Punto de vista por la recuperación del médico de familia en el sns

El Médico General y de Familia que necesita la sociedad en el siglo XXI

“Un arquitecto me preguntaba por qué los médicos nos pasamos el día hablando de medicina y de soluciones y de problemas…”

Hoy, igual que hace 30 años, cuando creamos la SEMG (Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia), me siguen preocupando las mismas cuestiones o, digamos mejor, cuestiones simétricas a las de entones. Parecen preocupaciones que nunca desaparecerán de la profesión, porque son fruto de las virtudes y de los compromisos de todo médico, pero, especialmente, lo concreto pensando en el Médico General y de Familia (MGF). A la vez, su falta o déficit constituyen un atentado contra los pacientes y la profesión médica en su conjunto, cuestiones que vuelvo a revisar.

Poner al día valores y principios

El nuevo profesionalismo viene a dinamizar la deontología y la ética profesionales, no a sustituirlas

Necesitamos actualizar y poner al día los valores y los principios de los médicos. que hoy denominamos profesionalismo, lo que significa para la práctica asistencial el compromiso, el altruismo y la promoción de un bien social preferente como es la salud. Valores de la profesión médica que sustentan los atributos de la relación médico-paciente, que podemos concretar en compromisos con la competencia, la integridad, la moralidad y la honestidad profesional; con el altruismo para la promoción de un bien preferente como es la salud; con la confidencialidad, intimidad y secreto; con la ciencia y sus principios rectores; con el sistema sanitario y el acceso a la asistencia; y con la distribución justa de los recursos.

El nuevo profesionalismo viene a dinamizar la deontología y la ética profesionales, no a sustituirlas, sino a completarlas poniendo al día sus principios y normas y transmitiéndoles un impulso de mayor y más activa responsabilidad ante los ciudadanos y la sociedad entera.

Contrato social reformulado

En este milenio, el contrato social se ha reformulado y ha fijado tres principios fundamentales y un decálogo de responsabilidades del médico: principio de primacía del bienestar del paciente, principio de autonomía del paciente y principio de justicia social.

El principio de autonomía del paciente pone a prueba la honestidad de los médicos, ya que exige que el médico facilite toda la información necesaria

El de primacía del bienestar del paciente plantea la necesidad de una dedicación absoluta a los intereses del mismo. El altruismo debe consolidar la confianza médico-paciente, que suele alterar por la fuerza e imposición del mercado.

El de autonomía del paciente pone a prueba la honestidad de los médicos, ya que exige que el médico facilite toda la información necesaria para que el paciente adopte decisiones ponderadas sobre su tratamiento.

Finalmente, el de justicia social se hace eco del compromiso de la profesión médica para promover la justicia en el sistema de atención sanitaria, incluida la distribución de recursos existentes.

Compromisos del MGF

Estos grandes principios, que están presentes en el día a día, no se ven, pero se escenifican en los compromisos que los MGF adquieren. Una Medicina General y de Familia que busque y reclame pruebas suficientes en que basar y justificar sus decisiones, con una ética para la calidad y la dignidad de la vida, que pueda responder en condiciones de igualdad a la gran heterogeneidad de éticas individuales de nuestros médicos y ciudadanos.

En el SNS el consumo es el eje de la vida económica; por ello, para el MGF es éticamente obligatorio introducir el criterio económico en las decisiones profesionales

En el Sistema Nacional de Salud (SNS) el consumo es el eje de la vida económica. Por ello, para el MGF es éticamente obligatorio introducir el criterio económico en las decisiones profesionales. Y se deben tomar decisiones en salud, que se aplicarán obligatoriamente a la polis, a toda la comunidad. De ellas dependerá la sostenibilidad y mejor gobierno del SNS.

La Medicina General y de Familia debe mantener un dinamismo extraordinario para acumular conocimiento específico con el que buscar permanentemente la excelencia; un espíritu de servicio y carácter vocacional desinteresado, por encima de intereses personales o de lucro; alto sentido del deber, capacidad de sacrificio y entrega en caso de necesidad, lo que es imposible especificar en contrato público. Debe ofrecer confianza al paciente mediante su capacidad para resolver o atender problemas, pero, además, generar confianza que, junto a la pericia, constituyen el eje de la relación especial entre médico y el paciente.

El MGF debe considerar que es un agente nuclear en la sociedad actual, por la tecnificación de la actividad que realiza y por los altos costes de la misma, por asignar buena parte de los costes variables del sistema a partir del conocimiento experto, experiencia y valores intrínsecos, y también por mantener una alta visibilidad social. Todo ello se corresponderá con el prestigio y valoración social y contribuirá al cambio de las condiciones de ejercicio profesional.

Contra la pasividad

El MGF no puede asistir impasible al espectáculo mediático de una verdadera enfermedad moral cuyo síntoma más grave es la pasividad

El MGF no puede asistir impasible al espectáculo mediático de una verdadera enfermedad moral cuyo síntoma más grave es la pasividad, esperar a que “algo ocurra” o a que “alguien lo haga”. Porque no es la ausencia de principios éticos y valores el problema, sino la aceptación, como norma de la mayoría social, de comportamientos ética y socialmente reprobables elevándolos a rango de normalidad. También es cierto que no había existido nunca como hoy capacidad de respuesta previsible de los médicos cuando la gestión de los recursos públicos no se considera correcta.

Para responder a los compromisos con todos los pacientes necesitamos preservar el SNS, el instrumento social imprescindible, incluidos los que están por venir. Precisamente de ese compromiso surge la obligación ética de preservar la calidad del SNS y sus atributos básicos.

Necesidades manifiestas

Necesitamos definir la cartera de servicios común necesaria para mantener los actuales niveles de calidad para toda España.

Necesitamos controlar el crecimiento del gasto farmacéutico: no puede seguir absorbiendo progresivamente más porcentaje del presupuesto sanitario.

Necesitamos evaluar la tecnología apropiada al ejercicio y competencias de la MGF, así como evaluar y seguir todo procedimiento de innovación clínica.

Para reducir errores, riesgos y costes evitables necesitamos cambiar el modelo asistencial basado en el paciente agudo

Necesitamos hacer interoperables los sistemas de información sanitaria con el fin de disponer de una historia informatizada de salud, independientemente del ámbito territorial y del tipo de asistencia, de uso universal por los pacientes en cualquier situación que precisen para el mejor cuidado de su salud.

Para reducir errores, riesgos y costes evitables necesitamos cambiar el modelo asistencial basado en el paciente agudo; se precisa que sea reorientado para atender a un enfermo crónico, anciano, pluripatológico, polimedicado, frágil y, en muchas ocasiones, dependiente.

Es urgente cambiar a un modelo mucho más social, ajustado a las necesidades del paciente, donde todos los que intervienen estén involucrados y coordinados.

Necesitamos aumentar la eficiencia, entre otras medidas con modificación del sistema retributivo de los profesionales, y relacionarlo con resultados y eficacia. Los médicos ofrecen responsabilidad y esfuerzo, pero no pueden seguir sin la capacidad de gestionar los medios necesarios para cumplir sus obligaciones profesionales.

Buen gobierno

Para recuperar la desvinculación, desorientación y desafección profesional de los problemas del SNS, necesitamos establecer un nuevo modelo de buen gobierno sanitario, potenciar la profesionalización de los servicios y su dirección, adoptar criterios de transparencia, mérito y capacidad, mediante el desarrollo de nuevas prácticas directivas y gestoras para la evaluación de las competencias profesionales, la gestión del conocimiento y de los servicios sanitarios. Tales criterios deben constituirse en ejes centrales de actuación en todos los procesos de promoción y desarrollo de la profesión médica, tanto en instituciones públicas como en centros privados.

En los programas de formación de Grado, los ajustes derivados de los Acuerdos de Bolonia no se están produciendo, ni se garantiza que, dado que la mitad de los futuros médicos van a ejercer como MGF, pudieran elegirla como especialidad por el estímulo que solo surge del conocimiento de la misma, que sigue sin ofrecer la formación de Grado a los estudiantes.

Necesitamos, en suma, enviar también un mensaje a las futuras generaciones de MGF para que reciban mensajes de esperanza, responsabilidad y compromiso, a la vez que aprenden a liderar su propio futuro.

Necesitamos que el poder político responda a su obligación moral con la sociedad y lidere un proyecto dinámico y transformador que garantice la suficiencia, sostenibilidad, gobernabilidad, cohesión y equidad como fundamentos básicos de legitimación social del SNS y del Estado benefactor.

Así lo he contado, lo cuento y lo seguiré contando.

Juan José Rodríguez Sendín

Expresidente de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG)

1 Comentario

  1. Isidoro Jiménez Rodríguez says:

    LA ÉTICA MÉDICA “DE EL EMBUDO”, O LOS NECESARIOS Y URGENTES CAMBIOS QUE PRECISA NUESTRA ATENCIÓN PRIMARIA.

    “Entre todos la mataron y ella solo se murió”

    Con esta frase proverbial quiero hacer referencia a los principales responsables de la lamentable situación de nuestra Atención Primaria. Me refiero al colectivo profesional a quien, de forma injusta e ilógica, se le permite dirigir este espacio asistencial que debería ser la base de la atención sanitaria en nuestro país, si tenemos en cuenta los principios señalados en la Ley General de Sanidad de 1986.
    No puedo estar de acuerdo con las opiniones y observaciones del comentario anterior. Ya está bien de tratar de engañar y confundir a la opinión pública. La dotación de médicos en España, en los diferentes escalones asistenciales, es de las mejores, si tenemos en cuenta los países de nuestro entorno. Así lo ponen de manifiesto los datos de la OCDE, año tras año. Cifras que también ponen de manifiesto como estamos en los puestos finales, en este ranking de naciones, en cuanto a dotación de enfermeras.

    UNA MEDICINA CHAMÁNICA EN PLENO SIGLO XXI.
    A cualquier ciudadano le puede suceder que deba realizar un seguimiento, por ejemplo, de una pequeña lesión cardiaca. Si hacemos un recorrido por el peregrinaje asistencial a que se ve sometido, obtenemos una secuencia de la absurda e inaudita atención que recibe. Lo normal es que se vea obligado a acudir al médico de cabecera para que solicite, además de la correspondiente prueba (pongamos por ejemplo un ecocardiograma), la consulta con el cardiólogo, realizada esta por otro médico. Pues bien, tras pasar por estas tres consultas, de nuevo tendrá que acudir al médico de atención primaria para conocer los resultados. Es decir, se verá obligado a pasar por hasta cuatro consultas médicas.
    La realización de un ecocardiograma en una persona de mediana edad y con unas condiciones físicas normales, no lleva más de 15 o 20 minutos de tiempo. Salvo, claro está, que te toque un galeno que está aprendiendo y le haga permanecer como “conejillo de indias” hasta 45 o 50 minutos, sin pedirte claro está, ningún tipo de permiso, ni preguntarte si lleva prisa. ¡Cuanta ética, moralidad y profesionalidad se desprende de esta actuación!.
    En suma, si este paciente, puede solucionar su problema de salud, en 20 o 30 minutos, visitando únicamente al médico que realiza la prueba, se ve obligado a emplear unos 160 minutos visitando hasta cuatro diferentes consultas. Esto puede que algunos lo llamen “compromiso, altruismo y promover el bien social de la salud”. Para mí es una gran tomadura de pelo propia de la medicina que realizaban los brujos y chamanes de la prehistoria. Todo lo contrario a la “competencia, integridad, moralidad o altruismo”, que señala el autor del comentario precedente.
    Y todavía, hay por ahí lunáticos y fantasiosos que quieren declarar “Patrimonio de la Humanidad” la “relación médico-paciente”.

    MUCHOS PACIENTES TIENEN MIEDO A LOS MÉDICOS.
    Consideran, además, que los servicios de inspección y control sanitario no son objetivos, ni les ofrecen ninguna garantía de que su posible queja sea atendida correctamente. Todos saben el brutal corporativismo que existe en el colectivo galénico y la falta de control y regulación que ejercen sobre el mismo nuestras autoridades políticas. Por cierto, muchas de estas últimas, faltaría más, también son médicos, lo que nos explica las mil y una incongruencias de nuestra sanidad.
    Las barreras para poner una reclamación en nuestro sistema sanitario, realmente constituye una carrera de obstáculos, frente a la cual muchos ciudadanos desisten.
    Lejos de percibir que el médico persiga o “prime su bienestar” o “se dedique absolutamente a sus intereses”, muchos pacientes se encuentran con profesionales desmotivados y que no están contentos con su profesión. Tal vez les gustaría que los pacientes se pusieran de rodillas delante de ellos y les suplicasen su “inmensa sabiduría”.
    Por otro lado, si la causa de la señalada desmotivación profesional es la presunta sobrecarga de sus consultas, hay que señalar que ellos mismos son los responsables de esta masificación, fomentando estos abusos en la utilización de recursos sanitarios. ¿Por qué no impulsan unos protocolos que racionalicen el empleo de medios, dispositivos y pruebas que les garanticen que su actuación ha sido conforme a la “lex artis” frente a posibles denuncias?
    Si tanto le preocupa a nuestro comentarista la autonomía del paciente, ¿por qué no propone que el paciente pueda acceder a su historia clínica completa? ¿Acaso considera que el desbordado proceso de medicalización que se da en nuestra sociedad favorece tal autonomía? Sólo a alguien que desconoce el ámbito sanitario le puede pasar desapercibido el vehemente deseo de control y dirigismo, que desde la esfera médica, se pretende llevar a cabo en nuestra sociedad. Todo un “ejemplo” de la “justicia social” de que nos habla el comunicado anterior.

    EL EMPLEO INADECUADO DE RECURSOS PÚBLICOS.
    Tampoco puedo compartir que desde la medicina exista un mínimo interés por una utilización conveniente de recursos, pruebas y fármacos. En este sentido, basta recordar que tras el negocio de las armas y las drogas, la industria farmacéutica constituye la actividad más rentable a nivel mundial, como aseguran algunos expertos. Algunos verán con buenos ojos la excelente relación entre médicos y farmacéuticos que tradicionalmente ha existido y existe. A mí, al contrario, me causa terror. Por ejemplo, me aporta elementos de juicio para entender ese inaudito silencio de los galenos ante el pretendido intrusismo de los boticarios en labores preventivas y de promoción de la salud, invadiendo el campo profesional de enfermeras y médicos. Curiosamente nuestros médicos no han mostrado la misma desaprobación que frente a la legalización de la prescripción enfermera. Prescripción, que les guste o no, se viene realizando desde tiempo inmemorial. Pero lo que les enoja, es que esto se refleje en una ley.
    En lugar de considerar al médico como “agente nuclear en la sociedad actual”, entiendo que este colectivo es uno de los que participan en la atención sanitaria y que seguramente, no es el más importante, ni el que demuestra una mayor dedicación y entrega. Afortunadamente, pese a lo que yo considero continuas campañas para engañar a la sociedad sobre la realidad asistencial sanitaria en nuestro país, bien desde las esferas corporativas médicas o desde el propio Estado, no se consiguen tan perversos y engañosos objetivos. Hablo del Estado, pues no hace mucho veíamos exaltar a los médicos en una campaña de la propia Dirección General de Tráfico en lo que bien podríamos denominar un “publirreportaje”. Algunos no se resignan a aceptar que ellos no son la profesión sanitaria mejor valorada por los ciudadanos. ¡Allá ellos!

    ¿PASIVIDAD O PASOTISMO?
    Opino que en nuestra sociedad del siglo XXI no encaja una profesión en la que existen muchos “semidioses” que obran y deciden en su campo competencial y en otros ámbitos profesionales ajenos. Nuestra sanidad no puede permanecer anclada en los tiempos pre-constitucionales de hace décadas, cuando nuestra nación no conocía los valores democráticos, ni contaba con una Ley que, se supone, garantiza la dignidad de las personas o la igualdad de oportunidades, ante méritos o conocimientos similares. Considero que en las circunstancias actuales, el autoritarismo y el despotismo no están justificados bajo ningún concepto. Otros no lo entienden así, y tal vez ello, les cause malestar y desasosiego.
    Por todo ello, entiendo también, que el colectivo médico no es el más adecuado para preservar el sistema nacional de salud, o lo que queda del mismo. Pongo “sistema nacional…” con minúsculas pues considero que se trata de un organismo secuestrado y maniatado.

    LAS SUPUESTAS NECESIDADES.
    Alguien que conozca el ámbito sanitario o forme parte de él, debería preguntarse sobre la conveniencia y pertinencia de muchas pruebas, o la efectividad real de un buen número de fármacos. Algo que incluso algunos sectores médicos plantean. En el comentario también se hace mención a “controlar el gasto farmacéutico”, ¿acaso no tiene claro el autor del escrito anterior quienes fomentan el mismo? ¿Por qué no se promueven los estudios sobre las técnicas y tratamientos inútiles o dañinos en nuestra sanidad?
    En algo si que estoy de acuerdo con el comentarista: hay que cambiar el modelo asistencial basado en el paciente agudo. Pero para ello habrá que convencer a los médicos de atención hospitalaria, también cargados de poderosas “razones”, o tal vez, intereses, para que ello se produzca, porque nuestra sanidad es una jungla.
    Se hace referencia al “enfermo crónico, anciano, pluripatológico, polimedicado, frágil y dependiente”. Me cuestiono si está preparado el colectivo médico para aceptar que ellos no son los profesionales mejor formados académicamente para hacer frente a este reto. ¿Acaso son tan inocentes de creer que los farmacéuticos comunitarios, y sus legítimos intereses crematísticos, de acuerdo con la actividad privada que ejercen, abordarán las nuevas necesidades? ¿O tal vez piensan que los psicólogos, personal no sanitario, van a colaborar?. No parecen estar satisfechas nuestras autoridades sanitarias con promover una devastadora y nefasta medicalización, pues ahora también propician la “farmacialización” y “psicologización”. ¡Seguro que para aligerar el gasto público y mejorar la atención de la salud de los ciudadanos!
    Afloran por lo tanto, en nuestra sanidad, con la total aprobación de los “caudillos” o coroneles que la dirigen, absurdos experimentos que invaden competencias profesionales o fomentan la inutilización de los recursos que todos tenemos de forma innata, para abordar las contrariedades que se presentan en nuestro diario vivir.

    GOBERNAR ES FAVORECER A LA SOCIEDAD, NO LOS INTERESES CORPORATIVOS.
    En el último apartado se habla sobre el “buen gobierno sanitario”. Hay que señalar que en nuestro ordenamiento jurídico no se reconocen personas de diferentes categorías, o provistas de unos genes especiales que les doten para desempeñar unas determinadas funciones o cargos. Es más, otros profesionales sí que contemplan en su plan de enseñanza, la gestión y dirección de organizaciones relacionadas con la salud.
    Mantener las actuales estructuras de gestión y administración sanitaria, y que las mismas estén copadas (realmente) por uno de los colectivos que participan en el ámbito de la salud, resulta algo difícil de entender y aceptar.
    Señor comentarista: gracias precisamente a los Acuerdos de Bolonia, los médicos no son los únicos profesionales sanitarios cuyos estudios conducen a la titulación de Grado. Con la salvedad, de que como ellos, siempre van por libres y se les permite “campar a sus anchas”, se les consiente tener un injustificado e inadmisible Grado de seis años de duración.
    Pasaré por alto, lo que yo considero, el cachondeo con que nuestra administración se toma la puesta en marcha y aplicación de las especialidades del colectivo enfermero. O la repercusión que en los salarios de estos últimos debería haberse producido al acceder al máximo nivel universitario.
    Prosigo mostrando mi punto de vista al comentario aparecido en este diario. Muchos médicos nos demuestran, día a día, su falta de actitud y aptitud para llevar las riendas de nuestra sanidad. Y esto, para mí, realmente garantiza la insuficiencia, insostenibilidad y la falta de cohesión y equidad del sistema nacional de salud. Podemos hablar, por lo tanto, de una sanidad galeno-bolivariana, impropia de nuestros días y de un Estado que se define como “de derecho”.

    UN POZO SIN FONDO.
    Así podríamos calificar a nuestra sanidad. Los recursos que se dedican a la misma, aunque se duplicasen, nunca serían suficientes. El excesivo número de galenos que hay en nuestro sistema sanitario no hace sino aumentar el número de pruebas y tratamientos, en ocasiones, innecesarios. La Atención Primaria, lejos de frenar el acceso a los hospitales, para quienes efectivamente necesiten tal nivel asistencial, realmente lo fomenta. A mi modesto entender, todo radica en el grado de endiosamiento y despotismo que nuestras autoridades consienten a muchos integrantes del colectivo médico. Estos últimos, lejos de perseguir el bien social que debería esperarse del ejercicio de su profesión, persiguen la conservación de privilegios gremiales trasnochados y caducos para la época en que vivimos. Su enfermiza obsesión por la celebridad eclipsa la verdadera orientación y finalidad que la sociedad espera de ellos: atender al enfermo, dentro de su campo de actuación, repito que ellos no son la única profesión sanitaria, de una forma eficiente y sensata, con un trato mínimamente respetuoso. Que no se olviden de esto último.
    Tal vez para revitalizar y reorientar la atención del primer nivel asistencial o primaria, se debería propiciar que el colectivo mejor preparado académicamente y cuyo rol profesional, se ajusta a la prevención de las enfermedades y la promoción de la salud, estuviera al frente de la dirección de este espacio sanitario. O al menos, ya sé que lo anterior es imposible, si tenemos en cuenta el grado despotismo que se consiente a algunos, cuando menos, se le permitiera ejercer y dirigir autónomamente la esfera de actuación que les marca nuestra legislación. Posiblemente esta coincidencia del rol enfermero con el espíritu y finalidad de la Atención Primaria, con el paso de los años, pondría a cada cual en su lugar. Es decir, situando al médico, con tan “dilatada” y absurda formación, como colaborador del enfermero. Esto último tiene su lógica y resulta de sentido común. Solo tenemos que leer las funciones que asigna a cada uno la actual Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias.
    Este podría ser un primer paso para afrontar esos nuevos escenarios sociales (envejecimiento, cronicidad, patologías neurodegenerativas, etc.). Circunstancias futuras que no es adecuado abordar con una mayor dotación de médicos, farmacéuticos o psicólogos, pues estos lo único que conseguirán es empeorar la situación, medicalizando, empastillando, o inutilizando a nuestra sociedad para abordar las circunstancias normales de la vida, respectivamente.
    Que los médicos se quejen del estado actual de nuestra sanidad, cuando son ellos quien “dirigen” ésta, con total albedrío, resulta pintoresco y nos manifiesta cuales son las “metas”, tan contrarias al bien social, de algunos de ellos.
    Resumiendo, considero que nuestra esperpéntica Atención Primaria no funciona porque al frente de la misma hay personas con mentalidades propias de siglos atrás, incapaces de percatarse que estamos en pleno siglo XXI. Y todo ello con la connivencia de nuestras autoridades públicas. De ahí el refrán con que comenzaba estas líneas: “Entre todos la mataron…”
    Y termino. Mi mente, lejos de estar cerrada a percibir la realidad y el mundo exterior, como señala el comentarista en sus líneas finales, sí que está abierta a cambiar cuando las nuevas realidades o circunstancias varíen, como sería de desear que así fuese. Faltaría más, yo no soy un “semidios”, soy un mortal que pese a las precariedades y sinrazones que encuentra cada día en su ámbito laboral, no pierde la ilusión porque esto cambie, en beneficio de sus pacientes y de la sociedad.

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