El mirador

La Atención Primaria es tecnología dispersa y adaptada a las necesidades de los pacientes (y de sus familiares)

El comentarista pasa revista, totalmente crítica, a la Atención Primaria organizada verticalmente para desarrollar programas destinados a la prevención que, según subraya, no es la característica básica de la citada asistencia.

La Organización Mundial de la Salud (OMS, con sus varias sedes, desde la europea a la Organización Panamericana de Salud, OPS) es una institución “tóxica”, que ha difundido por doquier doctrinas imposibles. Quedó bien claro con su política frente a la gripe aviar en 2005, una epidemia de pánico que repitió con la gripe A en 2009, y que mantiene “viva” cada año, ignorando el consiguiente consumo masivo de vacunas y antivirales de probada ineficacia contra la gripe. En la hoguera del miedo a la gripe se consumen recursos incontables, y se abandonan tareas prioritarias, lo que deja un reguero de muertos.

 

Pero el daño de la OMS-OPS puede ser más profundo y prolongado, más cruel y menos visible. Por ejemplo, con sus políticas desde los setenta del siglo XX de propagar el ejemplo finlandés de centros de salud “anónimos”, donde el paciente acudía y acude sin saber qué médico general asalariado le “tocará” ese día. El centro de salud tiene un área geográfica definida y “los pacientes son de todos”. No hay nada más inhumano que tener un médico de cabecera “anónimo”. No hay nada que castigue más al buen médico que ser convertido en una máquina y transformar el seguimiento de “sus” pacientes en una lotería. “Esto no es mío”, “Máximo tres-cuatro pacientes a la hora” y “No tengo tiempo” eran y son las frases de rigor.

 

Tal organización basada en el “equipo de atención primaria” logró tres meses de tiempo de espera para ser atendido por el médico, el máximo mundial. Estos equipos no son tales sino “plantillas”, pura suma de profesionales y de profesiones que raramente cooperan en objetivos de atención al sufrimiento del paciente (son, pues, “equipos orgánicos”, no “equipos funcionales”).

 

El gobierno finlandés tuvo que intervenir para lograr que ese tiempo se redujera a quince días. Primero fue el “médico personal” (médicos asalariados en el centro de salud, pero con una lista de pacientes a los que atendían). Después, desde 2002, se introdujo el pago con fondos públicos de las facturas privadas de los médicos generales establecidos como profesionales independientes. En 2008 ya trabajaban en Finlandia exclusivamente como autónomos en sus propias consultas el 11% de los médicos generales; y el 30% de los médicos de los centros de salud compatibilizaban el empleo público con la práctica privada.

 

Finlandia, pues, se está quitando la pesada losa que impuso la OMS con sus centros de salud. Otros países desarrollados (de Australia a Alemania, de Noruega a Japón, de Canadá a Italia, de Taiwan a Francia) nunca aceptaron tales consejos de la OMS.

 

Programas verticales

 

Algunos países débiles, como España y Portugal, siguen todavía en la estela de aquellos ejemplos promovidos por la OMS-OPS, con los centros de salud y los equipos orgánicos de primaria como “la” única Atención Primaria posible. Pero es en los países pobres y/o en desarrollo, donde estos centros de salud son más tóxicos y se han llevado a su máxima expresión con los programas verticales, rígidos y burocráticos (que también vemos en España y en Portugal, por supuesto).

 

Se diseñan actividades desde “arriba”, desde el ministerio de salud y otras instituciones (como la propia OMS-OPS), para responder a problemas concretos, tipo “SIDA”, “dengue”, “niño sano”, “vacunas”, “embarazadas”, “hipertensión”, “diabetes”, “tuberculosis”, “prevención del cáncer de cuello de útero” y similares. Cada programa tiene un fundamento científico escaso o nulo, pues se llena con normas desarrolladas por “expertos” (muchos de la OMS-OPS), que son ciertamente expertos en la defensa de sus propios intereses (muchas veces, además, de los intereses de las industrias que los miman y crían a sus pechos). Todo programa conlleva tiempo específico y el registro detallado de las actividades (innecesarias) desarrolladas. Para cumplir con tal disparate hay que dedicar ingentes recursos en tiempo, dinero y personas. Lo habitual es emplear en los centros de salud una mañana para “niño sano”, una tarde para “embarazada”, un día para “hipertensos”, una tarde para “visitas a domicilio”, un día para “dengue”, una mañana para “prevención del cáncer de cuello de útero”, etc.

 

Tales centros de salud públicos con personal asalariado dedicado a los programas verticales son una respuesta ineficiente a las necesidades de los pacientes. Los profesionales pierden el tiempo y “burocratizan” su trabajo, y los pacientes son “troceados” y devienen en el combustible del sistema sanitario. Es decir, los pacientes y sus problemas van después de los intereses de profesionales burocratizados y de programas sin fundamento científico (ni humano). El cambio epidemiológico, tecnológico, y social convierte la respuesta vertical en una respuesta venenosa y peligrosa para la salud de pacientes y de poblaciones

http://mondediplo.com/2013/06/18suppaids

 

La prevención y la promoción de la salud

 

No hay freno para la toxicidad de la OMS-OPS. El ejemplo de la vacuna y de la medicación antigripal es expresión de su confusión de la Atención Primaria con actividades preventivas y de promoción de la salud. Además, se confunde el propio concepto de promoción de la salud y en lugar de promover la alegría de vivir se inyecta miedo a todo (por ejemplo, al embarazo y a las enfermedades de transmisión sexual, si hablamos de la promoción de la salud sexual)

https://www.actasanitaria.com/opinion/el-mirador/articulo-promocion-de-la-salud-la-sexual-como-ejemplo.html

 

Los centros de salud con equipos orgánicos (incapaces en general de convertirse en “equipos funcionales”), con personal burocratizado y con un trabajo centrado en los programas y protocolos, se llenan de actividades preventivas y de promoción de la salud “a toque de corneta”, según edad y sexo. Así, por ejemplo, la “salud del niño sano, “la salud del adolescente”, “la salud de la mujer”, “la salud del varón”, etc. La actividad puede llegar a ser febril y absurda, estilo “Tiempos modernos”

http://www.youtube.com/watch?v=IxBdWqSW7Jo

 

Si algo es clave en Atención Primaria es la capacidad para adecuar las actividades a las necesidades, valores y creencias de los pacientes, y eso se refiere también a la prevención y a la promoción de la salud (que se deberían “ajustar” a las peculiaridades de cada paciente y comunidad). La prevención en sí no es una característica básica, ni una función clave de la Atención Primaria

http://equipocesca.org/prevencion-de-la-poblacion-al-paciente-y-viceversa-es-la-prevencion-una-funcion-de-la-atencion-primaria/

 

Pero para trabajar en el centro de salud promovido por la OMS-OPS no hace falta conocer a pacientes-comunidades, y ni siquiera pensar, pues basta con aplicar a rajatabla lo que viene en los programas y protocolos, y justificar en un registro la actividad (en papel o en el ordenador). Lo clave es “dejar huella”, aunque sea mintiendo, pues del “clik” o de la anotación depende el incentivo y la clasificación como “buen/mal” profesional, equipo o centro de salud.

 

El manejo de esa información generada durante la aplicación de programas, protocolos, prevención y promoción “da de comer” a múltiples burócratas, directivos y políticos, que acaban presentando los resultados en inútiles reuniones casi continuas, fomentadas por los expertos, las industrias y la propia OMS-OPS.

 

Se acepta toda propuesta de prevención, por más absurda que sea. Así, se aplican tablas “de riesgo cardiovascular” en poblaciones anglosajonas como si fueran tablas “de decisión cardiovascular” en pacientes mediterráneos (del Mediterráneo, vivan en su entorno o sean descendientes de ellos). Se introducen vacunas sin sentido, como la del virus del papiloma humano, o se mantienen pautas obsoletas, como la de revacunar cada diez años contra el tétanos. Se hacen citologías de cuello de útero a las mujeres que no lo necesitan, y cada vez que se “dejan” (para justificar las actividades). Se toma la tensión siempre que se pilla al pobre paciente; y si se distrae se le hacen análisis sin cuento. Etc.

 

Todo menos atender las necesidades de los pacientes, que acaban resolviéndose en las urgencias hospitalarias. El “contrato curativo” milenario y sagrado se olvida ante un “contrato preventivo” sin fundamento científico en general

https://www.actasanitaria.com/opinion/el-mirador/imprimir-mas-curacion-y-menos-prevencion.html

 

Como consecuencia, los médicos de primaria se desprofesionalizan, viven con complejo de inferioridad frente a especialistas y hospitales, y carecen de liderazgo clínico. Falta ciencia, conciencia y coraje

http://www.upf.edu/catedragrunenthalsemg/pdf/1.Cap.1Introduccixn.pdf

 

En justa correspondencia, ni los pacientes, ni los familiares, ni las comunidades reconocen y dan valor a la Atención Primaria. Si no resuelve los problemas de salud, si hay que ir a urgencias para todo, si el centro “está okupado” por pacientes obedientes, estables y no complicados y por programas y por la prevención ¿cómo apreciar y valorar a los profesionales y a la Atención Primaria? La toxicidad de la OMS-OPS destruye la capacidad de resolución de la primaria, y la autoestima de sus profesionales. Ello deja un rastro de morbilidad y mortalidad innecesariamente prematura y sanitariamente evitable.

 

Los hospitales como tecnología concentrada, y la primaria como tecnología dispersa (y adaptada a las necesidades de los pacientes)

 

La tecnología sanitaria es el conjunto de medicamentos, dispositivos y procedimientos médicos y quirúrgicos utilizados en la atención sanitaria, así como los sistemas organizativos y de soporte dentro de los cuales se proporciona dicha atención. Con tecnología sanitaria se prestan servicios personales en los hospitales (urgencias, ingresos en planta y consultas externas) y en primaria (consultas, centros de salud y domicilios de los propios pacientes).

 

El hospital ofrece tecnología concentrada (lo que implica que los pacientes se desplacen a sus instalaciones), cuyo uso se justifica para grandes poblaciones. Por el contrario, la Atención Primaria ofrece tecnología dispersa en la comunidad, a una pequeña parte de la población, y la lleva incluso al domicilio de los pacientes.

 

Así, la Atención Primaria no exige la “concentración” de tecnología en el centro de salud y se puede ofrecer en sistemas sanitarios públicos desde las consultas propias de profesionales independientes (médicos generales, como en Australia, Austria, Bélgica, Canadá, Dinamarca, EEUU [Medicare], Eslovenia, Francia, Holanda, Irlanda, Italia, Japón, Noruega, Nueva Zelanda, Reino Unido y Taiwán) a veces agrupados en pequeños centros de dos o tres médicos de cabecera. En muchos de estos países también las enfermeras y matronas son profesionales independientes que contratan con el sistema público para ofrecer sus servicios a los pacientes.

 

En conjunto se debería ofrecer “máxima calidad, mínima cantidad, tecnología apropiada, por profesionales competentes, en tiempo y lugar apropiado y tan cerca del domicilio del paciente como sea posible”

http://equipocesca.org/prestacion-de-servicios-sanitarios-que-quien-cuando-y-donde/

 

Son tres los objetivos del sistema sanitario: 1/ prolongar vidas (cambiando la causa de muerte), 2/ evitar sufrimientos innecesarios y 3/ ayudar a bien morir. La Atención Primaria logra esos objetivos con 1/ gran accesibilidad, 2/ gran flexibilidad, 3/ longitudinalidad y 4/ capacidad de coordinación de servicios sanitarios y sociales

http://www.upf.edu/catedragrunenthalsemg/pdf/3.Cap.3Propuestaprxcticaderenovacixnclxnica.pdf

 

Juan GérvasLa característica básica y la función clave de la Atención Primaria es la longitudinalidad. Es decir, la prestación de servicios muy variados por médicos de cabecera muy polivalentes (capaces de ofrecer atención a problemas agudos y crónicos, urgencias, cirugía menor, pediatría, ginecología, obstetricia, cooperación en tratamientos oncológicos, morir a domicilio, etc.) a pacientes y familiares conocidos “de toda la vida”. Y, al tiempo, la identificación por los pacientes y familiares de su médico de cabecera como primera fuente de cuidados

http://equipocesca.org/longitudinalidad-prestigio-buena-reputacion-social-y-profesional-y-medicina-generalde-familia-aspectos-clinicos-y-de-salud-publica/

 

Pero en Atención Primaria la toxicidad de la OMS-OPS ha envenenado el buen juicio de profesionales, gestores y políticos y lo que se ofrece a los pacientes y comunidades es muchas veces un producto degradado y reprobable, el centro de salud con equipos orgánicos y programas verticales, cuyos profesionales creen que su función básica es la prevención y promoción de la salud “a destajo”, según edad y sexo”.

 

¡Pobres pacientes y pobres comunidades! ¡Cuánta innecesaria morbilidad y mortalidad “sensible” a la atención sanitaria! ¡Qué ineficiencia y dolor!

 

Juan Gérvas, médico general, Equipo CESCA, Madrid (España) 
www.equipocesca.org 
jgervasc@meditex.es mpf1945@gmail.com @JuanGrvas

Acta Sanitaria

4 Comentarios

  1. Pilar says:

    Es primera vez que me encuentro con este post, y me ha llegado muy profundamente.
    Soy cirujano dentista, trabajo en Chile en atención primaria hace casi 5 años. Recién egresada inicié mis actividades a tiempo completo en la atención primaria, pero la desilusión del trabajo empezó a llenarme al poco tiempo. El sueldo es bueno, te aseguras un contrato que además te permite pagar salud y previsión (ahorro para la jubilación), te permite presentar licencias médicas y permisos administrativos con goce de sueldo, el tiempo de trabajo es relativamente adecuado para lo que debe trabajarse en Chile (jornada de 8 horas diarias). Sin embargo, las exigencias de “atender 15 urgencias en 1 hora” o “rendimiento de 15 minutos para realizar una restauración dental” desprofesionalizan, tal como tu dices, y bajan hasta la autoestima como. Te sientes mal dentista. Hay otros sin embargo que no se lo cuestionan e incluso defienden este sistema.

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