Punto de vista

Doctor Google

En su visión del momento actual, al analista se detiene en el incremento de las ventas de medicamentos por internet, el instrumento que algunos utilizan para ocultar su vergüenza en la adquisición de algunos productos que, por su indicación, pueden comportar alguna imagen negativa para el comprador.

Existe un viejo debate que, a mi entender, debería estar obsoleto, por lo que intentaré razonar. La polémica tiene su base en la inclusión, o no, de los prospectos que acompañan a los medicamentos y a su contenido.

 

Las opiniones van desde quien defiende su exclusión hasta a los que les parece demasiado técnico el lenguaje y piden un estilo divulgativo, pasando por los que, como yo, mantienen que tan sólo lleguen a poder de médicos y farmacéuticos, postura por la que abogo ya que, entre otras razones, los apartados “efectos secundarios” y “contraindicaciones” focalizan la alarma de los hipocondríacos, que son mayoría. Esto, no obstante, es como poner puertas al campo porque, en permanente guardia, les quedará la consulta del “Dr. Google”.

 

Adquisición sin acreditación

 

El peligro está en que lo que el citado galeno “prescribe” puede adquirirse en el mercado farmacéutico “on line” sin la acreditación de un farmacéutico. Además queda en entredicho el prestigio de una profesión; reputación que la dan los conocimientos adquiridos en una Universidad por médicos y farmacéuticos. El día que se disponga de un “instrumento” que elabore gratis un contrato de compraventa, pueden irse preparando los abogados para cerrar su bufete.

 

Pero mi insistencia va por el camino del prestigio, porque es aquí donde el farmacéutico ha de utilizar este fenómeno aplicando el efecto yudoca que es aprovechar el impulso atacante en su propio beneficio.

 

Son cada vez más las adquisiciones que hace la gente de medicamentos a través de las páginas web de Internet y también es una triste realidad cómo el mercado de los medicamentos falsos y los “productos milagro” van adquiriendo un auge impensable hace pocos años. Pongamos como ejemplo la aparición del revolucionario medicamento que cura la disfunción eréctil que ha sido el faro y guía de esta modalidad. Este fármaco, para algún usuario vergonzante, ha sido objeto de los desaprensivos que, astutos ellos, lo empezaron a ofertar a través de este mercado. El más espabilado empleó, se sigue usando, la técnica de introducir en un envase de cuatro comprimidos tan sólo uno auténtico y los restantes simples placebos. Si el afectado tomaba el bueno, funcionaba y seguía teniendo fe en la vía de adquisición; si seguía con los falsos, el fallo, en su soñada relación, se lo adjudicaba a su propia idiosincrasia.

 

Pedro Caballero-InfanteUn celoso secreto

 

Por supuesto, al tratarse de algo, como he escrito, vergonzante para la mayoría de hombres, esta problemática quedaba en el mayor de los secretos y si acaso se hablaba, muy en la intimidad masculina, de lo beneficioso del único comprimido que había surtido efecto.

 

Si a todo lo dicho se le agregan los “productos milagro”: adelgazantes de efectos rápidos y nulos esfuerzos, los crecepelos y las panaceas que engloban curaciones múltiples, nos estamos enfrentando a un terrible peligro para la salud.

 

Por ello lo de “Consulte a su Farmacéutico”, que tanto ha costado a la profesión agregar en la publicidad de las EFP, ahora se hace vital y de ahí que, desde esta columna de opinión, fomente su uso.

 

Pedro Caballero-Infante Perales es farmacéutico analista de Sevilla

 

Acta Sanitaria