Política y Sociedad Entrega los galardones a la Investigación Biomédica 2019

La Fundación Lilly premia la persistencia investigadora de Josep Dalmau y Pura Muñoz-Cánoves

La Fundación Lilly ha otorgado sus Premios de Investigación Biomédica 2019 a la doctora Pura Muñoz-Cánoves, por su estudio del envejecimiento celular y muscular, y al doctor Josep Dalmau, por sus descubrimientos en relación con las enfermedades neurológicas y psiquiátricas de origen autoinmune, quienes afirmaron que necesitaron “persistencia” y “resistir un poco la presión” para llevar adelante sus investigaciones.

El director de la institución organizadora de estos galardones, José Antonio Sacristán, recordó que la misma se basa en el fomento de la Ciencia, la innovación y el humanismo. En el camino de la Ciencia, se desarrolla en dos líneas. La primera es “el fomento de la cultura científica del país”, que este año se impulsará a través de la creación de una guía para docentes en la que se tratará de establecer la manera correcta de la enseñanza de la Ciencia.

Por otro lado, se encuentran estos galardones, que son “la línea más consolidada de la Fundación Lilly”, según José Antonio Sacristán, que estuvo acompañado por los dos premiados en esta edición, con los que la organización suma ya 36 personalidades reconocidas desde 2002. “Estos nombres hablan por sí mismos de la importancia de estos premios”, declaró.

En el acto, ambos científicos expusieron las que habían sido sus líneas de investigación. En primer lugar, Pura Muñoz-Cánoves explicó que el objetivo de su laboratorio fue estudiar las causas de la degeneración del tejido musculoesquelético, que soporta el 40 por ciento de la estructura corporal. Según indicó, la visión más habitual sobre el envejecimiento es que se produce de manera gradual.

Pérdida “drástica” de masa muscular

“Somos jóvenes poco tiempo”, desarrolló la catedrática de Biología Celular en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y jefa del grupo de regeneración tisular del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), ya que, a partir de los 25 años, se comienza a perder masa muscular. Sin embargo, esta pérdida gradual de masa musculoesquelética no es del todo cierta, ya que, “al final de la vida, hay una pérdida muy drástica”, aseguró.

A partir de los 80 años, pues, aunque dicho “con cautela” porque también pueden influir causas genéticas, la degeneración es mucho más pronunciada, continuó esta investigadora. Su laboratorio buscó las causas de esta pérdida radical y encontró un factor en las células madre musculares que mostraba que estas entraban en un estado de senescencia y ya no podían dividirse. Este marcador no puede modificarse.

Pura Muñoz-Cánoves y José Antonio Sacristán

Por otro lado, se analizó el proceso de autofagia, es decir, la actividad intracelular de limpieza. En el envejecimiento, esta capacidad se pierde y se acumulan tejidos que son tóxicos. En este punto, según refirió Muñoz-Cánoves, sí que se puede interferir y “aumentar la capacidad autofágica” para “poder vivir más años con más salud”. “Creemos que se puede aplicar a otros tejidos”, finalizó.

Problemas de la respuesta inmunológica

Por su parte, Josep Dalmau detalló cómo su estudio comenzó con un análisis de persona con cáncer y complicaciones neurológicas, algunas de las cuales venían provocadas por la respuesta inmunológica contra el sistema nervioso causada por la inmunoterapia que, aunque es eficaz, según él, provoca ciertos efectos secundarios.

Algunas de estas enfermedades no estaban relacionadas con el cáncer, 16 de ellas hasta el momento desde que comenzó la investigación en 2007. “Lo que ocurre es que los pacientes desarrollan respuestas autoinmunes y una serie de síntomas como crisis epilépticas, alteraciones mentales, dificultades para moverse…”, describió Dalmau. Estas enfermedades “estaban ahí, no son nuevas, lo que es nuevo es conocer sus mecanismo”, añadió.

La investigación se desarrolló para descubrir las enfermedades, describirlas para el conocimiento de los médicos y que existieran modelos diagnósticos acordes e intentar, así, tratarlas mejor. “Quedan más por descubrir”, advirtió el director del Programa de Neuroinmunología Clínica y Experimental del Instituto de Investigaciones Biomédicas August Pi i Sunye (IDIBAPS)-Hospital Clínic de Barcelona, para, después, añadir que algunas de ellas podrían ser tan frecuentes como las encefalitis víricas.

Persistencia y limitaciones

En este punto, ambos investigadores refirieron las dificultades que encontraron a la hora de poner en marcha sus estudios. Dalmau explicó cómo algunas de sus peticiones de becas fueron rechazadas por la “tradición” en el estudio de las enfermedades neurológicas y necesitó “persistencia” para acabar con el mito de que el cerebro es “inmunoprivilegiado”.

Josep Dalmau

“A veces es un poco cansado”, reflexionó este investigador, quien celebró que existan centros como el Catalan Institution for Research and Advanced Studies (ICREA) y el Hospital Clínic, que facilitan la tarea investigadora. “Cuanto más grande y más aureola tiene un centro”, declaró, más dificultades administrativas y pérdida de tiempo se produce, algo que no ocurre en estos centros catalanes.

Muñoz-Cánoves aseguró también que en algunos momentos, al contradecir investigaciones de otros científicos, tuvo sensación de “vértigo” aunque “solo hubo que resistir un poco la presión”. Por ello, puso en valor la “flexibilidad” de ICREA, un modelo que debería “expandirse al resto” de instituciones de investigación.

“Siempre es muy agradable recibir este tipo de reconocimientos. Es un honor. Es importante que en nuestro país esto se conozca, que haya instituciones como Lilly que tengan estos premios y de una forma estable. En cualquier país que vayas te hablan de limitaciones, pero lo importante es que la gente joven se de cuenta de que hay interés. Cualquier tipo de ayuda en la Ciencia es válida”, finalizó Dalmau.