Punto de vista Apuntes de un boticario

Haga realidad sus sueños               

El título parece un anuncio de lotería instando a los posibles ganadores para que con el importe del premio viajen a un país exótico, cosa muy habitual y cada vez más requerida por los catetos actuales, incluidos recién casados.

Pero para que no se presten a confusión, les anticipo que se trata de un sueño más cercano y, al menos para mí, más gustoso. Porque voy a escribir sobre las relaciones amorosas de toda índole, terminen o no en feliz convivencia y hasta que el hastío los separe. Para llegar a ello se ha de iniciar un cortejo que en el caso que refiero, y en lenguaje inclusivo, conlleva un conocimiento amoroso inicial que puede desembocar en emparejamiento eventual, habitual o…”eterno”.

Así que aquí les voy dejando, que decía Cafrune, un relato emocional paradigmático y que, como tal, puede aplicarse a cualquier género y tiempo salvando matices más o menos concretos ya que, como dijo el Arcipreste, el ser humano labora sólo por dos cosas: la mantenencia y la coyunda.

Relato emocional

Los hombres que se consideran donjuanes creen que la seducción tiene sólo como finalidad llevarse a la cama a una pareja. Se morirán, pobres míos, sin saber ni haber experimentado que lo más bonito del juego sexual son los previos, como se dice en el fútbol televisado, que en este caso consiste en avistar al objeto de deseo, aislarla del, supongamos, tumultuoso lugar donde se han “visualizado” y decirle, tras el aceptado acercamiento:

¿No hay demasiado ruido aquí?

-A mí me lo parece…

-Pues en este caso, ¿Te apetece que vayamos a otro sitio?.

Aceptada la propuesta, recalan en otro establecimiento en donde reina cierta tranquilidad y en el que la función oftálmico/acústica se hace factible y fácil. Obviamente en esta situación y, si ambos ratifican la primera buena impresión física, inician una conversación que no ha de pasar por la antigua pregunta mutua de “¿Estudias o diseñas?, que hoy podría ser: “¿Estudias o instagrameas?”, sino directamente la expresión visceral de un deseo.

Cuando deciden levantar el campo, y ya en la calle, lo habitual, y consensuado, ¡que quede claro!, es sugerir una “última” copa, como diría el programa de Don Norberto Ortiz: “en tu casa o en la mía”. En tal sitio, y para que no se rompa la noche, (hoy me ha dado por los crooners puretas), se van acercando las posturas tanto en el aspecto verbal como en el físico, cosas ambas que pueden simultanearse, y que en cualquier caso, (¡se ha dado alguno!), no han terminado en posición horizontal.

Sexo cuantitativo

Los donjuanes, sólo consumidores de sexo cuantitativo, marcan, cual modernos Tenorios, cada coito, más o menos consentido, en la culata de su revólver “amoroso” y esperan ansiosos que amanezca para contarlo.  Son los que, por agravio comparativo, siempre indagan al compañero de trabajo, cuando saben de algún escarceo suyo, sobre la pregunta del millón: “¿Te la tiraste o no te la tiraste?”. Son el reverso de los conquistadores reseñados en el romance anterior.

Y es que, amén de estas disquisiciones sobre la relación hombre mujer, hay un denominador común que incluso se ha empleado como título en alguna película. Se trata de la dualidad: sexo/amor.

Es lógico que la pareja estable, consideraciones rancias sobre el divorcio aparte, con el paso del tiempo vaya decreciendo en atracción meramente física ya que no sólo la rutina castra el deseo, sino el propio deterioro físico disminuye el instinto sexual, lo que no es óbice para que vayan creciendo otros conceptos que en algunas parejas con muchos años de convivencia, (creo que quedan referencias antropológicas en algún museo), han funcionado.

Aluminosis de la pareja

Son los casos en donde han aparecido el  diálogo permanente, la búsqueda mutua de la estabilidad profesional incluidas las estrecheces económicas e incluso algún drama familiar. Si estas vicisitudes se comparten, y son superadas codo a codo, el cemento del sexo se transforma, sin perderse del todo, en el hormigón armado de la admiración y el cariño. Lo habitual es que no se aguante el tiempo que requiere el hormigón hasta que cuaje. Es la habitual aluminosis de la pareja.

Y esta “enfermedad”, peligrosa para los aparejadores, se puede solucionar si siguen leyendo hasta el final de estos “Apuntes”, porque antes, como inciso anecdótico y para “abrir boca” les cuento algo muy al pelo de este artículo.

Confidencias matrimoniales

Un amigo jurista me relataba que en cierta ocasión hubo de ejercer como abogado de oficio para defender a una pobre mujer de campo, analfabeta, a la que su marido había agredido con saña. Mi amigo le hizo las preguntas pertinentes entre las que destacaban si el acusado era un hombre habitualmente agresivo, bebía mucho, era mujeriego, no trabajaba o se gastaba parte del jornal en tabernas. Se sorprendió al comprobar que las respuestas de su defendida no eran las habituales sino, por el contrario, hablaba bastante bien de su marido destacando tan sólo que tenía mucho genio y que en algunas ocasiones se ponía nervioso  pero sin llegar nunca a pegarle.

Ante más preguntas sólo sabía decir que: -“Mi Manolo es mú noble, mú trabajadó, pero mú bruto y lo peó que tiene es que é mu nervioso. Cuando lo veo vení der trabajo con la cara descorgá es porque ha tenío argúna discusión con er capatá Siempre dise: “Niña no me hable que hoy vengo que tropieso en er porvo”.

Esta contradictoria confidencia de su defendida quedó despejada el día del juicio cuando declaró el acusado de la siguiente forma: “Mire usté señor jué, estando un servidó matrimoneando con mi señora, aquí presente, y en er momento del éstasi gritó: ¡Ay Rafaé!…y como sabrá usía un servidó se llama Manolo”.

Quién después de cierto tiempo de relación íntima con su pareja no ha tenido en mente (“in péctore” que dicen los Papas que no deben saber de esto) la figura de otro/a miente como un bellaco. Porque desde la imaginación, que va desde un olor a un determinado “ejercicio”, pasando por la visión de una reciente película, los protagonistas, aún sin querer, y como un reflejo condicional, pueden estar amándose con Brad Pitt o con Scarlett Johanson y es aquí donde viene, queridos amigos, el premio del título. Pasen y lean la siguiente noticia aparecida en nuestras páginas de “Acta Sanitaria” el pasado 8 de este mes:

“PORNO CIBERNÉTICO. EL FUTURO HA LLEGADO AL SEXO”

“La empresa líder mundial en salud sexual masculina, Boston Medical Group, ha explicado cómo las nuevas tecnologías están cambiando los hábitos sexuales de los “hombres”, (Nota: este lenguaje exclusivo no es del autor), la Inteligencia Artificial y la Realidad Virtual están entrando en la vida íntima de los seres humanos, complementando las necesidades sexuales tecnológicas que se avivaron con la aparición a finales del siglo XX del sexo cibernético y su posterior consolidación a principios del siglo XXI. La próxima tendencia serán los digisexuales, un concepto del que se ha hablado en películas futuristas como Her o Sex Machina. Se trata de personas cuya identidad sexual primaria proviene del uso de la tecnología, que forman una intensa conexión de relaciones íntimas que nunca haría con los coetáneos. Así, por ejemplo, ya se está trabajando con los sexbots, robots programados con IA y sensores corporales que responden al tacto, que pueden personalizarse para que se parezca a una persona, capaces de realizar hasta 50 posiciones preprogramadas e, incluso, que pueda llegar en el día de mañana a acompañar a los hombres a eventos sociales.”

Avances de la tecnología

Por ello lanzo mi proclama admirativa y solidaria hacia los grandes avances de la tecnología. Desde los muñecos hinchables, (¡por favor que cosa más cutre, asquerosa y antigua!), hasta lo que les acabo de ofrecer, ha pasado relativo poco tiempo durante el cual el impagable efecto de estos avances punteros ha hecho que usted pueda jugar un partido de tenis con Rafael Nadal o bien visitar las cuevas de Altamira sin necesidad, en ambos casos y respectivamente, de pedir cita en la apretada agenda del tenista y de viajar hasta Cantabria y hacer cola.

Basta con que haga uso de unas gafas especiales que le hacen “vivir” las experiencias antedichas.

Así que, de mutuo acuerdo con sus parejas, no se sientan culpables de infidelidad durante la coyunda y hagan uso de las citadas gafas. Cenen tranquilamente en casa, nada de calle discotecas, copas y de más molestas y costosas actividades, pónganse ligeros de equipaje al modo machadiano, se asean (las gafas no atenúan hedores), se acuestan juntos y se dicen:

-“Yo esta noche voy con Charlize Theron, ¿y tú?.”

-¿”Yo?… con el Clooney que, aunque está ya madurito, todavía me pone…”

-“Bueno pues que lo pasemos bien y hasta mañana mi vida”.

-“Igualmente tesoro”.

 

Pedro Caballero-Infante

Farmacéutico. Especialista en Análisis Clínicos caballeroinf@hotmail.es Twitter: @caballeroinf

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