El mirador

El cabás del profesional sanitario (cuatro cabases, en realidad)

Al cabás que, como portador de los utensilios profesionales, suele identificar al médico, el comentarista añade otros tres, que califica de inmateriales, pero que considera tan fundamentales como el primero y que enumera como cabás del conocimiento general, cabás del conocimiento local y cabás del compromiso. En el fondo, son los elementos imprescindibles para que el médico responda a las expectativas depositadas en él por el enfermo.

Si viene un fontanero a casa, a reparar una avería, viene cargado con sus artes, aparejos y utensilios, los propios de su actividad. No trae lo mismo un fontanero que un albañil. Si viene un pintor, sus útiles son muy distintos de los del fontanero y del albañil. Cada profesión se define por sus instrumentos de trabajo. Así, en el ordenador de un arquitecto es de esperar un determinado contenido, muy distinto de lo que se incluye en el ordenador de un médico; lo mismo sucede respecto al contenido de su despacho. Si vemos una fotografía de un profesional con el fonendo al cuello, se sugiere la profesión de médico, no la de fontanero, ni albañil, ni pintor, ni arquitecto.

 

Por supuesto, no basta con los aparejos, artes y utensilios, con los recursos; se precisa del conocimiento. De hecho, uno puede verse ante la furgoneta de un fontanero y maravillarse de su contenido, sin llegar a adivinar el uso de mucho del mismo. Uno entra en el ordenador de un diseñador de joyas, y no sabe ni qué significan los nombres de los programas, ni su utilidad, ni su forma de uso. Pasa lo mismo con el taller de un joyero, que puede estar a nuestra disposición, pero sernos inútil completo. ¿De qué sirve tener acceso a una inmensa base de datos de sentencias judiciales, si uno no es abogado, ni experto en el campo del que tratan? No basta, pues, con los recursos. Se precisan recursos y conocimiento (formación) para su mejor uso.

 

Además, si el fontanero es conocido (por ejemplo, fue el que participó en la última reforma), recuerda la instalación y sabe casi de memoria la distribución de las tuberías y aparatos. Ese conocimiento de la casa facilita el trabajo, y generalmente el fontanero va directo a donde es más probable la avería. Tiene instrumentos y conocimientos de su profesión, y, además, sabe de las instalaciones locales, de los fallos más probables, de la distribución de las cañerías y aparatos. El abogado que tiene buenos recursos y conocimientos de su profesión es más eficaz si, además, es práctico en los tribunales locales, y sabe de trucos y triquiñuelas nacionales, y del carácter de jueces y fiscales. Por ello, todos los grandes bufetes internacionales tienen sus delegaciones “locales”, para sacar el máximo provecho a sus recursos y a sus conocimientos generales. Lo mismo sucede con los arquitectos, que precisan del conocimiento local para, por ejemplo, saber las obligaciones a que están sujetos en cada nación.

 

Por último, los profesionales se comprometen con los clientes. Es decir, los profesionales no son simples “máquinas de resolver problemas”, pues además entienden la repercusión de dichos problemas en la vida de los clientes. Una avería que inunda a los vecinos no es lo mismo que una avería que producen una simple mancha de humedad en la pared; y no es lo mismo en la casa de una anciana que vive sola que en la casa de un colega que está de viaje. El fontanero “se compromete” en el arreglo, y termina su trabajo ya fuera de hora, pero con éxito, y acepta un café. El diseñador de joyas también se compromete, y entiende al cliente y su ansia por lograr una pieza igual a la que ha perdido su esposa, a la que quiere sorprender con un regalo inesperado. El diseñador termina comprendiendo al cliente, y establece una corriente de empatía hasta lograr el objetivo común (se convierte en “común” a ambos). En general, los profesionales ponen corazón en su trabajo y, habitualmente, sólo logran éxito cuando lo ponen.

 

El cabás (el maletín con el material)

 

Según la Academia de la Lengua, es cabás una pequeña esportilla, sera o cestillo para guardar la compra. También una especie de cartera en forma de baúl, con asa, empleada para llevar al colegio libros y útiles para el trabajo. Y también, un maletín pequeño. En este sentido, es cabás el maletín de cuero con un asa, que se abre con una cremallera o similar, para facilitar el acceso a su contenido. El cabás es el maletín del médico

http://www.equipocesca.org/uso-apropiado-de-recursos/el-cabas-del-medico-rural-un-estudio-empirico/

 

La palabra tiene origen provenzal, cabas, del latín vulgar capacium, capazo o capacho (originalmente, en Francia, cesto que servía para llevar provisiones de boca). El cabás identifica en la imagen popular y literaria al médico que hace avisos a domicilio, al médico de cabecera. En el cabás el médico general lleva todo lo necesario para la atención a domicilio y urgente; desde el típico fonendo a unos tubos de Guedel, desde la morfina a hilo para suturas, desde pegamento (Loctite) a un imán, desde adrenalina a guantes de un solo uso

http://www.equipocesca.org/organizacion-de-servicios/el-maletin-del-medico/

 

En sentido genérico, el cabás es el conjunto de recursos del profesional sanitario. Los recursos materiales definen la actividad del profesional. Así, no es lo mismo el contenido de un quirófano de cirugía cardiovascular en un hospital universitario que el quirófano de urgencias de un hospital comarcal. Es también muy distinto el contenido de un consultorio rural en España que en Afganistán. Es distinto el conjunto de recursos del farmacéutico, comparado con el trabajador social, y con la enfermera. Son distintos los recursos para la enfermera de atención primaria que para la enfermera de planta de hospital.

 

Por supuesto, el conjunto de recursos incluye los de propiedad del propio profesional, y sobre todo los de la organización en que trabaja. Este conjunto limita la capacidad de trabajo y la amplitud del mismo, sobre todo porque hay normas y usos para el empleo de los mismos. Por ejemplo, en Suecia los DIU los ponen las enfermeras de primaria, en Portugal los médicos generales, y en España, habitualmente, los ginecólogos. ¿Por qué? Las normas son, a este respecto, muy poco científicas y expresan más los intereses de los grupos profesionales que los intereses de los pacientes y de la sociedad.

Juan Gérvas 

El cabás del conocimiento general, el cabás del conocimiento local y el cabás del compromiso

 

Los recursos y las normas para su uso explican sólo en parte el contenido del trabajo de los profesionales sanitarios. Existen otros tres cabases:

  1. El cabás del conocimiento general. Va desde la anatomía a la estadística, y constituye un cuerpo de conocimiento que comparten todos los profesionales sanitarios, además del específico para cada rama y especialidad. Este conocimiento se constituye sobre dos premisas: no hacer daño (primum non nocere) y responder al sufrimiento del paciente. Con los recursos apropiados y el conocimiento común y específico, los profesionales sanitarios pueden tener capacidad de respuesta frente a los problemas de salud. Bien se vio en los atentados de Madrid, ante más de mil heridos y moribundos.

  2. El cabás del conocimiento local. Los profesionales sanitarios deberían nadar en la comunidad como el pez en el agua. Sus servicios son personales, y es clave el conocimiento de las personas, comunidades y poblaciones a las que atienden. Conocer al paciente es tan importante como conocer las enfermedades que padece, dijo el clásico. Tal conocimiento es importante para todos los profesionales sanitarios; por ejemplo, para el administrativo y para el reumatólogo, para el farmacéutico y para el psiquiatra, para el médico general y para la enfermera rural. El conocimiento local es más necesario para los profesionales de atención primaria, pero no debería menospreciarlo ningún nivel, pues hasta en el hospital universitario es clave conocer la sociedad y la población a las que se atiende.

  3. El cabás del compromiso. Es el cabás de la empatía, de la piedad y de la compresión con el sufrimiento y la salud de los pacientes, familias, comunidades y poblaciones. También es el compromiso con la profesión, con los compañeros y con uno mismo. Exige determinación para mantener conocimientos actualizados e ilusión para aplicarlos. Implica poner corazón y coraje, valores y ética, día a día, hasta la jubilación. Supone que el profesional no está ahí sin más, sino para actuar como si fuera el propio paciente y tuviera el conocimiento y los recursos precisos. El compromiso evita la medicina defensiva, el cumplimiento de protocolos y el trabajo de rutina.

Los cuatro maletines citados acumulan todo lo necesario para el trabajo del profesional sanitario. Son un cabás material y tres inmateriales. El cuarto, el del compromiso, es el clave.

 

No puede haber atención sanitaria (clínica y/o de salud pública) de calidad sin profesionales sanitarios comprometidos. Comprometidos con el sufrimiento de los pacientes y de sus familiares, con el dolor y con la muerte.

 

Juan Gérvas ([email protected]) es médico general y promotor del Equipo CESCA (www.equipocesca.org)

 

Acta Sanitaria