Política y Sociedad A través de un libro editado con la Fundación Gaspar Casal

La Fundación Alternativas postula un nuevo contrato social fruto de la pandemia de la Covid-19

La Fundación Alternativas ha postulado, este jueves, 8 de julio, un nuevo contrato social fruto de la pandemia de la Covid-19, a través de un libro de referencia editado en colaboración estrecha con la Fundación Gaspar Casal.

La obra, titulada ‘Sociedad entre Pandemias‘, recoge los análisis y opiniones de pensadores de primera fila para alimentar el diálogo abierto, crítico y constructivo sobre los cambios que cabe esperar en la sociedad afectada por la crisis sanitaria y su reflejo en la economía.

Diego López Garrido

Más que un libro

El vicepresidente ejecutivo de la Fundación Alternativas, Diego López Garrido, alabó el trabajo editorial desarrollado, desde la licencia futbolística de expresar que es más que un libro lo presentado, como término solo atribuible a llenar de contenido exclusivo el interior de sus portadas y no ser una mera recopilación de sueltos técnicos o periodísticos mal hilados, como a veces ocurre.

Destacó Diego López Garrido del texto su oceanografía de los efectos globales sistemáticos de la pandemia en una sociedad tan globalizada como la actual, al tener presente que, siempre que se sale de un túnel, cuya luz al final ya se empieza a ver en este caso, es para llegar a algo totalmente distinto.

Decálogo de cambios

López Garrido resumió los aciertos del libro en un decálogo de cambios operados en el país y su sistema sanitario, según exposición de Irene Martínez Sauquillo, diez razones que empiezan por la revalorización de la ciencia al haber logrado vacunas eficaces y seguras a los pocos meses de la aparición del patógeno.

Todo junto a un cambio en el sistema económico y financiero que hará que los fondos de recuperación vayan a la salvaguarda del clima, mientras que las multinacionales aceptarán un impuesto del 15 por ciento en los países en los que operen.

Como tercer gran cambio, López Garrido señaló el vuelco que ha experimentado el sistema laboral y la irrupción imparable del trabajo y teletrabajo, no sin contrapartidas, como la posible pérdida de intimidad de los trabajadores, al abrir sus casas a sus jefes y compañeros de trabajo, como recoge, en el libro, Gemma Galdón.

Digitalización y valores

En cuarto y quinto lugar, López Garrido destacó el cambio en la educación mediante la digitalización y el cambio en los valores que detecta Fernando Vallespín, respectivamente, al ser la dicha digitalización destino de buena parte de los fondos de reconstrucción, transformación y resiliencia, mientras que en materia de ética social, se ha despertado una notable reacción política y cívica para proteger a los más vulnerables.

Ello para auspiciar, como defiende el economista Antón Costas, que ha nacido un nuevo contrato social en el que no cabe que algunos digan que la marcha de la economía es compatible con las muertes de algunos, al haber destapado la crisis que las minorías son más vitales que nunca.

Como sexto cambio, este vicepresidente resaltó modificaciones políticas oscilantes entre el populismo y el intervencionismo, frente a una positiva vuelta a lo público en lo social, junto al cambio siete de la geopolítica que sigue el G-20 y que analizará la propia UE en su muy próxima convención, en un panorama en el que la pandemia también ha traído más dosis de post verdad y fake news, conceptos distintos, como cambio ocho.

Visión holística

Finalmente, sobre los cambios nueve y diez del decálogo, destacó este ponente la irreversibilidad de analizar la nueva situación desde múltiples puntos de vista y perspectivas, dentro de lo que Juan del Llano llamó perspectiva holística; además de la consagración de la democracia como mejor forma de organización política humana, al margen de los estragos que haya sufrido en algunos puntos del planeta durante la pandemia.

Al ser este cambio diez, una transformación en la que ya no caben revoluciones de orden político, a su juicio. A partir de las respuestas que da el libro a estos diez cambios impulsados por la pandemia, considera López Garrido que la obra presentada será libro de texto en las próximas décadas desde su dimensión de estímulo, memoria y propuestas para la acción.

Juan del Llano

Bajar la incertidumbre

El director de la Fundación Gaspar Casal, el doctor Juan del Llano, agradeció los elogios dirigidos al nuevo libro, trabajo que surgió en abril de 2020 con la vocación de articular 37 capítulos y dar voz a 48 autores de talla intelectual para poder plantear una excelente disección de los cambios operados por la pandemia en las relaciones y las estructuras sociales, desde una perspectiva tan multidisciplinar como transversal.

Ello con el principal objetivo de reducir la carga de incertidumbre que acompaña al hecho de vivir en sociedad desde marzo de 2020. Del primer interviniente del día, Fernando Vallespín, el propio Del Llano destacó la sagacidad de sus planteamientos en materia de política, sociedad y ética, cualidad que ya quedó patente cuando dirigió, en otro tiempo, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).

Mientras que de Antón Costas, hoy presidente del Consejo Económico y Social (CES), destacó su agudeza para intuir un nuevo contrato social postpandémico, también con reflejo en la Sanidad, a la que le unió ser jefe del gabinete de Ernest Luch, en tiempos en los que el Ministerio de Sanidad alumbró la Ley General de Sanidad (1986) de la que dimana el modelo asistencial español actual.

Elogió, también de Costas, su capacidad para describir el interfaz que hay entre salud y economía y su voluntad de buscar salidas los más indoloras socialmente para la gente cuando hay grandes crisis. A los dos ponentes agradeció Del Llano aportar claves de lo que tocará construir sobre todo lo destruido por la pandemia.

Fernando Vallespín

El retorno del Estado

El catedrático de ciencia política en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), el profesor Fernando Vallespín, pasó revista a las relaciones entre la política y la pandemia, desde una conciencia renacida, o despertada, respecto a la percepción de un riesgo general ante el que el Estado debe proteger al ciudadano, en el sentido goebbeliano (Joseph Goebbels) de que la seguridad debe ir por delante de todo.

Ese principio goebbeliano y silogístico en el que la búsqueda de la seguridad llevó a la reclusión, voluntaria en muchos casos, aunque esto supusiera la renuncia a derechos ciudadanos, después de una negociación invisible con las autoridades públicas, tras la cual los individuos hicieron cesiones sucesivas a los mandatarios ejecutivos del mundo en un justificadas por la excepcionalidad de los hechos.

Proteger a los desvalidos

Pese a ello, apreció como positivo el relanzamiento de la cooperación internacional con el foco puesto en los más desprotegidos en la red actual de interdependencias, junto al estupor que produjo la paralización de las industrias y la incapacidad de los Estados para producir mascarillas para proteger a sus pobladores o para disponer de los principios activos necesarios para medicamentos esenciales, porque estaban monopolizados en algunos puntos concretos del planeta, como India y China, fundamentalmente.

De la cesión de derechos ciudadanos, llegó Vallespín a sesudos debates jurídicos sobre fórmulas como el Estado de Alarma u otras modalidades, con daño para la democracia de aquellos estados donde todavía era endeble y más fértil el terreno para las tentaciones autoritarias, dentro de tensiones que no son ajenas a España, país de régimen de libertades aún joven.

Ciencia sobre política

Paralelamente al debate sobre la subordinación, o no, de la política a la ciencia, aludió este catedrático a una superproducción de teorías conspiratorias que encontraron en las redes sociales su mayor fábrica, hasta llegar al paroxismo de negar la existencia del patógeno.

Ello para dar lugar a convulsiones dignas de estudio de todos los politólogos, como las diferencias de impacto de la pandemia entre los países nórdicos o la paradigmática evolución en Nueva Zelanda, aparte de enfrentamientos habidos entre el director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos, Anthony Fauci, y el expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, con mención también a la caída de Jair Bolsonaro en Brasil.

Pero también con signos más claramente positivos, como la apuesta de Europa por la reconstrucción económica y la protección de la Salud Pública de la población continental, en lo que Vallespín llamó salto de gigante para la consolidación de la UE, unión de naciones que parece haber olvidado el eterno debate sobre el déficit público.

Nueva menesterosidad social

Como autor del capítulo ‘Algunos dilemas ético-políticos suscitados por la pandemia’, este catedrático detectó nuevas formas de menesterosidad social, con la subsiguiente obligación social del Estado de reparar el daño recibido sin dolo por su parte.

De ahí surge el intervencionismo, estima, que ataca la crisis sanitaria y los problemas socioeconómicos, de forma que esta crisis ha alumbrado el salario mínimo vital en España, sin que hubiera sido posible en otro tiempo, a la vez que el actual presidente de Estados Unidos, Joe Biden, vuelve la vista a los más afectados y reaparece una lógica keynesiana inédita en las cuatro últimas décadas.

Razonó este ponente acerca de si el estado debe limitar las libertades civiles para proteger a la gente, con múltiples diferencias de grado según países y regiones, como en la de Madrid, por ejemplo, donde se gritaba libertad por las calles.

Un giro Orwelliano

Apreció, por ello, cierto giro orwelliano, o represor hacia la población, junto a estrategias geopolíticas al estilo de las descritas por Foucault, a partir de ejemplos como las apps que localizan a cada individuo en cualquier momento, como ya ocurre en China, o porque aún se realizan controles de temperatura más rituales que justificados en muchos lugares, dependencias e instalaciones.

En cualquier caso, Vallespín se alineó el pensamiento de Jünger Habermas sobre la capacidad de cada cual para decidir si algunas personas pueden o no acceder a medios sanitarios, en función del compromiso que esto suponga para la estabilidad económica del resto.

Caducidad de los cambios

Partidario de la ética de la convicción, cuyo debilitamiento podría explicar la enésima ola de pandemia impulsada hoy por la variante delta, este catedrático también reflexionó sobre la fortaleza de la democracia cuando los Gobiernos hacen caso exclusivo a los científicos, sin que se sepa todavía cuantos de estos cambios se consolidarán después de la pandemia.

Respecto a la situación internacional provocada por la pandemia, señaló este ponente como poco concluyentes las decisiones del G-7 porque incluye a Japón, potencia asiática atípica, y deja fuera a China e India.

De igual forma, y aunque reconoció que el auge de las tecnológicas nos han salvado la vida al permitir las comunicaciones humanas durante los confinamientos, el ponente también apreció un mundo intermediado por poderes privados, como los que representan las grandes corporaciones tecnológicas, que podrían entrar en colisión antes que tarde con los Estados.

Visión comunitaria

Para Villaspín, se ha pasado del sálvese el que pueda, que caracterizó a los primeros compases de la pandemia,  a una visión comunitaria cuya vigencia en el tiempo, sin embargo, aún está por ver, dentro de un tira y afloja entre los sentimientos de solidaridad común y la cuestión individual de la libertad.

En respuesta a uno de los asistentes, Andoni, este ponente confesó que no es fácil saber cómo evolucionará la democracia en los próximos años porque o está en crisis, o se está reestructurando o las dos cosas a un tiempo, dentro de un proceso que no pinta demasiado bien y en el que Estados Unidos podría imitar a la vieja Europa en más de un aspecto, en un cierto contexto de regresión democrática más que aparente en países como Brasil y Turquía, en función de rasgos previos a la pandemia y al haber sido acelerados y potenciados por esta.

Antón Costas

Consejos al poder

Antón Costas definió el CES como órgano consultivo del Estado equiparable al Consejo de Estado, al ser también emisor de dictámenes no vinculantes, pero sí áulicos desde su capacidad legal para mejorar la calidad del debate público en el país.

Como se traduce, puso como ejemplo, con la publicación de una memoria anual e informes a demanda del Gobierno o generados de manera autónoma, como el que se presentó en la jornada previa a este encuentro y que trató sobre la realidad de las comunidades rurales en España

Considerado el momento de dar trigo, después de haber predicado, Costas procedió al enunciado de un nuevo contrato social desde la filosofía política y económica, un pacto de momento tácito de presente y quizás futuro en el que se asiente un compromiso entre aquellos que van bien con el sistema actual, a pesar de la crisis socioeconómica provocada por la pandemia, y aquellos que pueden quedarse, o se han quedado ya en la cuneta del desempleo o la falta de ingresos de subsistencia.

Principio de reciprocidad

Invocó el presidente del CES el principio de reciprocidad de John Rawls, según el cual todos saben lo que unos deben a los otros, aunque sea omnipresente un cierto velo de ignorancia que impide ver estas interrelaciones con claridad.

Desde un posicionamiento implícito en sus palabras, sobre el Gobierno de la res pública, Costas contradijo a los economistas de corte liberal que postulan que el mercado es capaz de autorregularse y lograr una sociedad en armonía, tal como se viene planteando desde los años 80 del siglo XX, algo que el ponente tachó de fantasía quizás idílica.

Repartir los costes sociales

Se mostró más partidario Costas de un reparto equitativo de los costes que conllevan las vaguadas de la economía actual y su tendencia maniacodepresiva, en símil inspirado, por ser necesaria la colaboración entre el poder político y las empresas por un lado y,  por otro, entre las entidades encargadas de ese reparto y sus destinatarios.

Hasta el momento, asumió que esto no ha ocurrido, dado que el coste social de la pandemia y sus crisis derivadas es asumido en un 20 por ciento por los trabajadores y las familias, según sus cálculos, y únicamente en un ocho por ciento por parte de las empresas y los poderes públicos.

La clave está en el empleo

Para salir de la actual crisis, y no caer en otras parecidas que depare el futuro, habló Costas de prodigar más y mejores puestos de trabajo en áreas cada vez más extensas del país. Según su sentir de las cosas, el problema distributivo en las sociedades occidentales radica en su incapacidad para el trabajo abundante y de calidad.

Ya no es la renta

De cara a fijar su posición, Costas refirió la presentación pretérita de un libro en la sede de una organización empresarial en la que el director de la entidad le espetó, como gancho al hígado, de dónde le venía su aversión por las desigualdades sociales y su hipotético encono por su paisano del Norte gallego, Amancio Ortega.

Sin embargo, para el máximo responsable del CES, la mayor preocupación hoy no debe estar en las desigualdades de renta, sino en la que afecta a las oportunidades, dado que en el capitalismo tiene el ascensor social estropeado. En ese punto echó un jarro de agua fría sobre el capitalismo entendido al estilo del sueño americano y basado en la ilusión de que, con esfuerzo, se llega a cualquier meta porque el mundo está lleno de oportunidades.

Porque, para Costas, las oportunidades desaparecen en las fases depresivas del ciclo económico. Factor que, a su juicio, resta legitimidad al propio sistema capitalista como se puede observar la marcha más reciente de las sociedades occidentales.

Sin sospechosos habituales

Aunque no quiso caer en una asociación lineal entre fatalismo y crisis por culpa de sospechosos habituales como suelen ser la digitalización o la globalización. Por el contrario, comparó el presidente estos dos fenómenos mundiales como dos caballos salvajes que pueden ser domados y ensillados para llegar más lejos y antes de que destrocen la pradera.

En otro símil, adujo que no todo el capitalismo es lo mismo, al igual que también hay colesterol bueno y malo. Además de ser posible volver al keynesianismo debilitado desde el último cuarto del siglo XX, después de 40 años sin réplica a las fantasmagorías del sistema capitalista.

Grandes del mundo

Desde ese planteamiento, y desde esa neo concepción del contrato social, postpandémico en este caso, y preguntado por el doctor Del Llano, Costas apreció cierto capitalismo aristocrático en el gobierno del mundo, acrecentado en su poder de manera extraordinaria por efecto sobrevenido de la pandemia y encarnado en las grandes corporaciones tecnológicas globales.

En cualquier caso, prefirió el rawlslismo al fatalismo. Para poner la ética a trabajar y dar oportunidades a los que más las necesitan. Con preferencia por tres tramos de edad como son los niños de cero a tres años, los jóvenes y las mujeres.

Desde la premisa de que los recursos destinados a ellos no son gasto ni inversión, como señaló recientemente la Academia de Ciencias Morales de EE.UU. Cuyos cálculos hablan de una pérdida de oportunidades, o lucro cesante, de 900 billones de dólares. Tres colectivos a los que Costas añadió el cuarto que representa la población de edad avanzada.

Luces de esperanza

Quiso ver el presidente del CES una fundada esperanza en esa revitalización del contrato social, al haberse constatado una reacción mundial muy diferente entre la gran crisis socioeconómica de 2008 y la no más pequeña causada por la pandemia de Covid-19.

Celebró los descomunales desembolsos públicos realizados en auxilio de la población por múltiples países, claramente inimaginables antes de 2020. Al entrar por una senda por la que también marcha Estados Unidos, con su presidente Joe Biden a la cabeza, aunque no después de algunos titubeos.

Saludó como positivo el acuerdo del Grupo de los Siete (G-7), compuesto por Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido para que las grandes corporaciones transnacionales destinen el 15 por ciento de sus beneficios a fines comunes. A la vez que se aprecia una más decidida defensa de la competencia, frente a los monopolios, como empezó a hacer Donald Trump y ahora también practica su sucesor en la Casa Blanca.

Bienes públicos y globales

Para Costas todavía es un misterio esa revitalización del contrato social descrita, y por qué no pudo darse en 2008, así como esa tolerancia con la redistribución social de la riqueza que empieza a consentir el G-7. En esa estela de reequilibrio, entre los países y la globalización, situó también el presidente los fondos europeos de Next Generation.

Al igual que el cuidado de la salud de la población mundial y el clima del planeta, que consideró bienes públicos globales a los que deben ir orientados los recursos económicos y no a las finanzas y beneficios a corto plazo, como propugna el capitalismo en sentido puro.