Punto de vista momento oportuno para el replanteamiento

¿Ha llegado la hora de la Atención Primaria y Comunitaria?

Los autores, vinculados estrechamente a la Atención Primaria, consideran que debe aprovecharse el actual momento en la convicción de que es el camino para alcanzar mejoras en la salud personal y colectiva de la ciudadanía.

Mucho se ha escrito hasta hoy sobre el papel secundario que ha desempeñado la Atención Primaria en la respuesta a la epidemia de la COVID19 en la mayoría de los territorios del Estado. Parece que políticos y gestores sanitarios han asumido por fin, sobre todo a través de las quejas de los profesionales, los graves problemas estratégicos, organizativos y de recursos del nivel básico de nuestro Sistema Nacional de Salud (SNS); deficiencias que no se pueden solucionar de un día para otro y que, por eso, obstaculizan las eventuales actuaciones que la Atención Primaria debería acometer para contribuir a controlar sanitaria y socialmente el problema.

Los problemas de salud como el que nos afecta no pueden ser abordados efectiva, eficiente y equitativamente sin el concurso de los otros sectores comunitarios implicados. Ni tampoco, desde luego, los efectos indeseables que las medidas preventivas tomadas han provocado sobre la educación, la cultura, industria, el trabajo, la hostelería y en definitiva la economía y la sociedad entera.

Para desarrollar adecuadamente esta aproximación intersectorial, la Atención Primaria y Comunitaria puede ser un instrumento útil. Sobre todo si se expande de una vez la dimensión colectiva que apenas se ha materializado en la denominación de las especialidades médicas y de enfermería correspondientes, que como es bien sabido se apellidan de familia y comunitaria, aunque lo hayan sido escasamente.

Readaptar los servicios sanitarios

La COVID19 ha puesto de manifiesto la necesidad imperiosa de la coordinación/integración de muchos de los recursos sanitarios y sociales

Quizás la necesidad de readaptar los servicios sanitarios y, desde luego, de recuperar alguna normalidad comunitaria sea la última oportunidad para reorientar el sistema sanitario como reivindicaba la primera conferencia internacional de promoción de la salud en Ottawa que hará en noviembre 34 años, dos menos que los que cumplirá la reforma de la Atención Primaria en nuestro país. Tal vez nuestra anticipación, junto con la espectacularidad del progreso de las especialidades hospitalarias y otras razones de carácter más político, puedan explicar las limitaciones de la experiencia, particularmente a la hora de promover una política colectiva de promoción de la salud comunitaria.

Unas limitaciones que caracterizan al conjunto de la atención primaria y con él a todo el Sistema Nacional de Salud, pero que no han impedido notorias iniciativas atribuibles al tesón y al voluntarismo de los profesionales, en ocasiones con la complicidad de las entidades cívicas y comunitarias o viceversa.

Iniciativas que han generado reflexiones y experiencias que podrían sernos de mucha utilidad en estos momentos. Los ejemplos son afortunadamente bastante numerosos como para no mencionarlos todos por falta de espacio. De algunos de ellos se hizo eco el Informe SESPAS 2018 dedicado a la Salud Comunitaria y la Administración local (https://www.gacetasanitaria.org/es-vol-32-num-s1-sumario-S0213911118X00053)

Transformación de la Atención Primaria

Muchas de esas iniciativas siguen vigentes y otras nuevas se han generado en respuesta precisamente a la situación producida por la epidemia, como las sugerencias y recomendaciones del equipo de promoción de la salud del propio Ministerio, el apoyo de la dirección general de Salud Pública de Baleares a las propuestas estratégicas de la cooperativa APLICA o los recopilatorios de la Escuela Andaluza de Salud Pública protagonizados por Mariano Hernán y Daniel García.

Parece que políticos y gestores sanitarios han asumido por fin, sobre todo a través de las quejas de los profesionales, los graves problemas estratégicos, organizativos y de recursos del nivel básico de nuestro SNS

Proyectos cuya continuidad y desarrollo podrían constituir un acicate decisivo para la transformación de la Atención Primaria de hoy en la Atención Primaria y Comunitaria que necesitan nuestras políticas de bienestar y calidad de vida si pretenden efectivamente ser fuente de mejoras significativas de la salud de las personas y de los colectivos. Para lo cual son imprescindibles elementos aglutinadores que, además de cohesionar, sean capaces de multiplicar su repercusión. La implicación de la comunidad es, desde luego, decisiva y la responsabilidad de la administración local y en particular de algunas diputaciones provinciales para fomentarla, puede ser definitiva. En este sentido vale la pena citar las actividades de la red local de salud comunitaria de Barcelona en colaboración con los profesionales de la salud pública del territorio[1]. Porque conviene integrar las perspectivas colectivas de la salud comunitaria y de la salud pública, como se propone el proyecto COMSalut en el que 16 equipos de Atención Primaria comparten responsabilidades con profesionales de los dispositivos de la Agencia de Salud Pública de Catalunya en los grupos motores de cada área (zona) básica de salud implicada.

Coordinación de recursos sanitarios y sociales

La COVID19 ha puesto de manifiesto la necesidad imperiosa de la coordinación/integración de muchos de los recursos sanitarios y sociales, así como la importancia de sus alianzas estratégicas y prácticas en los territorios con los activos comunitarios que inciden de forma significativa sobre los determinantes sociales primarios y secundarios del nivel de salud.

Conviene, pues, aprovechar estas experiencias y la oportunidad que abre la situación de desconfinamiento para estimular una respuesta de los decisores políticos que se traduzca en los cambios tangibles que deben experimentar los servicios públicos, en este caso los sanitarios y sociales, para ser más efectivos bajo la perspectiva comunitaria.

Sin caer en un optimismo ingenuo que nos haga olvidar que estamos hablando de cambios culturales políticos, pero también sociales y profesionales, que no se van a producir de la noche a la mañana. Es por ello que aunque todo parezca indicar que, efectivamente, ha llegado la hora de la Atención Primaria y Comunitaria en nuestro país y sistema, es necesario que no sucumbamos a la tentación de bajar la guardia y dejemos de exponer con voz cada vez más alta y clara nuestra convicción de que este es el camino para alcanzar mejoras significativas en la salud personal y colectiva de la ciudadanía.

 

[1] (https://www.diba.cat/web/salutpublica/butlletins/-/newsletter/35521038/95/317455140/la-pandemia-de-la-covid-19-un-repte-per-a-la-salut-publica-local)

Amando Martín Zurro y Andreu Segura Benedicto

Amando Martín Zurro, doctor en Medicina y Cirugía. Especialista en Medicina de Familia y Comunitaria y Medicina Interna. Andreu Segura, epidemiólogo jubilado. Vocal del Comité de Bioética y del Consejo Asesor de Salut Pública de Cataluña. Médico especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública.

4 Comentarios

  1. Amando Martín Zurro says:

    Apreciado Fernando: El área de cuidados paliativos es de enorme importancia para conseguir que los pacientes en etapa final de su vida reciban la mejor atención posibles desde todos los puntos de vista, incluido el científico-técnico, como en urgencias y emergencias o en infecciosos. La competencia en estas y otras áreas debe ser acreditada y reconocida oficialmente, lo que no quiere decir que sea imprescindible que se transformen en otras especialidades con titulación. Mi opinión es que se trata de áreas de ejercicio profesional a las que se puede acceder desde distintas especialidades. En un país como el nuestro, en el que la tendencia a la burocratización y compartimentación del acceso a los lugares de trabajo es la norma, si se transforman en especialidades se corre el grave riesgo de introducir una mayor rigidez en dicho acceso. El problema es que en España se tienen que desarrollar plenamente las denominadas Áreas de Capacitación Específica, a las que se pueda acceder desde distintas especialidades y este hecho aún está pendiente.

  2. Montse says:

    Excelente propuesta ¿Se tendran en cuenta también a los equipos municipales (promoción de la salut, salut comunitaria, etc.) para integrar las perspectivas colectivas de la salud comunitaria y de la salud pública? ¿Se hará por voluntad política o se prevé hacerlo de manera normativa? Gracias,

  3. Isidoro Jiménez Rodríguez says:

    ¿Transformar o desmedicalizar?
    Bajo mi punto de vista, a estas alturas a nadie le puede pillar por sorpresa las tácticas galénicas de desvirtuar la realidad mediante la mentira. Opino que el fracaso de nuestra Atención Primaria (AP) en el abordaje de la presente pandemia es algo incuestionable. Lejos de reconocer sus errores, los médicos siempre prefieren dar un salto hacia adelante, ignorando la realidad y proponiendo más personal y recursos ¡A buenas horas “mangas verdes”!, que asegura el dicho popular.
    Para un servidor la AP no funciona, sencillamente, porque está dirigida por médicos, y no por los profesionales, cuyo rol, está más en consonancia con la finalidad de la misma. Poca fama y notoriedad pueden adquirir los galenos en esta esfera asistencial, luego poco interés y “vocación” les va a despertar nunca.
    Sigan ustedes engañando a la sociedad, exigiendo 10 o 15 minutos por paciente, o señalando que ven al día 40 o 50 pacientes. La inmensa mayoría de estos últimos acuden a sus consultas a por recetas sucesivas de tratamientos sempiternos, que deberían generarse automáticamente, sin necesidad de consulta. Porque otro de los “méritos” de nuestra AP ha sido empastillar, sin ton ni son, a millones de ciudadanos, siguiendo las directrices de los negocios farmacéuticos.
    Y claro que es el momento oportuno. Pero para poner al médico, también en este ámbito asistencial, como lo que es: un profesional sanitario más.