Punto de vista Punto de vista

Gestión Clínica: ¿buenos o malos tiempos para una excelente idea?

Para el analista se está hablando mucho de gestión clínica, en la que está todo por hacer, al tiempo que siguen empantanadas las reformas sanitarias en la asistencia.

En las Jornadas de Economía de la Salud de Granada, que acaban de celebrarse, me pidieron unas reflexiones sobre balance y perspectivas de esto que venimos llamando “gestión clínica”. Ahora está en debate público, particularmente desde que en 2013 el Foro de la Profesión Médica y el Ministerio de Sanidad la incluyeran en un compromiso firmado con espectáculo de luz y sonido en la Moncloa, y también tras la sorpresiva modificación a través de ley de que no tenía nada que ver, del Estatuto Marco y de la Ley de Ordenación de Prestaciones (sin negociación y sin explicación).

A esto se añade la reciente difusión de un proyecto de Real Decreto sobre este mismo tema, que no entraremos a analizar por su irrelevancia normativa y técnica (aunque merecería una reflexión sobre cuál es el papel, o el papelón,) que le toca a un Ministerio de Sanidad cuyas competencias legales, técnicas y asignativas están tan erosionadas…

La “gestión clínica” debería haber amparado un ambicioso proceso de potenciación de los micro-sistemas clínicos en cuatro vertientes: decisiones, procesos, coordinación/motivación y estructura

Veamos. Creo que la “gestión clínica” debería haber amparado un ambicioso proceso de potenciación de los micro-sistemas clínicos en cuatro vertientes: decisiones médicas efectivas, seguras, apropiadas y sensatas; trabajo por procesos y aprovechamiento al máximo de la estandarización, delegación y automatización;  uso de instrumentos para coordinar y motivar (liderar) a los grupos humanos que componen los microsistemas; y cambios en la estructura del hospital o la atención primaria para facilitar el profesionalismo y fomentar la autonomía responsable de los microsistemas (incluido rediseños en áreas y unidades de gestión clínica).

Sin embargo el desarrollo de esta estrategia se ha ido centrando en el componente estructural, y en particular cómo hacer unidades, qué tipos, de qué tamaño, quién se incorpora, quién manda, si se puede entrar y salir voluntariamente, cuántos incentivos, etc.. Un menú mucho más limitado que el arriba indicado.

 Capacidad reformadora

Y precisamente el debate se ha centrado allí donde la falta de capacidad reformadora de la política sanitaria es más acusada; porque el “confortable estado del malestar” en el que está instalado la mayoría de agentes y la desconfianza mutual sobrevenida por la crisis han condicionado un cierre progresivo de las posibilidades de trasformación en esta dirección. Con este clima era inevitable este alud de disputas, debates desenfocados y triviales, y despropósitos a los que estamos asistiendo, y que pueden bloquear e incluso dar al traste con esta importante política reformista tanto para el SNS como para el progreso de la medicina española.

Precisamente el debate se ha centrado allí donde la falta de capacidad reformadora de la política sanitaria es más acusada

Sin un exceso de malicia, cabría interpretar que el Ministerio de Sanidad, cogido a contrapié en la austeridad sanitaria, intentó paliar su desesperada situación con los mencionados cambios normativos atolondrados de 2013 (Ley 10/2013), y las iniciativas de pacto y foto con las profesiones, poniéndose al frente del movimiento que defendía que la gestión clínica podría ser una herramienta clave para la sostenibilidad del SNS. Sin embargo, estas propuestas extemporáneas y sobrevenidas no son creíbles, y mucha gente considera que objetivamente juegan un papel de pasatiempo político: algo que entretiene y fija el debate en un ámbito menos perturbador que el de los recortes.

Confusión y rechazo

Entre los profesionales cunde la confusión y la controversia, mientras se extiende el rechazo contra iniciativas de los diferentes servicios regionales de salud:

  • unos hablan de profesionalismo, implicación, responsabilidad y autonomía. ¿OPORTUNIDAD?
  • y otros temen más presión, menos recursos, y más austeridad auto-infligida. ¿TRAMPA?

Parece además dibujarse un gradiente geográfico de desconfianza y hostilidad:

  •  En el norte de España (Galicia, Castilla y León…) hay más suspicacia: la gestión clínica es para ahorrar, para echarle otra tarea a los médicos en la mochila (lo de la sostenibilidad); o peor, para fragmentar primero y privatizar después la sanidad.
  • En el sur de España (Andalucía) miran boquiabiertos este debate, porque se supone que llevan diez años con eso de la gestión clínica y el resultado es que nada de lo anterior ha ocurrido, pero tampoco notan que las cosas maravillosas que se supone traía el nuevo modelo se hayan evidenciado.

Mientras tanto las reformas necesarias en la meso gestión y en la micro gestión siguen empantanadas: ¿habremos de cambiarle el nombre a la gestión clínica para darle una segunda oportunidad?, ¿quizás GOBIERNO CLÍNICO?

Y también va madurando la idea de que la gestión clínica, desacoplada de cambios en la meso-gestión (profesionalización gestora y órganos colegiados de gobierno), y sin regeneración de la macro-gestión a través de buen gobierno de los cinco factores (rendición de cuentas, transparencia, participación, integridad e inteligencia), será una gestión clínica alicorta y amenazada con desbandadas periódicas.

Cuánta falta hace un gobierno que gobierne, y gobierne bien en la sanidad…

José Ramón Repullo

Profesor de Planificación y Economía de la Salud de la Escuela Nacional de Sanidad, y director técnico de la Fundación para la Formación de la OMC

1 Comentario

  1. JESÚS FERNÁNDEZ ROJAS says:

    José Ramón, deja ya de elucubrar y mira a los enfermos que tan abandonados están.
    ¿Cuantas horas de cursos, congresos, de todo tipo, habeis realizado los “intelectuales” de la salud, sin que sirvan absolutamente para nada en beneficio de los enfermos y profesionales que verdaderamente trabajan?