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Del enfermo imaginario al enfermo imaginado (inventado)

No pasa día en que, de una forma u otra, no se nos comunique que el número de enfermos de una determina dolencia supera con creces las cifras de los que se atienden. Se diría que existe una relación entre las enfermedades inventadas y la necesidad de contar con los enfermos específicos para ellas.

Sin ánimo de ser exhaustivo, traigo a colación tres noticias recientes llegadas a nuestra redacción en donde se ratifica la primera afirmación: “Uno de cada cinco pacientes con FANV y riesgo embólico asociado no recibe tratamiento anticoagulante en España”; “Casi un 75 de la población europea sufre una disfunción tiroidea sin saberlo”; “Siete de cada 100 personas infectadas por el virus de la hepatitis C lo desconocen y podrían convertirse así en fuentes de transmisión involutarias”… Podría seguir porque no hay día en que no se reciba alguna noticia de estas características.

Las fuentes de tales informaciones suelen ser, normalmente, las sociedades científicas que, de modo propio o por encargo, suelen realizar estudios o ponen en marcha observatorios específicos, lo que, de alguna manera, las convierte en una especie de nueva inquisición a la busca y captura de pacientes que, en algunos casos, pueden convertirse en clientes. Y se diría que son fáciles de encontrar, pues basta con aplicarles unas reglas de medir que uniforman a las personas, por más que siempre se haya dicho que no hay enfermedades sino enfermos.

No es mi intención desacreditar a quienes se dedican a tales menesteres, pero sí me preocupa la visión que, por su reiteración, transmiten; en el sentido de que, si uno se lo propone, puede entrar en alguna de las enfermedades que no sabe que tiene y con la que convive sin problema alguno. No sé si el siguiente paso será crear equipos de búsqueda y captura de enfermos, aunque por lo visto recientemente podría producirse en breve. Es el siguiente paso.

Hemos vivido muchos años hablando de los enfermos imaginarios, a similitud del que magistralmente llevó a escena Molière; pero ahora parece que debemos comenzar a hablar de los enfermos imaginados. Sin duda, unos enfermos muy concretos y totalmente clasificados de acuerdo con los parámetros en que se mueven las enfermedades inventadas.

Carlos Nicolás

Director Editorial de Acta Sanitaria

1 Comentario

  1. Acertada y sensata reflexión. Hemos generado una sociedad imaginaria e histriónicamente enferma y, como consecuencia, altamente “medicalizada” y demandante de asistencia sanitaria.
    Las cosa no suceden por azar: alguien se beneficiará… incluso sin saberlo o sin pretenderlo.
    ¡Falta de suficiente educación sanitaria, racionalidad, sentido común y saludable crítica, frente a intereses cruzados, manipulación social y,con frecuencia, pseudociencia!