Punto de vista Apuntes de un boticario

En mis cortas luces

Los mensajes cortos de la redes sociales está generando toda una cultura que el autor parodia a fuerza de situaciones vividas.

El año pasado y a cuento de una reunión en la que participaba un amigo periodista y editor de gran prestigio, hablé de lo que significa la invasión de noticias que reciben, y a su vez envían, una tropa de gente de toda edad que, por su incultura, no tiene la más mínima capacidad de digerir lo que les llega. Y lo peor es que, en su necedad, creen saber que saben mucho. Dije en la reunión que admiraba a ese espécimen ya desaparecido de humildes ignorantes. Los que empezaban su discurso con la añorada frase de: “Un servidor en sus cortas luces”, objeto de mofa de “enteraillos” más incultos.

Esos encantadores seres en su modestia ante algo novedoso exclamaban: “¡No me digas!”. Esto no quiere decir que un servidor, que aún emplea esta frase, alabe la incultura tan fomentada por los regímenes totalitarios.

Cerebro en blanco

Un viejo catedrático examinaba a un alumno que no sabía nada sobre lo que se le preguntaba. Como se trataba del hijo de un amigo lo aprobó alegando: “Mire joven, puede marcharse con mi aprobado. No me queda ningún remordimiento de conciencia pues tiene usted el cerebro totalmente limpio por lo que cabe la posibilidad, si decide estudiar de verdad, que pueda germinar en terreno tan virgen, alguna semilla del saber”. Un cerebro en blanco es terreno fácil de cultivar, pero invadido de informaciones confusas, creídas como axiomáticas, es imposible educarlo. Esto es lo que, “en mis cortas luces”, pienso que está pasando de una forma peligrosamente acelerada.

Por ello dije en la citada reunión, y en lenguaje farmacéutico, que la mucha lectura pensada “Perjudica seriamente la salud”. Ante esta exagerada frase el amigo periodista me pidió y me publicó un artículo que decía así: “Lo que a continuación les voy a contar es un relato humorístico con dos cronologías distintas y cuyo contenido es el mismo. Hace años se llamaba chascarrillo y se contaba al estilo Paco Gandía en la barra de un bar y actualmente se le llama chiste y se transmite por Whatsapps. Yo lo haré, no se me exasperen, en las páginas de un diario de papel por lo que intentaré buscar el término medio. El viejo chascarrillo tenía como protagonista a J. F. Kennedy y el chiste, más moderno y más breve, a un famoso torero. Y al hilo taurino, ¡vayamos al toro”.

Lectura fácil

Un tío está limpiando los altillos de un armario y tropieza con un periódico. Sin bajarse de la escalerita, le quita el polvo, lee la portada y exclama: “¡Joder, que putada lo de Paquirri!”.

Hoy se envían: 511.200 mensajes por minuto y por Twitter.

¿Se lee más?. Evidentemente, sí. ¿Qué se lee?. Lo fácil. ¿Se entiende y se digiere?: ¡No!.

Un amigo, experto periodista, me dice que soy de los pocos que se lee las “manchetas” de los diarios editados en papel. Explico, para la inmensa mayoría de lectores actuales, qué significa esto. Casi todas las publicaciones en papel llevan en una de sus páginas los nombres de la empresa que edita y el de los cargos que ocupan responsabilidades en las mismas.  El también denominado, en fino, “staff”. Yo lo hago por una deformación vocacional. Me gusta saber, en una publicación, quiénes son los héroes que la hacen realidad. También hay algo, por mi parte, de manía lectora impulsivo/obsesiva.

Fiebre lectora

He llegado a leer algunas páginas de la guía telefónica de Gijón al encontrarme, excepcionalmente, en una habitación de un hotel de esta ciudad, sin equipaje, sin televisión y sin la Biblia en el cajón de la mesilla de noche. También en alguna ocasión y sentado en el inodoro, sin nada a mano que leer, me he empapado, nunca mejor dicho, con la etiqueta de un bote de champú.

Con estos dos ejemplos sólo he conseguido saber que mi apellido no existe en la ciudad asturiana y que el champú, con nombre español, ya pertenece a una multinacional. Ambas cosas no sirven para nada, así que háganme caso y sólo lean los twitters y los graciosísimos chistes, casi todos de índole política,  que les envíen por whatsapps.

Leer mucho, no sólo libros sino prensa diaria, perjudica seriamente la salud y si no recuerden que esta actividad, en su caso libros de caballería, llevó a la locura a Don Alonso Quijano.

Contacto con la actualidad

Sigan utilizando las múltiples aplicaciones de sus Smartphones (pareado) y de esta forma estarán en permanente contacto con la actualidad, sabrán las noticias antes de que se produzcan y sacarán sus propias conclusiones que trasladarán, si acaso, poniendo el paño en su púlpito y ante unas cañas en algún mentidero de bar.

No se les ocurra leer artículos de opinión, aún más si son muy largos, pues pueden perder su autoestima y además, para más INRI, si el opinador, con el que disienten, no utiliza las redes sociales no podrá insultarlo.

Vaya al fútbol con su aparato (telefónico se entiende) y, en el momento que su equipo del alma meta un gol, no se abrace con los vecinos de asiento sino haga varios selfies de la enfervorizada grada, porque de esta forma podrá enviar tan importante imagen al mundo mundial con el subliminal mensaje selfiero de: “¡Yo estaba allí!”.

Así que si me ha leído con interés, cosa que dudo pero que en todo caso agradezco, procure conservar este diario en el transcurso del día tan solo, ya que puede servirle para envolver algo pringoso o para limpiar un cristal.

Monólogo en el taxi

Este, decían los viejos periodistas, ha sido siempre el destino de la prensa escrita en papel: envolver el pescado. Porque, por asociación de ideas y como decía Don Álvaro de la Iglesia, el papel de periódico y el pescado son contradictorios. El primero cuanto más huele es más fresco y el segundo al revés”.

Este refrito periodístico lo “ha puesto en valor” un monólogo que tuve que soportar, ayer, por parte de un taxista. Soy habitual cliente de este colectivo  que tiende a darte la barrila al cliente encajonado en el asiento de atrás, y sin posibilidad de escape.

El taxista llevaba una mascarilla quirúrgica así que no me extrañó que su prólogo girase sobre el coronavirus, un “micorbio” (sic) muy peligroso que ha llegado de la China. Matizó, que la llevaba puesta porque “ayer, sin ir más lejos, recogí a tres chinos en el aeropuerto”.

Con mi asentimiento, pues deben saber, si no son usuarios habituales, que los taxistas vigilan  a su oyente de forma pertinaz, aun conduciendo, a través del espejo retrovisor. De tal guisa se vino arriba y pasó  a disertar sobre el cambio climático. Habló del reciclaje y de cómo en una ciudad tan turística, “el mamón del alcalde, (todos los taxistas de todas las capitales de España atacan a su alcalde) no ponía ceniceros en las calles para que los turistas tirasen, en ellos, las colillas”.

“Pues como usted debe de saber, y si no yo se lo digo, un servidor se ha quitao der visio desde que a mi padre le han diasnosticao una epó…¿usté sabe lo que é esta enfermedá?

Aquí le corté rápido diciéndole que sí, ante el pavor de que interrumpiese el relato y lo extendiese sobre esta patología.

“Porque la boquilla de un cigarro tarda en destruirse más de 10 años, lo sé porque mi hija mayor, la Vane, está muy enchufada con los móviles. Yo en este trabajo sólo puedo oír la radio y lo que único que me gusta es el fútbol.”

Más tertulia

Como es usual en este gremio el hombre atacó el panorama familiar: “Mi señora es más de la tele y se engancha a lo de las Campos o a los famosos esos de Gran Hermano y sus peleas, ¿usted no  ve estos pogramas?. Yo a veces, cuando libro, me engancho. Pero cuando llego a mi casa esmoraito lo único que hago, mientras ceno, es escuchar a la Vane que sabe tela de todo y me pone al corriente de lo que le estoy contando que son las noticias que me interesan y no las chuminás de la tele”

“El mayor es otra cosa. Es muy calladíto. Sólo le gusta leer. ¿Pues no que quería estudiar para médico?. ¡Anda ya chalao!, le dije yo. Ahora está haciendo unos cursos para hacerse especialista en esto de Interné. Me ha dicho mi Vane que un amigo con el que se chatea, y que tiene 20 años, ha ganao un millón con no se qué de una aplicación en una plataforma como la de buscá hotele y esas cosas.

“Y mi otra niña, la chica, hace unas fotos con el móvil que ya quisiera el fotógrafo de un periódico. Ahora le enseño una. ¿Usted no utiliza nada de esto?

“Yo uso Twitter porque tan sólo se pueden utilizar 280 palabras”

Como no captó la ironía siguió hablando y seguimos en el atasco.

Bromas, que son verídicas, aparte pienso, “en mis cortas luces” que este tema de la falsa cultura es muy preocupante y que la frase utilizada hasta ahora: “Ya veremos cuando a nuestros nietos…” no es real. La realidad es que el fenómeno está ya aquí y el “desatascador que lo desatasque buen desatascador será”.

Pedro Caballero-Infante

Farmacéutico. Especialista en Análisis Clínicos [email protected] Twitter: @caballeroinf

1 Comentario

  1. Manuel García says:

    Este jodido telefonino desde mi cortas luces nos ha traído un culturon de cojones. Magnifico Perico