El mirador reflexión sobre la proyección social de la enfermedad mental

Ha muerto Carlos, el loco del barrio

La muerte de quien era un personaje en el barrio, afectado por una enfermedad mental, provoca este diálogo que, en el fondo es una reflexión sobre la proyección social de un problema personal.

-¡Hola, Eugenia! ¿Cómo estás?

-Vaya. Mal. Te llamo para decirte que ha muerto Carlos, mi hijo

-¡Cómo lo siento! Hacía tiempo que no lo veía

-Sí, ya sabes que estaba viviendo en una comunidad terapéutica

-Le iba bien, me dijiste

-Sí, sí. También se le habían echado encima los años, que todo lo serena

-¿Qué edad tenía?

-54 años

-¡Qué barbaridad! No me hacía idea. ¡Pensar que lo conocí de niño! ¡Qué guapo fue!

-El tiempo pasa para todo el mundo. Pero para los enfermos mentales es como si cada año fueran diez

-Sí. Mueren jóvenes. Lo confirman todos los estudios, mueren por las complicaciones de los tratamientos, ya sabes, hay que “tranquilizarlos”, como sea, con inyecciones, o con electrochoques, o incluso atándolos. O mueren por enfermedades evitables, incluso la simple apendicitis que no se diagnostica o se hace tarde y mal. Es puro estigma, el sesgo en contra del sufrimiento mental

-Carlos ha muerto por cáncer de pulmón, ya sabes que fumaba como un carretero

-También tienen cáncer de pulmón los que no fuman. Con una frecuencia cien veces menor, pero no se libran

-En el caso de Carlos se presentó sin esperarlo, como empeoramiento de su fatiga crónica. Cuando le atendieron ya tenía metástasis por todo el cuerpo, Y luego, el remate, pillarse la covid en el hospital

-¿Murió en el hospital?

-Sí, pero como había pedido, sin medidas especiales, sólo con sedación para que la agonía fuera menos dura

-¿Le acompañaste?

-¡Qué más hubiera querido! Yo ya tengo los 85 años, y casi no puedo moverme, con la artrosis y la EPOC, tengo que ir con el andador y casi todo el tiempo con el oxígeno. Le acompañó María, su hermana, que siempre le regañó por el fumar, pero siempre le quiso tal y como era

-También a mí me pedía tabaco cuando me sentaba un rato con él. Tenía una conversación preciosa. Era muy inteligente

-Ya de pequeño le pasaba lo mismo. Hacía preguntas profundas que terminaban molestando a los profesores. Lo malo fue cuando perdió el control y se volvió antisocial, renegando de todo y de todos

-¡Nunca lo vi así! ¡Conmigo y en el barrio siempre fue de lo más pacífico!

-No creas que la convivencia fue fácil. Violento, violento, fue sólo un par de veces, cuando me quedé viuda. Una vez tiró todos los muebles por la ventana

-A veces a mí también me entran ganas de ser violenta y de convertirme en un peligro, a ver si logro que algo cambie en esta injusta y podrida sociedad

-Ya sabes que el peligro no es el enfermo mental para la sociedad, sino la sociedad para el enfermo

-¡Qué dureza y qué verdad!

-Ser enfermo mental es un calvario, con una psiquiatría que parece que todo lo quiere ver como biología. Te dicen eso de que es como una diabetes. Y digo yo que una diabetes también tiene que ver con la sociedad, con el tipo de vida que nos dejan vivir

-Ese es el tipo de cosas que decía Carlos. ¿Sabes que conservo algunas de las hojas que repartía?

-No lo sabía, no me lo habías comentado. Le gustaba escribir y dibujar. Y recitaba de memoria mucho de lo que escribía

-Si quieres te leo lo que tengo más a mano. Lo he encontrado mientras  hablábamos

-Lee, por favor

-“La vida es una flor que maltratamos. El Gobierno nos maltrata a todos. Si quieres ser feliz tienes que pasar de los que mandan, sólo mandan para bloquearnos. Quieren controlarnos y nos controlan. No te fíes de las elecciones, no vayas a votar, te engañan. Vivimos en un jardín pero no nos dejan disfrutarlo. Paz y amor. Amor y paz. Soy de Lacan”. Y toda la página está adornada con dibujos de flores y plantas

-Sí. Ese era el tipo de cosas a las que daba vueltas. Se sentía un anarquista. “un anarquista sin teoría”, decía

-Como buen anarquista era buena persona. Siempre andando por el barrio, dando vueltas por las calles y hablando, o pensando. A veces se sentaba en un banco a la salida del metro y hablaba solo, o con alguien que se sentara a su lado sin miedo. Otras veces lo he visto sentado en el bordillo de la acera, le encantaba, ya nadie se sienta ahí

-Bueno, a veces se ponía a dar voces sin sentido. La gente del barrio se portaba muy bien con él dándole conversación hasta que se calmaba, sin llamar a la policía

-Sí, es verdad. Pero ¿a ti no te han dado ganas de gritar más de una vez ante tanta injusticia y tantísimo dolor sin sentido?

-¡Claro! Pero una se aguanta

-No, si yo también me aguanto, pero comprendo que Carlos no se aguantara. Dicen que dicen la verdad los niños y los locos, y digo yo que es verdad

– Los únicos que dicen la verdad son los locos y los niños. Por eso se encierra a los locos y se “educa” a los niños, como dijo Foucault

-¡Todavía se notan tus estudios de filosofía!

-Ya sabes que he seguido estudiando y leyendo, incluso ahora mismo estoy leyendo un libro de Joanne Faulkner, una australiana, sobre cómo se disciplina la inocencia de la infancia

-A mí no me da para tanto. Lo último que he leído, “Mirada de los peces” de Sergio del Molino

-No sé, con esto de la muerte de Carlos acabo de echarle un ojo a un libro que le encantaba, “Locos”, poesía de Leopoldo María Panero

-Sí, Leopoldo María Panero también fumaba sin parar, ¡y también se declaraba anarcoindividualista! Recuerdo una entrevista de “Es España la que está loca, no yo”. La tengo recortada en papel, dijo aquello de “El loco yerra, pero no miente. Además, tiene la perniciosa manía de decir la verdad.” “La locura, en realidad, no existe”. “Los diputados están como cabras”

-¡Qué grandes verdades!

-Necesitamos a los locos. Necesitamos cambiar esta sociedad para que la locura sea parte de la normalidad. ¡Cuánto sufrimiento podríamos evitar!

-Sí. En la asociación de familiares intentábamos dar sentido a estas vidas sufrientes, la de los “pacientes” y las nuestras. Pero me parece que tenemos poco éxito. Las cosas no van a mejor

-¡Mujer! Estamos en el camino y no hay que rendirse. Tú ahora lo ves más negro por el duelo. Encenderé una vela en su recuerdo y redoblaré con ánimos mi protesta contra la crueldad de la intolerancia ante la variabilidad mental

-Gracias por todo, me consuela oírte

-Gracias a ti. Has sido ejemplo como persona, de mujer, esposa y madre, y en el barrio te apreciamos y reconocemos. ¡Que no te rinda el duelo!

-Besos

-Pasaré a verte en cuanto pueda. Besos

 

Juan Gérvas

Médico general jubilado, Equipo CESCA (Madrid, España). [email protected]; [email protected]; www.equipocesca.org; @JuanGrvas

3 Comentarios

  1. Jesús alonso says:

    Buena historia . Tienes una gran sensibilidad, poco habitual entre los compañ[email protected] que huyen de la enfermedad mental como de la peste.

  2. Manel Serrat says:

    En la misma linea de siempre, con las mismas dianas, y todas en el centro.
    En la historia han habido algunos arqueros, en el presente hay muy pocos y pienso, que tu Juan, eres del grupo de élite.

  3. Núria Ballesta says:

    ¡MUCHAS GRACIAS Dr. Gérvas!

    Leyendo sus artículos, me tranquilizo, me siento acompañada, comprendida…
    He leído este sobre Carlos, y me ha despertado ternura y esperanza.
    También he leído el de las fotos propagandísticas de los sanitarios y la vacunación, y me ha dado ánimo para no rendirme.
    Soy docente, y cómo comenta una persona, la intimidad ante la vacunación es casi nula. Te preguntan y te cuestionan los mismos compañeros que sin pensar ni reflexionar dicen: “yo me vacuno porque dudo y por tanto, no me lo pienso y voy”. A mi me sorprende que ante la duda no haya ganas de informarse, de cuestionarse…
    Gracias doctor, gracias por abrirnos un poco la puerta prohibida regalándonos opinión e información. Uno no se siente tan solo ante este mundo de “borregos” al que cada vez me cuesta más adaptarme.