Punto de vista Apuntes de un boticario

El cliente es el producto

Ante el avance de las nuevas tecnologías, que no sólo comportan cambios en las terminologías, el autor muestra su preocupación por la repercusión en la farmacia presencial.

.Ya en la película, por mí citada en otra ocasión, “El dormilón” (1973), el genial Woody Allen nos mostraba, adelantándose al futuro, robots con inteligencia artificial.

(Lapso al margen): sigo sin comprender que tipos como este, hablo de Woody, puedan haber llegado a octogenarios porque ser creativo, “digerir” lo que se ve y, con una imaginación fuera de lo común, adelantarse al futuro, tiene un precio vital que me hace increíble que aún subsista en esta previsible historia que es la vida. Porque el pueril “carpe diem” es el remedio mayoritario al que acuden los de tan provectas edades.

Pues bien, esta broma fílmica del genio, sobre la inteligencia artificial, casi cincuenta años más tarde, ha ido tomando cuerpo y ya es, o muy pronto lo será, una solemne realidad.

Metido en Internet

Hace menos, ya metido obligatoriamente en Internet, y comenzado a conocer nuevos términos, como algoritmo, que define el conjunto de instrucciones que sirven para ejecutar una tarea o resolver un problema y que éste o éstos iban de la mano de Google o Wikipedia, fue cuando vino a mi mente natural (todavía sin IA) una frase de Don José Plá, del que dicen que dijo, al visitar Manhattan: “¿Y quién paga todo esto?”.

Los usuarios o clientes de los medios técnicos hemos sido utilizados como productos que han cebado a este monstruo que, desaforadamente empleado, puede llegar (creo que ya lo está haciendo) a destruirnos.

Yo, usuario habitual de Larousses, Espasas, Marías Molineres y Draes, quedábame pasmado al comprobar cómo, pulsando una tecla, decenas de profesores o didactas me resolvían de inmediato, y con prolijidad extenuante, dudas de todo calibre y ámbitos. Ante ello, y remedando a Plá,  yo les preguntaba, de esto hace ya años, a mis jóvenes colaboradores y/o compañeros de trabajo: “¿Quién paga todo esto?”. Ninguno, aunque dada su juventud ya lo veían como algo usual, supo contestar a lo que el tiempo se ha encargado en hacer.

Nosotros los usuarios o clientes de estos medios técnicos hemos sido utilizados como productos que han cebado a este monstruo que, desaforadamente empleado, puede llegar (creo que ya lo está haciendo) a destruirnos.

Big Data

El viejo Gran Hermano, hoy Big Data, ha sido el invasor de nuestros cuerpos (buena película también) y lo ha hecho poniéndonos el cebo del acceso fácil y gratuito a todo tipo de información para que los usuarios nos hayamos ido dejando pelos de nuestra vida en la gatera virtual. De esta forma  ELLOS (los intangibles) se han hecho con información que les hace saber, pues ya conocen nuestras tendencias y gustos, (datos personales aparte también), cómo manejarnos para llevarnos al huerto que más les interese. (Política, economía, salud etc…). En definitiva hemos sido el producto y el precio.

Y como yo escribo en estos “Apuntes” sobre boticarios, (¿tendrá algo que ver en esto la expulsión del cofundador de Cochrane, Peter Goetzsche?), aplico el cuento de estos discernimientos metafísicos  a la botica ya que, y vuelvo a mi querido Woody, tantas noticias relacionadas con el mundo actual de la farmacia y tanta contradicción como llevan implícitas me puede llevar directamente al psiquiatra de turno. Por ello advierto que su lectura puede ser perjudicial para la salud.

“Retwitter no provocado”

Hace unos días recibí un “retwitter” que yo no había “provocado” en el que alguien, y por ello no puedo publicitar su nombre, escribía:

“Al finalizar una conferencia en la que hablé de cómo la transformación digital afecta ya al sector farmacéutico y cuáles son las claves que sería bueno tener en cuenta de cara al futuro inmediato por parte de los profesionales del sector, una farmacéutica me dijo que su negocio no había cambiado en mucho tiempo y que, estaba segura, no iba a cambiar en el futuro. Que eso de la disrupción no iba con ella. Ciertamente es complicado explicar que en un sector regulado, donde hay docenas de normas que se esfuerzan por retorcer la ley a gusto del sector a sabiendas que el mundo va por otro lado, vayan a haber cambios que lo modifiquen todo y que pongan en riesgo el modelo tradicional. Pero eso va a pasar. Y así mi respuesta a la citada farmacéutica fue simple: No te creas que el tuyo, por mucha norma que impere, está exento”. Si tu cliente habitual cuando quiere ir al cine se conecta a Netflix, cuando quiere un libro lo lee como un servicio desde su Kindle, cuando necesita un champú lo pide en línea, cuando quiere unas zapatillas de deporte no va a ninguna tienda y lo compra desde el móvil, cuando quiere un coche no se lo compra, lo utiliza por unas horas gracias a que alguien ha puesto el suyo en una plataforma para compartirlo, cuando quiere unas vacaciones se pone en manos de comparadores autónomos de hotel y vuelos, cuando quiere sorprender a su pareja se conecta a una plataforma que no requiere de su presencia para decidir qué comprar, cuando quiere pagar algo no utiliza su dinero físico ni tarjeta, cuando quiere ver la televisión ya no la pone sino que busca lo que quiere ver en Youtube, cuando quiere escribir en cualquier idioma no llama un traductor, cuando quiere buscar trabajo utiliza su móvil, cuando quiere relacionarse lo hace moviendo el dedo gordo de su mano o, por terminar, cuando busca una opinión médica entra en plataformas de reservas y no de una mutua. Ese cliente habitual que, aunque no te lo ha dicho, ya ha empezado a pedir vitaminas, compuestos autorizados naturales y pequeños ‘medicamentos’ sin receta a algún portal que los ofrecen. Ese cliente que dices tener seguro, ¿por qué narices iba a ser sólo a ti a quien iba a visitar físicamente?”

Hasta aquí un extracto de la larga conferencia de esta persona; texto al que procuré mimar dándole muchas vueltas para que la “reducción”, por emplear términos culinarios, no le hiciese perder “sustancia”. Una vez realizada la operación lo introduje en el congelador del disco duro para mejor ocasión, pero dos noticias actuales, que han mordido mi mente crítica, han hecho que lo meta en el microondas para servírselo a mis lectores como primer plato.

Noticias desencadenantes

Deberíamos plantearnos el cese o cambio radical de las Facultades de Farmacia o, en su defecto, dedicarlas a la investigación de las nuevas tecnologías con el fin de conseguir la figura del boticario virtual

Las dos noticias desencadenantes han sido las siguientes:

“La soledad y el aislamiento se han convertido en los principales factores de riesgo de la tercera edad. Esta situación repercute no solo en la forma de vida de este grupo poblacional, sino también influye de forma significativa en su bienestar psicológico. Según los expertos, la soledad puede desembocar en sentimientos de hostilidad, resentimiento, tristeza y ansiedad que, a su vez, reactivan mecanismos neurobiológicos que pueden dañar la cognición, la emoción, el comportamiento y la salud de estas personas, llegando a incrementarse la probabilidad de dependencia e, incluso, mortalidad. Además, el 23% tiene miedo a no contar con nadie que les atienda cuando sea necesario en esta etapa”.

Esta terrible estadística entra en plena confrontación con el debatido tema del marcar territorios en las profesiones sanitarias, cuestión que entronca con la otra noticia referida. Esta dice que, en el recién clausurado XXI Congreso Nacional Farmacéutico celebrado en Burgos, la Directora General de Farmacia, Doña Patricia Lacruz, manifestó: “En una época en la que España camina por un nuevo paradigma sociosanitario marcado por el envejecimiento, la dependencia y la cronicidad, y en el que la atribución de nuevas funciones asistenciales a las farmacias choca con la oposición pública de las instituciones representativas de colectivos como Enfermería, yo os digo que desde el Ministerio de Sanidad se ataja cualquier atisbo de recelos y recuerdo que se trata de trabajar juntos para mejorar los resultados en salud”.

Y agregó: “Todo ello partiendo de la creencia de que la farmacia comunitaria es imprescindible en el ámbito asistencial ambulatorio y lo que no sea así, y haciendo un guiño a la historia, son mentalidades más propias de Atapuerca”.

Amazon y farmacia

Pues parece ser que Amazon, valga como ejemplo monstruoso de lo escrito al principio, no está por la labor y sólo o en compañía de otros, curiosamente muchos boticarios de mostrador, tiende a acabar con el modelo farmacéutico que rige actualmente en España.

Visto este panorama y “digerido” lo escrito, (cosa que, como advertí “ut supra”, es más perjudicial que el tabaco), si va venciendo la tesis del conferenciante citado al principio, deberíamos plantearnos el cese o cambio radical de las Facultades de Farmacia o, en su defecto, dedicarlas a la investigación de las nuevas tecnologías con el fin de conseguir la figura del boticario virtual o bien a través de un algoritmo buscar una aplicación que logre la creación de una mano con textura humana que, con inteligencia artificial, sea a la que se aferre el solitario anciano antes de exhalar su último suspiro.

Pedro Caballero-Infante

Especialista en Análisis Clínicos caballeroinf@hotmail.es Twitter: @caballeroinf

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