Punto de vista La verdadera humanización de la asistencia no se ve, sólo se siente

La (des)humanización (in)visible y la autoevaluación en humanización

En el último comentario de su blog, Juan Simó ofrece una auténtica vivisección de lo que es humanización de la asistencia, de la que tanto se habla, para diferenciarla de lo que denomina ‘humOnización’, que es a lo que tienden los políticos con sus propuestas en este campo.

Existe la humanización de la asistencia sanitaria y su contrario: la deshumanización. Y ambas pueden ser visibles o invisibles. La verdadera humanización de la asistencia no se ve, sólo se siente. Por eso, un paciente ciego puede sentir perfectamente si, en su atención sanitaria o médica, ha sido tratado o no con dignidad. Se trata de la HUMANIZACIÓN INVISIBLE. La HUMANIZACIÓN VISIBLE está más cerca de la propaganda y de la “humOnización” que de otra cosa. Y cuanto más visible sea más “humOnización” será. Pero existe también la DESHUMANIZACIÓN INVISIBLE de la asistencia sanitaria, aquella que arrasa con el principio de no maleficencia, con el “Primum non nocere“. Y no debemos olvidar por último la DESHUMANIZACIÓN VISIBLE, aquella que va más allá de la “falta de humanización” para adentrarse en el perfecto subdesarrollo.

Deshumanización visible

Cuando la deshumanización es claramente visible nos encontramos antes situaciones de evidente subdesarrollo

Cuando la deshumanización es claramente visible nos encontramos antes situaciones de evidente subdesarrollo. Tal es el caso de esas parturientas en la sala de espera de un hospital venezolano (aquí). O el caso de la masificación de los servicios de urgencias de nuestros hospitales (aquí). O la masificación de las consultas de los médicos de familia en muchos de nuestros centros de salud, incluso fuera de los periodos de epidemia gripal (aquí). Todos estos casos son claramente muestras de subdesarrollo sanitario. Cuando los médicos de familia uruguayos dicen que 12 minutos por paciente no son suficientes y que quieren 15 (aquí), nosotros nos daríamos con un canto en los dientes si tuviéramos de media los 10 minutos que a principios de este siglo pedía la ‘Plataforma 10 minutos’.

Deshumanización invisible

Nuestra sanidad pública hoy poco tiene que ver con la de hace 30 años. Ahora es mucho más capaz que entonces. El sistema no tiene un problema de “incapacidad” sino de equidad, por no ser único e igual para todos, y de universalidad efectiva de la atención primaria (aquí). Pero también empezamos a tener un problema grave de medicina de excesos: persisten actuaciones inadecuadas, ahora más por exceso que por defecto. Hacemos de más pero… persiste la Ley de Cuidados Inversos.

Empezamos a tener un problema grave de medicina de excesos: persisten actuaciones inadecuadas, ahora más por exceso que por defecto

Cada vez se presta menos atención a la(s) persona(s), y se derrocha más acción que reflexión. Cada  vez se intensifica más la actividad diagnóstica y terapéutica: menos “esperar y ver”, y más “ante la duda, la más cojonuda”. Se prefiere errar más por  comisión  que por  omisión y confundimos proactividad con hiperactividad. La fragmentación asistencial y la medicina defensiva nos conducen a la medicina de excesos, al sobrediagnóstico, al sobretratamiento, a la hiperactividad innecesaria y iatrogénica. Todo ello sin un contrapeso suficiente de la función integradora y de abogacía del paciente, incluida la prevención cuaternaria, que significa la atención primaria (aquí). El camino hacia la deshumanización invisible de la asistencia sanitaria se despeja cada vez más, sin que seamos muchas veces conscientes de ello.

Humanización visible

La humanización visible está más cerca de la propaganda y de la “humOnización” que de otra cosa. Y cuanto más visible sea, más “humOnización” será. Ya he señalado la utilización interesada de la humanización por parte de políticos y negociantes (aquí y aquí). No tengo más que añadir al respecto, sólo mostrar para el disfrute del lector algunas de las fotografías contenidas en el tocho de 234 páginas del Plan de Humanización de la Comunidad de Madrid publicado en 2016 (aquí): todo un muestrario propagandístico alrededor de la figura del entonces Consejero de Sanidad de dicha Comunidad.

Humanización invisible

La verdadera humanización (aquíaquíaquíaquíaquíaquíaquíaquí, y aquí) es invisible. No es la guinda del pastel, es un ingrediente del mismo, y, por lo tanto, no se ve, sólo se siente. Producto del SIAP de Bilbao (aquí), este “dodecálogo” lo resume bastante bien (aquí). Y mucho mejor que yo lo explica, y con conocimiento de causa, Mª José Fernández de Sanmamed.

La autoevaluación de humanización

Se trata de una iniciativa de la Consejería de Sanidad de Madrid (aquí) que acaba de distribuir a todos los centros del Servicio Madrileño de Salud el “Cuestionario de autoevaluación. Criterios de excelencia en humanización”. Cada ámbito asistencial (hospitales, centros de salud y SUMMA 112) tiene un cuestionario específico que debe cumplimentar el responsable del centro puntuando en diversos indicadores que arrojan una puntuación final global. El cuestionario remitido a los centro de salud es este. En la siguiente figura podemos ver una de sus cinco partes, la relativa a “Cuidar al profesional”.

No sé muy bien en qué subtipo de (des)humanización (in)visible encuadrar esta iniciativa pues se trata de una auténtica tomadura de pelo a los profesionales a quienes se trata como auténticos oligofrénicos. Pero claro, si anda como un pato, nada como un pato, y hace cuá-cuá, es que es un pato. Y en este caso ocurre lo mismo: si nos tratan como tontos, nos dejamos tratar como tontos, y cumplimentamos el cuestionario como tontos, a lo mejor es que somos tontos… del culo.

 

 

Juan Simó Miñana

1 Comentario

  1. santiago porras says:

    Lo bueno si breve dos veces bueno. Lo tuyo, Juan, genial. Más claro no se puede explicar. Desde mi trabajo en la Inspección Médica he seguido la evolución de la gestión de reclamaciones y trato al enfermo que reclama . He visto cómo la privada inventaba la hoja de reclamaciones, que ya llevaba más de 30 años implantada en la SS. He visto cómo, el plan de humanización incluido en el nuevo modelo de gestión de la UCD (años 90), bastante bien planteado, se desarrollaba de forma cada vez más delirante. Y aquí estamos.
    Lamentablemente parece que los tontos del culo deciden.

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