Punto de vista Apuntes de un boticario

Dormir con una asesina

A raíz del reciente juicio contra la asesina confesa del niño Gabriel ‘el pescaíto’, el autor hila una serie de consideraciones sobre el principio de que «el hombre es un lobo para el hombre», principio que comparte.

Hay veces que ante la visión de una amiga, con un cuerpo espléndido, me sale del alma decirle: “cada día estás más buena”. En una ocasión se lo dije a una íntima amiga y, aunque es feminista pacífica, me contestó: “…a nadie le amarga un dulce”. No obstante yo suavicé el requiebro con algo que me inventé sobre la marcha.“Verás María, le dije, es que ayer te vi entrar en un iglesia para asistir a misa, cosa que me sorprendió y aún más al observar que le diste una limosna al pobre de la puerta. Como te conozco pensé: hay que ver esta María que, ¡cada día está más buena!”

Estos inventos míos sabe ella que son mentira, pero le hacen una especial gracia y yo se lo agradezco sinceramente.

En el amplio concepto de las virtudes humanas la persona buena tiene en su reverso a la malvada pura y dura. He comentado a veces que hay personas que llevan una bestia dentro aunque haya algunas que la  llevan fuera, y no solo con ello me refiero a los muy feos.

Teorías contrapuestas

Desgraciadamente para mí, me alineo con los que opinan que el hombre es un “lobo para el hombre”, teoría en contraposición al “buenísimo” que impregna a los muchos que no están muy informados

Desgraciadamente para mí, me alineo con los que opinan que el hombre es un “lobo para el hombre”. Esta teoría está en contraposición al “buenísimo” que impregna a los muchos que no están muy informados, leen poca prensa y viven en su “burbuja guasapera”, valga la metáfora actual, donde el grupo se manda “noticias” de mutua compartición y sin contrastar con otras opiniones distintas. Son los que al preguntarle sobre lo que ha escrito un determinado columnista contesta de inmediato: “Ese publica en un periódico que yo NUNCA leo”. Son los que no quieren saber que en la calle hace frío.

Por ello no habrán leído, y es un introito de estos “Apuntes”, que  el último informe estadístico del Consejo General del Poder Judicial  sobre víctimas mortales de violencia machista deja algunos datos, pocos, para la esperanza, y muchos que corroboran que queda mucho por hacer. Sólo un 30% de estas mujeres había denunciado a su agresor, algo que no siempre les sirvió para ponerse a salvo.

¿Y el resto? Puede ser que su silencio esté motivado por el pánico, pero en todo caso el desconocimiento sobre la humanidad de sus parejas gana por goleada. No olvidemos que la mayoría de estos maltratos y posteriores sevicias se producen entre parejas separadas y vueltas a “rehacer” sus vidas.

También, con mucha frecuencia, estas personas que cuentan con un pasado “no grato”, por emplear un eufemismo, aportan “camadas” de anteriores matrimonios, siendo habitual que generen una tercera “camada” en la nueva convivencia.

Mujeres asesinadas

Este Septiembre recién vencido creo, porque escribo de memoria, se han debido producir algo así como seis o siete asesinatos de mujeres destacando el del criminal que mató, en presencia de sus hijos, a la madre de estos, a su abuela y a su tía. Otro también contó con la presencia de niños que en un caso, creo recordar, fue la hija mayor, 9 años, la que corrió a pedir ayuda. Hay que ser muy hijo de la gran puta para cometer semejantes fechorías.

¿Atenuantes? ¿Celos, odio, desclasamiento, pobreza, locura momentánea? ¡No!. Es usted un malvado porque hasta la expresión de hijo de puta, que empleo aquí y ahora, la utilizo porque sé que no habrá niños que me lean.

Muerte de Gabriel, ‘el pescaíto’

Y al hilo de niños y delitos de sangre quiero hacer un especial hincapié sobre algo que ha pasado por las narices de los españolitos y que el periodismo de todo tipo, incluidos prensa, radio y TV, y escribo sobre el asesinato del niño almeriense Gabriel Cruz apodado cariñosamente “el pescaito”, ha pasado por alto. Hablo de su padre,  Ángel, “efecto colateral” del crimen. Esta persona se había separado de su mujer, la madre biológica de Gabriel y rehecho su “vida sentimental” con la asesina. De esta forma ha estado durmiendo muchas noches con la mujer que ha matado a su hijo y también abrazándose con ella en compungida actitud  durante la masiva búsqueda del pequeño.

Ana Julia Quezada, la nueva esposa de este señor y segunda madre de “el pescaito”, acabada la tarea de enterrar a su víctima, corría, como todos los días que duró la angustiosa búsqueda, a abrazar a su nueva pareja para salir en las fotos. Otro día, y tras dejar como huella la camisita del crío al que, insisto, había matado y enterrado (en las declaraciones durante el juicio dijo textualmente: “tuve que excavar un poco más por que la manita de Gabriel se había quedado fuera” ¡Espeluznante!) buscaba de nuevo los brazos de su “marido” para llorar a lágrima viva sobre el hombro de su hombre.

Ana Julia Quezada

Según lo leído, esta mujer tenía un pasado borrascoso. Nació el 25 de Marzo de 1974 en Concepción de La Vega, República Dominicana. Llegó a España en ¡1992!, (ya ha llovido), con veintiún años de edad, y se instaló en Burgos con una hija que había tenido a los diecisiete años en su país. En 1996 esa niña, Ridelca Josefina Gil Quezada, que tenía entonces cuatro años, cayó por una ventana del séptimo piso donde vivían y murió. El suceso se cerró entonces como muerte  accidental.

En la República Dominicana había dejado a Ridelca Josefina, a cargo de su abuela, y al resto de su familia. Desde su llegada a España, y durante 20 años, forjó una fama un tanto siniestra. Esto dicho por personas que la conocieron justo al saber que su “amiga” dominicana era la acusada de la muerte del pequeño Gabriel Cruz. En sus primeros años de estancia se la relacionó con la prostitución. Fue el oficio que le proporcionó sus primeros recursos económicos, aunque numerosos testigos, entre los que se encuentran familiares de sus distintas parejas, la acusan de haberse sabido ganar la vida “a costa de los hombres que le tendieron su mano”.

En 1994, logró la tarjeta de residencia tras contraer matrimonio con un camionero que se enamoró de ella mientras ejercía la prostitución. En ese mismo año quedó embarazada y posteriormente nacería su segunda hija, Judit. Comenzó a trabajar en una carnicería e hizo nuevas amistades. Incluso pudo traer a España a su primera hija, la nacida en la Republica Dominicana, cuando esta acababa de cumplir cuatro años. Dicen que su entonces marido, el camionero, quería incluso adoptarla, pero no tuvo tiempo de hacerlo. En 1996, como se ha dicho y con apenas cuatro meses en España, Ridelca Josefina se precipitó desde su habitación hasta un patio interior y murió. Fue su pareja quien la encontró y declaró ante las autoridades. Ana Julia, por estar en estado de shock, no lo hizo.

Los padres de Gabriel

Los padres de Gabriel, (en este plural está incluído su último marido, Ángel, ¡inaudito!), pretendieron que esta muerte se añadiera en la causa del juicio que concluyó hace unos días. Y es que hay quien entiende que la muerte no fue fortuita, que era demasiado complicado que una niña tan pequeña pudiera dar los pasos necesarios para llegar a la ventana y saltar al vacío.

Con el paso del tiempo, la relación con el camionero se rompió. Ana Julia lo acusó de malos tratos y se le impuso una orden de alejamiento. Al final, divorcio.

Al poco, Ana Julia inició una relación con un hombre treinta años mayor que ella y que enfermó de cáncer. Era dueño de una cafetería de un conocido club social de Burgos.  Apuntan testigos y familiares que dos días antes de que el hombre muriera, “Ana Julia se presentó en el hospital con una jueza de paz y varios testigos para contraer matrimonio, pero los médicos lo impidieron”. Aun así, los mismos afirman que “se quedó con todo su dinero”,  hasta que hace algo más de seis años, Ana Julia recaló en Almería. Lo hizo de la mano  de su última pareja burgalesa. Se instalaron en Las Negras y abrieron un local que finalmente terminarían llamando ‘Black’. Pero la ruptura se produjo apenas unos meses después. Ana Julia comenzó entonces una relación con Ángel Cruz, el padre de “el pescaíto”.

En febrero de 2018, el pequeño desapareció y Ana Julia Quezada, la nueva madre que Ángel le había buscado a su hijo, participó en la búsqueda.

Así hasta que la Guardia Civil la interceptó cuando se dirigía en coche a la casa de Vícar que compartía con Ángel. En el maletero iba el cuerpo ya inerte del pequeño. Los agentes fueron testigos del momento en que Ana Julia lo desenterró del cortijo que Quezada arreglaba en Rodalquilar para mudarse junto al padre de  “el pescaito” con la intención de fundar en ella un feliz y nuevo hogar como segunda madre de Gabrielito.

Es posible, y lo digo como atenuante de su progenitor, que éste no estuviese informado de la vida anterior de su nueva pareja por no leer mucho y utilizar sólo el “guasap” para saber cómo había terminado el Almería- Granada.

Quizás, también, es que sea simplemente tonto y los tontos a veces son tan peligrosos como los malos porque no se los ve venir y, además, no descansan nunca

 

Pedro Caballero-Infante

Farmacéutico. Especialista en Análisis Clínicos caballeroinf@hotmail.es Twitter: @caballeroinf

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