Apunte del día Editorial

La gestión de la sanidad no es para sanitarios

Carlos Nicolás

El nombramiento de Alfonso Alonso como ministro de Sanidad ha puesto de relieve, una vez más, que los políticos no confían en los profesionales sanitarios para la gestión de la sanidad por más que, diariamente, no dejen de repetir que, en su ejercicio, son (o deben ser) los auténticos gestores de la misma. Bien es verdad que, en este último caso, no para rendir cuentas de resultados, sino de ahorros conseguidos, lo que resulta muy difícil de cuadrar en la gestión sanitaria.

La opción del presidente del Gobierno por un político para dirigir la Sanidad no ha diferido de quienes le han precedido en el cargo pues, de los 19 nombramientos registrados desde 1977 en que se creó el Ministerio de Sanidad, tan solo dos han sido de profesionales sanitarios. Los historiadores revelarán si la elección trataba de poner distancias entre la gestión del problema y quien debía solucionarlo o, simplemente, de compensar al elegido por los servicios prestados en otros terrenos. De todo ha habido, aunque han sido más los últimos que los primeros.

Ahora se ha optado por un político del que se ensalza su talante negociador y su voluntad de diálogo y que, eso sí, su experiencia es nula en el campo sanitario, tanto por formación como por dedicación. Por tanto habrá que esperar que se sirva de su talante negociador y de voluntad de diálogo como estrategia para demorar la solución de los problemas generados por el gobierno a cuya formación política pertenece, a fin de esperar tiempos mejores. En esto, como en algunas enfermedades, se confía más en el tiempo que en los remedios. Eso sí, se dialogará con todos y a todos se prometerá soluciones.

A la vista del nombramiento, cabe pensar que la sanidad preocupa al Gobierno del PP, no en vano es uno de los cinco primeros problemas de los ciudadanos. Posiblemente, ocuparía puestos más relevantes en el caso de que los encuestados fueran sólo los profesionales. Pero los profesionales, para los políticos, deben ser parte de la solución y no el problema. Eso requiere una terapia que, de entrada, puede encauzarse con el diálogo; pero, luego, deben ponerse los medios. Y los utilizados hasta ahora, a fuerza de recortes, exclusiones y copagos, no han resuelto nada. Más bien han agravado la situación.

 

 

Carlos Nicolás

Director Editorial de Acta Sanitaria

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