Punto de vista Apuntes de un boticario

Expertos en convencer

Una de las cosas que siempre ha molestado al boticario, en argot de mostrador,  es “dar faltas”. Esto significa no poder atender una prescripción concreta y recurrir a la frase: “Se lo puedo tener para esta tarde”.

Los que acusan de mercantilista al farmacéutico piensan que esta contrariedad la “sufre” por la simple razón de “perder una venta y un cliente” y no es así. Baste para ello el relato que siempre sale a colación en cualquier reunión de compañeros: “Te llega un paciente con cinco recetas (cuando todas eran en papel) y, mientras entras en la rebotica, vas pidiendo a la santa providencia que no te “falte” ninguna. Vuelves con las cinco prescripciones y tan solo te “falta” una que, además, compruebas es la menos importante. Aun así el usuario siempre dice: “¡Qué casualidad!. Precisamente la que más “falta” me hace”

Ante esta contestación algún farmacéutico, muy pocos en honor a la verdad cuando no existían los genéricos, se ofrecía bajo su responsabilidad a dispensar, dada la ¡urgencia!, lo que entonces se llamaba un “similar”, de precio menor, que se permitía suministrar, siempre con el consentimiento y convencimiento del “apremiado” paciente y que la Administración pagaba si el boticario, con su sello de incidencia y al dorso de la receta, firmaba una explicación razonada del cambio. Todo este tiempo extra, forzado por el convincente razonamiento, costaba más que lo que pudiese devengar el margen comercial del fármaco dispensado.

Genéricos y subastas

Más tarde, cuando la Administración recomendó que el médico recetase por principio activo, el farmacéutico comenzó a adquirir prestigio y, como ya he escrito varias veces, hasta la publicidad de la industria farmacéutica cambió el “Consulte con su médico” por el “Consulte con su Farmacéutico”. Por entonces esta gestión tenía menos riesgo y menos necesidad de “cháchara” persuasiva, ya que el paciente no podía reclamar la “marca de siempre” que su médico, en este caso, no había prescrito,

Pero como la alegría dura poco en la casa del pobre, los mandatarios  andaluces impusieron las subastas y mis paisanos boticarios tuvieron de nuevo que ponerse el mono dialéctico para convencer, uno por uno, a los pacientes de que las “pastillas colorás” eran iguales que “las morás” y que, en todo caso, no podían darles otras.

Bulos manifiestos

Esto que cuento viene a colación tras leer una información que me hacen llegar los compañeros de la Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS), a la que pertenezco, referente a que el Colegio de Enfermería de Navarra organizó, hace unos días, con la colaboración de esta ANIS, una charla que impartió el periodista Carlos Mateos, coordinador de #SaludSinBulos, sobre el peligro de estas falsedades lanzadas a través de las redes sociales. El objetivo que perseguían con esta jornada era “dar a conocer a los profesionales y a la comunidad que con estos bulos hay que estar alerta”.

En este mismo encuentro surgió, anecdóticamente, lo ocurrido con un presentador de televisión y radio, Javier Cárdenas, que difundió un bulo el año pasado en que vinculaba el autismo con la vacunación. Lo curioso de aquello fue que no hubo ninguna respuesta oficial hasta pasado un tiempo. De hecho la OMC tardó seis días en contestar. Sólo hubo una “bloguera” de salud, la pediatra Lucía Galán, que se enfrentó a él y el fulero, en vez de rectificar, se creció.

Alarma social

El farmacéutico sabe, desde que se puso detrás del mostrador, que su función, por encima de la dispensación de fármacos, está en contestar permanentemente preguntas sociales

En la citada reunión la Presidenta del Colegio, Arancha Osinaga, indicó que “hay muchas personas que consultan estas informaciones y esto crea alarma social, y lo que tenemos que intentar es desmontar estos bulos e intentar hacer ver a la población que todas las cosas que se puedan hacer en sanidad deben tener evidencia científica”. En esta línea, recomendó al ciudadano que, cuando le llegue por WhatsApp o por Internet “un mensaje que puede ser engañoso, que no lo difundamos y que consultemos con quienes realmente nos pueden asesorar si eso es así o no es así”, refiriéndose a los profesionales sanitarios.

Este encuentro y esta declaración me parecen justas y necesarias, pero me gustaría apostillar que entre los profesionales sanitarios, que he marcado en negritas y a los que hace referencia la señora Osinaga, el  que más destaca para ello es el farmacéutico de botica.

Farmacéutico consultor

De ahí que haya comenzado estos Apuntes con algo que desde la noche de los tiempos lleva realizando el boticario sin que  se le pague ni, al menos, se le reconozca cuál es su capacidad, por costumbre y experiencia, para desvirtuar falsedades y convencer sobre realidades. Y, ¡ojo!, sin necesidad de redes sociales informales, sino desde las 22.000 farmacias (Centros Sanitarios con garantía de seriedad) que existen en España y por las que pasan diariamente más de un millón de personas.

Precisamente lo de Javier Cárdenas se empezó a escuchar y comentar en las boticas, ágora sanitaria, al día siguiente con la lógica pregunta al farmacéutico de turno que sabe, desde que se puso detrás del mostrador, que su función, por encima de la dispensación de fármacos, está en contestar permanentemente preguntas sociales que antes, como en el caso de Cárdenas, solo atañían a la tele y hoy, ¡horror!, las han potenciado las redes sociales.

Diálogo en la farmacia

“¿Es verdad, Don Olegario, lo que me dice la Conchi, por “guasá”, que a mi Antoñito, que no para de llorar con los dientes, le debo comprar, ¡mire usted aquí viene hasta la foto y el precio!, un collar con perlas de ámbar?”

El boticario responde:

-“Mira Carmela, seguro que, si se lo metes en la boca esta noche, deja de llorar para siempre, y no porque se le quite el dolor, sino porque se ha ahogado”

Las contertulias ríen mientras una de ellas le recomienda a Carmela que lo mejor es que le unte una “miajita” de Apiretal en las encías, a lo que el boticario dice que este analgésico solo debe usarse por vía oral.

Esta situación que cuento es más vieja que la tos, auque ahora que vivimos en una sociedad en la que cualquier mindundi es un informador potencial además de reportero gráfico, operador de cámara y…lo que es  peor: un impresentable que se  cree preparado para dar su opinión visceral, el desfacer entuertos es una tarea vital para las personas responsables.

Situación improvisada

Digo esto, que me sale del alma, al hilo de lo que tuve que soportar hace unos días siendo testigo neutral en una reunión “social” que, ante mi sorpresa, pues fui invitado para otros temas,  derivó en algo inimaginable para mí.

Todo comenzó con el vídeo que alguien mostró en su móvil y en el que se veía en una escena “rodada” durante una montería, a  una rehala de perros que, acosando a la res, caían por un barranco, incluido el venado. Pasado el móvil de mano en mano, lo que se inició con livianas pullas pasó a ofensas personales terminando en una  agresión física. Yo, ignorante montero, supuse que eran cazadores contra “ecologistas”.

Cuando salí del “club” huyendo de la trifulca y obviando la comida a la que me habían invitado, observé que en el parabrisas de mi coche había una octavilla llamando asesino a Morante de la Puebla, El Juli, Manzanares y otros más.

Camino de mi casa sufrí un atasco tan largo que me permitió preguntar a un policía de tráfico la causa del mismo. Me dijo que era debido a una manifestación imprevista, pues había sido convocada sin permiso a través de las redes sociales por los que están en contra de ellas (¿…?), pues ese mismo día, y hacía tan sólo unas horas, se había publicado en Facebook y otras apps la noticia de la detención de un pedófilo al que determinadas pruebas, miles de vídeos pornográficos en sus ordenadores, lo daban como presunto raptor y asesino de una niña desaparecida hace unos días en mi ciudad.

Tras esta inusual y detallada descripción me atreví a preguntarle al agente:

-“¿Y durará mucho?”

-“No sé, aunque me ha dicho el brigada que ya ha mandado un guasap a la policía nacional para que nos ayuden a desatascar esto”

-“¡Vaya tela!”

-“Haga usted como yo que ya le he mandado un guasap a mi parienta para que sepa que no voy a llegar a tiempo para el almuerzo”

Virásico y viral

Cuando ya por la noche, más tranquilo y de nuevo en casa, abrí mi correo electrónico, pude comprobar que también por este medio en ediciones digitales de prensa y otros envíos particulares, aparecía el vídeo de la montería que se había hecho “viral”.

Al día siguiente bajé a la botica y le pregunté al farmacéutico:

“¿Qué diferencia hay entre virásico y viral?”

Me contestó:

“Ambos pueden ser mortales. El primero tiene ya tratamiento, pero el segundo todavía no… ¡y cada día va a más!”

Pedro Caballero-Infante

Especialista en Análisis Clínicos caballeroinf@hotmail.es Twitter: @caballeroinf

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