Punto de vista ante el anuncio de la creación de un centro estatal de sp

El desarrollo de la Salud Pública (SP) en España

El anuncio de la creación de un Centro Estatal de Salud Pública, necesario pero no suficiente, lleva a los autores a reflexionar sobre su proyección y cuyo contenido no puede quedarse en un instrumento al que se recurre en situaciones graves, como está sucediendo actualmente con la pandemia. De ahí la conveniencia de ofrecer un recorrido sobre los orígenes de tal cometido y su evolución histórica.

La pandemia ha puesto de manifiesto, como antes lo hizo el síndrome del aceite tóxico y en el ínterin la propagación del VIH o los brotes de legionelosis, entre otros episodios, la precariedad de la salud pública española.  Una fragilidad que se arrastra desde los tiempos en los que se le llamaba sanidad, cuando dependía del Ministerio de la Gobernación donde existía una dirección general que se ocupaba de los problemas de salud colectivos. En aquella época la asistencia sanitaria dependía del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, aunque la beneficencia era responsabilidad gubernativa.

Entre paréntesis, una dependencia lógica puesto que la Salud Pública — como se llama hoy a la sanidad oficial en España– nace precisamente como un órgano de la gobernación de un país, en este caso el Reino Unido de la Gran Bretaña al promulgar la ley de Salud Pública en 1848.  Iniciativa adoptada formalmente para garantizar la protección de la salud de la población, particularmente de la población más necesitada y mediante la cual se pretendía también garantizar el buen comportamiento higiénico y moral del proletariado industrial.  Una empresa que inspirará disposiciones parecidas en toda Europa, incluida la española ley de Sanidad de 1855.  La contribución al proceso de construcción de los estados modernos que se inicia con el reconocimiento de las soberanías nacionales en la paz de Westfalia (1648) y que comportará la inviolabilidad de las fronteras y la institucionalización de las aduanas, de la hacienda, de la policía y de otras muchas administraciones, incluida la sanitaria.

Medidas preventivas y de control

Bienvenido sea el anuncio de la inminente creación del centro estatal de Salud Pública (SP) comprometido hace diez años ya en la Ley General de SP, normativa que ha sido ignorada por los sucesivos gobiernos desde entonces

Una administración, la de la Salud Pública, que contribuye a la salvaguarda del orden público en aquellos aspectos que tienen que ver con las enfermedades y la población.  Aspecto que fue identificado y descrito por Michael Foucault en su interpretación de la biopolítica.  Una dimensión ésta distinta de la que corresponde al conjunto de disciplinas académicas que hoy se cobijan bajo la denominación de Salud Pública y que en su momento merecieron el nombre de higiene y como mucho el de medicina social.  Disciplinas y actividades que se han desarrollado en nuestro país -y en bastantes más — mucho más que la sanidad o la salud pública gubernativa.  Materias entre las cuales destaca la epidemiología cuyo marco de acción se ha ampliado enormemente gracias al perfeccionamiento de los métodos de medida y de análisis de datos relacionados con la salud y la enfermedad.

Perspectivas y dimensiones singulares y distintas, aunque complementarias. Porque los conocimientos y las destrezas de docentes e investigadores deberían nutrir las competencias y habilidades de los titulares de las responsabilidades técnico-administrativas que corresponden a la salud pública y que fundamentan y en su caso justifican las decisiones de las autoridades sanitarias — legitimadas para ello por la ciudadanía– a la hora de establecer medidas preventivas y de control para el conjunto de la sociedad.

Centro Estatal de SP

La creación del centro anunciada recientemente por la ministra de Sanidad  parece un paso imprescindible para mejorar efectivamente el desempeño de la salud pública

Así pues, bienvenido sea el anuncio de la inminente creación del centro estatal de SP comprometido hace diez años ya en la Ley General de SP, normativa que ha sido ignorada por los sucesivos gobiernos desde entonces. Una iniciativa que, entre otros, cuenta con el decidido soporte de SESPAS (Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria), organizadora de un encuentro en la XXXII edición de la escuela de verano de SP de Baleares con el propósito de contribuir a la materialización de este postergado compromiso.

En cualquier caso el desarrollo de la SP en España requiere actuar sobre ambas dimensiones de modo que la creación del centro — agencia, o la fórmula que resulte más conveniente– anunciada recientemente por la ministra de Sanidad, nos parece un paso imprescindible para mejorar efectivamente el desempeño de la salud pública. Necesario pero no suficiente. Y no es por el temor a que se convierta en una coartada — no sólo, claro– que confunda, enlentezca o incluso distraiga respecto de otras iniciativas complementarias que son igualmente necesarias.

Sino también porque el papel de la SP como parte del sistema sanitario tiene poco sentido si sigue siendo principalmente un apéndice marginal del complejo tecnológico-asistencial, del que nos acordamos — de la SP–  como de Santa Bárbara, cuando truena o más precisamente, cuando ya está diluviando.  Un sistema sanitario que se reviste hipócritamente bajo el manto de la salud  mientras se dedica — afortunadamente– a tratar a los pacientes de sus enfermedades y dolencias y más desafortunadamente cuando medicaliza inadecuadamente situaciones que quedan fuera de sus posibilidades reales de actuación y que está claramente desequilibrado por el predominio de una visión hospitalocéntrica  en  demérito de un planteamiento más holístico de la enfermedad y la salud.

Promoción y protección de la salud

El papel de la SP como parte del sistema sanitario tiene poco sentido si sigue siendo principalmente un apéndice marginal del complejo tecnológico-asistencial

Pero es que la SP, si atendemos a la definición del Institute of Medicine en el texto de 1988: “El futuro de la SP” es todo aquello que como sociedad emprendemos para mejorar la salud colectiva; es decir, la protección y la promoción colectivas de la salud comunitaria, entendida la salud como algo más y distinto que la mera ausencia de enfermedad y desde luego que la mera supervivencia como ya nos explicó Cicerón en “De Senectute“.  Un autor que desde la Salud Pública se ha traído a colación durante la pandemia reproduciendo un aforismo que se le atribuye: ” Salus publica suprema lex est“, aunque su significado difiera del que se le ha atribuido para justificar la supremacía de los valores sanitarios sobre otros por lo menos tan dignos de atención. Porque salus en latín es salvación, como bien aplicaron los revolucionarios franceses al crear sus comités de salud pública.

Más allá de epidemias y pandemias

La creación del Centro Estatal de SP no debe utilizarse como un instrumento para suplantar el protagonismo de muchos sectores de la sociedad y de las administraciones cuya influencia resulta determinante para el mantenimiento y la mejora de la salud colectiva

Es por ello necesario que la creación del Centro Estatal de SP no se utilice como un instrumento para suplantar el protagonismo de muchos sectores de la sociedad y de las administraciones -como urbanismo, transporte, vivienda, trabajo, o, entre otros más, educación– cuya influencia resulta determinante para el mantenimiento y la mejora de la salud colectiva. Es preciso no sólo no obstaculizar si no facilitar en lo posible el desarrollo de una auténtica salud comunitaria en la que la sanidad y la salud pública sanitaria jueguen el papel que les corresponde, ni más ni menos.

El que la pandemia haya estimulado la recuperación de esta propuesta institucional, no debería dirigir primordialmente sus funciones al control de epidemias y pandemias.  Debería ser más bien una organización autónoma, capaz de aglutinar y coordinar los notorios esfuerzos de los múltiples dispositivos y profesionales que ya existen. Trabajando en red y de forma descentralizada y participativa. Como un “think tank” del que emanen análisis y acciones proactivas dirigidas a potenciar la perspectiva poblacional en el ámbito de las políticas de bienestar y calidad de vida, actuando como un instrumento para hacer efectivo el lema de “salud en todas las políticas” o él en cierto modo semejante eslogan de “One Health” que ha decidido patrocinar la OMS.

No dejemos pasar otra vez la oportunidad.

 

Andreu Segura Benedicto y Amando Martín Zurro

Andreu Segura, epidemiólogo jubilado. Vocal del Comité de Bioética y del Consejo Asesor de Salut Pública de Cataluña. Médico especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública. Amando Martín Zurro, doctor en Medicina y Cirugía. Especialista en Medicina de Familia y Comunitaria y Medicina Interna.