Punto de vista reflexión sobre la atención prestada a los mayores

El cuidado enfermero, eje fundamental en la atención a nuestros mayores

— Madrid 7 Abr, 2020 - 12:30 pm

La extraordinaria y sostenida crisis sanitaria que estamos padeciendo ha evidenciado los problemas que arrastra nuestro sistema de salud y que ahora suponen un estrés añadido a todo el entramado sociosanitario, desde la Atención Primaria y Hospitalaria, pasando por la dramática situación de los Servicios de Urgencias y UCIs.

Unas circunstancias que han convertido nuestro país en un magno hospital de campaña, que comienza en el núcleo familiar, continúa en el centro de salud donde, por cierto, se ha limitado la capacidad asistencial de las enfermeras, algo que no compartimos y que ya hemos denunciado, que continúa en el hospital e, incluso, afecta ya a hoteles y otras clases de edificios y espacios públicos.

En esta terrible situación también hay que incluir a las residencias de personas mayores, que tristemente han sido noticia por las lamentables circunstancias en las que se ha encontrado a algunos residentes en determinados lugares.

Una denuncia antigua

El crecimiento progresivo de los servicios sociosanitarios conlleva problemas organizativos en los centros de salud y residencias

Y es que el sistema sanitario español se ha dado de bruces con una realidad que, desde el Colegio de Enfermería de Madrid y otras Organizaciones y Asociaciones y los mismos profesionales de las residencias, venimos denunciado desde hace mucho tiempo, públicamente y ante las Consejerías correspondientes. El crecimiento progresivo de los servicios sociosanitarios conlleva problemas organizativos en los centros de salud y residencias. Algo que supone un reto permanente para los profesionales que se ocupan de la salud y el bienestar de estas personas.

Si los desafíos de enfermeras/os en el ámbito residencial eran enormes en circunstancias normales, en estos momentos la amenaza que supone no disponer de equipos adecuadamente dimensionados incrementa la vulnerabilidad de los más frágiles. El aumento de carga de trabajo es casi imposible de cubrir a nivel físico y anímico en un momento en el que el cuidado enfermero acentúa su valor como eje fundamental para la atención de nuestros mayores.

La enfermera como líder

Lo que decimos no es cosa menor. Recordemos que, en las residencias, la enfermera lidera, define y formula la especificidad de la atención adaptada a cada persona. Es responsable del proceso de cuidar y proporcionar la atención individualizada a cada residente/paciente, de forma sistemática y organizada. La enfermera valora sus necesidades, deficiencias, recursos y posibilidades para potenciar sus capacidades físicas y cognitivas según su grado de autonomía. Un proceso que requiere una monitorización permanente y una coordinación plena con familias y cuidadores y demás profesionales.

Lo que no se puede, en modo alguno, es escatimar recursos a una población formada por un alto porcentaje de personas vulnerables y frágiles

Nuestras compañeras y compañeros asumen este rol desde la responsabilidad que les otorga ser los expertos y garantes del cuidado en toda la extensión de su significado. Y lo hacen desde el absoluto respeto, con el pleno conocimiento de estas personas y su entorno sociosanitario. Factores que hacen que la enfermera/o sea el baluarte indispensable del bienestar físico, mental y humano de estas personas.

Ante este panorama es evidente que la crítica situación a la que hacíamos referencia al comienzo de estas líneas exige que las Administraciones destinen los recursos suficientes, tanto humanos como materiales, para paliar al menos los problemas más urgentes que afectan precisamente a las personas más vulnerables.

Porque a estas alturas, todo el mundo sabe que las personas mayores son el principal grupo de riesgo frente a esta pandemia. Los que viven en residencias y están muriendo lo hacen en ausencia de sus familias y seres queridos. Sin una despedida. Solo cuentan con su enfermera de siempre, que ahora está absolutamente desbordada ante la escasez de profesionales. Y que, una vez más, antepone su propia salud y resistencia a todo lo demás.

Perspectiva humanizada

Esta es la cruda realidad, cuya solución hay que abordar desde una perspectiva más humanizada, algo en lo que las enfermeras/os somos precursoras. Un concepto que, poco a poco, va calando en el resto del sistema y de los profesionales, pero que ahora más que nunca ha de ser mucho más patente, empezando por la Administración a la hora de tomar decisiones.

Por lo tanto, para ser realmente eficaces en la lucha contra esta pandemia, y, sobre todo, protegiendo a los más vulnerables, lo primero que hay que hacer es redimensionar la ratio de enfermera/o por residente/paciente, que ya no se cumplía en ningún caso antes de la crisis del coronavirus.

En estos días, muchas residencias están solicitando enfermeras para contratar. Una cuestión que hay que llevar a cabo con total rigor en cuanto a comprobación y homologación de títulos, que sean presentados por las/os profesionales independientemente de su nacionalidad. Una labor que el Colegio ha asumido desde el minuto uno de la alarma.

En definitiva, todos tenemos que sumar esfuerzos, cada uno desde nuestra responsabilidad. Lo que no se puede, en modo alguno, es escatimar recursos a una población formada por un alto porcentaje de personas vulnerables y frágiles. Somos una sociedad que ha demostrado su grandeza en infinidad de ocasiones. Las decisiones que adoptemos para salvaguardar la vida de estas personas mostrarán qué clase de sociedad somos, como también nuestra capacidad de cuidar como se merecen a quienes más nos necesitan.

Urge poner freno al virus en todos sus frentes, eso es lo primero. Pero desde aquí invito a reflexionar de manera inmediata sobre la atención que prestamos a nuestros mayores y sus condiciones sociosanitarias. Es una de las lecciones que nos deja esta crisis. Aprendámosla.

 

Mar Rocha

Enfermera portavoz del Colegio de Enfermería de Madrid