Punto de vista Apuntes de un boticario

El delicado juego de las palabras

Deben ser cosas mías, pero me gusta muchísimo jugar con las palabras aun consciente de que son armas arrojadizas, con poco futuro, como comprobaría, de vivir, el propio Celaya, que pueden dañar a algunas personas y, en otro caso, sanarlas.

En mi trayectoria sanitaria he sido más aliviador que conocedor profundo de una patología física y siempre he utilizado la palabra más que el medicamento. De esta forma, verbigracia, le he dicho a un paciente mayor, triste y cansado, en su condición de anciano, sin negarle la mayor, (nada de que la edad está en el corazón ni gilipolleces semejantes, pues hablo de viejos inteligentes) que su falta de vigor físico lo sustituye la experiencia y que ésta puede ser una cualidad atractiva incluso para mujeres jóvenes que, ante un viejo de aseado porte y fino verbo, pueden sentirse atraídas, incluso físicamente, por él. Esta consideración la apoyo en la pareja Saramago y Pilar del Río.

Mi padre, el dardo en la palabra, en una ocasión y ante el voraz apetito que me impulsó a empezar a comer antes que los demás, me llamó la atención y yo, en legítima defensa, repipi que he sido siempre, le dije: “Papá, cuando las ganas de ‘comer’ aprietan, ni la paz de los muertos se respeta”. El experto me contestó: “ese refrán no es exactamente así, pero por ahí te vas a escapar”.

Expresar lo contrario

En mi trayectoria sanitaria he sido más aliviador que conocedor profundo de una patología física y siempre he utilizado la palabra más que el medicamento

En mi tierra se utiliza una figura expresiva que podría calificarse como homeopática por el principio de “contraris contraria…”. Se expresa calor por frío para resaltar el que esté nevando. “Quítate el chaquetón que hoy el Lorenzo (sol tórrido) está pegando tela”.

Yo, jugador de palabras, suelo utilizar mucho estos modismos expresivos que en algunos casos se prestan a involuntarios agravios. Me pasó en Bilbao. Entré en una famosa carnicería donde lucían piezas ante cuya sola visión  se me caía la baba. Le dije en voz alta a mi pareja, porque era paisana, “¡Anda que la carne está “podría”!, queriendo con ello ensalzar su calidad. El dueño, que me oyó, saltó enfurecido y puso ante mis ojos una serie de documentos metidos en plásticos que certificaban su procedencia y la calidad sanitaria de las mismas. Aclarado el encono, la cosa no pasó a mayores y el incidente acabó en risas y halagos.

Enfermera titulada

Ser sólo ATS era bajar el nivel profesional y para no caer en un renuncio había que llamarlas ATS/DUE

Desde tiempo inmemorial, cuando las citas médicas privadas se hacían mayormente a través del teléfono, solía contestar una señora o señorita a la que  se calificaba como la “enfermera” del galeno.

Cuando comentaba este apelativo profesional a una “enfermera titulada” y puntillosa exclamaba: “La que te ha tomado la cita tiene de enfermera lo que yo de Teresa de Calcuta. Enfermera es una expresión que utiliza el vulgo para referirse a cualquiera que con una bata blanca esté relacionada con la medicina. Yo soy ATS y la que te ha cogido el teléfono es si acaso “la que le pasa consulta” al médico, que en muchos casos es su mujer o una pariente. Y la que ves por el pasillo de un hospital con una bata ante la que la viejecita se le rinde diciéndole enfermera, es una auxiliar de enfermería que, además, en algunas ocasiones ha ejercido el intrusismo poniendo inyecciones a domicilio y siendo conocida en el barrio por la “practicante”, término que, dicho sea de paso, a mí, sigue diciendo mi amiga, me cae fatal. ¿Practicante?. ¡Qué horror, ni que estuviésemos en la postguerra!”. Yo  le contesto que estoy tan de acuerdo con ella que, cuando me preguntan si soy católico practicante, contesto que soy católico ATS.

Quizás al que me lea le parecerá que estoy hablando del pleistoceno sanitario, cuando, por el contrario, casi “ayer por la mañana” ser sólo ATS era bajar el nivel profesional y para no caer en un renuncio había que llamarlas ATS/DUE.  Tan es así que en esta tesitura siempre he pensado qué nuevo invento calificativo estaría a punto de llegar para no meter la pata con gente de la profesión en la que trabajo.

Denominaciones obsoletas

En ello estaba cuando leo que el Instituto Nacional de Estadística (INE) no volverá a emplear en su Boletín Estadístico del Parto denominaciones obsoletas con las que referirse a las enfermeras/os y matronas/es, tras la petición realizada al respecto desde el Sindicato de Enfermería, SATSE. Tras constatar que en el Boletín Estadístico del Parto se seguía denominando a las enfermeras/os como ATS… SATSE dirigió un escrito el pasado mes de noviembre al INE para solicitarle que modificase estos términos desactualizados que hace ya tiempo que no se utilizan para referirse a las y los profesionales de Enfermería. Una demanda que fue bien recibida por el Instituto Nacional de Estadística que hace escasos días se dirigió a la organización sindical reconociendo que el boletín no se había actualizado convenientemente y que se iba a proceder de manera inmediata a la sustitución de los términos referidos en las nuevas tiradas de este documento que se cumplimenta tras un nacimiento para que el INE pueda contar con información detallada de cara a la elaboración de su Estadística del Movimiento Natural de la Población.

A pesar de esta genialidad, a un servidor le sigue gustando, creo que se nota, que le llamen boticario cuando, por el contrario, hay compañeros que lo consideran término ofensivo cuando ellos, curiosamente, tienen botica y yo no. Porque siempre creeré que el rango lo lleva la persona.

Relación enfermera

A un servidor le sigue gustando que le llamen boticario cuando, por el contrario, hay compañeros que lo consideran término ofensivo cuando ellos, curiosamente, tienen botica y yo no

No obstante los lectores no deben prejuzgarme y creer que sufro una manía obsesiva con mi admirada enfermería. Al revés: he tenido la suerte de que mi mundo tanto afectivo como profesional ha girado alrededor de las enfermeras y si esto lo tuviese que manifestar en público no podría enumerar, por temor a obviar algunas, las más de diez enfermeras con las que me sigo tratando en la actualidad.

En la actualidad desgraciadamente, y sigo con la semántica,  sufrimos una epidemia de estulticia contagiosa potenciada por la impronta de la comunicación, (¡ojo!, no información).

El tonto del pueblo tenía como condición “sine qua non” ser chismoso y en su estulticia modificaba noticias convirtiéndolas en bulos (las actuales “fake news”) pero su poder de difusión era lento y corto (las balas no son peligrosas en sí, lo es la velocidad que adquieren al ser disparadas).

Hoy sólo han de observar, dando un paseo, la cantidad de personas de toda edad y condición sentadas en un banco o velador de la calle absortas ante la pantallita del invento. Son los modernos tontos de pueblo multiplicados por miles (ametralladores de pseudopalabras) cuyo único entretenimiento es hacerse receptores y emisores de tanta gilipollez que abunda en la red.

Y pongo un ejemplo preocupante: Vean la salida al campo de dos equipos de fútbol y observen cómo el graderío de enfrente se llena de miles de “flashes”, algo que tendría cierta explicación si se tratase de un encuentro de los llamados “partidos del siglo”, pero es igual. Se trata del partido Numancia-Albacete. de la sexta jornada de la 2ª división. ¿Cómo es posible creer que haya tantos imbéciles que quieran dejar constancia, para su ignota biografía, de tan transcendental hecho. Aun así son estólidos que no hacen daño a nadie.

Fomentan mi intolerancia, cosa que no me gusta, los que permanentemente están “guasapeando” entre las decenas de “amigos” atrapados en su grupo, textos y/o imágenes generadas por aburridos cizañeros que siembran la discordia sin saber el valor de la palabra.

De última hora

Y al hilo de todo, comienzo estos primeros “Apuntes” del recién nacido 2019 con una noticia de “última hora” (dos palabras que ya no tienen contenido) que manifiesta  relevante que una ¡farmacéutica! haya sido incorporada a la UCI del Complejo Hospitalario de Navarra. Se trata de Amaia Egüés Lugea, a la que felicito y me enorgullezco de ser su compañero.

Pero me molesta el hincapié de dicha noticia, puntilloso que es uno, matizando que ocupe tal rango sanitario siendo mujer y farmacéutica. Mire usted, en la profesión farmacéutica hay más mujeres que hombres desde tiempo inmemorial y el que se haya tardado tanto en darle relevancia científica a nuestra profesión a un servidor le llena de tristeza.

Aún así, habrá que ver si cuando el familiar del enfermo en la UCI, anhelante de noticias, pida información clínica a esta compañera, al salir del “box”,  dé fiabilidad a sus “noticias” si ve que en la escarapela que cuelga del bolsillo superior de su bata luce, en lugar de “médico”, la palabra “farmacéutica” y pueda espetarle” ¿Qué hace una “boticaria” como usted en un sitio como este?.

No le eches cuenta Amaia. Dile que tú estás donde estás, porque eres una chica que vales mucho.

Final. A todos, mi deseo de una feliz entrada de año y también apostillar, en mi amor a la palabra, que todo lo escrito sobre las enfermeras no es lenguaje exclusivo sino economía del mismo. No vaya a ser que los enfermeros se me enfaden  pues, como a sus compañeras también, no tanto, a ellos los quiero mucho.

Pedro Caballero-Infante

Especialista en Análisis Clínicos caballeroinf@hotmail.es Twitter: @caballeroinf

1 Comentario

  1. Isidoro Jiménez Rodríguez says:

    LA (MALIGNA) INTENCIONALIDAD DE LAS DENOMINACIONES ENFERMERAS.
    Que a estas alturas alguien, -que por cierto, desconoce la aportación del colectivo enfermero al mantenimiento de nuestro sistema sanitario-, nos venga a dar lecciones de lexicología, más bien parece una burla.
    No hay que ser una lumbrera para entender que los términos “practicante”, “ayudante”, “diplomado”, “auxiliar”… rozan el insulto y desconsideración. Pero es que además, entre las profesiones sanitarias actuales no se contemplan oficialmente ninguna de tales denominaciones.
    ¿Qué pasa en nuestra sanidad para que perduren estas situaciones y circunstancias tan desfasadas y fuera de lugar?.

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