Punto de vista cómo se fabrica el descrédito de la atención primaria

Desconcierto con lo que sucede en los centros de salud

A partir de un tweet de una médico de atención primaria sobre lo que sucede en los centros de salud (aquí), el autor engarza una serie de consideraciones sobre el descrédito que, incluso desde determinados ámbitos asistenciales, se está arrojando sobre tal atención sin que, con el planteamiento de la vuelta a la supuesta normalidad, vaya a mejorarse.

Los residentes de familia rotamos muchos meses de nuestra formación especializada, más de los deseables, por el hospital. Conocemos muy bien el funcionamiento del hospital y sus integrantes, algo que no sucede a la inversa. Si los residentes del resto de especialidades rotaran algún tiempo de su periodo formativo por el centro de salud, como sería lo normal en cualquier país desarrollado, conocerían mucho mejor la atención primaria y sabrían que su principal función no es la de “filtro” de lo que tiene que ir o no al hospital.

Si los residentes del resto de especialidades rotaran algún tiempo de su periodo formativo por el centro de salud, sabrían que su principal función no es la de “filtro” de lo que tiene que ir o no al hospital.

Sabrían también de la “normal” masificación de los centros de salud, de la “normal” masificación en los mostradores, en las salas de espera de consultas y extracciones. Sabrían de la “masificación” a la hora del contacto telefónico y las dificultades del mismo por insuficiente personal y/o incapacidad de las líneas telefónicas. Sabrían también que no pocos centros de salud disponen de consultas sin ventanas, sin luz natural, sin ventilación, y ahora mismo, en pleno verano, también sin aire acondicionado. Sabrían, incluso, que una parte creciente del presupuesto sanitario en los últimos 15 años ha ido al hospital. Sabrían que el gasto en atención especializada ya supera con creces, incluido el de personal, el previo a la crisis de 2008. Sin embargo, el de primaria ha sido cada vez menor y está lejos de alcanzar, incluido el de personal, el nivel previo a la crisis de 2008. Y estarían convencidos, como los estamos muchos en primaria, de que estas deficiencias tienen mucho que ver con esta distribución del presupuesto tan injusta, infame y criminal. Una distribución, por cierto, nunca denunciada por nadie en especializada ni siquiera por aquellos compañeros tan preocupados por la función de “filtro” de la primaria.

La oferta aumenta la demanda

Si los residentes del resto de especialidades rotaran algún tiempo por primaria sabrían que la misma no está para que no se sobrecarguen los hospitales sino para cosas mucho más importantes. Sabrían que los hospitales se bastan y se sobran ellos solitos para sobrecargarse a sí mismos (aquí y aquí). Sabrían que la oferta crea demanda y que si se aumenta el número de médicos en especializada, cuando la población general no aumenta, no puede esperarse otra cosa que aumenten mucho más las consultas sucesivas de revisión que las primeras.

Los hospitales se bastan y se sobran ellos solitos para sobrecargarse a sí mismos

Sabrían que la oferta crea demanda y que si uno aumenta mucho el número de médicos en las urgencias de los hospitales, cuando la población general no aumenta, no puede esperarse otra cosa que aumente mucho el número de ciudadanos que acudan a ellas sin motivo urgente y sin paso previo por su médico de primaria como magistralmente explica Juan Toral (aquí), sobre todo cuando al mismo tiempo se reduce el número de médicos de los centros de salud. Por cierto, tampoco hemos visto que los servicios hospitalarios de urgencias hayan protestado porque la mayor parte de los residentes de familia al terminar su especialidad se les contratara en urgencias del hospital y no en los centros de salud que es donde deberían haber sido contratados.

Los centros de salud no están cerrados

Si los residentes del resto de especialidades rotaran algún tiempo por primaria sabrían que los centros de salud no están cerrados, que siguen atendiendo a la población mediante un previo cribado telefónico, decidiendo el médico la consulta presencial cuando proceda y no ante banalidades. Sabrían también que durante los veranos la mitad de los médicos de un centro salud se tiene que hacer cargo del total de los pacientes del centro pues no se sustituye a nadie y no se pueden cerrar consultas ni plantas como se cierran durante el verano en muchos hospitales.

Si los residentes del resto de especialidades rotaran algún tiempo por primaria sabrían también que más de la mitad de los médicos en activo fallecidos por Covid19 en el SNS durante las semanas más duras de la epidemia fueron médicos de familia de centros de salud, cuando estos representan menos de la cuarta parte del total de médicos del sistema excluidos los residentes (aquí). Lo cual indica que en primaria también se vivió la pandemia tan de lleno o más que en otros servicios hospitalarios pero, desgraciadamente, con inferiores medidas de protección. ¿Fue responsable de esta infraprotección la inveterada infrapresupuestación de primaria?

La normalidad como problema

Volver a la “normalidad” en primaria es poco recomendable porque, precisamente, esa “normalidad” era y sigue siendo el problema. Entre otras muchísimas cosas, por el alto riesgo de propagación del virus entre usuarios y a profesionales que lleva implícita la “normal” masificación de los centros y que, como resultado, condujo a la mayor y más precoz mortalidad por Covid19 entre los médicos de familia de los centros de salud.

No deja de sorprender que durante las últimas semanas proliferen meadas y más meadas a la atención primaria en general o a sus médicos en particular por parte de cargos de gestión (aquí y aquí), representantes de los mismos (aquí), representantes sindicales de enfermería (aquí) y también por parte de nuestros propios compañeros del hospital.

Y si en vez de ser residentes de otras especialidades rotando por primaria fueran médicos de familia con muchos años de experiencia en primaria estarían hasta las mismísimas gónadas de tanta meada y falta de respeto. ¿Pero qué se han creído?

NOTA ACLARATORIA PARA PRINCIPIANTES.

Desde hace unas semanas sólo ha cambiado una cosa. Los médicos de familia de los centros de salud ya no son quienes reciben en primera instancia toda la banalidad que al ciudadano infantilizado le venga en gana consultar porque sí y ahora mismo porque mi banalidad es urgente. Y claro, esto puede que salpique a determinados ámbitos asistenciales o colectivos profesionales muy interesados por ello en que los médicos de los centros de salud vuelvan a la consulta presencial y masificada de siempre; es decir, a la “normalidad”. No vaya a ser que tengamos que ver esa banalidad en urgencias o la tengamos que cribar el personal de enfermería, pues el ciudadano infantilizado insistirá en que “lo tienen que ver” porque su banalidad es tan compleja que no puede ser comprendida ni resuelta por teléfono. Y pregunto yo: ¿dónde está escrito que el médico de familia tenga que ser necesariamente el primer receptor y principal cribador de toda esta banalidad sanitaria que el propio sistema ha promocionado y cultivado con fruición y gran éxito durante décadas?

Es lo que tiene convertir la sanidad en un bien de consumo satisfactivo en donde la responsabilidad individual brilla por su ausencia (aquí). ¿Recuerdan Uds. cuando, por ejemplo, nuestros gerentes nos decían que es urgente todo aquello que el usuario entienda como urgente? Pues nada, de aquellos barros, estos lodos. Mientras tanto, se admita o no, nos adentramos en la segunda oleada coronavírica. ¿Volvemos a la “normalidad” de las consultas médicas masificadas en los centros de salud? ¿Volverán a ser los médicos de atención primaria el principal colectivo sanitario público en activo fallecido por Covid19 en esta segunda oleada? Hagan sus apuestas. Por cierto, lo que hoy es normal mañana puede dejar de serlo. Por lo tanto, la “normalidad” no existe…

Juan Simó Miñana

1 Comentario

  1. judith says:

    TOTALMENTE CIERTO TODO LO DICHO. QUIEN TENGA OIDOS QUE OIGA, ALTO Y CLARO . NO ENTIENDO COMO LOS MISMOS COMPAÑEROS QUE EN MUCHAS OCASIONES NOS PIDEN CONSEJO SOBRE CUESTIONES QUE NO SON DE SU ESPECIALIDAD, PUEDEN CRITICARNOS. NO CREO QUE A NADIE LE GUSTE ESTA SITUACION. LAS LLAMADAS POR TELEFONO SON EL MAL MENOR A LA QUE NOS HEMOS TENIDO QUE IR ACOSTUMBRANDO COMO HEMOS PODIDO SIN DEJAR LA PRESENCIAL Y/O LOS DOMICILIOS. GRACIAS POR TU CLARIDAD DOCTOR SIMÓ