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La prueba MIR, una muestra de la proletarización médica

Desde que se puso en marcha la prueba para el acceso a una plaza de formación médica especializada (MIR) se van conociendo datos que, fundamentalmente, ponen de manifiesto la inadecuación entre el número de graduados y el de los que podrán especializarse para, luego, poder ejercer la profesión.

Desde mi punto de vista, tal inadecuación no se compagina con el alto costo que tiene la formación universitaria; vamos, que se forman médicos que no podrán ejercer la medicina. Sin ir más lejos, para la actual convocatoria MIR, cuyas pruebas se desarrollarán el próximo 6 de febrero, han sido admitidos 12.427 médicos y el número de plazas en juego son 6.098: es decir, la mitad de los presentados al ejercicio se quedará sin plaza.

Lo que llama la atención es que, frente a esta limitación de plazas para la formación médica especializada, cada día son más las existentes para cursar estudios universitarios. Como si la Universidad no tuviera nada que ver con lo sucede más allá de sus aulas, como si fuera ajena a los problemas de la sociedad, como si la formación sólo dependiera de las aportaciones de los alumnos, sin aportación alguna del Estado.

Hubo un tiempo, cuando la medicina era un ejercicio liberal, en que podría entenderse tal planteamiento. Hoy, en que el ejercicio profesional es, en su gran mayoría, dependiente/asalariado, la selección debería llevarse a cabo antes de entrar en la Universidad. Una limitación que no debería venir impuesta por el número de sillas disponibles en las aulas, sino por las posibles plazas para el desarrollo de la profesión en el conjunto del sistema asistencial.

De no ser así, lo que se está propiciando es la salida profesional más allá de nuestras fronteras o, simplemente, la proletarización de los profesionales, como lo pone de manifiesto el abundante crecimiento de los empleos en precario.

Carlos Nicolás

Director Editorial de Acta Sanitaria

1 Comentario

  1. ADR says:

    Este problema se magnifica en aquellas facultades de medicina situadas en regiones de escasa demanda asistencial para la tremenda oferta de graduados (Salamanca, Zaragoza). Son verdaderas fábricas de parados o de emigrantes (aragoneses trabajando en Cataluña, por ejemplo, en el mejor de los casos). La causa: otro caso más de flagrante conflicto de interés por parte de la endogamia universitaria que se niega a reducir su oferta porque ello podría suponer más destrucción de empleo en la docencia. Consecuencias: salida al extranjero de los graduados. Además, curiosamente, los que hemos trabajado fuera se nos valora menos en los concursos públicos, lo que refuerza aún más el catetismo empobrecedor de este patético país llamado Españistán. Es inconmensurable la vergüenza que siento de ser español cuando pienso en este tema.