferencias durante las últimas tres décadas, y muy especialmente durante los últimos 10 años. Y como curiosidad, se demuestra que, en términos reales, el sistema sanitario público «funciona» desde 2014 con una masa salarial con un poder adquisitivo similar al de la masa salarial de 2005 (en atención primaria) y al de la masa salarial de 2007 (en atención especializada).

 

Juan Simó Miñana

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