Política y Sociedad Tras la genómica, la proteómica y la metabolómica, llega la hora de la personómica

La Fundación Lilly apunta a superar miedos y complacencias tras la primera ola de la pandemia

La Fundación Lilly ha apuntado a superar miedos y complacencias tras la primera ola de la pandemia de la Covid-19, tesis que defienden los dos médicos invitados a la nueva convocatoria del ciclo ‘Argumentos Cruzados‘, destinada a profundizar en el humanismo médico.

Esta nueva cita, programada para conocer el funcionamiento de los modelos médicos centrados en el paciente, partió de la crisis asistencial como oportunidad para reforzar las áreas de la ciencia, la Medicina y el humanismo, como pilares del ideario de la entidad convocante.

José Antonio Sacristán

La persona como itinerario y meta

El director de la Fundación Lilly, el doctor José Antonio Sacristán, dio argumentos en su introducción a favor de la idea de que está próxima la llegada de la personómica, como destino y meta de la Medicina centrada en el paciente. Además, considera más oportuno que nunca encontrar los cauces necesarios para situar al paciente en el centro de las decisiones y procesos sanitarios.

A juicio de José Antonio Sacristán, de ahí nació la importancia de contar con testimonios de primera línea en un encuentro virtual en el que debatir, desde el conocimiento y la serenidad, si realmente llegó el momento de la personómica, en un diálogo que volvió a situarse sobre los tres pilares en los que radica la actividad de la Fundación Lilly, como son la ciencia, la Medicina y el humanismo.

La pandemia estuvo a pique de romper las costuras del sistema asistencial, por lo que el director de esta Fundación ve llegado el momento de valorar si las instituciones, los hospitales, los centros de investigación y los propios pacientes están realmente preparados para superar la presente crisis, y las venideras, con un reforzamiento del factor humano en todas las intervenciones.

Personómica, concepto afortunado

Sacristán, que no adelantó contenidos del debate entre los dos invitados, sí apuntó a que Medicina centrada en el paciente trasciende el concepto de humanización, ya que la idea de “personómica” nació del autor de un editorial publicado en una revista médica, en un texto en el que defendió la idea de añadir el sufijo “ómica” a la nueva corriente de dicha Medicina centrada en el paciente, con el ánimo de llamar la atención sobre una ciencia médica que, a veces, parece mirar más a los genes que a la propia persona.

Gloria Gálvez

Repartir la palabra

La jefa de la Unidad de Atención a la Ciudadanía del Hospital General del Vall d’ Hebrón de Barcelona, la psicóloga social Gloria Gálvez, moderó esta cita dialéctica entre dos médicos internistas destacados por su experiencia en bioética y humanismo clínico.

Gloria Gálvez, que dirigió las preguntas a los dos protagonistas del día, advirtió de los riesgos que supone tener una Medicina cada vez más tecnificada y propensa a deshumanizarse, peligro que considera abonado para la generación de conflictos éticos surgidos en la práctica clínica.

Todo ello dentro de una evolución paralela, pero raramente coincidente, según describió Gálvez, entre la marcha de la Medicina basada en la evidencia y la basada en el paciente, un hecho que lamenta profundamente por ser las dos facetas imprescindibles para una misma esfera asistencial.

En un momento del debate, su moderadora observó que es muy escaso el número de testamentos vitales en España, cifrado hoy en apenas 314.000, según el Ministerio de Sanidad. Reflexionó, además, sobre si la falta de tiempo puede ser una excusa para que los clínicos no tengan una buena comunicación, verbal y no verbal, con sus pacientes.

Gabriel Heras

Por la buena senda en UCI

El creador del proyecto HU-CI, ‘Humanizando los Cuidados Intensivos‘, del madrileño Hospital Universitario de Torrejón, el doctor Gabriel Heras, describió la crisis generada por el SARS-CoV-2 como un “guantazo” que debe mover a todos a buscar un cambio profundo que no signifique volver a las andadas. En ese sentido, y aunque la llegada de la nueva enfermedad supuso replantear todo el trabajo de seis años realizado en el proyecto HU-CI, sí acreditó que este centro estaba avanzando en la buena dirección humanizadora.

Como factores sometidos a una revisión a fondo, señaló Gabriel Heras la participación de las familias en los cuidados intensivos, la función de los profesionales asistenciales y el proceso de morir, aunque aseguró que las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) son espacios de vida. Declaró, además, que es más firme y tangible la Medicina centrada en el paciente.

En primera línea

Heras, que es especialista en Medicina Intensiva, recoge, en su libro ‘En primera línea‘, sus experiencias acumuladas en los momentos más duros de la pandemia de la Covid-19. Entre estas vivencias, destacó lo ocurrido al primer paciente con la Covid-19 hospitalizado en la Comunidad de Madrid.

A respuesta de otra pregunta de Gálvez, este ponente consideró que las habilidades de humanización se pueden y deben entrenar aunque la pandemia pudiera hacer pensar que la empatía está en horas bajas por el cansancio acumulado en los profesionales sanitarios. No ve, por otra parte, incompatibilidad entre el sobre esfuerzo y el deseo de atender a la persona que sufre de la forma más humana posible, en todas las ocasiones.

Hospitales más humanizados

En refuerzo de esta idea, Heras aseguró que los hospitales con planes de humanización en su funcionamiento pudieron tener un comportamiento mucho más favorable que aquellos que carecen de los mismos. Pese a ello, encuentra una laguna biosocial en la formación de los profesionales porque se pone el foco casi en exclusiva en las competencias técnicas y de base biológica.

Este ponente describió la insatisfacción e infelicidad que sintieron muchos profesionales sanitarios, con verdadera “hambre de piel”, al no poder estrechar la mano o poner el hombro a disposición de los pacientes, debido a los aparatosos medios de protección personal contra el virus, por lo que el personal asistencial redobló sus esfuerzos en videollamadas y surgieron iniciativas como ‘Acortando las distancias‘ y ‘H-Unidos‘, del proyecto HU-CI.

Estas fueron respuestas espontáneas que buscaron hackear la realidad, en concepto utilizado por este médico, mediante píldoras emocionales, a lo que sumó la necesidad de prohibir las prohibiciones absolutas, que protagonizaron la pandemia, sin volver a ser víctimas del miedo, como alegó este conferenciante.

Paternalismo versus autonomía

Heras asume como necesaria la transición de la atención paternalista al respeto por la autonomía del paciente, para acompañar a las personas en sus procesos, con derecho a estar informadas y recibir los mejores consejos técnicos, porque hoy todo el mundo tiene acceso a la información y, al terminar la segunda década del siglo XX, habría que desterrar, a su juicio,el decimonónico lema del “todo por el paciente, pero sin el paciente”, para dar lugar, añadió, a un asentado empoderamiento de las gentes, sean o no pacientes.

Apela este internista a los principios de la bioética, la proporcionalidad de los tratamientos, la autonomía, la justicia, la beneficiencia y la no maleficiencia, en su defensa de la asignación de recursos que hacen los profesionales sanitarios cuando estiman que van a ser de utilidad para los pacientes.

Todo ello sin dar crédito Heras a la exclusión de entrada en UCI por razones de edad avanzada, que llegó desde Italia, cuando este país llevaba delantera en la pandemia. En ese sentido, argumentó que el cantante Pau Donés, recientemente fallecido a los 53 años por un cáncer de colon, no respondió a los criterios de inclusión en UCI al final de su vida, a pesar de ser notablemente joven.

Mortalidad equiparable

Heras afirmó que la sociedad española, y su Sanidad, aún no hicieron un debate serio sobre el inevitable proceso de morir. Respecto a la mortalidad causada por el nuevo coronavirus en UCI, calculó que se mantuvo en rango similar a la observada en China e Italia, aunque cuadruplicó las tasas habituales en cuidados intensivos, previas a la pandemia, ya que, en condiciones normales, nueve de cada 10 personas sobreviven a la enfermedad crítica por acción de estas unidades especializadas.

Según este ponente, la mortalidad por fracaso mono orgánico de los pacientes de la Covid-19, centrada en los pulmones, se disparó también en casos de fracaso metabólico, hepático, renal o de otro tipo, como las situaciones hemodinámicas o neurológicas deterioradas, puso como ejemplo.

Todo ello con la salvedad de que conectar a personas con su supervivencia muy comprometida, a múltiples aparatos, conlleva una alta carga de sufrimiento, cuando el objetivo de las UCI es devolver a la persona a su situación previa a su ingreso.

Duelo y Salud Mental

Heras comentó que su libro recoge el permiso dado a los familiares para dar su último adiós a los pacientes de la Covid-19 ingresados en las UCI, una decisión que surgió de forma natural para no impedir este tipo de despedidas que ayudan mucho al proceso de duelo.

Alerta este internista, igualmente, de que la nueva pandemia que sucederá a la primera y que, se temió, vendrá en forma de trastornos mentales para la población y no pocos profesionales sanitarios. Paralelamente, señaló que la pandemia se comporta como una masacre en América Latina, ante la falta de adecuadas medidas de contención.

Benjamín Herreros

No tan buenos como creíamos

Como réplica, el director del Máster en Bioética Clínica FOM-UIMP de la cántabra Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander, el doctor Benjamín Herreros, que es médico especialista en Medicina Interna del Instituto de Ética Clínica Francisco Vallés-UE, razona que la pandemia vino a demostrar que el sistema sanitario no era ni tan bueno en lo técnico ni tan perfeccionado en lo humanístico.

Ello ante una carencia de recursos que no fue exclusiva de España, que también fue paralela a la falta de preparación de profesionales y pacientes para abordar situaciones humanas tremendamente conflictivas, en las que, puso como ejemplo Benjamín Herreros, los primeros no sabían ni a quién informar ni como hacerlo.

Herreros estima que analizar lo ocurrido no debe llevar a buscar responsables, sino a pensar donde estuvieron los fallos para no caer en el futuro en similares errores, por lo que pide compasión hacia las actuaciones del personal asistencial y comprensión para las reacciones de pacientes y familiares, dadas las extremas circunstancias vividas por todos.

El miedo, mal consejero

En ese sentido, evidenció este ponente que muchas de las decisiones y reacciones fueron dictadas por el desconocimiento y el miedo, que suelen ser malos consejeros. Además, entiende que el uso de medios de protección contra la infección que dieron a los profesionales sanitarios el aspecto de buzos o astronautas también pudieron hacer de barrera para la percepción humana de su trabajo por parte de los pacientes.

Este fue un hecho que fue salvado en muchos centros asistenciales porque el ingenio de médicos y enfermeras les llevó a pegarse en las batas su propia foto. A pesar de todo lo anterior, Herreros encuentra múltiples casos en los que el contacto humano con los pacientes de la Covid-19 fue mucho más estrecho que el que era corriente antes de la pandemia.

Pensar en los más vulnerables

Desde la experiencia histórica de las pestes y otras pandemias, Herreros ve el rasgo común que tienen los grupos para salvar al mayor número de individuos, pero con el riesgo de dejar caer a los más vulnerables, porque los dictados de la Salud Pública pueden hacer incurrir a las autoridades en un paternalismo que se expresa con ínfulas autoritarias, con lesión incluso de algunos derechos individuales que, sin existir la situación de pandemia, serían intocables.

Atribuye este internista toda la culpabilidad de lo ocurrido al virus y no a este o aquel médico, ni a este o aquel Gobierno, para lo que propone poner la vista ante posibles vueltas al infierno asistencial con la mejor preparación posible, sin que nuevas situaciones dramáticas puedan cebarse de nuevo en los más vulnerables, tal como desea.

Decisiones muy amargas

Al ser internista de planta Covid, Herreros destacó que pesaba sobre su perfil y el de sus compañeros decidir si un paciente ingresaba o no en UCI, donde habría de recibir un tratamiento bastante agresivo que le retuviera a la vida, para lo cual el hospital en el que trabaja contaba con un comité de triaje y otro ético, con participación de personal de UCI, para adoptar decisiones tremendamente difíciles, aunque sujetas a criterios técnicos de posibilidades de supervivencia y gravedad de cada caso en cuestión.

Las decisiones colectivas de los equipos no evitaron una enorme carga de sufrimiento para los profesionales que hoy vuelve en forma de estrés post traumático, hasta el punto de que hay muchos sanitarios, lamentó decirlo, que dudan tener fuerzas suficientes para pasar otra vez por lo mismo.

Sobre la obstinación terapéutica

Herreros anima a estar alerta para que la Medicina no caiga en la obstinación terapéutica, al margen de que puedan existir situaciones de pandemia que compliquen aún más la realidad por falta de medios. Junto a ello, confirmó que es escaso el número de ciudadanos (0,5%) que en España formalizaron su testamento vital, también llamado documento de instrucciones previas o voluntades anticipadas.

Los mencionados son textos que raramente afectan al triaje, por ejemplo, en casos de pandemia, cuando suelen atender a preferencias sobre el uso de sondas nasogástricas, el ingreso o no en UCI, o sobre el deseo de fallecer en casa.

En palabras de Herreros hubo muchos dilemas éticos estos pasados meses, como, por ejemplo, la obligación de informar a las familias según el criterio de cada equipo asistencial y dadas unas dificultades de comunicación muy acusadas durante la pandemia, aunque, en general, detecta un comportamiento de comprensión ejemplar por parte de las mayoría de las familias.

Finalmente, Herreros reivindica el valor terapéutico de la proximidad al paciente, que también debe pasar por el contacto físico que genera confianza, porque la ciencia no es una entidad neutra, sino que siempre debe estar sujeta a los límites de la ética, apostilló.