Política y Sociedad Reunidos por la Revista de Occidente y la Fundación Lilly

Intelectuales de primera fila detectan una pandemia de populismo además de la sanitaria

Intelectuales de primera fila reunidos por la Fundaciónb Lilly han detectado una pandemia de populismo además de la sanitaria provocada por la Covid-19, siendo esta una de las claves que se recogen en el número 475 de la cuarta época de la Revista de Occidente, que lleva por título ‘El año de la pandemia: reflexiones sobre ciencia, medicina y humanismo’, los tres pilares que sustentan toda la actividad de esta Fundación.

Gratitud y voluntad de futuro

Tras una breve introducción a cargo del director del Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset, Antonio López Vega, tomó la palabra el director de la Fundación Lilly, el doctor José Antonio Sacristán. En sus palabras de gratitud, destacó la fecunda línea de colaboración establecida con la Fundación José Ortega y Gasset-Gregorio Marañón (FOM), en el vigésimo aniversario de existencia de la organización a la que él mismo representa.

En una ocasión tan festiva para el espíritu de todos aquellos que aman la ciencia, José Antonio Sacristán agradeció expresamente su colaboración a los autores participantes en la revista, figuras de relieve profesional e investigador, como Andrés Moya, Lola Pons Rodríguez, César Nombela, Benjamín Herreros, Guillermo de la Dehesa, José Luis Betrán y Juan Ignacio Pérez Iglesias, además de los que también estuvieron presentes en este encuentro virtual.

José Antonio Sacristán

Abiertos y multidisciplinares

Sacristán declaró sentir un noble sentimiento de orgullo al haber podido contribuir a materializar la segunda gran acción conjunta con la FOM, para llevar a los lectores textos nacidos de profundas reflexiones habidas durante la pandemia de la Covid-19, a partir de enfoques tan diversos como la ciencia, el lenguaje, la comunicación y la bioética.

Ambas entidades consideraron llegado ya el momento de recapitular sobre 2020, el año más atípico, especialmente en sus convulsos meses de marzo y abril, sin sospechar todavía que las cosas iban a ir de mal en peor para el país y el planeta en su conjunto hasta adentrarse en 2021.

Sacristán agradeció las palabras de Antonio López Vega en su presentación, con el acierto de compartir el mismo ADN de estas dos instituciones por ampliar las ciencias, y su conocimiento, desde las letras y viceversa, además de señalar la siempre acertada ejecutoria de Carmen Asenjo.

Populismo, la otra pandemia

Trazó el director de esta Fundación un atinado paralelismo entre la pandemia del coronavirus y la de populismo, en las que el mismo mecanismo, biológico y político, consiste en introducirse en el cuerpo sano para destruirlo desde dentro, según la rebelión de las masas de la que habló Ortega y Gasset en su diagnóstico de los populismos y las demagogias.

Todo al hilo de lo expresado por Lamo de Espinosa, según el cual la demagogia está en manos de la mentira, como actitud anticientífica y corrosiva, a lo que la ciencia opone contención, prudencia, celebración por la crítica, mientras que la nefanda demagogia se vale de conceptos falsos, como falsas verdades absolutas, en un relato que busca la división mediante dictados emocionales y nunca racionales, ya que también fue Ortega y Gasset el que advirtió de que la Democracia está siempre amenazada, especialmente en un tiempo en el que las noticias falsas se multiplican y son amplificadas desde las redes sociales.

A pesar de este ambiente enrarecido, Sacristán se alineó con los filósofos ilustrados, sabedores de que el progreso se trabaja a largo plazo, a pesar, sin embargo, de todos los sinsabores que trajo el siglo XX, tan lleno de avances luminosos y atrocidades.

Antonio López Vega

Calibrar las fake news

Lamenta este ponente que el impacto social de las noticias falsas vaya parejo a su mayor tamaño, a lo que opone una sociedad capaz de investigar y de distinguir la información de calidad a  través de fuentes honestas y fiables, para contar los hechos de ciencia como son, y tal como se pueden leer, por ejemplo, en The Conversation y la Agencia SINC, meritorios medios puestos de manera altruista al servicio del conocimiento.

En otro aspecto, Sacristán destacó el ensayo incluido en la revista por Juan Ignacio Pérez, sobre las necesarias vacunas contra la infodemia, de cara a formar a los que leen para que puedan acudir a las fuentes adecuadas del saber, en un texto en el que se apunta a un cambio de mentalidad necesario para expandir el pensamiento científico cuyas bondades están hoy al alcance de cualquier estrato social.

La educación es futuro

Observa Sacristán que en estos días los intelectuales parecen estar escondidos, sin dar la batalla por una educación que es la única semilla capaz de hacer brotar cambios sociales a largo plazo, en un terreno también muy codiciado por los populismos, aunque estos últimos lleven consigo las aviesas intenciones de los adoctrinamientos enajenadores de cualquier individualismo.

En ese punto, recordó este ponente que la duda, la reflexión y el diálogo son las esencias de la ciencia, desde la certeza, apuntada por Voltaire en sus Cartas Inglesas, de que las épocas de dogmatismo siempre son de retroceso, en contraste con las de las dudas, que estimulan los avances.

La honestidad como principio y fin

También hizo mención Sacristán al ensayo de César Nombela, en el que constata la abrumadora falta de referentes científicos comúnmente aceptados y la transparencia ausente en los comités de grupos de expertos, con olvido de que la honestidad ya era el mayor valor del sujeto científico, a criterio de Santiago Ramón y Cajal.

Todo al tener también muy presente las palabras del historiador de la ciencia José Manuel Sánchez Ron, para quien no  hay mayor pecado que falsear los datos, o, como dijo Albert Camus, al citar esa misma honestidad como única vía para dejar atrás cualquier pestilencia.

Fernando Rodríguez Lafuente

Tributo a la verdad

Moderó el coloquio el secretario de Redacción de Revista de Occidente, el periodista Fernando R. Lafuente, quien se refirió a la Fundación Lilly como a una entidad ejemplar en la defensa y la promoción de ciencia, la Medicina y el humanismo, banderas del conocimiento que permitieron presentar, un año atrás, la primera experiencia editorial compartida con la FOM, en la sede principal del Instituto Cervantes, para cuyo director, Luis García Montero, tuvo un cordial saludo y recuerdo.

A esta institución, aseguró Fernando R. Lafuente, se deben ímprobos esfuerzos dirigidos a lograr que el español, como lengua universal, alcance la mayoría de edad que le corresponde en el mundo, con objeto de ocupar una digna posición como segundo idioma de ciencia, por detrás del hegemónico inglés.

Elea Giménez Toledo

Entre la libertad y la expresión

Para Lafuente, parece que hoy se han difuminado los límites que siempre hubo entre la libertad de expresión y la simple y directa exposición de los hechos como son. En ese sentido, afirmó a favor del conocimiento que, aún habiendo sido un excelso escritor, Benito Pérez Galdós nunca escribió El Quijote, por si alguno lo pretendiera, de suerte y forma que si ese alguien lo afirmara, otros deberían sacarle amablemente de su error.

Desde esa declaración de intenciones a favor de la salvaguarda del conocimiento, este periodista destacó la serie de ensayos, más que artículos, recogidos en el número 475 de la Revista de Occidente, trabajos de absoluta vigencia a poco de concluir el año de una pandemia que está lejos de terminar, un tema que destacó como asunto cenital, clave y cargado de polémica, como verdadero desafío al concepto genérico de sociedad humana.

Un resumen al que este moderador añadió su componente de angustia, propia de un túnel oscuro, en el que, a su parecer, tendrán que trabajar codo con codo los profesionales sanitarios y toda la comunidad científica, previsiblemente a lo largo de las próximas décadas, hasta ver una tímida luz al final de dicho túnel.

De las vacunas a las cepas

Para Lafuente, la pandemia no nos da tregua. Cuando parecía que la llegada de las nuevas vacunas iba a permitir un descanso, surge con fuerza la cuestión de las cepas, británica, sudafricana y brasileña, para poner de nuevo todo del revés, en un momento en que dichas vacunas apalabradas entre la Unión Europea (UE) y las compañías amenazan con disputas legales por presuntos incumplimientos de contratos, en un magma de intereses políticos, mediáticos y empresariales que no dejan ver el bosque de lo que está pasando, salvo comprobar que las vacunas no llegan en el número prometido.

En el origen de estos males tan actuales, este ponente ve lo que Ortega y Gasset ya llamó en su día la autoritas desvirtuada, hoy en horas aún más bajas por culpa de una situación excepcional, en la que, reconoció, la universidad es pequeño filtro para aquellos que espetan sus opiniones sin manejar bien siquiera la terminología de la materia que tratan, en un contexto en el que solo parecen importar las audiencias en los programas de televisión y su reflejo en los contratos de publicidad.

Por todo ello, se preguntó Lafuente si no será verdad eso de que vivimos en una sociedad enferma, y, como muestra, puso dos botone: una concentración de jóvenes celebrada en la discoteca Barceló, de Madrid, antigua Pachá, en la que los fiesteros se olvidaron de cualquier sombra de distancia interpersonal, gel hidroalcohólico y las salvadoras mascarillas; junto a la espeluznante noticia de que cuando un chico ardía en llamas hace bien poco, los circundantes se dedicaron a inmortalizarlo con sus móviles, en lugar de auxiliarle.

La lamparita de la ironía

Lafuente trufó su intervención de episodios para la simpatía, aún después de confesar estar aterrado por todas las cosas malas que están pasando. Contó, comedido, el popular chiste de la Polonia comunista del presidente Jaruzelski, en el que un conductor de autobús ponía en orden en su transporte al ordenar a los pasajeros que “avanzaran hacia atrás”, algo que, le pareció, ocurre en la actualidad.

El moderador instó a recuperar el pulso en una sociedad que, efectivamente, progresa como los cangrejos, hasta el punto de que, con poca fortuna en el ejemplo (o, quizás, con acierto críptico), aseguró que, con los medios de comunicación actuales, hoy Nixon no se habría visto obligado a dimitir.

Ello con referencia también al pensador francés que aseguró que uno se puede convertir en objeto a fuerza de objetivo, además de recordar con ternura a aquel presentador de un egregio escritor en un casino de provincias en el que los nervios le obligaron a decir: es un honor recibir a este erudito que no tiene presentación, porque es un “impresentable”.

Tiempos posmodernos

Concluyó el moderador con el deseo de que a nadie se le dedique la maldición china de vivir en tiempos tan interesantes como los actuales, al ser firme partidario él mismo de vivir en el mayor de los aburrimientos, como aquellos en los que no había pandemia.

Además, Lafuente felicitó a los autores del número apoyado por la Fundación Lilly, al haber sabido ilustrar a todos sin caer en los arcanos del lenguaje demasiado académico, ya que las señas de identidad de la Revista de Occidente siempre fueron, y seguirán así en el camino a cumplir su primer centenario de historia, el hacerse comprensibles para el común de las personas, de toda condición, pero deseosas de saber siempre algo más.

Se despidió Lafuente con el aviso de que él y los suyos seguirán citando a Gregorio Marañón y a Ortega y Gasset allí donde vayan y que es tarea de todos dotar de contrapesos a las sociedades modernas para que la primera víctima de los atropellos no sea siempre la información.

Elea Giménez Toledo

La información más sensible

La directora del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), la doctora Elea Giménez Toledo, compartió su análisis sobre la comunicación científica realizada durante la pandemia, en el que destacó el enorme esfuerzo efectuado por los investigadores para acercarse a la sociedad en sus mensajes sobre lo que estaba pasando con la nueva enfermedad.

Agradeció Elea Giménez Toledo en ellos que optaran por un lenguaje apto para hacerse entendibles, en un contexto en el que las instituciones científicas y las universidades actuaron también desde su propia responsabilidad social, a través de protocolos de comunicación con los que se propició la transmisión de información sensible, difundida, a su juicio, con mesura y rigor, a pesar de las urgencias por comunicar y en situaciones no todas ellas exentas de errores.

Ritmos vertiginosos

En ese sentido, admite Giménez Toledo que ritmos muy acelerados al transmitir la información siempre corren el riesgo de lanzar a la ciudadanía mensajes contradictorios o contrarios a lo que se busca expresar. Destacó, además, la deontología propia de los periodistas bien formados y los propios generadores de información rigurosa.

Todo a pesar de que existen intereses que se traducen en un ruido informativo que es especialmente perceptible en las redes sociales, dado que parece que no acaba de llegar la información científica validada a este canal, sin que quede claro el acceso a fuentes fidedignas para tranquilidad de los que leen, por ejemplo, un tweet, según puso como ejemplo.

En pro de la Ciencia Abierta

Esta ponente hizo una clara defensa de la Ciencia Abierta, como horizonte al que debe tender el conocimiento humano para ser compartido, tal como se observa durante una pandemia que todavía está lejos de terminar. Apuesta, además, por que haya una disponibilidad plena de la ciencia generada en los espacios públicos, para que su caudal de sabiduría no solo llegue a todos los especialistas y al resto de ciudadanos interesados, sino también para que los postulados de unos y otros investigadores puedan ser sometidos a juicio del resto, dentro de una reciprocidad que permita a la ciencia avanzar más deprisa y para más gente.

Se refirió esta investigadora al gran repositorio del Instituto Allen de investigación para la Biociencia de Estados Unidos y el resto del mundo, del que elogió sus estudios en tecnología semántica a partir de grandes corpus temáticos que ofrecer en abierto, con aprovechamiento también de instancias supranacionales, como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y la UE, entre otras.

Medios a seguir

Giménez Toledo no quiso pecar de inocente al afirmar que los medios de comunicación tienen siempre sus propios tempos y que muchas veces responden a corrientes de intereses no siempre palmarias. No obstante, y en cualquier caso, alaba la trayectoria de cabeceras dignas de elogio en su proceder, como la plataforma de contenidos científicos, Agencia SINC, y The Conversation, red de medios de comunicación sin ánimo de lucro que publica artículos firmados por académicos e investigadores, ejemplos ambos, como refirió, muy nobles en su planteamiento de llevar información científica de calidad a los ciudadanos.

Jesús Millán

Entre el colapso y el agotamiento

El jefe del Servicio de Medicina Interna del Hospital General Universitario Gregorio Marañón de Madrid, el doctor Jesús Millán, considera de justicia agradecer, de nuevo, los aplausos que brindaron los ciudadanos desde sus balcones a los profesionales sanitarios durante los primeros meses de pandemia.

Ello con olvido, quizá, de vitorear también a los investigadores, a los que se apremiaba para que desarrollaran a toda velocidad nuevos tratamientos y vacunas para el nuevo patógeno, una meta que, sin duda, y a juicio de Jesús Millán, consiguieron los científicos con enormes esfuerzos personales y corporativos que siguen adelante.

También catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), Jesús Millán destacó que la primera ola de la Covid-19 puso en trance de colapso al sistema sanitario por su brutal crecimiento vertical, tanto en número de personas ingresas en los hospitales como en las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI).

Ello frente a una segunda oleada, más prolongada y propensa al agotamiento de las infraestructuras sanitarias y los profesionales que hacen posible su funcionamiento, para llegar a la tercera, hoy en curso, que parece tender a los excesos en los que incurrió la primigenia.

Mucho ruido y muchas nueces

Destacó Millán el ruido ensordecedor que producen muchas veces las redes sociales y los rosarios de noticias falsas. Como última mentira más sangrante, hizo referencia a una reciente manifestación de personas negacionistas de la Covid-19 que gritaban en plena calle la absurda consigna de “mentira, mentira, las UVI están vacías”.

Este ponente sabe a ciencia cierta que hay decenas de personas ingresadas en estas unidades del propio hospital en el que trabaja, por lo que pide encarecidamente que no se de cancha a los bulos, en su envoltura de información facilona y complaciente.

Lamenta Millán que se pretendan despertar en la población respuestas ajenas a todo sentido común, en un tiempo como el presente, en el que parece interesar no ofrecer buenos referentes sociales a emular, porque es como si todo fuera lícito y permisible, sin concienciar a la gente de que salir de las crisis siempre requiere grandes esfuerzos, como sentenció.

En opinión de este internista de larga trayectoria, la sociedad necesita, ahora más que nunca, referentes morales, porque hay un claro riesgo de que la larga crisis sanitaria que padecemos se extienda también a lo social, lo económico y lo moral.

Sin claves en Salud Pública

Tampoco detecta Millán referentes en Salud Pública y aún menos en líneas estratégicas para el país y su sistema sanitario, una vez que la Medicina Preventiva fue brutalmente sorprendida, con el resto del entramado asistencial, por la llegada del SARS-CoV-2.

Ello con ignorancia de unas noticias venidas de China que parecían demasiado remotas, mientras que las que, luego, llegaron de Italia, aunque más próximas en lo geográfico, tampoco despertaron las debidas alarmas, quizás por perjuicios sobre las formas de organizarse en las gentes cisalpinas.

Esta situación llevó a un claro fallo de previsión por parte de los salubristas, a pesar de ser los encargados de detectar las grandes amenazas que puedan surgir en materia de Salud Pública, naturalmente, antes de que se produzcan.

Filosofía de equipo

Definió Millán todo equipo multidisciplinar como aquel que se forma con profesionales de especialidades distintas, que, sin embargo, trabajan con el mismo objetivo, tal como quedó acreditado en la primera hora de la Covid-19, en la que pediatras, cirujanos y patólogos demostraron ser tan médicos como el que más, en todas las tareas que exigió un sistema asistencial claramente desbordado.

En cualquier caso, este clínico y humanista repara en que las pandemias siempre hacen Historia y dan pleno sentido a la propia naturaleza de ser médico, que siempre es prevenir la enfermedad y salvar vidas, dentro de escenarios, como el actual, que realzan los valores consustanciales a una profesión milenaria, además de sus competencias técnicas.

Para ilustrar esta realidad, Millán, que declaró ser el más veterano de los ponentes, también compartió su sentimiento íntimo de haberse preparado durante toda su vida, sin saberlo, para afrontar una prueba tan larga y tan dura como la que representa la pandemia de la Covid-19, hasta el punto de sentirse más médico que nunca desde el pasado mes de marzo, razón y emoción que también quiso recoger en el número presentado de la Revista de Occidente.