Punto de vista Apuntes de un boticario

El PEER garantiza el asco

La creciente presencia en los medios y en las redes sociales de noticias que no lo son ha llevado a crear un filtro, el PEER, que dé una cierta seguridad a lo que se recoge en los medios, aunque para nuestro boticario el término elegido para su denominación no es lo más acertado.

Hubo un tiempo en que la veracidad de una noticia quedaba confirmada si alguien decía: “Lo he visto en el periódico”. Con la modernidad, y  me remito al ámbito sanitario, la eficacia de una terapia estaba avalada por revistas de alto prestigio como “Lancet”, “American Journal” o “Nature”;  y he citado la primera por ser la que aplica tal rigurosidad que sólo el 5% de los trabajos presentados pasa el “filtro” necesario para su publicación.

En tiempos más actuales, aún remotos, la “bondad” de un nuevo medicamento era avalada por la presencia de visitadores médicos, muchos de ellos titulados, que aportaban datos fiables, en principio, sobre estudios de un nuevo fármaco. Otros productos sanitarios, los que están bajo el paraguas del llamado “autocuidado de la salud”, canalizan su efectividad a través de otras  publicaciones ortodoxas y normalmente no venales, que insertan artículos firmados por profesionales, sobre materias específicas que llevan “ad látere” un anuncio relacionado con el tema sobre el que el “especialista” ha escrito.

Soportes de papel y audiovisual

PEER, este verbo tan “expansivo”,  en todos los sentidos, tiene connotaciones tan fétidas que nos hace dudar de su limpia intención

Las hay también, de venta en quioscos, que insertan anuncios de las antes llamadas OTC, y hoy EFP, para “dolencias menores” como pérdidas de orina en climatéricas aún jóvenes y con incipientes arrugas. Los consiguientes anuncios, para los citados casos, cual son compresas absorbentes o cremas cuajaditas de colágeno van en página impar tras el reportaje de la información citada. Esto es lo que en periodismo llamamos “publirreportaje subliminal”. Es lícito y forzosamente necesario ya que los editores no viven sólo de los suscriptores y/o compradores.

Si del soporte papel pasamos al audiovisual, (vulgo TV), podemos ver, verbigratia, la proliferación de pomadas antiinflamatorias que, una vez aplicadas, ponen a los abuelos a la altura de un Usain Bolt cualquiera. Sólo que en este caso consiste en cambiar el nombre del medicamento ético por otro que permite su difusión publicitaria como EFP.

Filtro en Internet

De aquí, y es, en términos generales, el eje de estos “Apuntes”, el que haya surgido algo muy bueno con un acrónimo muy malo. Me refiero a un sistema cuya labor es servir de “filtro”, fundamentalmente en Internet y sus múltiples aplicaciones, para que las noticias que se publiquen sean veraces y de esta forma eliminar las llamadas “fake news”, y otras dudosas, y en algunos casos peligrosas, pues hasta se propagan bulos de curanderos.

Todos los sanitarios, especialmente los médicos actuales que son los que diagnostican y prescriben, tienen miedo de usar alguna información importante porque no conocen su procedencia y no saben, por tanto, si pueden confiar en esa fuente o no, ya que no olvidemos, como he escrito más arriba, que la relevancia de nuevos artículos en Medicina ronda alrededor de 2-3%.

¿Porqué el PEER?

La industria farmacéutica ha hecho siempre un gran esfuerzo y lo sigue haciendo sobre la nominación de sus medicamentos jugando con el sentido etimológico del nombre y su acción terapéutica

Para ello se ha creado este sistema de “filtración”, antes citado, que se llama ¡PEER!. Saber que bebemos de un agua informativa “filtrada” y de toda garantía es magnífico. Pero, ¿qué se llame PEER?.

En términos anglosajones puede no tener importancia, pero entre los hispano parlantes, que somos millones, este verbo tan “expansivo”,  en todos los sentidos, tiene connotaciones tan fétidas que nos hace dudar de su limpia intención.

Y, al hilo de fonética confusa o bien del “sonido” de las palabras, hago un largo inciso sobre el esfuerzo que la industria farmacéutica ha hecho y sigue haciendo sobre la nominación de sus medicamentos jugando con el sentido etimológico del nombre y su acción terapéutica para que sus fármacos  despierten en el subconsciente de prescriptor y enfermo una similitud con su dolencia.  Así “Placidel” era un barbitúrico que a mi madre, que se llamaba Plácida, le sentaba muy bien porque le producía un sueño “plácido”.

Nadie, ni aún ajeno a la medicina, puede pensar que  “Hemorrane”® ha de ser utilizado como pomada oftálmica, porque aun tratándose de ojos, en este caso, ha de aplicarse en el tercero, no el frontal de Lobsang Rampa, sino en el que está justo en el punto equidistante entre  los dos glúteos.

Cuestión de nombres

Y, sin apartarme del tema de la similitud fonética y de su garantía científica, no puedo dejar de lado algo que actualmente se ha “puesto en valor” como es  el tema de la homeopatía, sistema que el Dr. Hanheman  creó bajo el adagio “Similia simílibus curantur” versus la terapia alopática del “Contraris contraria curantur”, que, como podrán comprobar tienen una concordancia verbal que hasta a  un servidor, que le gusta mucho el juego de palabras, le costó memorizarlos en la Facultad de Farmacia porque ambas frases “entraban en el examen”.

Y lo cito porque, hace tan solo unos días, perdiéndole el respeto a su sonoridad, una empresa homeopática, ha sacado a la luz un producto, que se llama POLLON (y lo transcribo tal cual lo he leído para que no crean que es producto de mi imaginación) y que se “vende” como remedio contra la disfunción sexual, la eyaculación precoz y las “consecuencias” de la masturbación, (¿habrá pasado el “peer?).

Al hilo de desafortunados acrónimos, paso a un tema  que requiere ser tratado con la delicadeza que yo pretendo. ¿No es hora de que un hispanoparlante, que tenga voz y voto en la Sociedad llamada “American Society of Clinical Oncology”, máxima autoridad internacional en temas oncológicos, busque otro acrónimo que no dé como resultado que los asuntos del cáncer vayan rolando por los mundos mediáticos, incluidos Congresos Internacionales, con el nombre de ASCO?.

Claro es que, quien esto escribe desde Sevilla, ciudad en la que vive, tiene que aguantar que algunos paisanos hayan creado una plataforma mediática para ahuyentar a quienes nos visitan con un nombre que les va al pelo. Este colectivo se llama CACTUS: (Colectivo-Asamblea contra la Turistización de Sevilla).

Por ello, y aun así, este sevillano los espera con los brazos abiertos, sin ASCO ni amago de un PEER aerofágico. Con el sexo en su lugar descanso y sin un cactus que con tanta espina los pueda pinchar en zona tal, que haya de ser necesaria la aplicación de un hemorroidal.

Lo nuestro es el azahar que, además de su olor, se emplea como bebedizo para tranquilizar el ánimo y, además, se dispensa en las Farmacias.

Pedro Caballero-Infante

Especialista en Análisis Clínicos caballeroinf@hotmail.es Twitter: @caballeroinf

Deja un comentario