Apunte del día la distancia como norma de convivencia

“Homo homini virus” (El hombre es un virus para otro hombre)

Por encima de otras muchas consideraciones, que las hay, uno de los aspectos que más me llaman la atención de todo lo que estamos viviendo con la pandemia del coronavirus es que, parafraseando el dicho clásico latino “homo homini lupus” (el hombre es un lobo para otro hombre), el hombre se ha convertido en un virus para otro hombre (“homo homini virus”). Una afirmación corroborada por las informaciones diarias y ratificada en múltiples situaciones cuando uno sale a la calle.

La locución latina, en cuya autoría no voy a entretenerme, cada vez está más presente en los planteamientos oficiales para evitar la transmisión del coronavirus. Basta acudir a los telediarios, no importa la cadena, para ver cómo se arremete informativamente contra las aglomeraciones de personas. Hay que guardar la distancia, afirmación que recuerda la de otros tiempos cuando, al referirse a la relación con las supuestas clases sociales más elevadas, siempre se decía que había que guardar las distancias. Y la distancia es la que predomina en las relaciones incluso de igualdad; basta ver cómo, en ocasiones, algunas personas hasta se cambian de acera cuando ven que viene alguien de frente.

Ahora, a punto de comenzar el curso escolar, se están acondicionando las aulas para evitar todo tipo de contacto (guardar la distancia) entre los alumnos. Y, aunque pueda sonar a extraño, en la playa de la localidad valenciana en donde suelo pasar las vacaciones de verano, este año se parceló literalmente la playa para ubicar a los asistentes y evitar el contacto entre ellos. Parcelas para dos, tres y cuatro personas, según el color asignado a cada cubículo y, además, se fijó un cupo de asistentes en la playa, para lo que, en cada una de las entradas al mar, perfectamente delimitadas, se ubicaban dos personas que controlaban el número de las personas que entraban o salían, a fin de que no se superase el cupo. Y otras dos, bajo el lema de “playa segura”, recorrían la playa para ver que se cumplía con el cupo asignado a cada parcela.

A la vista de los ejemplos señalados, aunque hay más, parece claro que el hombre, la persona, se ha convertido en un virus para los demás. Lamentable.

Carlos Nicolás

Director Editorial de Acta Sanitaria