Ausencia de toxicidad a largo plazo, importante para los pacientes con VIH que reciben tratamiento antirretroviral

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A las personas con VIH que reciben tratamiento antirretroviral les preocupa, no sólo la rapidez en la eficacia inmunológica y virológica, sino sobre todo los aspectos del tratamiento que impactan de forma negativa en su calidad de vida, los pacientes prefieren tratamientos con menos toxicidad a largo plazo y bien tolerados, con menores posibilidades de fracaso y menos interacciones, esta es la principal conclusión del estudio internacional, “Evaluación de las preferencias y de la satisfacción del paciente con VIH con el tratamiento antirretroviral”.

El estudio se realizó gracias a la colaboración de la Sociedad Española Interdisciplinaria de SIDA (SEISIDA) y ViiV Healthcare  y se presentó en el marco de la reunión monográfica ‘Una visión multidisciplinar en el tratamiento y la calidad de vida del paciente con VIH’, en la que también se celebra el 25 aniversario de dicha sociedad. Las preferencias de las personas con VIH que reciben tratamiento antirretroviral han ido evolucionando a la par que el propio tratamiento. Como explica María José Fuster, gerente de SEISIDA, “si tomamos toda esta información en su conjunto vemos que en un escenario de esperanza de vida, los pacientes ponen la mirada a largo plazo y que todavía queda margen para mejorar la calidad de sus vidas en el presente y reducir sus preocupaciones futuras”.

Según el estudio, los pacientes con VIH en España confían en su médico, están satisfechos con los profesionales que les tratan y dicen que mantienen un buen cumplimiento terapéutico. Tienen en cuenta el número y el tamaño de las pastillas así como las dosis, aunque con los tratamientos actuales, esto no impacta en su cumplimiento. El atributo valorado como menos importante fue la necesidad o no de tomar la medicación con alimentos.

El estudio se puso en marcha en 2013 conscientes de que las actitudes y preferencias de los pacientes, así como la satisfacción con el tratamiento son un determinante importante de la efectividad terapéutica y un dato útil para el médico. “Más allá de la eficacia concreta de los fármacos -señala la gerente de SEISIDA- será de utilidad que los médicos exploren cuales son las preferencias de los pacientes y también en qué áreas de su vidas puede interferir el tratamiento. Esta información debería guiar la selección del tratamiento tanto al inicio como en los cambios que haya que hacerle en el proceso”.

El estudio se desarrolló en dos fases. Primero un estudio cualitativo en el que se entrevistó en profundidad a 20 pacientes con VIH. En una segunda fase se llevó a cabo un experimento de elección discreta (EDD) mediante una encuesta transversal administrada a 497 pacientes en 18 hospitales de diferentes CCAA, en la que se les pedía valorar siete atributos importantes para los pacientes a la hora de elegir un tratamiento.

Para María José Fuster, "el valor de este estudio reside en que no solo refuerza la evidencia, sino que lo hace con una metodología diferente, la metodología de experimento de elección discreta, en la que se pone a los pacientes en situación de elegir entre diferentes tratamientos con distintas características y se puede determinar la fuerza o probabilidad de sus preferencias. Además, esta investigación ha utilizado más de una metodología, dado que también se ha realizado un estudio cualitativo que ha permitido conocer las áreas que se relacionan con su satisfacción con el tratamiento y cuál es el impacto del mismo en sus vidas. Esta información tiene el valor de que proviene de los propios pacientes”.