El mirador

¿Dolor de espalda? ¿Dolor de alma? Reivindicación de la queja como síntoma honrado

La atención de los médicos por los síntomas les hace, en múltiples ocasiones, desdeñar las quejas de sus pacientes que, como insiste el comentarista, hacen de las quejas un modo de expresar su sinvivir.

“Contigo 365 son 1”. “Sin ti, 1 son 365”. “Te quiero”. Son tres pintadas en puentes consecutivos en una autopista. La poesía amorosa que expresa la muy variable percepción del tiempo, “contigo” el tiempo no existe y “sin ti” el tiempo no pasa.

 

Se puede decir, claro, con palabras profundas de poetisa mística, a quien el tiempo pesa de forma que muere porque no muere

 

Vivo sin vivir en mí,

y tan alta vida espero,

que muero porque no muero.

Vivo ya fuera de mí,

después que muero de amor;

porque vivo en el Señor,

que me quiso para sí:

cuando el corazón le di

puso en él este letrero,

que muero porque no muero.

….

Sólo con la confianza

vivo de que he de morir,

porque muriendo el vivir

me asegura mi esperanza;

muerte do el vivir se alcanza,

no te tardes, que te espero,

que muero porque no muero.

Mira que el amor es fuerte;

vida, no me seas molesta,

mira que sólo me resta,

para ganarte perderte.

Venga ya la dulce muerte,

el morir venga ligero

que muero porque no muero.

….

 

Ambos poetas expresan percepciones que el común de los mortales sólo sabe balbucear con palabras inciertas y torcidas, que no acaban de expresar lo que siente.

 

Así son los pacientes, seres dolientes que apenas pueden transformar en palabras lo que sufren. Les duele vivir y expresan quejas varias, del estilo del dolor de espalda.

 

Celacanto

 

Hay cosas antiguas, seres de otros mundos que han llegado hasta nosotros. Ninguno como el celacanto. El celacanto es un pez que no ha cambiado en casi 400 millones de años. Se conocía por los fósiles, y se creía extinto hace 65 millones de años, hasta su descubrimiento en Sudáfrica en 1938. El segundo ejemplar se encontró en 1952, en las islas Comores, en el mismo océano Índico. Hasta allí fue un avión militar sudafricano, a 2.500 km, para permitir el estudio en directo de su anatomía. Después se han encontrado ejemplares a lo largo de la costa africana, y en Indonesia (donde el hallazgo, en las islas Celebes, fue de un ejemplar de otra especia distinta y lo hizo en un mercado un biólogo estadounidense en luna de miel). Se considera una especie amenazada. Existe la creencia de que el líquido contenido en la notocorda posee la virtud de alargar la vida, lo que lleva a su pesca indiscriminada.

 

El celacanto tiene notocorda, no vértebras, y en ese sentido precedió a los peces teleósteos, que lo desplazaron de sus hábitat usuales.

 

El celeacanto puede medir hasta 2 metros, y pesar hasta 80 kilos. Vive en aguas profundas, en torno a los 100 metros, y es de hábitos nocturnos. Se sabe poco sobre su forma de reproducción, pero es ovíparo, de forma que tiene fecundación interna y las crías se desarrollan en el interior de la madre, durante unos 13 meses. Tras el parto, las crías pueden vivir solas, sin cuidados parentales.

 

Bajo la boca tiene un órgano especializado, que se cree le permite percibir la electricidad que genera la actividad muscular de sus presas (otros peces, pulpos y demás).

 

Los humanos tenemos vértebras, que se desarrollan sobre una notocorda embrionaria. Los humanos tenemos postura erecta, bipedestación, y eso supone forzar a la columna, sobre todo en su transición sacro-lumbar. Tal característica se paga con un canal del parto estrecho, y con el dolor de espalda, por la anatomía forzada (en contra de la gravedad).

 

Lumbalgia

 

El dolor lumbar inespecífico es tanto una sensación como un estado mental. Es una sensación dolorosa, desagradable y molesta, y es un estado mental de irritación y agobio.

 

Duele la espalda, del cuello al rabo (con perdón), a ratos o continuamente, con o sin irradiación y, si no hay signos de alarma, hablamos de “dolor inespecífico”. Desconocemos la causa del dolor lumbar, el dolor de espalda más frecuente (pero sólo un cuarto de la población que padece lumbalgia acude a consulta).

http://www.equipocesca.org/organizacion-de-servicios/el-dolor-lumbar/

 

El dolor de espalda es contagioso. Lo demostraron bien al comparar la evolución de la incidencia y prevalencia del dolor de espalda en la antigua Alemania del Este (Democrática). Con el paso de los años, los niveles se igualaron con Alemania del Oeste (Federal), y el aumento se puede atribuir a la “enseñanza” de los médicos y al empleo de métodos diagnósticos por imagen

http://www.equipocesca.org/uso-apropiado-de-recursos/si-el-dolor-de-espalda-es-contagioso-%C2%BFquien-y-como-lo-contagia/

 

El dolor de espalda se suele achacar a una hernia o protusión discal, que suele existir cuando se estudia al paciente. Pero el 30% de las personas sin lumbalgia presentan también alteraciones discales. Y hasta un 25% de las hernias discales desaparecen espontáneamente. La asociación entre hernia discal y dolor lumbar es eso, una asociación. Es absurdo considerar la hernia discal como causa del dolor de espalda, pues constituye una amenaza para el paciente, que se entrega al tratamiento, incluso quirúrgico. Tal tratamiento conlleva en muchos casos minusvalía, y no mejora el pronóstico del paciente (además de provocar una epidemia de minusválidos de causa médica). También sabemos desde 1986 que el reposo agrava la lumbalgia.

 

La lumbalgia nos habla de la persona. El dolor de espalda expresa el sin vivir en mí, tan frecuente. La lumbalgia es un síntoma, una queja que habla de dolor y de pena. A veces, la lumbalgia expresa el dolor de vivir. El dolor de espalda, la lumbalgia, es un síntoma honrado, como lo es todo dolor (y todo síntoma).

 

La queja

 

Dice Luis de la Revilla, anciano médico general, de Granada, que la queja es la expresión de la experiencia del paciente y que el médico suele rechazarla. La queja verbaliza (a veces sin palabras, sólo gestos, gritos y otros ruidos) lo que el paciente siente. Es absurdo pedir más y más precisiones al paciente, en lugar de dejarle expresarse libremente.

 

Juan GérvasEl dolor de espalda no tiene una causa definida y, si se descartan signos de alarma, conviene que el paciente sepa lo poco que sabemos. Como dicen Turabián y Pérez-Franco, médicos de familia, de Toledo, los síntomas son muchas veces expresión de la vida, y ocasionalmente, la vida misma

http://apps.elsevier.es/watermark/ctlservlet?f=10&pidentarticulo
=90108498&pidentusuario=0&pcontactid=&pidentrevista=40&ty
=48&accion=L&origen=elsevier&web=www.elsevier.es&lan=
es&fichero=40v38n02a90108498pdf001.pdf

 

En general, los médicos han sido formados para considerar ajenas las quejas y para concentrarse en los síntomas, como si fueran cosas distintas. Las quejas parecen síntomas sin honradez, ni filiación, como una nata molesta que sobrenadara sobre el verdadero padecer, sobre la enfermedad.

 

Los pacientes aprenden a gritar sus quejas en silencio, con sus ojos y sus gestos, con sus posturas y con el lenguaje no verbal. Los médicos suelen estar sordos a estos gritos, a esta expresión inconexa del sufrimiento. En su ignorancia prefieren el lenguaje verbal exacto.

 

¡Pobres médicos, capaces de contagiar lumbalgia por ignorar las quejas de sus pacientes, sus síntomas como expresión de sinvivir!

 

Juan Gérvas ([email protected]) es médico general y promotor del Equipo CESCA (www.equipocesca.org)

 

Acta Sanitaria

2 Comentarios

  1. Adriana says:

    Maravilloso escrito, gracias!!!

  2. David says:

    Me encanto! y que cierto!