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La Atención Primaria sufre. A propósito del informe de The King Fund

La aparición de un informe sobre la Atención Primaria en el Reino Unido, elaborado por The King Fund (y que se adjunta) y que ofrece una visión trasladable en muchos aspectos a la española, ha llevado al director médico de la Revista Madrileña de Medicina, editada por el sindicato AMYTS, a escribir el siguiente comentario en su último número.

Acaba de publicarse un informe de un prestigioso centro de opinión sanitaria sobre la situación que vive la Atención Primaria y que es calificada como de crisis. El informe recoge que la carga asistencial de los médicos de AP ha crecido en torno a un 15% en los últimos cinco años, período en el que la financiación de este nivel asistencial, por el contrario, se ha reducido tanto en términos absolutos como relativos dentro del presupuesto sanitario. Cierto que los cambios poblacionales han influido en ello (sobre todo el envejecimiento), pero también el avance tecnológico sanitario. A la vez, la integración con los servicios sociales ha generado nuevas demandas. Como consecuencia de todo ello, los médicos de ese nivel asistencial están optando por reducir su dedicación profesional, y se aprecia también una cierta frustración en los residentes que están recibiendo su formación especializada para ejercer en el mismo.

Un informe en inglés

 En España contamos con numerosas voces que no quieren dar crédito a esa situación (la sobrecarga asistencial), que niegan la mayor y que, además, culpabilizan a los propios profesionales de su situación.

Quizás el idioma engañe. Porque el informe no está escrito en ninguna de las lenguas de nuestro país (a pesar de coincidir en tantos argumentos, y en muchas de las posibles soluciones, con lo planteado aquí por el Foro de Médicos de Atención Primaria), sino en inglés, y no lo ha hecho ninguna fundación española, sino uno de los centros de análisis (think-tanks) más prestigiosos del Reino Unido: The King’s Fund. Y claro, se refieren a la situación de la Medicina General británica, en la que, por cierto, el número de profesionales se ha incrementado, aunque no en la misma proporción en que ha aumentado la población que más consume este tipo de recursos, las personas de edad avanzada. Aquí, ni esa suerte hemos tenido.

O sea, que se puede reconocer la situación de crisis de la AP y se puede atribuir fundamentalmente dicha crisis a la sobrecarga de ese nivel asistencial sin que a una entidad del calibre del King’s Fund se le caigan los anillos por ello. Mientras tanto, aquí, en España, contamos con numerosas voces que no quieren dar crédito a esa situación, que niegan la mayor y que, además, culpabilizan a los propios profesionales de su situación. Y claro, son voces de gran resonancia, porque se trata de voces con gran predicamento en la esfera política, y que, por tanto, son premiados con puestos de responsabilidad varia, con lo que se consigue magnificar ese argumento desencarnado y alejado de la dura realidad de miles de profesionales. Uno más de los mecanismos “corruptos” en los que nos vemos atrapados, por retroalimentación tóxica de argumentos sesgados.

Sufrimiento de los médicos de AP

Los médicos de AP sfren porque su carga de cronicidad va en aumento y no se dota al sistema de los recursos suficientes, mientras los gestores y políticos se llenan la boca con discursos sobre una estrategia de cronicidad que se diseña a sus espaldas

Y mientras, los médicos de AP sufren. Sufren día a día teniendo que atender tanta demanda sanitaria, e intentando sacar adelante la misma con un elevado nivel de resolución. Sufren teniendo que enfrentar situaciones humanas que no tienen fácil respuesta, o la tienen lejana debida a largas listas de espera que dificultan su resolución. Sufren teniendo que dar respuesta también a requerimientos legales (como la calificación de una situación como de incapacidad temporal) cuya gestión se basa en criterios puramente administrativos que les cargan de burocracia de poca utilidad sanitaria, y basada, para colmo, en la desconfianza en su actuación. Sufren porque su carga de cronicidad va en aumento y no se dota al sistema de los recursos suficientes, mientras los gestores y políticos se llenan la boca con discursos sobre una estrategia de cronicidad que se diseña a sus espaldas. Sufren porque, en gran parte, además, se encuentran en una situación de precariedad laboral y personal, así como profesional, al tener que dedicarse a cubrir huecos aquí o allá o al encontrarse en situaciones ilegítimas de temporalidad. Y sufren, para mayor abundamiento, ante la negación de toda esta realidad por parte de los responsables políticos y gestores, que quieren dar la falsa imagen de normalidad y mejora continua en la que basan su “éxito”político. Así se cierra el círculo del maltrato, que bien podríamos calificar como de bullying institucional.

Deriva inadmisible

¡Ya está bien de tanto engaño y de tanta palabra necia! No podemos permitir, ni como sociedad ni como profesión, esta deriva continua de la realidad, cada vez más alejada de lo sostenible y de lo deseable. En una época de nulo crecimiento, económico y de recursos, no podemos mantener la inflación de programas y propuestas que, día a día, sobrecargan cada vez más a los profesionales que realizan, no lo olvidemos, uno de los trabajos más serios de nuestra sociedad. Hemos de ser capaces de mirar la realidad, de ponerle nombre y cara, de asumirla. Hemos de confiar en las personas que hacen posible ese servicio cercano y diario a la salud de nuestra población, y ofrecerles la oportunidad de realizar adecuadamente dicho trabajo. Y hemos de tomarnos en serio a la sociedad, que debe ser informada adecuada y responsablemente de la realidad para no potenciar expectativas desproporcionadas, sino adaptadas a la situación que atravesamos. Porque el desajuste entre expectativas y realidades es tremendamente dañino, para los profesionales en primer lugar, pero también para la sociedad, que no puede vivir en el engaño continuo.

 

Miguel Ángel García Pérez

Médico de Familia, doctor en Medicina, máster en Bioética y Derecho. Secretario CESM de Estudios Profesionales

1 Comentario

  1. loreley says:

    Trabajar en condiciones de precariedad in crescendo ,que además no suscita debate social (y el que hay no sale de los foros profesionales) también es Deontológicamente cuestionable