Punto de vista

El Ébola que vino para despertarnos

Precisamente ahora que parece que, por fin, todo ha pasado y ya no es noticia la crisis sanitaria quiero hacer mi reflexión personal sobre este asunto.  Tal vez repita cosas porque lo cierto es que he procurado no leer nada sobre el particular evitando las visiones distorsionadas que cada día se publicaban.

Lo primero es, por supuesto, alegrarme de la recuperación de la enferma, que tuvo la desgracia de infectarse con un virus de muy alta letalidad y que afortunadamente ha conseguido superar la enfermedad. Yo no me incluyo en ese eslogan de “todos somos Teresa”, porque me parece que apuntarse a esa frase tan usada últimamente para todo convierte la desgracia en un pequeño circo.  Y el asunto ha sido, y sigue siendo, muy serio.

Como ya se ha “desgastado” suficientemente el nombre de Teresa y puesto que ha sido ella, como podía haber sido otra persona cualquiera, en adelante evitaré utilizar su nombre.

Vivimos en unos tiempos en que siempre se precisa culpar a alguien de lo que sucede.  Una sociedad que no asume que existen accidentes de los que nadie tiene la culpa, que nadie busca que sucedan.  Precisamente por eso se habla de accidentes laborales o de enfermedades profesionales, aunque la reciente ley de mutuas puede hacer desaparecer “por ley” ambos conceptos transformándolos en enfermedades comunes.

Desde las instancias políticas se ha intentado culpar a la auxiliar de enfermería de su propia enfermedad, y eso es algo miserable.

Desde las instancias políticas se ha intentado culpar a la auxiliar de enfermería de su propia enfermedad, y eso es algo miserable.  Esta mujer no fue culpable, sino víctima de un accidente como ocurren tantos en el desarrollo de las profesiones sanitarias, donde la atención al enfermo implica muchísimas veces estar en contacto con secreciones de los pacientes, algo a lo que mucha gente no estaría dispuesta, pero que es inherente a este tipo de trabajo.  Ningún trabajador sanitario protesta por ello si es imprescindible para la correcta atención al enfermo.

Teniendo en cuenta el número de personas que han prestado atención a los misioneros contagiados y fallecidos y los que han atendido a la propia enferma, y viendo que sólo esta auxiliar de enfermería resultó contagiada, es evidente que hubo algún error involuntario y no detectado por su parte en algún momento; pero, insisto, no puede culparse a la paciente de este error.  Por el mismo motivo no puede culparse tampoco al protocolo, evidentemente mejorable como se ha demostrado posteriormente al modificarlo.  Podría culparse de alguna manera a los trajes empleados, que no se corresponden con los que se recomiendan para la protección frente a este tipo de virus, aunque también es cierto que en el foco más profundo de la infección, en los países africanos, se utilizan trajes mucho más simples.

A lo que sí puede culparse es a la falta de formación y de información que desde las instancias políticas se ha ofrecido a los profesionales sanitarios

A lo que sí puede culparse es a la falta de formación y de información que desde las instancias políticas se ha ofrecido a los profesionales sanitarios.  No es suficiente colgar la información y el protocolo en la intranet correspondiente y confiar en que los profesionales lo lean.  Y disculparse después afirmando que “no se puede obligar a nadie a que entre y lea el protocolo”.  Esa es una afirmación que debería ser suficiente para que su autor dimitiera de inmediato, puesto que su obligación  es transmitir la información con claridad a todos los profesionales que puedan verse implicados en la atención a un caso.

No es suficiente con dar un curso consistente en una charla de poco más de un cuarto de hora y sin poder practicar cómo ponerse y quitarse el traje adecuadamente una y otra vez.  Conformarse con eso es poner a los profesionales a los pies de los caballos.

Ni es inteligible que, en vez de formar adecuadamente a un grupo para que pueda enfrentar la atención a los casos que puedan darse, se concluya que los responsables de la atención se decidirán por orden alfabético.

No es responsable dejar de lado a los servicios de prevención y los comités de Seguridad y Salud que deben vigilar por el cumplimiento estricto de las normas que los Servicios de Epidemiología, los verdaderos expertos en el control de las enfermedades transmisibles, elaboren.

Nadie pensaba que pudieran tener que atenderse casos aquí, por lo que las primeras noticias sobre protocolos y trajes no crearon expectativa ninguna

También está la otra parte por supuesto, la de la motivación de los profesionales frente a esta crisis desde antes de que apareciera.  Nadie pensaba que pudieran tener que atenderse casos aquí, por lo que las primeras noticias sobre protocolos y trajes no crearon expectativa ninguna.  E incluso ahora, con la crisis “puesta”, hay profesionales que no quieren saber nada del asunto, tal vez confiando en aquella vieja oración “aparta de mí este cáliz”.

Los profesionales se han quejado de exceso de trabajo con este caso, pero esto no es nuevo.  Esto viene sucediendo desde que comenzaron los recortes y la reducción de plantillas obligando al personal sanitario a asumir más trabajo del que podían realizar con garantías de calidad.  Esperemos que esto sirva al menos para que el gobierno se de cuenta de que es imposible atender adecuadamente a la ciudadanía con menos trabajadores y menos medios.

Al contrario de quienes se manifestaron contra el sacrificio del perro de la enferma, yo sí estoy de acuerdo con hacerlo por el elemental principio de prudencia y de que hay que evitar cualquier riesgo de Salud Pública, y más todavía tratándose de una enfermedad casi desconocido, pero de la que se sabe que algunos mamíferos son portadores del virus que nunca enferman.  Vimos en televisión a gente que se oponía, pero no pudimos ver lo que opinaban los vecinos de la paciente. Es posible que se hubiera podido tomar la opción de la cuarentena, pero en este caso debe primar la relación riesgo/beneficio como así se ha hecho.

Desde el punto de vista de la Salud Pública fue un error (la repatriación de los misioneros) y las consecuencias lo han demostrando.

Al contrario de quienes justifican la repatriación de los misioneros, yo también pienso que no debía haberse hecho.  Traer a dos personas infectadas y con la enfermedad avanzada, no habiendo cura para esa enfermedad, no deja de ser un riesgo que no supo ser evaluado con claridad, a no ser que se pretendiera demostrar al mundo que aquí somos más solidarios que en cualquier otro lugar, y eso después de haber dejado los fondos para cooperación bajo mínimos.  Desde el punto de vista de la Salud Pública fue un error y las consecuencias lo han demostrando.

La técnico en cuidados auxiliares de enfermería se ha salvado, pero no debemos engañarnos: no la hemos curado; se ha curado sola, aunque sea cierto que las medidas de soporte que se le han aplicado han contribuido a que así haya sido.  Nuestro gobierno no debe sacar pecho y presumir de su capacidad de curar enfermos de Ébola.

Yo no me sumo a quienes culpan al Ministerio de este brote epidémico.  En el Ministerio hay técnicos excelentes que hacen su trabajo a conciencia.  El problema no es el Ministerio, sino los responsables políticos del mismo que pretendieron ponerse medallas ante el mundo y no son capaces de asumir que su equivocación pudo costar la vida a más ciudadanos que los que trajeron a morir a España.  Por eso, ahora que todo parece haber pasado, es tiempo de responsabilidades políticas y son imprescindibles las destituciones de la ministra de Sanidad y del consejero de Sanidad de Madrid, si es que ellos mismos no tienen la dignidad suficiente para dimitir.

 El problema no es el Ministerio, sino los responsables políticos del mismo que pretendieron ponerse medallas ante el mundo y no son capaces de asumir su equivocación

Tampoco es tiempo de aprovecharse de la situación.  No es tiempo de manifestaciones de protesta por parte de la población sin saber muy bien cuál es el trasfondo de la protesta.  No es tiempo de que los profesionales se pongan de lado y prefieran no saber del asunto o se manifiesten en “mareas”.  No es tiempo de que los sindicatos pretendan ir más allá de lo que por ley les concierne y pidan que se cuente con ellos para tomar las decisiones sanitarias técnicas, ni de que uno en especial pretenda estar particularmente perjudicado porque la enferma corresponda a su profesión en un mero intento de incrementar afiliación.

Tampoco es tiempo de perpetuar el “circo” pidiendo que a la enferma se le otorguen condecoraciones o la medalla del mérito al trabajo.  De la carta al perro enviada a los medios ni hablo.  Y creo que es inútil pedir responsabilidades judiciales por el contagio, porque de ahí lo más probable es que sólo se pueda determinar la existencia de un error en la aplicación del procedimiento.

Y aunque todo haya pasado, tampoco es tiempo de olvidarse del riesgo.

Para prevenir nuevos casos de ésta o cualquier otra enfermedad importada, es preciso revertir los recortes en sanidad que han disminuido peligrosamente las plantillas sanitarias, los recursos materiales, y han desmantelado unos hospitales públicos y deteriorado gravemente otros, siendo una víctima principal de este sinsentido el hospital Carlos III.  Es necesario además recuperar la sanidad universal para evitar la posibilidad de que puedan existir casos en inmigrantes sin papeles que por no ser atendidos no sean conocidos y se conviertan en un foco infeccioso.

En el mundo global estas crisis pueden ser cada vez más frecuentes y hay que estar vigilantes para combatirlas adecuadamente.  Y, además de escuchar a los expertos, eso sólo se consigue con información clara, formación adecuada, y sobre todo voluntad política para aunar todos los esfuerzos en una misma dirección.

Salvador Escribano

1 Comentario

  1. mila says:

    Totalmente de acuerdo contigo. Pena.